Los animales de experimentación son una pieza clave en la investigación en busca de respuestas a procesos que ocurren también en los seres humanos. Tanto en Estados Unidos y Europa como en América Latina, incluso en Uruguay, los científicos usan animales de laboratorio tradicionales como las ratas y ratones, y otros no tan tradicionales como animales silvestres y de producción, vacas, ovejas, serpientes, peces, cerdos y hasta en moscas para investigar diversos aspectos de su biología. A los animales de laboratorio se los utiliza y sacrifica para estudiar enfermedades; hay ratones a los cuales les introducen tumores para analizar cómo evolucionan. También investigan en otras enfermedades como el Parkinson, diversos problemas cerebrales y renales. A otros animales como los silvestres se los suele capturar para estudiar su comportamiento para conocer más sobre especies autóctonas y poder conservarlas.
Hay diferentes razas o cepas de animales que se utilizan según el tema que se quiera investigar. Además, hay ratones genéticamente modificados que son útiles para estudiar temas puntuales, como ocurre con los ratones que utiliza Rubinstein para su investigación en obesidad.
Estas cepas presentan particularidades en sus sistemas fisiológicos y metabólicos, pueden ser más susceptibles a determinadas enfermedades o realizar comportamientos particulares y pueden variar en su anatomía y tamaño corporal.
“Hay laboratorios que se han unido para generar series de mutantes en peces —como Zebrafish— y en ratones. Se trata de caracterizarlos inicialmente y mantenerlos aislados porque se sabe tienen mutaciones potencialmente interesantes para estudiar un proceso”, dijo a Búsqueda el doctor en Ciencias Biológicas Flavio Zolessi, investigador de la Facultad de Ciencias (Fcien) de la Universidad de la República (Udelar) y del Institut Pasteur de Montevideo.
Por ejemplo, hay una línea de peces desarrollados para estudiar el riñón. “Hay centros de stocks que mantienen líneas de peces y uno puede recurrir a ellos”, detalló. Generalmente el intercambio se hace sin fines de lucro.
Por eso elegir el ratón adecuado es clave a la hora de investigar. Los centros de investigación intercambian estos ratones con fines científicos. Se realizan pedidos de cepas especiales y se comparten de continente a continente. Además, muchas veces los académicos deciden realizar una investigación en distintos países a la vez y necesitan utilizar la misma línea de ratones o cuando un investigador se muda debe llevar consigo los animales con los que trabaja.
Pero transportar animales vivos es cada vez más complejo por un tema sanitario, por el papeleo que exige y porque los traslados de largas horas o los parates en la aduana, hacen que el animal corra riesgo de vida.
Por eso el doctor en Genética y Biología Molecular Rovilson Gilioli, director del Centro Multi Institucional de Bioterismo (Cemib) en la Universidade Estadual de Campinas, informó a Búsqueda que su casa de estudios junto a otros cinco centros de investigación está montando una red para compartir material genético que tiene alcance internacional. En Uruguay participa el Instituto Pasteur de Montevideo y también hay centros de investigación de Argentina que comenzaron a formar parte.
Nueva red.
“El riesgo de perder el animal por muerte o contaminación en una jaula es mucho mayor que si viene en una botella de nitrógeno congelado. Entonces queremos capacitar para reimplantar y expandir colonias claves para la investigación” en la región, destacó Gilioli.
Recordó que la demora debido a “la burocracia” y gran número de papeleo ha hecho perder oportunidades de intercambio de animales desde centros de investigación del primer mundo a Brasil. Además, el traslado de sueros para trabajo de investigación desde Uruguay a Brasil puede llevar siete meses de trámites. “Hay que armonizar la legislación”, destacó Gilioli.
“Queremos integrar a las instituciones para poder intercambiar líneas —animales con diferentes características—, dar soporte tecnológico, entrenamiento”, explicó.
La doctora en Veterinaria Martina Crispo, responsable de la Unidad de Animales Transgénicos y de Experimentación del Institut Pasteur, informó que científicos del Uruguay ya han viajado para recibir e impartir capacitación. La idea fue “homogeneizar protocolos” para que después, cuando se congele el material genético, se pueda descongelar mediante “procesos estandarizados”.
“Hasta ahora cada laboratorio tiene la técnica que le sirve a cada uno. La idea es que todos usemos la misma técnica para poder enviar una línea y recuperarla en otro laboratorio”, dijo a Búsqueda. Algo que hoy se suele hacer con ratones vivos bajo un mayor riesgo, pronto se podrá hacer transportando solo unos tubos de embriones congelados en tanques de nitrógeno líquido. Además, transportar animales vivos es caro. Por ejemplo, trasladar de Estados Unidos a Uruguay una caja en la que entran un máximo de 20 ratones cuesta en el entorno de los 2.000 dólares. Crispo informó que ya han recibido embriones y semen de otros laboratorios.
El proyecto incluye crear un “Banco de Germoplasmas Criopreservados de Modelos Animales para la Investigación Médica Biológica” para poder conservar líneas valiosas de animales de laboratorio. Por ejemplo, “líneas transgénicas que se están perdiendo porque la reproducción es muy débil y solo un laboratorio la tiene”, dijo Crispo.
“Tendremos una oferta que puede ser líneas mutantes, transgénicas, pero no debemos eliminar la línea tradicional. La congelamos para que no se pierda, y la hacemos disponible para el mañana. Esta es la idea de la red, ya tenemos centros capacitados y está empezando a funcionar”, agregó el especialista brasileño.
“Vamos a funcionar como un repositorio de referencia central para la distribución de líneas certificadas genéticamente y sanitariamente congeladas, embriones, espermatozoides y ovarios de líneas que sufrieron pequeñas mutaciones; es un paso más en calidad de área genética”, destacó Gilioli.
Al cabo de 15 años de trabajo con el mismo grupo de animales y sus descendientes se producen “sub linajes” del original y pueden ocurrir cambios visibles como modificaciones en el color de pelo u otros menos visibles y no deseados con fines de experimentación.
“Por eso recibimos una línea, una cepa original —de los animales—, expandimos y hacemos una primera generación. Congelamos una cantidad muy grande de embriones. Después de 5 años exterminamos la colonia, sacamos un embrión congelado, lo implantamos y la iniciamos nuevamente. Evitamos las acumulaciones de mutaciones no deseadas. Es el plan que tenemos cada cinco años”, explicó Gilioli.
Este tipo de trabajo se hace también en centros de referencia como el Instituto Jackson de Estados Unidos.
Red con peces.
“El modelo animal clásico” para experimentación es el ratón o la rata “porque se sabe que comparten mucho del genotipo humano. Lo que uno realice en el modelo —en el animal— después en el ser humano se puede adaptar”, explicó a Búsqueda Patricia Oliver, médica e investigadora del Cudim, que trabaja en investigación “traslacional”, que apunta a después poder llevar los buenos resultados a los seres humanos.
El “animal ideal” por su proximidad genética es el mono pero realizar investigaciones requiere contar con una infraestructura muy costosa para poder mantener en buenas condiciones a los simios. Eso no se hace en la región y se concentra principalmente en países desarrollados.
Además hay un aspecto ético involucrado y la tendencia ahora es a utilizar animales más simples. En vez de un mono si es posible se utiliza un ratón o en vez de un ratón se opta por investigar en peces.
Ana Paula Arévalo, investigadora del Institut Pasteur, comentó durante el Congreso de Aucytal que la experimentación con los peces de origen asiático conocidos como Zebrafish —Pez Cebra— permiten probar fármacos antes de hacerlo en ratones y previo a indicarlo para los humanos.
Zolessi informó que en 2007 realizaron las primeras experiencias en Uruguay y que recién hace año y medio que tienen la infraestructura y mantienen líneas transgénicas de Zebrafish.
Tiene características parecidas a los seres humanos porque “con los vertebrados compartimos mucho”, comentó Zolessi a Búsqueda.
“Claro que hay muchas diferencias. Los mecanismos básicos son los mismos pero más simples. Que sean más simples ayuda a que la investigación sea más sencilla o que podamos llegar más profundo, porque un sistema en el cerebro de menos neuronas es mas fácil de comprender que uno de cientos de miles”, explicó Zolessi.
Por otra parte, destacó que tienen “una gran ventaja” respecto al ratón porque los embriones crecen fuera de la madre y son fecundados externamente. Además es fácil de mantenerlos.
La redes para compartir información y experiencias en investigación con animales son importantes. Con este objetivo se formó la Red Latinoamericana de Zebrafish, que integra Uruguay y se está expandiendo en América Latina. Ya hay 39 grupos de investigación que la integran y el número aumenta.
Oliver comentó a Búsqueda que a nivel nacional los científicos están en contacto y también trabajan en coordinación entre las instituciones de investigación. Por ejemplo, “hay modelos animales hechos por otros que son traídos de sus bioterios y utilizan nuestros aparatos”, comentó. Esto ocurre con la investigación sobre Pasta Base que se realiza en el Instituto Clemente Estable.