Los niños rubios tienen más lunares que los castaños y morochos y mayor riesgo de padecer melanoma (un tipo de cáncer de piel), esta fue una de las conclusiones a las que llegó un estudio realizado por la Unidad de Lesiones Pigmentadas de la Cátedra de Dermatología de la Facultad de Medicina (Universidad de la República) que estudió por primera vez a niños de entre 4 y 14 años.
La investigación se presentará el próximo sábado en el marco de las actividades de capacitación para profesionales de la salud que organiza la Sociedad de Dermatología del Uruguay el 8 y 9 de noviembre. El estudio se titula “Hábitos en relación a la fotoexposición y características epidemiológicas, clínicas y dermatoscópicas de los nuevos (lunares) en los niños y niñas uruguayos” y fue realizado por Alejandra Larre Borges, Sofía Nicoletti, Macarena Restano, Marcela Padilla, Agustina Acosta y Lídice Dufrechou.
La importancia de estudiar los lunares en los niños se debe a que existe una asociación entre los lunares, la mayor exposición al sol y el cáncer de piel. Quienes cuentan con más lunares —que aparecen en mayor medida en zonas expuestas al sol— tienen mayor riesgo de padecer melanoma. Cada cuatro días fallece una persona en Uruguay por cáncer de piel.
Entre el 50% y el 80% del sol que se recibe en la vida ocurre durante la niñez. “Es cuando el daño es más duradero porque las células se están formando”, dijo a Búsqueda Alejandra Larre Borges, profesora adjunta de la Cátedra de Dermatología de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República.
“Por eso importa incidir en la gente”, agregó Macarena Restano, residente de Dermatología de la Facultad de Medicina. Los niños que tienen más lunares son los que tienen mayor riesgo de padecer melanoma a futuro.
Según los resultados del estudio, existe falta de hábito de protección del sol y los padres utilizan como medida más generalizada la pantalla solar cuando debería ser buscar la sombra, utilizar ropa con protección, lentes y gorro. “El problema es la falta de hábito de fotoprotección”, esta información “nos ayuda a enfocarnos para tomar medidas”, aseguró Larre Borges.
La información en niños es escasa en el mundo, por eso el grupo de médicas y dermatólogos comenzaron a estudiar a los niños uruguayos en lo que se convirtió el estudio con mayor número de casos en niños en el mundo (188), cifra que seguirá creciendo, ya que se están procesando nuevos casos de chicos que cursan educación pública, y el objetivo es seguir luego con alumnos de colegios privados. Refiere a los estudios que incluyen el análisis con dermatoscopía —una técnica con luz y lupa especial que permite observar al detalle sus características.
Existen distintos tipos de cáncer de piel. El carcinoma espinocelular es de frecuencia intermedia y ocurre sobre todo en quienes están expuestos continuamente al sol durante largas jornadas y todo el año. Se forman lesiones premalignas que evolucionan al cáncer. Suele presentarse en trabajadores del campo o de la construcción. Sin un tratamiento a tiempo produce metástasis (propagación del tumor).
El cáncer de piel más frecuente es el carcinoma basocelular que se ve en mayores de 40 años, aunque cada vez aparece en más jóvenes. Se puede solucionar quirúrgicamente porque la probabilidad de que ocurra una metástasis es muy baja.
El melanoma es el tipo de cáncer menos frecuente y más agresivo con invasión en profundidad y alta posibilidad de que ocurran metástasis. Tanto el melanoma como el carcinoma basocelular se presentan más en las personas que toman sol intensamente por períodos cortos de unas semanas, quienes se toman vacaciones de verano y en ese momento se exponen y quienes se toman vacaciones en invierno para ir de viaje a la playa. “Justamente esas dos semanas al año de sol se vinculan a un tipo específico de cáncer que es el peor”, advirtió la docente.
El 40% de los melanomas aparecen en lunares previos, explicó Larre Borges. “Está demostrado que el principal factor de riesgo para el cáncer de piel es el aumento en el número de lunares”, agregó. Además hay un gen específico (Braf) que se activa cuando la persona se expone al sol y “hace que se generen los lunares”.
Por el sol.
Según los resultados del estudio, “los rubios tienen más lunares, que es un factor de riesgo para tener melanoma”, destacó Larre Borges.
Los niños rubios tenían en promedio 27,3 lunares cada uno, los castaños 17,8 lunares y los de pelo negro 10 lunares, informó Marcela Padilla, residente de Dermatología de la Facultad de Medicina.
Registraron entre 1 y 100 lunares por niño con un promedio de 18 lunares. La mitad de los niños tenían hasta 14 lunares y la otra mitad más. En total las especialistas examinaron 3.414 lunares en los 188 niños de dos escuelas públicas de Montevideo, una de contexto crítico y otra de contexto medio en la zona de Pocitos. El estudio comprobó que los niños más chicos eran quienes tenían menos.
Los lunares van aumentando en número a lo largo de la vida. En adultos son señales de alerta los lunares de más de cinco milímetros de diámetro, asimétricos, de más de un color, de bordes irregulares y que hayan variado o crecido recientemente. En niños el cáncer es infrecuente y no sigue las mismas reglas, son señales de alarma cuando se observa un lunar de evolución rápida, firme y creciente.
La zona del cuerpo que concentró más cantidad de lunares fue el tronco con el 32,3%, una zona muy expuesta al sol. En cara y cuello detectaron el 27% y la misma cantidad en los miembros superiores. En los muslos y piernas encontraron 9,2%, además 1% en las plantas de las manos y los pies y otro 1% en los glúteos. Los lunares están en la mayoría en las zonas más “fotoexpuestas”, las zonas más irradiadas, concluyó el equipo. El trabajo se realizó con fondos de la Cátedra y fue premiado en la categoría epidemiológica por la Fundación La Roche Posay.
El número de lunares que tiene un adulto guarda una relación con el sol que recibió la persona a lo largo de su vida. En general quienes se ven más afectados son las personas de piel clara, cabello y ojos claros con poca capacidad de bronceado que a lo largo de su vida sufrieron quemaduras solares, cuando la piel queda roja e incluso puede provocar ampollas.
En el estudio clasificaron a los niños según el tipo de piel en distintos fototipos — tipo de piel y cómo reacciona al sol—. Los tipo 1 generalmente son los pelirrojos, hasta el tipo 6 los de raza negra. Padilla informó que la mayoría eran tipo 3 y 4. Los tipo 3 tienen una piel clara que si bien al inicio del verano se queda roja al final puede llegar a broncearse, el tipo 4 alcanza un bronceado rápido. Las especialistas detectaron en la piel de los escolares hongos, verrugas y alergias.
Poco protegidos.
Los padres respondieron que sus niños en verano tenían exposición al sol moderada (62,3%), intensa (17,8%) y leve (17,8%). Un 12,9% reconoció que sus hijos padecieron quemaduras solares.
El 79,7% usa pantalla solar, el 11% irregularmente y 8,6% reconoce no usarla. Solo 18,2% utiliza lentes de sol con constancia y 56% reconoce no usarlos. Además, el 86,6% no utiliza ropa con fotoprotección. Las especialistas recomiendan utilizar pantalla solar de 30 y reaplicar cada dos horas, aplicarla media hora antes de salir para que actúe y no exponerse al sol entre las 11 y las 18 horas Además, utilizar sombrero que cubra la cara y cuello y ropa en vez de recurrir solamente a la pantalla solar.