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    Las nuevas banderas de los países

    El peso de la cábala, la estética que irrumpe y la voz del hincha influyen en los diseños; para los expertos, las “ajustaditas” de Uruguay atraen a un público distinto

    La relación entre las selecciones de fútbol y las camisetas tiene una complejidad que va mucho más allá de lo estético. Y si no, que se lo pregunten a los brasileños. ¿Qué más se puede escribir sobre Maracaná? Obdulio Varela enfriando el infierno con la pelota abajo del brazo, el empate de Juan Alberto Schiaffino, la corrida de Alcides Edgardo Ghiggia, el balón contra el palo, la red inflada, el festejo emocionado de los que estaban vestidos con la celeste, las caras de pavor de los que usaban la camiseta blanca. ¿La camiseta blanca? Sí, blanca. Hoy todos conocemos a Brasil por la verdeamarela, esa legendaria casaca amarilla con vivos verdes que ha levantado más copas mundiales que ninguna otra selección. Pero su historia recién se empezó a escribir después de la fatalidad, tras la cachetada vergonzante de los uruguayos.

    En el medio de la resaca de una fiesta que terminó de la peor manera, los brasileños entendieron que había que resetear. Apagar y prender. Y empezaron de nuevo, nomás. Y son tan raras las vueltas del fútbol y de la vida, que el que les diseñó la icónica camiseta fue —y es— un fanático de la selección uruguaya: Aldyr García Schlee. Ese es su nombre. Es periodista, escritor, ilustrador, diseñador gráfico, traductor. Escribió un libro sobre la visita del papa Juan Pablo II a Melo que sirvió de inspiración para la archifamosa y taquillera película uruguaya El baño del Papa, de César Charlone y Enrique Fernández. Pero por lo que se hizo conocido, por lo que cada tanto tiene que repetir el mismo cuento ante la prensa internacional que va sistemáticamente tras su palabra, es por haberle cambiado el look al equipo brasileño.

    Lo hizo en el año 1953, cuando tenía apenas 19 años y se presentó a un concurso organizado por el diario carioca Correio da Manhã y auspiciado por la Confederación Brasileña de Deportes. El matutino buscaba dejar atrás los fantasmas de la humillante derrota ante los uruguayos, y para sacarse la mufa de encima llamó a cambiar el uniforme. Una de las condiciones fue que el nuevo equipo incluyera los colores de la bandera brasileña. Y el joven Aldyr, que vivía en Yaguarón, a 200 metros de nuestra Río Branco, bien cerquita de Uruguay, se puso a dibujar.

    El fronterizo tiene hoy 84 años y ha declarado hasta el hartazgo que pese a quedar en el recuerdo como el tipo que diseñó la camiseta más ganadora de los Mundiales, se siente más hincha de Uruguay que de su propia verdeamarela. “Hay gente que se burla, me critica, no entiende, pero ¿qué puedo hacer? Me identifico más con la raza uruguaya que con el estilo brasileño”, dijo hace unos años a la agencia de noticias AFP.

    Cuando en 2005 lo fueron a buscar para hacerle un reportaje en la revista argentina Un caño, Aldyr confesó que grita todos los goles de Uruguay y que incluso a veces se tiene que alejar de su familia para ver los partidos contra Brasil y que no ocurra un drama doméstico. El periodista le preguntó por quién había hinchado en la final del Maracaná. Y el brasileño respondió: “Era un gurí todavía. No escuché el partido por la radio, fui al cine de Río Branco, en el lado uruguayo. Interrumpieron la película y anunciaron por el micrófono que Uruguay era campeón del mundo. Todos comenzaron a cantar el Himno Nacional y yo lloré profundamente. Hasta hoy no sé si de tristeza o de alegría”.

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    Las camisetas hablan (y venden).

    Claudio Destéfano es un periodista argentino que se especializa en negocios y marketing deportivo. Ha escrito libros sobre el tema, da talleres y conferencias. Pero además tiene un museo personal con una colección de cerca de tres mil camisetas. O son históricas o tienen alguna historia para contar, dice. Una camiseta histórica puede ser la que vistió el golero de Peñarol, Ladislao Mazurkiewicz, en la final intercontinental contra Real Madrid en 1966, y una que tiene una historia para contar desde el marketing es la que usó Nacional en 1999 como camiseta alternativa, aquella que parecía una lata de Pepsi. O la de Sud América que homenajeó a Ghiggia en un torneo uruguayo. Todas las tiene Destéfano. “Las camisetas hablan”, se entusiasma.

    Para este experto, la estética no juega demasiado en la cancha. Salvo, aclara, para el que lo ve de afuera: “Es muy curioso, porque si hoy uno piensa en camisetas estéticas piensa en Uruguay. Las Puma muy ajustadas, que hacen a los jugadores muchos más atléticos”. Destefano menciona como modelo al delantero Edinson Cavani y elegantemente evita nombrar a un Egidio Árevalo Ríos sufriendo en cada partido los inconvenientes de una remera tan pegada al cuerpo. Uno no puede dejar de pensar que si esa camiseta hablara, pediría auxilio. El coleccionista posee una original del delantero Luis Suárez. “Y tiene una tecnología impresionante que las hace ajustaditas. Esas no se venden en las tiendas; salvo que te las dé un jugador, no la podés ver. Y creo que engancha un nuevo público. Muchas mujeres empiezan a mirarlo desde otro lugar, ya no por cómo son con la pelota, sino cómo son físicamente. La tecnología ha determinado que ingrese un nuevo público a ver los partidos”.  

    Maximiliano López Arce es coordinador del Posgrado en Dirección Estratégica y Marketing Deportivo de la Facultad de Ciencias Económicas en la Universidad de Buenos Aires. Es también un historiador del fútbol. Para López Arce, el avance tecnológico tiende a favorecer el desem­peño a través de la investigación, el desarrollo de nuevos materiales y la personalización en función de las necesidades de la competición en el más alto nivel. “Si comparamos los uniformes y calzados de los años 60 y 70 con los actuales, podemos notar rápidamente que ahora el futbolista compite utilizando piezas más cómodas, livianas y funcionales”.

    Según López Arce, hoy el marketing es “todo” en una camiseta. Antes de los lanzamientos se hacen focus groups para conocer cuál es la visión del hincha. Cambiaron los tiempos. Hoy algo tan importante y lucrativo no se puede dejar en manos de un joven brasileño de Yaguarón, fanático de Uruguay, que gana un concurso para diseñar la camiseta de Brasil. “Es un producto que tiene una etapa previa de investigación, diseño y producción. Entran en juego la identidad del equipo, el evento en el que va a participar, las tendencias de la moda, los nuevos materiales y tecnologías. También el estilo de la marca que desarrolla la casaca”. Destéfano coincide. Y agrega que hoy la importancia está en poder vender. “Todos los años se cambian las camisetas; antes se cambiaban cada cuatro. Antes no las presentaban. Ahora a cada rato”. Y cada marca juega su partido. Destéfano opina que a la hora del diseño, Nike y Puma son  las más agresivas y rupturistas, Adidas es la más tradicional, y Umbro y Kapp son las más estéticas. “Igual en las selecciones se está notando la estandarización. La camiseta Puma de Uruguay es muy parecida a la de Italia, salvo los colores. La Adidas de España es parecida a la de Argentina...”. 

    En el Mundial 1994, en Estados Unidos, Destéfano estaba en la final, que se jugó en Los Ángeles. Y allí pudo sopesar en persona lo determinante del marketing en las indumentarias: “Lo viví. Estaba ahí”. Por disposición de la Federación Italiana, la camiseta de Italia no podía tener el logo del sponsor técnico, que era Diadora. Entonces, en un día que había 45 grados a la sombra, los jugadores salieron a cantar el himno con abrigados buzos que llevaban bien visible el logo de la marca. El momento elegido no fue casual: la parte del himno es la que se ve más en detalle a los jugadores. En ese día de muchísimo calor, lo único que justificó la vestimenta para saltar a la cancha fue el marketing. A esa final la perdieron con Brasil por penales. “Pero Brasil también ha hecho trampitas. Durante mucho tiempo habían metido dentro del escudo el símbolo de Café do Brasil. Pasó inadvertido hasta que lo pescaron”.

    Según Maximiliano López Arce, hoy el marketing es “todo” en una camiseta. Antes de los lanzamientos se hacen focus groups para conocer cuál es la visión del hincha. Cambiaron los tiempos. Hoy algo tan importante y lucrativo no se puede dejar en manos de un joven brasileño de Yaguarón, fanático de Uruguay, que gana un concurso para diseñar la camiseta de Brasil.

    En el Mundial de Alemania 1974, el crack holandés Johan Cruyff jugó todo el torneo con una camiseta Adidas que lucía solo dos tiras en sus mangas en lugar de las tres originales que caracterizaban a la popular marca deportiva. Fue todo un tema. Y acaso supuso uno de los primeros actos de rebeldía de un futbolista contra las poderosas multinacionales. El jugador era patrocinado por la marca Puma y como no recibía ninguna compensación de Adidas por usar su camiseta, decidió que esta fuera intervenida: una de las tiras fue retirada. Antes había amenazado a la federación holandesa con no disputar el Mundial si le obligaban a llevar la camiseta naranja con las tres rayas de Adidas en la manga. “Querían que lleváramos su camiseta, y yo pedí mi parte. Me la negaron diciendo que la camiseta era suya, y yo les dije que la cabeza era mía”, declaró.  
    Esto volvió a verse con otros tres futbolistas holandeses en el Mundial de Argentina 1978: los hermanos René y Willy van de Kerkhof y también Dick Nanninga.

    Según López Arce, en un año normal las marcas venden US$ 5.000 millones en camisetas de fútbol. Durante el año del Mundial 2014 pudieron haber subido a US$ 6.700 millones.

    La mano de Dios y la mufa del Azul

    Después de ganar aquella épica final del mundo en México 1986 de la mano de un Diego Armando Maradona prendido fuego, Argentina jugó dos finales mundiales más. Las dos las perdió. Y en esas dos derrotas hubo un denominador común: no jugaron con la clásica camiseta albiceleste, lo hicieron con la azul de alternativa. Las dos finales fueron con Alemania. En Italia 1990, la azul se enfrentó con la camiseta germana, que acaso reúne mayor consenso estético. Para buena parte de los futboleros esa casaca blanca con los colores y la forma de la bandera alemana sobre el pecho y los hombros supuso una revolución. Ese fue un golazo de Adidas.

    Después de dos dolorosos tropiezos con la azul, el último fue en Brasil 2014, para este Mundial de Rusia, Argentina decidió cambiar la alternativa azul por una negra. ¿Habrá sido por una cuestión de cábala? ¿Se querrá espantar otra vez la mufa? Destéfano no cree que sea esta la razón: “Si bien es cierto que perdió dos finales con la azul, el partido contra Inglaterra en 1986, el de la mano de Dios, lo ganó con la azul. Todo eso tiene que ver más con el folclore”.

    López Arce tampoco cree que los colores determinen una buena actuación de una selección. “A modo de ejemplo, cuando en los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica 2010 a la Argentina le tocó enfrentar a Alemania, el sorteo indicó que jugaría con la tradicional casaca albiceleste, mientras que los germanos deberían usar su camiseta alternativa. Eso hizo que se generara un ambiente de optimismo, porque la última vez que se habían cruzado en los Mundiales con Argentina usando su camiseta titular fue en la final de México 1986”, dice. Sin embargo, el resultado fue lapidario: 0-4 y la derrota más abultada desde el 0-4 con Holanda en el Mundial de Alemania 1974. Y en el banco, dirigiendo los destinos argentinos, estaba nada menos que Maradona. A veces no hay talismán que valga. Lo cierto es que en este Mundial no habrá azul en Argentina. Y puede haber una cuestión atada a simbolismos en esa decisión. Adidas decidió basar su colección en diseños antiguos emblemáticos. En el caso de Argentina, su camiseta titular se basa en la utilizada en la Copa América 1993, el último título ganado por ellos hasta el presente. En el caso de la camiseta suplente, es de color negro por primera vez en un Mundial y se basa en una casaca que nunca llegó a utilizarse en ese mismo año: 1993. “La elección de ese color es innovadora, disruptiva y ya puede ubicarse junto a la casaca amarilla del Malmö FF que la Argentina usó en el debut del Mundial de Suecia 1958, como los colores menos habituales usados por Argentina”, cuenta López Arce.

    Destéfano dice que lo de la camiseta negra definitivamente no está vinculado a supersticiones sino a una tendencia de que se usen colores que antes no eran tan proclives a ser aceptados en las selecciones, como el negro o el rosa. “Ahí sí tiene que ver mucho la estética. Hay que tener en cuenta que antes las selecciones no usaban el negro porque era un color identificado con el árbitro y ahora los árbitros están bien flúo”, argumenta. La paleta de colores se amplió muchísimo. El diseño, la moda y las tendencias han llegado al fútbol. “Cada vez más las camisetas son usadas en la calle, vas a bailar con ellas. Antes se las veía solo en los potreros. Eso ha determinado que las marcas vieran una oportunidad de poder incorporar colores que, hay que decirlo, generalmente no tocan la titular. Toda la innovación en colores y la creatividad se depositan en la camiseta alternativa. En la titular se respeta el folclore del hincha y la historia de los clubes. No se incursiona en lo exótico”.

    Los otros que pueden darle rienda suelta a la creatividad son los goleros, que por lo general usan colores que no tienen por qué estar atados a la indumentaria del resto de los jugadores. Es así que nacieron coloridos y chirriantes adefesios como los que usaba el arquero mexicano Jorge Campos. Todo un atentado al buen gusto. 

    Para Destéfano, hay que seguir de cerca los nuevos países. A los Croacia, a los Eslovenia. Países nuevos y más arriesgados en sus diseños: “Tienen otra mirada para hacer camisetas, se diseñaron hace pocos años”. El escudo croata lo hizo un diseñador gráfico. Y de ahí salió la famosa camiseta a cuadrillé blanca y roja con la que tantos goles metió el delantero Davor Suker en la década de los 90. 

    Estamos a días de un nuevo Mundial, de esa fiesta de babel que lo paraliza todo durante semanas. Y en esta previa, con un aluvión de publicidades saturando pantallas, con la pelota a cargo del control y con los colores de las selecciones tiñendo el mundo, parece claro que una vez más se va a cumplir algo que el mítico Cruyff dijo antes de morir: “Las nuevas banderas de los países son las camisetas de fútbol”.

     

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    2018-05-31T00:00:00