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Sin embargo, con la incursión de las redes sociales y sus plataformas para publicar todo tipo de datos, comenzaron a surgir sitios alternativos que, en busca de ganancias publicitarias y tráfico, publican informaciones que son o medias verdades o directamente mentiras.
Una de las que más resonancia tuvieron en las últimas semanas fue la supuesta noticia de que el papa Francisco apoyaba la candidatura del republicano Donald Trump. La noticia se viralizó en minutos.
Este tipo de noticias, que circulan mayormente por Facebook pero también son levantadas en Google y Twitter, motivaron una investigación del portal estadounidense BuzzFeed, que corroboró que durante los últimos tres meses de la campaña presidencial de Estados Unidos las 20 principales noticias falsas en Facebook tuvieron más alcance (en nivel de veces compartidas, me gusta y comentarios) que las 20 principales noticias de los medios tradicionales.
Así las cosas, varios medios y analistas acusaron a este tipo de sitios “paralelos” de incidir hasta en los resultados de la elecciones de la principal potencia del mundo y los jefes de las principales compañías digitales anunciaron medidas para prevenir que esto suceda.
Hacerlo fácil.
La credibilidad es uno de los pilares básicos en los que se sustenta el periodismo y un puntal que juega hacia dos lados: primero le da prestigio al medio y eleva su categoría y con ello su audiencia pero mantener el estatus exige amplios y estrictos niveles de control y chequeo de la información a ser publicada.
Esto es precisamente lo que hoy no existe en varios sitios autoproclamados “de noticias” y a lo que hace referencia “The New York Times” en su editorial del 14 de noviembre.
“Este año, el dicho que la falsedad vuela y la verdad viene atrás arrastrándose ni siquiera empieza a describir el problema. Esa idea asume que la verdad eventualmente termina llegando. No hay mucha evidencia de que eso esté pasando para los millones de personas que se tragaron alguna de los cientos de noticias falsas que se esparcieron en sitios ubicados en las redes sociales”, señala el editorial.
“Muchas de estas noticias falsas son producidas por estafadores que quieren hacer dinero fácil. La mayoría tiene posiciones de ultraderecha, pero una gran parte de la responsabilidad de esto recae en compañías de Internet como Facebook y Google, que hicieron posible que las noticias falsas sean compartidas instantáneamente por millones de usuarios y han actuado muy lento en bloquearlas de sus sitios”, añadió.
“Estas estafas no están rebotando entre aquellos con mentes conspiradoras; candidatos y oficiales electos también las están compartiendo. El senador republicano Ben Sasse tuiteó el jueves 10 a propósito de gente que había sido contratada para manifestarse en contra del señor Trump, una idea propagada por sitios de noticias falsas. Un hombre que a menudo escribe noticias falsas le dijo al “Washington Post” que seguidores y oficiales de campaña de Trump a menudo compartían sus posts anti Clinton que eran falsos sin siquiera molestarse en confirmar lo que decían”, afirma el editorial.
El artículo informa que la diseminación de noticias falsas “viene siendo un problema a escala mundial”. “En países como Myanmar (Birmania), el contenido falso de internet ha contribuido varias veces a la violencia étnica. También influyó elecciones en Indonesia y las Filipinas”, alertó.
Medios autoproclamados.
“Mientras los medios de comunicación enfrentan altos costos para hacer contenido original, pagarles a periodistas profesionales, editores y equipos comerciales, muchos de los autoproclamados sitios de noticias actuales pueden publicar contenido sin chequear, tomando historias de otras fuentes y escupiendo pequeños posts para atraer clicks”, alerta el “Financial Times” en una nota publicada el 25 de noviembre.
Uno de estos grupos es Liberty Alliance, un conglomerado de sitios de ultraderecha que tiene un fuerte poder en el ecosistema de Facebook. En total poseen 176 páginas de Facebook que alcanzan a más de 50 millones de seguidores. En comparación, los medios tradicionales como CNN y “The New York Times” tienen 25 y 12 millones de seguidores en Facebook, respectivamente.
El conglomerado emplea a unos 40 jóvenes a los que se les paga en función del tráfico que generen. El contenido “no es nuestro principal costo”, dice Brandon Vallorani, el dueño de Liberty Alliance, que el año pasado facturó U$S 11 millones con un modelo de negocios bastante sencillo: postear innumerables noticias con títulos llamativos y llenar cada artículo de publicidad y banners.
“Este tipo de sitios se enfoca en noticias falsas, en particular a favor de Donald Trump”, dice el artículo del “Times”.
Con este mar de fondo, Facebook y Google tomaron medidas para cambiar la situación actual. Google anunció que bloqueará los sitios que promuevan noticias falsas para evitar que usen sus servicios de publicidad digital.
Facebook también actualizó su política publicitaria alertando que no incluiría en su sitio anuncios de este tipo de posteos.
Controlar la política.
“Las instituciones políticas desarrollaron normas durante siglos para permitir la conciliación civil de intereses diversos y opuestos. Es aquí donde las instituciones tradicionales todavía son excelentes (y donde las redes sociales del mundo fracasan)”, explicó en su columna en el “Financial Times” Heather Brooke, profesor de Periodismo en la City University de Londres y autor de “La revolución será digitalizada”.
“En línea no hay una manera robusta para controlar la calidad de la información o de la reputación. Twitter ha abdicado de su responsabilidad de controlar su plataforma o de manejarse con trolls o el discurso de odio en una forma adecuada. Tiene una aproximación tipo “yo no me meto”, similar a las de otros monstruos digitales que se adscriben a la creencia idealista de que el discurso correcto naturalmente ganará la pelea.
La semana pasada, Facebook reconoció su problema con las llamadas “noticias fantasma”, las cuales algunos creen afectaron el resultado de las elecciones en Estados Unidos”, añadió.
Para Brooke, “las compañías online frecuentemente tratan de evitar ser juzgadas por los contenidos publicados en sus plataformas”.
“Supervisar tanta comunicación es un trabajo grande, pero no es imposible. Compañías como Uber y Airbnb han encontrado caminos para parar a los que quieren hacer trampa. Lo mismo deben hacer Twitter y Facebook”, agregó.
“Del mismo modo en que Twitter coloca señales azules junto con cuentas verificadas, también puede resaltar a los trolls seriales. Compañías como Twitter deben entender y tomar responsabilidad por el nuevo poder que ellas ejercen. Pero depende de nosotros definir y empujar para que haya nuevas normas para los foros online. Un problema crucial de nuestra era será encontrar un equilibrio entre el control de calidad y el libre flujo de la información, mientras impedimos la censura así como la diseminación de amenazas y mentiras. El futuro de nuestra democracia depende de eso”, sostuvo.