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    Por qué la cocina tomó el horario central

    Entre la gastronomía y el entretenimiento, MasterChef marcó un hito en la TV uruguaya, no solo con audiencia récord, sino en redes sociales y en la manera de mirar la TV; productores del programa, chefs y expertos en semiótica analizan las razones detrás de este éxito

    Como un dejà vu, un viaje en el tiempo, un hábito retro, la familia entera se sentó en el sillón frente al televisor, a una hora determinada, para ver un programa que les interesaba a todos por igual. El lunes 24 a las 21 horas más de 50% de los uruguayos que miraban la televisión en ese momento tenían sintonizado Canal 10 para ver la final de la primera temporada de MasterChef. Fue el segundo programa con mayor audiencia (21,2 puntos de rating; unas 263.000 personas) en los últimos 10 años, después de una emisión de Shrek 2, también por Canal 10 en 2007, que alcanzó 23,8 puntos, según datos aportados a galería por la consultora Kantar Ibope Media. (Como referencia, Subrayado registra en promedio cerca de 10 puntos).

    Fuera del aire, el concurso gastronómico monopolizó la redes sociales, se instaló en la mesa familiar y en la reunión de amigos, y extendió a lo ancho del país un diálogo en torno a algo tan cotidiano como cocinar. ¿Por qué? ¿Cuáles son las razones detrás de este éxito que aparentemente hace tiempo el público estaba necesitando?

    EL JURADO, EL DÍA DESPUÉS

    Sergio Puglia:

    “Después de 40 años de hablar de cocina como hecho cultural, estoy en un programa de cocina que bate récords de rating de audiencia y es trending topic en Twitter. Hoy no solo la cocina está de moda, sino que en Uruguay se legitima la industria como un hecho cultural, que da posibilidad de crecimiento y mejora social. Además, el programa, por su calidad, cambió la actitud de la gente en función de la TV abierta, y reafirma que vuelve a sintonizar cuando hay productos de calidad”.“El nivel gastronómico de MasterChef refleja la media uruguaya. En los concursantes estaban representadas todas las clases sociales, géneros, edades. El parámetro de la cocina nacional es limitado, comemos pasta, arroz y carne mal hecha. (…) Como jurados, queríamos que el concurso fuera, además de una competencia y un reality show, una instancia de formación”.

     “El señor del parking donde dejo el auto en Ciudad Vieja me dijo: ‘No sabía lo que era sellar o cortar en juliana, y ahora sé’”. “Tratamos de incentivar que en Uruguay se consuman otras cosas que no sean carne y papa, lechuga y tomate, y así promover otros alimentos como un espárrago, coliflor y brócoli. (…) “Me llevó un tiempo adaptarme a que (los concursantes) eran amateurs y no profesionales. Después me di cuenta de que los que llegaron a la final tuvieron un crecimiento enorme”.

    Laurent Lainé:

    “El programa refleja a la sociedad uruguaya, que tiene una cocina muy pobre. Después los participantes evolucionaron bastante, conocieron la endivia, los espárragos. Aquí piensan que hacer un guiso es tirar todo en la olla y volver a las dos horas, y un guiso no es eso. Del pescado ni hablemos, no hay cultura. La gastronomía está muy bien vista hoy, la gente le está tomando gusto a nivel social”.

    Tomás Bartesaghi (chef y cuarto jurado, encargado de analizar los programas los martes en el programa La mañana en casa de Canal 10 y chef oficial del sitio web):

    “El programa se ve en los 19 departamentos. Lo ven televidentes que no saben nada de cocina, y que a través del programa hoy conocen ingredientes y preparaciones que nunca habían visto en su vida. MasterChef influye muy positivamente en el conocimiento de la cocina”.

    DIEGO GONZÁLEZ / “Me encanta que la gente se cree fantasías”

    Diego González fue el único que se sumó al show sin un casting previo, pues fue convocado por la producción para cumplir el rol de conductor. “Mi miedo era arruinar algo que en todo el mundo fue exitoso. Hubiera sido horrible que te dijeran éxito en 50 países menos en Uruguay”, dijo a galería en entrevista.

    ¿Tenía exigencias de guion impuestas por el formato?

    No. Siempre asumo que si me contratan es porque ellos consideran que soy el mejor para hacer eso. Más o menos entendía de qué se trataba el programa y después era hacer de mí. Mi trabajo es muy técnico. No tenés mucha manera de errarle. Creo que es más que nada una dinámica y ser una pieza dentro del engranaje que une a los participantes con el jurado, como intermediario.

    ¿Cómo fue el vínculo con los participantes?

    Divino. Soy amigo del jurado y de los participantes, mi rol en ese sentido es fantástico. Para ellos es un sacrificio muy grande, resignan horas de trabajo, fuera de sus casas, con los ritmos de la televisión, que son muy lentos. Nunca se quejaron. El casting estuvo bien hecho y también tuvimos suerte de que fueran todas personas excelentes. Entendieron que el programa requiere un nivel de exigencia y calidad, y al ver el producto al aire entendieron que ese trabajo de la semana después se veía los lunes.

    ¿Y la relación entre los participantes cómo fue?

    Re bien. No me gusta pinchar el globo, porque si algo tiene de fantástico este tipo de programas es que la fantasía vuela y la gente se arma una novela increíble de que este odia a tal. Me encanta que pase eso. No le vamos a andar explicando qué es lo que hacemos. Me parece superdivertido que la gente se haga la película y que piense que les mentimos y que viven todos encerrados en no sé dónde.

    ¿Cómo vivió el éxito del programa en su vida personal?

    La gente está contenta con el programa y me lo hacen saber en todos lados. Tienen la necesidad de expresártelo, me mandan videos.

    ¿Hubo algo que nunca hubiera esperado?

    El tema de los niños. Al ser un programa tan masivo sabíamos que iba a atravesar edades, barrios y posición económica. Pero me sorprendió la cantidad de niños que estuvieron pendientes del programa, que a los padres les cuesta acostarlos los lunes de noche porque está MasterChef. Y el niño que imita a Lucía o al francés, que exigen a sus padres que cocinen y que ellos quieren cocinar. No esperaba eso. Y después muchos comentarios de padres que dicen que los lunes es el único día que se sientan en familia a ver un programa.

    LA COCINA COMO ARTE Y ESPECTÁCULO

    En la era de la información, el éxito de un programa de TV se puede analizar desde muchos ángulos. En ese sentido, galería consultó a Fernando Andacht, especialista en semiótica y profesor titular de la Facultad de Información y Comunicación de la Udelar, y a Richard Danta, experto en comunicación y profesor de la Universidad Católica del Uruguay, para que desde su ámbito de estudio opinen por qué un programa de cocina como MasterChef tienen tanto rating en la TV hoy.

    Andacht, en particular, publicó dos artículos científicos que analizaron MasterChef a escala internacional, junto a su colega brasileño Carlos Eduardo Marquioni: Jugando con la comida (2016), y Conversando con la comida (2017). Para él, el interés que despierta MasterChef no pasa por la gastronomía, sino por el acceso a una intimidad de quienes participan, y permiten que la gente se haga la pregunta del millón de todos los reality shows: “¿Quién está siendo verdadero?, ¿quién es el más tramposo?, ¿quién se hace el humilde?” “MasterChef es un espectáculo teatral. Como formato televisivo es un híbrido, tiene elementos de reality show y de show de talentos. Pero lo fundamental no tiene que ver con una larguísima tradición de programas de cocina, que empieza casi con la televisión, donde la idea es pedagógica y didáctica”, señaló. “En este programa faltan tres cosas básicas de la comida: el olor, el sabor y el tacto”, aseguró Andacht. “No están ni pueden estar, por eso en el artículo Jugando con la comida lo comparamos con un pariente noble de la pornografía, porque allí hay una exacerbación visual y auditiva para compensar lo fundamental, que es el contacto humano”, agregó. “En MasterChef, el momento climático se da cuando, en una especie de altar, los tres chefs hacen la puesta en escena de la reacción”, dice Andacht en referencia al momento en que los participantes colocan el plato frente a los jurados para que lo califiquen. “Enseguida viene un soliloquio”, como Andacht llama a las reflexiones que se ven durante el programa. Es “un monólogo —que nace en la época isabelina teatral— que busca llegar al alma del concursante, a lo más auténtico, la comida es solo un vehículo”, opinó.

    En un reality, dijo Andacht, el formato es el rey, y también las reglas, que apuntan a visibilizar lo interior, a través de un sitio que era antes oculto: la cocina. En MasterChef, “la cocina es un bastidor, porque históricamente no ha sido visible. En el programa se la pone adelante para mostrar al ser humano en su aspecto más genuino, por eso son tan importantes las reacciones, el soliloquio. Lo interesantes es tener acceso al alma, que da un regocijo muy grande a la audiencia. Lo que devora la gente no es la comida”.

    Además, el formato tiene condimentos como las lágrimas, el soliloquio que muestra la rabia, los signos como la bronca o la tristeza, el miedo. “Esos son los ingredientes fundamentales de MasterChef. No es un programa de comida. Esto es otra cosa”, aseguró.

    Por su parte, Danta opinó que “la comida y su preparación son componentes tan presentes en nuestra cotidianidad que no parecen tener la importancia de aquellos hechos que marcan nuestra vida, pero en realidad articulan nuestro día y hasta construyen nuestra identidad cultural. La comida es sustento biológico, fuente de placer y hasta espacio de satisfacción personal, un acto de amor y en algunas circunstancias trágicas, un tormento. Por eso su preparación resulta tan fascinante como espectáculo”.

    “Cocinar es un acto que se apoya en conocimientos (las recetas), en la experiencia y en la creatividad, y ver cómo expertos cocinan es contemplar la ejecución de lo cotidiano vuelto arte”, afirmó. Pero Danta se pregunta: “¿Qué pasa cuando quien cocina no es experto, no conoce recetas virtuosas o de nombres raros?” “En estos casos se expresa de forma exuberante el secreto de todo reality: verme en los zapatos del otro. Es la experiencia espectacularizada de otro como yo, que cocina por necesidad y por amor, pero no como una forma de vida glamorosa (fantasía que suele acompañar la imagen de marca de los chefs), es un espejo donde me gusta verme”, respondió.

    A diferencia de la danza, el canto, el deporte o cualquier otra disciplina que requiera dedicación, talento y destreza, todos debemos comer. Es más viable reconocerme en quien cocina en la tele si es amateur, porque yo también cocino todos los días. En definitiva, es la peripecia humana (llena de superaciones y de decepciones) en el ecosistema pequeño pero familiar de una cocina. Después de todo, sin comida no vivimos, pero sin el espectáculo de la experiencia humana, tampoco”, concluyó Danta.

    EL DESAFÍO DE PRODUCIR UN ÉXITO

    Pocas veces puede asegurarse a ciencia cierta cuáles son las causas de un éxito en TV. Son varios los factores que hicieron posible el impacto de MasterChef, pero entre ellos se destacan el casting de los participantes, la posproducción y un tema que convoca: la cocina.La producción del canal sabía que había altas chances de tener éxito aplicando un formato probado en 55 países, pero nunca creyeron alcanzar estas cifras. “El éxito tan masivo nos desbordó, nos sorprendió gratamente”, dijo a galería la productora general de MasterChef Uruguay Luciana Isnardi.

    Trabajar con un formato internacional igual tenía riesgos. Según Luis Castro, gerente de programación nacional de Canal 10, “la producción tenía la exigencia de que si funcionó en todas partes, acá debería funcionar; si no, está mal adaptado. Cuando se genera mucha expectativa la gente va a ver de qué se trata, pero después hay que sostener esa expectativa, y también la audiencia y la calidad”. Castro contó a galería que en Endemol Shine Group (dueños del formato) está sorprendido por lo que sucedió en Uruguay con el programa, que superó la media de los países donde se emitió.

    El manejo del contenido del MasterChef también era un desafío para la produccio´n. Mientras que gran parte del programa sigue estándares establecidos por el formato, hay aspectos que quedan librados al trabajo local. “Ellos sugieren. Sos libre de elegir el camino que más te parezca y esté de acuerdo con el tipo de participantes que tengas. Estamos todo el tiempo asesorándonos. Les preguntamos qué tal esta prueba u otra, nos guían pero no nos imponen, porque cada país es diferente. Así vamos aprendiendo. El formato es redondo, no falla”, explicó Isnardi.

    “Otra parte que costó y que se lleva gran mérito en el éxito es diseñar el plan de posproducción. Nunca habíamos tenido un diseño tan complejo”, aseguró la productora. El programa se grababa en dos jornadas de 10 horas y era editado y posproducido por 10 editores durante seis semanas. “El mérito es hacer entretenidos rodajes que son de muchas horas. Con el ritmo, la música, vas creando climas de a segmentos y minihistorias. Eso hace que te atrape”.

    Si bien gran parte del programa está preestablecida, el componente de reality show implica enfrentar cosas impredecibles. “Podés diseñar algo pensando en que van a pasar determinadas cosas, pero después suceden otras, los participantes se comportan de una manera inesperada, las pruebas no salieron como pensabas, y sobre eso se empieza a construir. Tuvimos una renuncia, tuvimos que implementar un repechaje y todo eso nos presionó en la posproducción”, explicó Castro.

    “Tomamos algunos riesgos, que lo hicimos a conciencia y con cierta reticencia de parte de la gente que tiene el formato, de producir los programas cerca de la emisión. Esto nos permitió tener un sentir popular en sintonía con lo que estaba pasando en la competencia y con los participantes, a verse, a asumir la repercusión que estaban teniendo. Eso le dio a la competencia una impronta más rica, y a los participantes, los jurados y nosotros mismos nos hizo vivirlo con más intensidad”.

    Al mirar el programa, el público se pregunta cuánto hay allí de realidad y cuánto de manejo de la producción. Isnardi afirmó que primó el criterio gastronómico, y que el reality se fue dando en función de eso. “Lo fundamental es el tipo de participantes, el casting. No es el tipo de reality que puedas ir llevando. Te piden que influyas lo menos posible en el concurso”, dijo Isnardi.

    El jurado, por su parte, tuvo un rol decisivo. “La producción no influye en las decisiones del jurado. Solo acompañamos el proceso”, agregó. La calificación del jurado es en función de categorías gastronómicas con una escala del 1 al 5, y el resultado es la suma de los puntajes. “Lo emocional juega en el televidente, en los participantes, y posiblemente también en el jurado”, dijo  Castro. “Si tienen un favorito, no lo sabemos. Pero lo que sí está claro es que ellos son superprofesionales. No pueden jugarse su prestigio a evaluar positivamente un plato porque les cae bien el participante y el plato es notoriamente un desastre. Ellos no van a hipotecar su prestigio”.

    Otra razón del éxito que reconoce Castro es que MasterChef llegó a Uruguay en el momento justo. “La cocina está muy de moda, y además, creo que como sociedad tenemos la necesidad de vernos un poco más en lo positivo, en jugarnos por algo que nos apasiona, mostrar talento y ganas de superación, y ver uruguayos que quieren ir para adelante con fe”, opinó.  Isnardi, por su lado, opina que como sociedad la población necesitaba  una excusa para mirar algo en familia o con amigos.

    “Para nosotros esto es un sueño y más allá de los ratings, lo que pasó con el programa, en la familia, que los niños miren un programa de cocina y quieran cocinar, es mágico. La televisión abierta tiene que ser masiva. Lo cierto es que algunos segmentos de audiencia son muy difíciles de traer, sobre todo los niños y los adolescentes que están en la era digital. Sin embargo, con MasterChef los trajimos”, concluyeron.

    LA MIRADA PROFESIONAL

    La producción de MasterChef Uruguay decidió que los jurados del concurso de cocina fueran chefs profesionales, y para seleccionarlos hicieron casting a casi todos los cocineros reconocidos del país. Durante al menos un mes, el universo gastronómico capitalino estuvo pendiente de quiénes serían los jurados, y más de uno vivió el momento con desilusión al no ser convocados. Hoy la mayoría de los cocineros del país se declaran seguidores de MasterChef. Estas son las opiniones de algunos de ellos sobre qué le aporta el formato a la sociedad uruguaya desde la cocina.

    Laura Rosano, representante de Slow Food Uruguay: “MasterChef me dejó con gusto a poco. Se usó una vez la yerba mate, apareció una corvina, pero nunca se hizo hincapié en mostrar la producción local y eso hubiera hecho la diferencia. Se podrían haber puesto en la balanza comercial otra cosas locales y naturales, en vez de tantos alimentos ultraprocesados”.

    Martín Lavecchia (restaurante FOC) “MasterChef es positivo para que la gente entienda el trabajo de los cocineros y despertar curiosidad sobre lo que hacemos. Hay que tener cuidado de no creer que ser chef es ser una estrella de rock, sin saber que la cocina es muy sacrificada”.

    Alejandro Morales (Escaramuza Libros y Café): “Vi todos los programas. Me divirtió mucho ver a mis amigos en el rol de jurados. Gastronómicamente, introdujo en los hogares discusiones sobre la comida. Hay que ver MasterChef en clave de reality y desde ese punto lograron captar la atención y llegar al final con dramatismo, sin caer en el golpe bajo y con un estilo respetuoso y elegante”.

    Diego Ruete (director de Educocina): “Si bien no deja de ser un programa de TV y entretenimiento, como ‘educocinero’ (docente de cocina para niños) opino que estamos ante una gran herramienta para educar. Quedó demostrada la repercusión que tuvo y esta trascendencia debería ser aprovechada para potenciar el consumo de productos locales y de estación”.

    Hugo Soca (restaurante Tona y programa De la tierra al plato de Montecarlo TV): “La presencia de MasterChef es un estímulo para cumplir el sueño de ser parte, de introducirse en la cocina al ver cómo personas sin práctica se desempeñan frente a las cámaras. El aporte es que las personas se animen a cocinar, que se tomen un espacio para dedicarle a la cocina, sin comprar todo procesado”.

    Cali Diemarch y Jessica Campbell (restaurante Estrecho): “No nos perdimos un programa. Consideramos que ayuda a la evolución de la cocina nacional, porque lo miramos, nos da ganas de probar recetas y cuando te querés acordar estamos todos hablando de cocina. No innova, claro, por el estilo del programa, pero sí brinda bases. La gente se involucra no solo por el show, sino por ver qué hacen los concursantes, y eso es genial”.

    SEGUNDA TEMPORADA

    La segunda edición de MasterChef se filma desde hace algunas semanas.  El jurado no participa en la selección de los concursantes, pues está a cargo de la producción del programa y del instituto de formación gastronómica Crandon, soporte gastronómico de MasterChef. Según Sergio Puglia, en esta segunda temporada los jurados serán más exigentes y Laurent Lainé coincidió. “Los concursantes ya vieron la temporada anterior, nos conocen a nosotros y saben lo que nos gusta”, agregó.

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