La Gran Logia de la Masonería del Uruguay entregó al periodista y director de Búsqueda, Claudio Paolillo, el premio anual a la Libertad de Expresión del Pensamiento. La distinción le fue otorgada el viernes 18 en el Ateneo de Montevideo.
La Gran Logia de la Masonería del Uruguay entregó al periodista y director de Búsqueda, Claudio Paolillo, el premio anual a la Libertad de Expresión del Pensamiento. La distinción le fue otorgada el viernes 18 en el Ateneo de Montevideo.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn años anteriores entre otros recibieron dicha distinción los periodistas Emiliano Cotelo, Alfonso Lessa y Carlos Maggi, el ex director de Búsqueda Danilo Arbilla y el politólogo e historiador Gerardo Caetano.
Paolillo, que ejerce la profesión periodística desde hace más de 37 años, inició su carrera profesional cuando ingresó al desaparecido diario “El Día” con 17 años de edad. Fue corresponsal de la agencia de noticias AFP y trabajó para diferentes radios y semanarios. En 1985 ingresó a Búsqueda, publicación que lidera desde que en 2010 el ex director y consejero delegado Danilo Arbilla se acogió a la jubilación.
Paolillo es, además, presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) desde el año 2012.
La distinción del viernes 18 reconoce a quienes se han destacado por su labor en defensa y promoción de la libertad de expresión.
Durante su discruso, Paolillo dijo que “el periodismo, si es ejercido libre y honestamente, es un oficio muchas veces altamente riesgoso, que en no pocos países puede significar hasta la muerte para quien lo ejerce; es un oficio para el cual hay que tener una espalda curtida y es un oficio que en ocasiones hace que quienes lo practicamos acabemos distanciados de amigos o, incluso, de familiares”.
“Si esto es así, ustedes se preguntarán por qué no nos dedicamos a otra cosa. Lo que pasa es que quienes tenemos el ‘bicho’ del periodismo sentimos que las satisfacciones que nos brinda son muy superiores a los sinsabores. El periodismo es fascinante porque supone en sí mismo un acto de servicio a los demás: nosotros andamos por ahí tratando de averiguar lo que ocurre, no para contárselo a nuestras familias y amigos, sino para contárselo a toda la sociedad. Y eso —que la sociedad conozca, comente y, eventualmente, decida en función de la información que nosotros pusimos a su disposición–, eso solo es muy gratificante”, aseguró.
La semana pasada, Paolillo visitó Ecuador, en su condición de representante de la SIP, y se topó con violaciones a la libertad de expresión de todo tipo, cometidas por el gobierno del presidente Rafael Correa. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la Relatoría para la Libertad de Expresión se han pronunciado contra el régimen; sin embargo, la censura continúa.
Este tipo de prácticas, Paolillo las ve en más de un gobernante y le preocupa porque si no hay libertad de expresión falta “la piedra angular para la existencia de una sociedad democrática”.
“Nunca comprendieron que la libertad de expresión del pensamiento es un derecho humano básico, radical y primario de todas las personas desde que nacen”, dijo.
Así lo estableció la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948 cuando en su Declaración Universal de Derechos Humanos define que “todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión” y que “este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.
Pero 67 años después, para Paolillo, “el panorama es desolador” y la muestra está en los resultados del informe 2015 de Freedom House, una organización no gubernamental con sede en Washington, dedicada a promover la democracia, la libertad política y los derechos humanos en el mundo.
El documento muestra que solo 14% de los habitantes del mundo viven en países donde las personas pueden expresarse libremente. Unos 63 países pueden ser considerados “libres” (entre ellos Uruguay), 71 “parcialmente libres” y 65 son “no libres”.
“La libertad de expresión es necesaria, incluso para poder equivocarse. Porque no pocas veces las personas pueden, creyendo que están en lo cierto, incurrir en error. En otras palabras: toda expresión debe ser permitida porque es imposible conocer el bien si se desconoce el mal”, dijo Paolillo al recibir el premio conferido.
El periodista diferencia en varios tipos la censura que ve actualmente. En Estados Unidos asegura que “el terrorismo ha ganado una batalla” porque “hoy la seguridad está por encima de la libertad”. De tal manera que desde la caída de las Torres Gemelas en 2001 el gobierno “ejerce un espionaje masivo sobre las llamadas y los correos electrónicos de millones de personas, estadounidenses y extranjeras”.
Otro caso es el de la violencia contra los periodistas en América Latina, que causó más de 500 muertes en los últimos 25 años. “La muerte de un periodista implica que la gente, a partir de ese crimen, va a estar mucho menos informada sobre asuntos que le interesan. Y no solo porque ese periodista asesinado ya no podrá hacerlo. También porque sus colegas naturalmente caerán bajo un sistema, consciente o inconsciente, de autocensura”, agregó.
Paolillo identificó otro tipo de censura: “La de la cara más sutil”. “¿Cuál es la idea? Llegar al gobierno, anunciar que se respetarán las normas más elementales de la democracia republicana para ganar las elecciones y, una vez en el poder, iniciar poco a poco pero sin pausa un plan de demolición de esas mismas estructuras institucionales, arropado por un discurso ‘popular’ y ‘simpático’ que se escuda en las causas más nobles que nadie en su sano juicio puede rechazar”.
En esta categoría coloca a los gobiernos de Cuba, Venezuela, Ecuador, Argentina, Bolivia y Nicaragua.
Ante este complejo escenario, Paolillo pidió que no se olvide que “la libertad de expresión del pensamiento no es un derecho exclusivo de los medios o de los periodistas; es un derecho que pertenece principalmente a los ciudadanos comunes y corrientes”.
“Por eso es que este derecho humano inalienable, irreprimible, indelegable e intransferible debe ser asumido por todos, promovido por todos y defendido por todos, puesto que todos somos sus titulares desde nuestro nacimiento, aunque otros nos quieran hacer creer que lo tenemos gracias a su presunta generosidad”, concluyó.