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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCuando parecía que con elecciones libres a la vista la pesadilla del régimen de hecho estaba llegando a su fin, las torturas cobraron otra vida durante un interrogatorio acerca de un hecho que nunca había existido. El médico Vladimir Roslik fue detenido en la madrugada del domingo 15 de abril de 1984 en su domicilio de la colonia de inmigrantes rusos de San Javier y trasladado junto a otras personas de la localidad, al Batallón de Infantería Nº 9 de Fray Bentos. Al día siguiente su cuerpo sin vida fue entregado a su familia junto a una fotocopia de una partida de defunción que certificaba “un paro cardio-respiratorio”, pero que no aclaraba lugar, fecha u hora de su muerte, ni siquiera si se le había realizado una autopsia.
María Cristina Zabalkín, viuda del médico, solicitó de inmediato otra autopsia del cadáver que se practicó en la ciudad de Paysandú por parte de médicos militares y policiales, siendo uno de ellos de la confianza de la viuda. No trascendieron los resultados.
Roslik, nacido en San Javier, Río Negro, había sido becado al Instituto “Máximo Gorki” para luego estudiar en la universidad moscovita “Patricio Lumumba”, donde se había graduado de médico. De regreso en Uruguay, en 1980 había sido acusado de integrar una célula del ilegalizado Partido Comunista, procesado y preso por la Justicia Militar. Al recuperar la libertad volvió a San Javier donde vivía con su esposa y un hijo de cuatro meses.
Su fallecimiento fue descrito el sábado 21 por un comunicado de la Dirección Nacional de Relaciones Públicas (Dinarp) que decía: “La reactivación de una agrupación subversiva vinculada al clandestino Partido Comunista que cuatro años atrás había operado en zonas del departamento de Río Negro, quedó al descubierto a partir de la captura de uno de sus miembros, requerido desde entonces cuando en fecha reciente regresó al país para tomar parte en tareas de introducción ilegal de armas desde el exterior. Se trata de Antonio Pires Da Silva Jr. que había escapado al territorio brasileño en 1980”. El comunicado mencionaba luego a ocho detenidos, todos de apellido ruso entre los cuales se encontraba el médico Roslik y más adelante explicaba la muerte de éste. “En el curso de los careos realizados entre varios detenidos se produjo el fallecimiento de Vladimir Roslik a causa de un paro cardio-respiratorio sin muestras de violencia, de acuerdo a la autopsia que le practicara por disposición del juez militar competente”.
Fuentes de la Comisión de Derechos Humanos dijeron a los medios que según testimonios recogidos en San Javier, Roslik no era comunista ni militaba políticamente. El episodio despertó tal indignación que los rencores y las desconfianzas entre los partidos políticos y las Fuerzas Armadas, retrocedieron al lugar en el que estaban meses antes.