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    Las uruguayas empiezan a ver la copa menstrual como una alternativa ecológica y económica

    Las usuarias se enteran de sus ventajas por el boca a boca, por amigas que ya la probaron, por alguna publicación o porque estando de viaje las descubrieron en una farmacia, donde se exhiben en lugares bastante visibles. Es la copa menstrual, una alternativa a los tampones y toallas higiénicas que poco a poco se va popularizando en determinados grupos de mujeres uruguayas; en su mayoría usuarias de instituciones privadas de salud, jóvenes, preocupadas por la ecología.

     

    UN NUEVO MÉTODO. La copa menstrual es un recipiente cónico de silicona, de unos cinco centímetros de largo y cuatro de diámetro. Para colocarla es necesario doblarla o torcerla en modo de zigzag e introducirla entera en la vagina. Una vez que está bien ubicada no se nota su presencia, incluso cuando está cargada. Dicen quienes la utilizan que a veces se tarda dos o tres períodos en acostumbrarse a su uso. En general, retiene el flujo menstrual durante diez horas, por eso se cambia entre dos y tres veces al día. Se puede dormir con ella y cuando se quiere retirar, se tira desde un pequeño rabo que cuelga de la parte inferior.

    Su uso no requiere ninguna regulación o habilitación estatal, por lo tanto, desde el Ministerio de Salud Pública no hay datos sobre cuántas mujeres la usan. En los hechos, explicaron, es un producto comercial, como una toalla higiénica o un tampón, y por eso cada mujer es libre de utilizarlo.

    Claudio Sosa, vicepresidente de la Sociedad Ginecotocológica del Uruguay (SGU), explicó a galería que los indicadores que se conocen a escala internacional hablan de un alto nivel de aceptación por parte de las usuarias. “Hay estudios en el exterior que muestran que en algunos países donde se entregan gratis a modo de prueba para ver resultados, después las usuarias los siguen usando. Ha sido bastante aceptado”, explicó.

    Este producto empezó a popularizarse en los últimos años. Sin embargo, su historia se remonta al siglo pasado. Hay datos de que en la década de los 30 existía un recipiente de características similares que se comercializaba en Estados Unidos, pero no llegó a tener mucha aceptación porque los materiales no resultaban cómodos para el cuerpo femenino, ya que eran más rígidos que los actuales —que se adaptan mejor dentro de la vagina—. Con la masificación de los tampones, las copas menstruales dejaron de ser tomadas en cuenta y fue recién a comienzos del siglo XXI que volvieron a despertar interés.

     

    QUIÉNES LA USAN. Se sabe que la mayoría de las mujeres que optan por la copa menstrual lo hacen por una preocupación por el cuidado ambiental. Sosa comenzó a interiorizarse en el tema cuando hace unos años una marca (Pink Lady) se presentó a la institución para contar con su aval para la comercialización en farmacias. “En general, entre las usuarias que consultan sobre la copa hay una tendencia entre las que ya fueron madres. Yo trabajo en el Pereira Rossell y en mutualistas, y he percibido que no hay tantas consultas como en las usuarias de los seguros de salud, donde las pacientes jóvenes preguntan más. Pero no tengo datos concretos porque acá no hay, es solo una percepción”, comentó el ginecólogo.

    Por otro lado, la ginecóloga y sexóloga Carla Chiarla, que trabaja en los ámbitos público y privado, dijo a galería que en los hospitales estatales no es común recibir consultas sobre el uso de la copa menstrual. Hasta ahora, indicaron distintas fuentes consultadas, no existen datos científicos claros que hablen de problemas por el uso de la copa. Según Sosa, no hay estudios que indiquen reacciones adversas, ni efectos secundarios, ni contraindicaciones, y depende de cada usuaria elegir el método con el que se sienta más cómoda para contener el flujo menstrual. No obstante, señaló que al igual que ocurrió antes con los tampones, existen algunas publicaciones que hacen referencia a posibles infecciones. “En alguna época se decía que el tampón podía dar sepsis genital, pero las posibilidades de una infección son muy bajas si se usa adecuadamente”, agregó.

    Sosa no recibió ninguna consulta por dificultades en el uso y tampoco conoce casos de colegas suyos que hayan recibido ese tipo de inquietudes. Además, agregó que no hay indicadores que señalen que las mujeres que tienen colocado el DIU estén inhabilitadas para usarlo. De todas maneras, aclaró, hay dispositivos intrauterinos (como el Mirena) que a la larga reducen la cantidad de sangrado y en esos casos la copa no tendría sentido. 

     

    CUESTIÓN DE HORAS. Una menstruación promedio es de unos 80 mililitros, distribuidos en cuatro o cincos días; pueden ser 150 como máximo y 25 como mínimo. Esto significa unos 20 o 30 mililitros al día. En caso de que la mujer tenga colocado el DIU de la T de cobre, el flujo puede ser mayor. Una copa menstrual grande contiene hasta 30 mililitros. Chiarla dijo que la principal dificultad para el uso de la copa tiene que ver con la falta de conocimiento del cuerpo. “Mucha gente desconoce su anatomía. Hay que tener un conocimiento básico. Aunque parezca mentira, hay veces en que se desconoce que existen distintos orificios”, señaló.

    La médica agregó que la copa no tiene ningún impacto en la sexualidad de la mujer, aunque aclaró que es poco probable que se mantengan relaciones sexuales vaginales con la copa colocada porque el recipiente ocupa demasiado espacio.

     

    Cuatro mil vendidas

    En Uruguay, la copa menstrual que se encuentra disponible en farmacias es la Pink Lady, que cuesta alrededor de 1.500 pesos, un precio que puede variar de acuerdo con la cadena de farmacias o por los descuentos con tarjetas de crédito.

    Es la única que cuenta con el aval de la Sociedad Ginecotocológica del Uruguay, pero eso no inhabilita a que se puedan utilizar otras compradas en el exterior o por Mercado Libre, donde si se busca “copa menstrual” aparecen diferentes opciones. Según fuentes del Ministerio de Salud Pública, por tratarse de un producto comercial no existen recomendaciones o prohibiciones sobre las distintas alternativas.

    Las Pink Lady son importadas de Alemania desde 2016 y se pueden encontrar en dos tamaños. Según indicaron sus importadoras, se han vendido hasta ahora unas 4.000 unidades, la mayoría en Montevideo.

    La silicona con la que está hecha es de grado médico, hipoalergénica y atóxica. Es de material blando y flexible, lo que facilita su colocación, y tiene capacidad para recolectar tres veces más que las toallitas o tampones.

    Hay dos tamaños: la S está recomendada para mujeres de complexión física pequeña, sin partos vaginales y con un flujo menstrual medio. La L está indicada para mujeres de complexión física grande, con partos vaginales, o mayores de 30 años que utilizan cinco o seis toallas o tampones diarios. Vienen en dos colores: celeste o rosado.

     

    Práctica y segura

    Alejandra (26 años) comenzó a utilizar copa menstrual el año pasado, después de que una amiga se lo recomendara y porque está interesada en reducir el impacto ambiental provocado por las toallas higiénicas. “Además”, dijo, “hay un tema económico, porque gastás menos que con las toallitas”. Una copa menstrual puede durar hasta 10 años.

    Cuando comienza a menstruar, Alejandra hierve la copa durante tres minutos —no más, porque puede dañarse la silicona— y luego de dejar que esté fría se la coloca. Al momento de retirarla, dice, no solo alcanza con tirar de la saliente de silicona, sino que es necesario introducir los dedos para apretarla y facilitar su salida. Una vez afuera, la lava con agua. 

    Alejandra la cambia tres veces al día, incluso duerme con ella. Cuando deja de usarla, la lava con jabón neutro y cuando vuelve a utilizarla la hierve una vez más. “Yo la uso para hacer deporte. Lo que tiene de bueno es que nunca se filtra nada, te olvidás de que estás menstruando. Lo único negativo es que después de usarla un tiempo la silicona agarra color por el sangrado”, dijo.

     

    Números

    1.500 pesos 

    Es el precio promedio de la copa menstrual disponible en farmacias uruguayas. En Mercado Libre o en el exterior se pueden encontrar opciones más económicas.

    3 o 4

    Es la cantidad de toallas higiénicas o tampones que utiliza, en promedio, una mujer por día durante un ciclo menstrual.

    4 o 5

    Es la cantidad de días que dura en promedio una menstruación, aunque depende de cada mujer. También incide si toma pastillas anticonceptivas o si tiene colocado un DIU.

    200 pesos 

    Es el precio promedio de una caja de 10 tampones, dependiendo de la marca, el tamaño y si tiene o no aplicador.