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    Madre e hija en el Palacio

    La senadora Carol Aviaga y su hija , la diputada suplente Camila Ramírez , son las primeras mujeres que llegan juntas al Parlamento con esa relación familiar

    Tienen un interés común: la política. Una lleva dos décadas en esa actividad, la otra unos pocos años. Pertenecen al mismo sector y tienen la posibilidad de ser protagonistas de algo que hasta ahora no tiene precedentes: convertirse en las primeras madre e hija en ocupar bancas en el Parlamento en la misma legislatura.

    Son Carol Aviaga y Camila Ramírez. La primera es senadora del Partido Nacional por el sector de Luis Lacalle Pou, y Camila es la segunda suplente del diputado Juan José Olaizola, del mismo grupo.

    Además de cumplir funciones en una escuela pública —lo que inicialmente sería un impedimento para ocupar una banca legislativa—, Ramírez también tiene otro escollo: es sorda y necesita un intérprete de lengua de señas para comunicarse, pero en el Parlamento no está permitido que otra persona hable en lugar del legislador, según detallaron. Por eso, si el titular de su banca pide licencia, ella no puede ocuparla —lo hará el siguiente suplente—, al menos hasta que se modifique esa barrera administrativa.

    Una tarde de abril, Aviaga y Ramírez recibieron a galería en el despacho de la primera, ubicado en el cuarto piso del anexo del Palacio Legislativo. Las dos contaron sus historias personales y su llegada a la política, un ámbito en el que ser sorda genera aún más complicaciones que en otras actividades, pues la palabra es la herramienta principal para comunicarse en discursos y charlas. En toda la entrevista estuvo presente una tercera persona: Alejandra Volpe, la intérprete de lengua de señas que acompaña a Ramírez en cada actividad pública. Ramírez no es muda, pero como no escucha, no puede reproducir los sonidos habituales de las palabras. Por eso se expresa mediante señas y su intérprete va con ella a actos políticos, charlas o conferencias, y también está en instancias de su vida privada, como durante el parto de su hija María Clara, hace casi dos años.

    PADRES E HIJOS. En el Parlamento uruguayo hay antecedentes de padres e hijos que compartieron el recinto legislativo. El expresidente Luis Alberto Lacalle Herrera fue senador entre 2010 y 2015, mientras su hijo Luis Alberto Lacalle Pou era diputado. Años antes, también Lacalle Pou ocupaba una banca en Diputados mientras su madre, Julia Pou, estaba en el Senado. En el caso del Frente Amplio, durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez, el diputado Luis José Gallo era titular y su hijo, Luis Enrique Gallo, ingresó en más de una oportunidad como suplente de José Carlos Mahía.Pero, hasta ahora, nunca se habían reunido madre e hija en el Parlamento, algo que podría concretarse en esta legislatura con Aviaga y Ramírez.

    El DÍA QUE ALGO CAMBIÓ. Cuando tenía 20 años, Aviaga ya era madre de dos hijos: Camila (hoy 26) y Rodrigo (25). Era como tener mellizos. Se divorció muy joven, así que aprendió a ser madre y padre a la vez, aunque siempre contó con un apoyo familiar, de padres o abuelos, para seguir estudiando.

    Así se graduó como técnica en Enfermería e Instrumentación Quirúrgica, viajaba a diario a Montevideo a estudiar y luego trabajaba en el Hospital de Minas. Su hija no tenía problemas para quedarse con otras personas, pero algo cambió poco después del nacimiento de su hermano menor. La niña empezó a comportarse de manera diferente, y si bien al principio lo atribuyeron a los celos normales, el problema se mantenía en el tiempo. Por eso Aviaga llevó a Camila a Montevideo para que la examinaran, y entonces supo que era sorda. “Salí con mi hija de un año y medio sin tener idea de qué hacer y de cómo era la vida de una persona sorda. Fue el momento más difícil, no sabía cómo apoyarla”, contó Aviaga.

    Ramírez no nació sorda, pero un día dejó de escuchar. Según explicó su madre, su condición puede vincularse con una infección respiratoria alta que tuvo cuando era bebé y que fue tratada con un antibiótico que le causó una lesión en el nervio auditivo. Desde entonces, si bien la comunicación entre ellas no se vio afectada, porque el lenguaje materno estaba por encima de las dificultades auditivas, sí comenzó a complicarse su relación con el entorno. Buscando ayuda, Aviaga se contactó con el destacado otorrino Hamlet Suárez, quien con su equipo multidisciplinario empezó a tratarla dos veces por semana en Montevideo. De a poco, Aviaga comenzó a “conectar con el mundo” de su hija a través de un “método oralista”. Letra por letra le enseñaba las vibraciones de aire que salen por la boca y la nariz, colocando las manos de la nena sobre la cara. Después juntaba esas letras y formaba las palabras. Eran “sesiones” diarias de 15 minutos, porque le habían dicho que era difícil que un niño prestara más atención que ese tiempo. “Fue un aprendizaje para todos”, recordó la senadora.

    DE MINAS A MONTEVIDEO. Ramírez dice que de niña nunca se sintió diferente. En Minas iba a una escuela para sordos y gracias a ese sistema que le había enseñado su madre aprendió a comunicarse. Pero cuando cumplió 13 años pasó a un liceo común. Allí ya no había una maestra sino profesores, y el resto de sus compañeros escuchaban, así que la situación fue diferente. Sentía que no podía seguir las conversaciones, que perdía información y que algo tan simple como preguntarles a sus compañeros de qué se reían era frustrante.

    Cuando tenía 15 años, su madre averiguó si había liceos especializados en sordos y así supo que existía el liceo 32 de Montevideo. Entonces, Ramírez dejó Minas para trasladarse a la capital y se fue a vivir con una tía. El centro educativo le abrió las puertas a una nueva modalidad de enseñanza, y a un mundo que para ella era desconocido y al lenguaje de señas. Las clases, sus compañeros y profesores o intérpretes también utilizaban esa forma de comunicación. “Me sentí la persona más feliz del mundo”, recordó.

    En el liceo 32 terminó el Ciclo Básico y luego pasó al IAVA, con otros de sus compañeros. En esa institución ya no fue un problema que hubiera chicos que escuchaban pues había aprendido a sortear las barreras que aparecían en el camino de la comunicación. Al terminar Secundaria empezó Derecho —carrera que luego abandonó— y comenzó a trabajar en la Escuela de Sordos de Minas. Quería volcar su experiencia en la localidad donde creció, pues entendía que allí no había tantas oportunidades para las personas como ella.

    Ramírez está en pareja desde hace varios años con Rodrigo Couto. Él es sordo, y lo conoció hace años en Montevideo, en un grupo de sordos. Rodrigo estudia Diseño de animación en 3D en la ORT y trabaja en la UTE. Antes trabajó como modelo. La hija de ambos, María Clara, escucha sin problemas, pero también maneja el mismo lenguaje de señas que sus padres. Además se entiende con su madre con códigos propios. Por eso en la mitad de la entrevista le hace notar que tiene hambre y Ramírez comienza a darle de mamar.

    DE HERRERA A LACALLE POU. Barriga Negra tiene poco más de dos mil habitantes y está ubicada al norte de Lavalleja, a unos 60 kilómetros de Minas. Por esa pequeña localidad pasó Charles Darwin en 1832; y fue ahí donde, en 1898, nació la legisladora comunista Julia Arévalo, una de las pioneras en acceder al Parlamento uruguayo. En esa pequeña y rural localidad también creció Aviaga, en el seno de una familia de tradición nacionalista que se identificaba con la figura y los ideales de Luis Alberto de Herrera. La primera vez que votó fue en la elección de 1989, cuando respaldó la candidatura presidencial de Luis Alberto Lacalle de Herrera, nieto de aquel caudillo al que seguía su familia desde hacía tanto tiempo.

    Sin embargo, en esa época no tenía militancia política. Estaba enfocada en su familia y sus estudios, y fue cinco años más tarde cuando fue por primera vez a un club político, en Minas. Un año después, en 1995, decidió ingresar de lleno a esa actividad. El detonante fue, según sus palabras, “la embestida baguala que le hicieron a Lacalle Herrera”, en alusión a la campaña de acusaciones y denuncias contra el gobierno del exmandatario blanco. “Ahí sentí la rebeldía de defender lo que era justo. Sin quererlo, fui asumiendo responsabilidades y cuando quise acordar me convertí en una referente en la zona de Minas”, contó.

    En esos años, Aviaga trabajaba en la salud y criaba a sus hijos. Cada 15 días se tomaba un ómnibus a Montevideo para participar en cursos de formación política que se dictaban en el Partido Nacional. Un día decidió formar su propia agrupación en el departamento y en las elecciones de 2004 fue electa convencional nacional de su colectividad. Poco después asumió como directora de Servicios Sociales de la Intendencia de Lavalleja, cargo que ocupó hasta 2010.

    En 2009 Aviaga asumió un puesto en el Directorio del Partido Nacional, en representación del grupo del entonces diputado Lacalle Pou, que en ese momento era una figura emergente en la interna partidaria. Se convirtió en una dirigente cercana a él y en octubre de 2014 conquistó una banca en el Senado. Era la sexta titular en la lista encabezada por el excandidato presidencial, en una elección en la que se aplicó por primera vez la ley de cuota política.

    Ella, sin embargo, no se considera una defensora de esa herramienta electoral. Asegura que en la política los espacios para las mujeres son “difíciles de conseguir”, pero cree que en eso incide “la impronta de cada una”. Señala que llegó hasta donde llegó sin cuota política, y por eso no adhiere a la posible aplicación de la ley de paridad, que se maneja a nivel de algunos grupos de mujeres políticas. “Respeto a quienes llevan adelante esa lucha, pero creo que todavía hay que dar una discusión en la interna de los partidos. Para mí hay otras prioridades que deberíamos tener los parlamentarios con respecto a los problemas de la vida de las mujeres. Por ejemplo, las mujeres jefas de hogar que no tienen acceso a la vivienda digna, que crían solas a sus hijos, que tienen problemas de discapacidad en hogares muy pobres.

    No es que esté en contra, pero creo que tenemos que priorizar otras cosas antes de ver la representación que tenemos”, dijo.Ramírez, en cambio, piensa distinto y aclara que no siempre tienen la misma posición en todos los temas. Ella sí considera que es necesaria la ley de cuota política, porque advierte que los hombres son los que ocupan la mayor parte de los espacios de poder. En su caso concreto, además, insiste en que las desigualdades para mujeres con discapacidad son aún más grandes.

    Si bien desde chica Ramírez —igual que su hermano— estaba acostumbraba a acompañar a su madre a reuniones y recorridas políticas, esa actividad no le interesaba demasiado. Entre otras cosas porque se topaba con un obstáculo que era justamente la palabra: “me perdía, porque todos hablaban a la misma vez”. Cuando ingresó a facultad se dio cuenta de que era necesario hacer algo para cambiar la situación de las personas con discapacidad. Ahí empezó a relacionarse con el Instituto Interamericano de Discapacidad, donde constató el atraso existente en leyes y medidas para contemplar a esas personas. De a poco se fue involucrando en ese tipo de militancia, y fue entonces que conoció a Lacalle Pou. “Fue él quien me abrió la puerta”, recuerda ahora Ramírez. Un día, cuando estaban hablando de su interés en trabajar más activamente en política, él le advirtió: “mirá que es difícil”. Su respuesta fue clara: “¿vos te pensás que mi vida fue fácil?”.

    A partir de ese momento, asegura, el líder del sector se movió para que ella pudiera tener acceso y facilidades en su trabajo político. Incluso fue fundamental su apoyo para que Ramírez contara con Volpe como intérprete para las actividades políticas. Volpe no solo trabaja con ella, sino que es la encargada de traducir al lenguaje de señas para no oyentes los discursos y exposiciones de Lacalle Pou y otros dirigentes del sector.

    Ahora, en el Senado, Aviaga se ocupa fundamentalmente de dos tipos de asuntos: los ambientales y los relacionados con la discapacidad. Para estos últimos cuenta con el apoyo de su hija, que también trabaja esos temas con el resto de los legisladores e intendentes de su sector.

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