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Es uno de los periodistas más populares de Argentina: trabajó en radio, prensa y televisión, fundó varios diarios y revistas, incursionó en la ficción y en el teatro de revista. Actualmente escribe una columna en el diario “Clarín”, conduce un programa por Radio Mitre y un ciclo televisivo llamado “Periodismo Para Todos” que se transmite por Canal 13.
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Su nombre es Jorge Lanata y, en diálogo con Búsqueda, explicó por qué considera que la “ley de medios” que impulsa Cristina Kirchner es “sesgada” y tiene un “único interés”: “desarticular al Grupo Clarín”.
—La semana pasada, el relator para la Libertad de Opinión y Expresión de la ONU, Frank La Rue, dijo que la “ley de medios” argentina es “un modelo” a seguir en la región. ¿Está de acuerdo con esta afirmación?
—La “ley de medios” es una ley hecha más que nada en la academia, que tiene muy poco de vida real. Tiene conceptos que funcionan en lo teórico, pero es de muy difícil aplicación. En términos políticos es una ley sesgada y el único interés real es el de desarticular al Grupo Clarín. Personalmente comparto la idea de regular la existencia de oligopolios, pero no hay que olvidar que fue el mismo gobierno kirchnerista el que permitió que se formaran, por ejemplo, en el mercado del cable: el último decreto que firmó Néstor Kirchner como presidente fue, justamente, la fusión de Cablevision y Multicanal que hoy el gobierno de Cristina quiere desandar. La propuesta de crear cientos de nuevas frecuencias en radio y televisión es encomiable, pero excede las posibilidades del mercado: un decreto no genera audiencia, no se trata de tener medios sino de desarrollar contenidos. No sirven cientos de medios que no escucha ni ve nadie y el único camino que tienen de sobrevivir es el aporte de un Estado que siempre se confunde con el gobierno de turno. Otra deficiencia básica de la ley es que omite, en todo su contenido, hablar de Internet, donde sintetizarán todos los medios electrónicos en pocos años.
—¿Que opina sobre el enfrentamiento entre el gobierno kirchnerista y los medios de comunicación? ¿Cómo ve la personalización de ese enfrentamiento en determinados periodistas, entre ellos usted?
—El gobierno sostiene una posición filosófica del llamado “socialismo del siglo XXI“ que define a los medios como “agentes de distorsión social”. Asi vistos, es difícil una convivencia sana y democrática. En el fondo desconocen los medios y tienen sobre ellos una serie de prejuicios que los hace verlos como agentes estalinistas, unívocos y que obedecen a intereses oscuros sin excepción.
—¿Qué valoración hace del estado de la libertad de expresión en Argentina?
—Este es un país del Tercer Mundo, con un tercio de la población debajo de la categoría de pobreza. Así vista, la libertad de expresión es un valor importante pero relativo para la clase media. Hay gente que no tiene libertad para comer. Todos los gobiernos, desde 1983, han tratado de influir y presionar a la prensa, de distintos modos, con mayor o menor brutalidad. Todos discriminaron con la publicidad oficial —por eso no pudo lograrse aún una ley que la regule, porque la discrecionalidad favorece al poder—, todos tuvieron enfrentamientos con la prensa. Este gobierno, en particular, montó el mayor aparato de propaganda que existió en Argentina desde los años 50 y es el que ha mantenido una postura más agresiva.
—Además de los enfrentamientos conocidos entre determinada parte de la prensa y el gobierno, ¿existe una división entre periodistas?
—La peor grieta que hoy sufre el país no es económica ni política, sino que se ha transformado en una grieta cultural de la que será difícil reponerse y que trascenderá al propio gobierno en ejercicio. Esa división, por un lado, ha transformado al periodismo en una cuestión de fe: el gobierno hizo que desaparecieran los hechos y que toda información esté sujeta a quién la dice y no a lo que dice. Por otro lado, la instalación de la idea de periodismo militante en el ámbito académico oficial ha desvirtuado mucho el sentido de la profesión.