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    Potenciar la intimidad a partir de los 50

    Los problemas sexuales que pueden aparecer en la MENOPAUSIA, sumados al resto de los síntomas físicos y cognitivos de esa etapa, pueden generar alteraciones psicológicas que se superan con una buena actitud para entender la crisis como una oportunidad de abrirse nuevos caminos

    Ánimo deprimido, ansiedad y baja sensación de bienestar son rasgos comunes en la mujer en la menopausia, aun sin llegar a la depresión clínica. Quienes tienen una historia de desórdenes de ansiedad o del humor, episodios de depresión o una infancia marcada por hechos dolorosos tienen mayor riesgo de padecer estos trastornos. A este cuadro se suman factores generadores de estrés comunes de esa etapa de la vida, como hijos que se van de la casa, padres enfermos o ancianos, pareja de muchos años, enfermedades de la pareja o propias.

    Un estudio realizado hace unos años por profesionales uruguayos —entre ellos el ginecólogo Eduardo Storch y la psicóloga Denise Defey— recordaba que en Occidente predomina la asociación de la menopausia con la pérdida y el deterioro, lo cual lleva a que las mujeres se sientan deprimidas, angustiadas e irritables. “No parece haber una forma universal de transitar el climaterio, y tanto los síntomas como las reacciones afectivas están determinadas por la cultura en la que se vive, las características de la personalidad y la historia personal, en especial en aquellos aspectos que se refieren a la identidad y el rol femenino, el modo en que transcurrió la adolescencia y la actitud hacia la menstruación”, consigna este estudio.

    Sin embargo, la menopausia de por sí no trae ni determina alteraciones psicológicas. Todo radica en cómo la mujer se enfrenta a este proceso inevitable y natural. “Si la menopausia encuentra a la mujer haciendo deporte, sin fumar, con buen peso, con hábitos alimenticios saludables y una sexualidad plena, las posibilidades de un climaterio con buena calidad de vida son altísimas”, asegura Storch.

    Pero no hay que menospreciar el aspecto psicológico. Es fundamental cómo la mujer proyecta la menopausia, y lo que espera de ella. “Si piensa que va a pasar de los 48 a los 68 años y no va a tener una arruga, el gap que se genera es tremendo. Mientras que si se va acompasando, no hay ese gap y no viene el shock. Son cosas para que la paciente vaya hablando” con los expertos adecuados, sostiene el ginecólogo.

    En esta etapa se abre un campo de oportunidades, una nueva chance para rearmar la vida, plantearse nuevos objetivos e ir, más liviana de equipaje, tras las cosas que dan felicidad.

    Un todo erógeno. La caída abrupta en la producción de estrógenos hace que la mujer sufra alteraciones en sus órganos sexuales: acortamiento de la cavidad vaginal, adelgazamiento de las mucosas vaginales y vulvares, disminución del vello púbico (hace que la fricción entre genitales no genere irritación), y menor lubricación vaginal. Esto último puede generar dolor en la penetración y ardor por irritación. También hay un enlentecimiento de la excitación. Si la mujer es diabética o hipertensa puede tener trastornos circulatorios y a nivel vasomotor, esto afecta la respuesta de excitación por la irrigación sanguínea en la zona vulvar y vaginal.

    Frente a este panorama es común que disminuya el deseo sexual, y por eso se han desarrollado estrategias para combatir el trastorno. Por un lado existen tratamientos medicamentosos (incluyendo terapias de reemplazo hormonal) que deben ser recetados por el ginecólogo, y por otro hay una serie de conductas sexuales que contribuyen a sortear los obstáculos.

    Rosana Pombo, psicóloga, sexóloga y directora de Centro Médico Sexológico Plenus, asegura que “en esta etapa de la vida en la que llevan 20 o 30 años de matrimonio, a veces se ha rutinizado tanto la relación sexual que se fue acortando o estereotipando el juego previo, donde la mujer se suele quejar de que el varón besa muy poco y va directo a la estimulación de mamas y genitales. La mujer siempre necesitó bastante juego previo, y sobre todo en esta etapa tiene que ser más extenso y más erotizado. Necesita más tiempo de besos y caricias en todo el cuerpo, que sabemos que el cuerpo de la mujer es un todo erógeno”.

    En esta etapa también pueden aparecer trastornos en el orgasmo. En primer lugar, el adelgazamiento de las mucosas vulvares puede hacer que sienta malestar y dolor cuando se estimula el clítoris. Esa estimulación debe ser más suave y lenta para que pueda llegar al orgasmo, de lo contrario no va a tolerar el estímulo. Por otro lado, si la mujer toma psicofármacos por problemas depresivos, el retardo orgásmico o la anorgasmia es uno de los efectos secundarios de estos medicamentos.

    Por todo eso, los expertos señalan que una vida sexual activa suele mejorar estos trastornos, pues mantiene los órganos sexuales en buenas condiciones. Entre otras cosas, las contracciones del orgasmo fortalecen el piso pélvico —que suele perder tonicidad con el paso de los años—, y la lubricación de la excitación hidrata y nutre la piel de la vulva, y hace que la vagina se acorte menos.

    Sentirse sexy. Fuera del plano orgánico, sentirse atractiva y deseada es el motor sexual de la mujer, y esto en su psicología pasa básicamente por su imagen física. ¿Su pareja ve lo mismo que ella ve en el espejo? Según la experiencia clínica de Pombo, esto es una percepción individual de la mujer, y no tanto lo que le ve su pareja. “La mujer fue educada y tiene la concepción de que para tener deseo sexual debe sentirse sexy, y eso implica tener un cuerpo firme. Y cuando se mira al espejo y la imagen no le gusta es ella la que no se siente sexy. Su pareja le dice que está bárbara, pero ella no le cree. Ahí tenemos que trabajar en que sentirse atraído por el otro no pasa por lo físico, como en la juventud. La sexualidad está presente hasta el último día de vida”, afirmó Pombo. La mujer debe tener una visión más realista, y el disfrute del sexo no debe pasar por la imagen corporal, sino por la conexión emocional con la pareja, con las fantasías, el buen estímulo, o la reerotización del vínculo”, agrega la experta.

    Para que la mujer pueda disfrutar de una vida sexual renovada, con más tiempo de juego previo, alcanzando niveles altos de excitación, también necesita mayor conexión emocional, que según Pombo, es lo que más reclama a su pareja. “Más besos, más caricias y volver a expresar los sentimientos, incluso más que llegar al orgasmo, pues a veces es una meta más vinculada a una presión social que a una necesidad”, dijo la sexóloga.De hecho, a menudo el bajo deseo sexual no tiene que ver con factores físicos, sino que en esta etapa de la vida la mujer se siente muy estresada haciéndose cargo de situaciones familiares (enfermedad de padres o suegros, hijos que se independizan pero precisan asistencia económica, puestos de trabajo en cargos de responsabilidad), lo que hace que al momento de tener relaciones sexuales no logre dejar a un lado las preocupaciones, y le impidan relajarse y disfrutar. “Estas mujeres suelen ir a la consulta buscando una pastilla que les resuelva el problema, cuando la realidad es que están cansadas, agobiadas, con pocas horas de sueño y sintiendo que su pareja no las apoya”, relata Pombo.

    Por eso la experta enfatiza que la mujer puede valorar que en esta etapa puede sentirse más liberada porque los hijos se fueron de la casa y puede tener mayor intimidad con su pareja; puede expresarse como más le guste durante la relación sexual, y eso muchas veces ayuda a renovar su vida de pareja. También a esta edad tiene más experiencia y menos prejuicios, sabe qué le gusta, y sabe guiar a su pareja para disfrutar juntos. Al tener más tiempo y más oportunidades de tener sexo, pueden incorporar cosas nuevas, otras posiciones y fantasías, empezar a ver películas eróticas juntos, o volver a ir a hoteles. “Puede ser la mejor etapa en la vida sexual de la mujer”, afirma Pombo. “En la mayoría de los casos, cuando viene una mujer con problemas sexuales peso más lo psicológico, lo vincular con su pareja y las características de su personalidad, que los factores hormonales de la etapa”, destacó.Sin depresión. Aproximadamente 10% de las mujeres en el climaterio atraviesa por una depresión. Entre los factores que predisponen este tipo de trastornos figuran antecedentes de depresión, problemas vasomotores severos, mala calidad del sueño, perimenopausia prolongada (más de dos años), menopausia quirúrgica, disfunción tiroidea, bajo nivel educacional, pérdidas significativas y afecciones crónicas de salud.

    “En la sociedad hay una connotación negativa de la menopausia, asociada a la enfermedad, al deterioro, al envejecimiento, a la pérdida de la salud física y mental”, sostiene la psicóloga. “Si venimos ya con ese preconcepto vamos a transitar esta etapa con vulnerabilidad, y cuando empieza la perimenopausia esos síntomas físicos, cognitivos, sexuales y emocionales van a tener un impacto mayor que en aquellas mujeres que se toman este período más positivamente”.

    Todos esos síntomas hacen que la mujer transite varios duelos. Uno de ellos es con respecto a su imagen corporal, pues se pierde masa muscular, tonicidad y elasticidad; aparece la flacidez, las arrugas se marcan más, y la grasa se acumula en ciertas partes del cuerpo. Así, el espejo devuelve una imagen que se relaciona al envejecimiento y con ello a la pérdida de la belleza física y el atractivo sexual. “La caída abrupta de los estrógenos nos hace muy difícil esa lucha y la mujer tendrá que hacer una reelaboración de esa imagen corporal tratando de aceptar su edad y de hacer una reestructuración cognitiva con respecto a la imagen de belleza”, señala Pombo.

    Los cambios hormonales no van a generar una depresión ni trastornos psicopatológicos, sino que depende de cómo se lo tome cada mujer, pero también de la historia personal. El riesgo de tener depresión aumenta 50% si ya tuvo dos episodios depresivos en otros momentos de la vida, 70% si tuvo tres, y 90% si tuvo más de tres.

    La irritabilidad sí puede estar determinada por los cambios hormonales, pues la baja de estrógenos trae asociada una baja de serotonina, lo que disminuye la tolerancia a la frustración, y predispone a la sensibilidad, al enojo y a la ira. Sin embargo, con asesoramiento psicológico adecuado se puede tener mejor control, y a nivel médico, el ginecólogo puede recetar una terapia de reemplazo hormonal o fármacos transitorios que ayuden a generar mayor bienestar.

    Además, como en toda etapa vital con grandes cambios, el pasado tiene un peso importante, pues la mujer hace una revisión de su vida hasta ese momento, analiza cómo es su presente, qué logros alcanzó y cómo se proyecta hacia el futuro. “Si la mujer mira sus expectativas y siente que cumplió medianamente con ellas, que tiene éxito profesional, sabiduría y experiencia, se puede sentir plena. Si por el contrario ve que no se cumplieron, puede sentirse triste y deprimida. En este caso hay que ayudarla a hacer una revisión de esas expectativas, poder hacer el duelo de lo no logrado y pensar qué hacer con el tiempo que le queda por adelante, porque una mujer a los 50 años puede tener expectativas alentadoras desde el punto de vista profesional o de la relación con su pareja”, dice Pombo.

    “Depende de cómo interprete el duelo, cómo lo puede aprovechar y cómo puede hacer de eso algo positivo”, destaca la especialista. Frente al síndrome del nido vacío, por ejemplo, debe aceptar la tristeza que le genera, y verlo como una oportunidad de tener más tiempo para estar con la pareja, para la realización personal, volver a salir con amigas, tener más tiempo para ella, hacer cursos nuevos, o simplemente disfrutar del ocio. “Están las dos caras de los duelos por los que transita la mujer y hay que tratar de que pueda tomar conciencia de lo positivo que puede hacer con ese duelo, de qué aprendizajes puede aprovechar y cómo se puede posicionar hacia adelante. En el futuro no está solamente el envejecimiento y el deterioro natural del paso de los años, sino que es un campo lleno de oportunidades”, afirmó la psicóloga.

    · En cuanto a él

    Muchas veces, cuando la mujer tiene bajo deseo sexual, el hombre siente que es un tema de ella, que simplemente es porque no se afloja o no se deja llevar. En primer lugar, si el hombre participa activamente repartiendo la carga de preocupaciones que la aquejan, va a ayudarla a que se afloje. Por otro lado, él también debe ser capaz de aprender a tener una sexualidad distinta, en la que hay que dedicarle más tiempo al juego previo y reinventar estrategias de seducción, pero no solo en la cama.

    Según Rosana Pombo, psicóloga, sexóloga y directora de Centro Médico Sexológico Plenus, durante el día, puede volver a ser más cariñoso, tener atenciones y tocar a su mujer fuera de la relación sexual, darle un beso, hacerle una caricia en la espalda, decirle lo bonita que está, evitando el contacto físico directo, tocarle las mamas, o preguntarle si van a tener sexo a la noche. Seguramente esto será muy bien recibido por la mujer, y va a tener relaciones sexuales con otra predisposición.

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