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    domingo 16 de junio de 2024

    Precandidatos: Campaña, familia y futuro

    Cuentan la previa de las internas, los mayores desafíos cotidianos e imaginan su llegada a la Presidencia

    Mientras Daniel Martínez dice que “ni loco” se mudaría a la residencia presidencial en la calle Suárez, Luis Lacalle Pou asegura que para él, en caso de ser presidente, no se trata de resignar parte de su vida, porque “hace muchos años” que su vida es la de los uruguayos. 

    Jorge Larrañaga confiesa que sus hijos sufrieron “ausencias” por su carrera política y Guido Manini Ríos dice que estos meses se enfrentó a agravios y “falsedades”. A tres días de las elecciones internas, que terminarán con un candidato único por partido, precandidatos frenteamplistas, colorados, nacionalistas, del Partido Independiente y Cabildo Abierto contaron a galería cómo viven la campaña y de qué manera imaginan su llegada a la presidencia. Por problemas de agenda, que por estos días están cargadas con actividades y giras por todo el país, algunos políticos no pudieron sacarse un retrato junto a sus hijos y, en varios casos, nietos. Todos concuerdan, sin embargo, en que su apoyo es esencial para la campaña que se disputa en las urnas. 

    Para esta nota también se contactó a Óscar Andrade, Edgardo Novick y Ernesto Talvi, que no respondieron o decidieron no participar. El precandidato nacionalista Juan Sartori no da notas a galería.

     

    Casado con Elita del Campo Rivas, José Amorín Batlle tiene tres hijos. José Ignacio, de 38 años, es abogado pero trabaja en su empresa. Bernardo, de 36, es abogado y tiene un estudio jurídico. Andrés, de 31, es arquitecto. También tiene cuatro nietos.

     

    José Amorín Batlle

    “Me gustaría seguir viviendo en mi casa”

     

    Con 64 años, es precandidato por el Partido Colorado. Abogado de profesión, ejerció como ministro de Educación y Cultura entre 2004 y 2005. Se desempeñó como diputado (hasta 2010) y, más tarde, como senador.

    ¿Qué tan duros son los términos en los que se juega esta campaña?

    La campaña del Partido Colorado es una campaña limpia. En lo personal he pregonado por una campaña limpia y hasta ahora se viene cumpliendo. Estoy seguro de que hasta el 30 de junio seguirá así.

    ¿Cómo está influyendo en la dinámica familiar?

    En los momentos finales de campaña siempre hay cambios en la rutina familiar. Lo estamos manejando muy bien y tengo la fortuna de contar con el apoyo de toda mi familia.

    En el caso de que llegue a la presidencia, ¿se mudaría a la residencia de Suárez?

    No. No es momento de pensar en eso. Pero me gustaría seguir viviendo en mi casa.

    En el caso de que llegue a la presidencia, ¿su pareja seguirá trabajando en su actividad actual?

    Mi señora es docente y seguramente cumplirá alguna tarea vinculada a su vocación.

    ¿Qué le dolería resignar de su vida privada si llegara a ser presidente?

    Espero seguir con toda la actividad que tengo hoy. Seguramente, la presidencia tome mucho más tiempo, pero siempre hay espacios para los afectos.

    ¿Cómo cree que va a impactar en la vida de sus hijos?

    Espero que mis hijos sigan haciendo su vida cotidiana, como ha ocurrido con otros presidentes. El caso más claro es el de los hijos de Jorge Batlle.

     

    Luis Lacalle Pou está casado con Lorena Ponce de León, que es paisajista. Juntos tienen tres hijos: Luis y Violeta, mellizos 14 años, y Manuel, de 13.

     

    Luis Lacalle Pou

    “Espero que la vida no cambie mucho para mis hijos”

     

    A los 45 años y una carrera marcada por el Herrerismo, movimiento iniciado por su bisabuelo Luis Alberto de Herrera, Luis Lacalle Pou se desempeñó como diputado durante 15 años. Ya fue candidato a la presidencia en la campaña electoral en 2014, y es senador desde 2015. 

    ¿Qué tan duros son los términos en los que se juega esta campaña?

    La campaña en sí no ha sido dura entre los candidatos. Pero la aparición del “Sr. Noticias Falsas” atenta contra una forma de ser de los uruguayos. Son extranjeros pagos por alguien que tiene interés en dañar la imagen nuestra. No creo que sean efectivas, aunque perjudican la calidad democrática de nuestro país.

    ¿Cómo está influyendo en la dinámica familiar?

    Las ausencias se prolongan y en lo personal extraño estar en casa con Loli (Lorena, su esposa) y mis hijos. Están todos pendientes de la campaña y ayudan dentro de sus posibilidades.

    En el caso de que llegue a la presidencia, ¿se mudaría a la residencia de Suárez?

    Sí.

    En el caso de que llegue a la presidencia, ¿su pareja seguirá trabajando en su actividad actual?

    Loli tiene su trabajo y le va muy bien. Pero al mismo tiempo creo, y ella también cree, que puede aportar desde un lugar distinto. Obviamente, fuera de lo institucional. Genera mucha empatía y contagia cosas positivas.

    ¿Qué le dolería resignar de su vida privada si llegara a ser presidente?

    Mi vida hace muchos años que es la vida de los uruguayos. No es resignar, es compartir.

    ¿Cómo cree que va a impactar en la vida de sus hijos?

    Espero que no mucho.

     

    Pablo Mieres casado con Rossana Aboy tiene tres hijos. Federico de 32 años, es lic. en Comunicación y músico. Ignacio de 29, es contador público y cursa una maestría en Finanzas. Y Verónica de 27, es lic. en Comunicación, estudia profesorado de yoga

     

    Pablo Mieres

    “No me imagino que mi esposa, que es psicóloga, abandone su profesión”

     

    Presidente y precandidato del Partido Independiente. A los 59 años, es abogado, sociólogo, político y profesor. También se desempeña como senador desde que su partido obtuvo el 3,2% de los votos en las elecciones nacionales de 2014. 

    ¿Qué tan duros son los términos en los que se juega esta campaña?

    Sin duda alguna, es la campaña más dura desde el retorno a la democracia, y nada indica que esto vaya a cambiar en la segunda parte. Esto se debe a varios factores. En primer lugar, a la creciente importancia que están adquiriendo las redes sociales. Hay grupos de verdaderos barras bravas de las redes sociales que agreden y atacan sin ningún criterio. Pero, además, está el famoso tema de las fake news, los trolls y bots así como las operaciones de desprestigio contratadas por diferentes actores políticos que violan las normas éticas y también las jurídicas. Mal precedente para quienes pretenden ser gobernantes. En segundo lugar, esto se debe también al alto grado de incertidumbre sobre el resultado y el fuerte impacto que ello tendría en los diferentes partidos políticos. Nadie puede adelantar qué partido y qué candidato ganará las elecciones. Solo está claro que, además, el que gane no tendrá mayoría propia para gobernar, lo que aumenta la presión ya no sobre los partidos favoritos, sino sobre todos los candidatos.

    ¿Cómo está influyendo en la dinámica familiar?

    En mi familia están acostumbrados a la exposición pública de mi actividad política. Mi esposa me acompaña desde que empecé mi trabajo político y ya tiene muy claro cómo es la realidad al convivir con un político. Mis hijos desde que nacieron estuvieron expuestos al compromiso político de su padre. Todos son muy solidarios y participan con sus opiniones y consejos. Se preocupan cuando la vida política provoca situaciones conflictivas o ataques y siempre me manifiestan su apoyo. También me señalan los errores que uno puede cometer. Hay un diálogo muy fluido que valoro mucho.

    En el caso de que llegue a la presidencia, ¿se mudaría a la residencia de Suárez?

    La primera reacción es que seguiría viviendo en mi casa. Es lo que quiere mi esposa y yo estoy muy cómodo en el hogar que tenemos desde hace más de 25 años. Salvo que por razones de logística o seguridad fuera imposible vivir en mi casa.

    En el caso de que llegue a la presidencia, ¿su pareja seguirá trabajando en su actividad actual?

    Sin duda. Ella es psicóloga y le encanta esta profesión, que ejerce desde hace treinta y seis años. No me imagino que abandone su profesión.

    ¿Qué le dolería resignar de su vida privada si llegara a ser presidente?

    No creo que genere más afectaciones que las que ya existen con mi actual trabajo en el Parlamento. Seguramente, tendría menos tiempo libre disponible, que ya es bastante poco, pero no creo que me afecte en otros sentidos. Tengo claro que la opción política afecta la privacidad y el anonimato, pero eso ya ocurre desde hace bastante tiempo.

    ¿Cómo cree que impactaría en la vida de sus hijos?

    Mis hijos ya son adultos y han avanzado en sus respectivos caminos vocacionales y profesionales. Ciertamente, podrían estar un poco más expuestos que hasta ahora, pero no creo que varíe sustancialmente la situación. Ya hoy, el hecho de que su padre haga política tiene su impacto en sus vidas cotidianas; no me imagino que eso cambiara sustancialmente.

     

    Daniel Martínez está casado con Laura Motta y tiene tres hijas. Alejandra de 40 años, es diseñadora industrial y ceramista. Gabriela de 38, estudió Ciencias Biológicas y cursa una maestría en la Universidad de Madison. Y Andrea de 34, es psicomotricista

     

    Daniel Martínez

    “Uno debe cuidar el entorno familiar, los afectos y los amores”

     

    A los 62 años, es precandidato del Frente Amplio. Ocupó el cargo de presidente de Ancap entre 2005 y 2008, y fue ministro de Industria y Energía de 2008 a 2009. También estuvo en el Parlamento como senador del Partido Socialista y se desempeñó como intendente de Montevideo durante este gobierno de Tabaré Vázquez, cargo al que renunció para presentarse a la campaña.

    ¿Qué tan duros son los términos en los que se juega esta campaña?

    La campaña venía relativamente tranquila, con algunas escaramuzas. Dentro del Frente Amplio prácticamente había paz y amor total, como nos comprometimos. Hubo muy pocas cositas, pequeñeces, que a veces son másmalentendidos que  cosas intencionales. Bastante más duro en los partidos tradicionales. Esto último que se está dando en el Partido Nacional, la verdad que es preocupante y creo que habría que tomar alguna iniciativa. Si este va a ser el derrotero creo que tiene que haber un pacto de defensa de la democracia y los valores uruguayos. Eso está mal, mal, mal. 

    ¿Cómo está influyendo en la dinámica familiar?

    Mi esposa renunció a ANEP para dedicarse a acompañarme. Y después cambian los días en que vemos a los nietos. Tratamos siempre de tener ese contacto, que no pase mucho sin vernos y de alguna forma, los sábados o domingos, compartir un almuerzo o una cena. Yo menos, pero mi compañera se dedica a encargarse de los gurises. Toda mi vida he buscado el equilibrio entre los afectos, la familia y la militancia. Cuando uno quiere cambiar el mundo hacia un mundo más solidario y de valores, como es el caso de los que soñamos con un socialismo en democracia, si uno destruye su vida, lo único que puede terminar vertiendo sobre la sociedad es rencor y frustración. Uno debe cuidar el entorno familiar, los afectos y los amores. 

    En el caso de que llegue a la presidencia, ¿se mudaría a la residencia Suárez?

    No, ni loco me voy a Suárez. Yo me quedo en mi casa (risas). Ni soñando, porque me gustan mi casa y mi entorno. Me gustaba más en la que vivía antes, que tenía un fondo gigantesco. Era una casa muy vieja y cuando nos fuimos quedando sin las hijas (tiene tres) se hizo demasiado grande. Yo quiero mi casa, no me gusta vivir en Suárez, una casa donde te están sirviendo. La casa es donde uno construye sus cosas, se encarga de sus cosas.

    En el caso de que llegue a la presidencia, ¿su pareja seguirá trabajando en su actividad actual?

    Mi compañera ya renunció y sigue con el cargo de inspectora de inglés. Es una mujer muy creativa, la viven invitando a participar en instancias a escala nacional e internacional. Supongo que se seguirá dedicando a eso. Tiene su personalidad y su camino propio. Hemos estado 42 años juntos en el respeto de que cada uno crezca. Yo siempre digo que ella entró a la administración pública con cargos de responsabilidad por concurso, saliendo primera, y a partir de ahí empezó a asumir responsabilidades. La veo teniendo su agenda propia, metiéndole para adelante, aportando su especialidad, que aporta mucho.

    ¿Qué le dolería resignar de su vida privada si llegara a ser presidente?

    Yo voy a tratar que no, pero a mí me encanta andar por la calle, andar en bicicleta, ir al supermercado. De repente la gente que me rodea con lógica va a decir: “No seas loco, Pelado”. Voy a tratar de mantener el contacto cercano y la relación con la gente que siempre he mantenido. 

    ¿Cómo cree que va a impactar en la vida de sus hijos?

    Ya tengo hijas grandes, de 40 años, 38 recién cumplidos y 34 la más chica, así que va a impactar pero van a estar haciendo su vida. Las tres son profesionales que tienen su carrera. Tienen su vida propia. Han ganado todo eso por su capacidad y por concurso, no por dedómetro, y lo van a seguir haciendo. Les sobra capacidad e inteligencia por más que, obviamente, a veces hay gente que les dice a mis nietos:  “¿Qué se siente ser el nieto del futuro presidente?”. Y yo les digo que no soy presidente, falta mucho. Hay veces en que la gente lo hace desde el cariño, pero son gurises para estar cargando con esos problemas. 

     

    Julio María Sanguinetti está casado con la historiadora Marta Canessa, con quien tiene dos hijos. Julio Luis, de 56 años, trabaja como consultor y Emma, de 54, es abogada, periodista cultural y docente. Además, tiene cuatro nietos.

     

    Julio María Sanguinetti

    “Marta ya fue dos veces ‘señora de presidente’”

     

    A los 83 años, y después de ser presidente durante dos mandatos (1985-1990, 1995-2000), este batllista se vuelve a presentar como precandidato por el Partido Colorado. Así, y en una larga carrera política, fue tres veces diputado, dos veces ministro y senador. También trabajó como abogado, periodista y escribió ensayos sobre la historia contemporánea uruguaya.

    ¿Qué tan duros son los términos en los que se juega esta campaña?

    Es parecida a la de siempre, con el añadido de la irresponsabilidad de las redes, que son un vaciadero de desechos donde la filosofía convive con la basura; donde, como dice Savater, el mayor imbécil tiene voz.

    ¿Cómo está influyendo en la dinámica familiar?

    Cambiaron todas las rutinas. Lo único que tratamos de preservar, en lo posible y peleando con uñas y dientes, es nuestro almuerzo tradicional de los sábados, en el que logramos juntarnos todos.

    En el caso de que llegue a la presidencia, ¿se mudaría a la residencia de Suárez?

    En las dos presidencias anteriores así lo hice y me parece lo mejor, lo que más corresponde a la dignidad republicana. En el primer período, Marta tenía resistencias, pero luego la vida le demostró que era imposible manejar en una casa normal el aluvión del teléfono, los espontáneos golpeando a la puerta o las necesarias medidas de seguridad que la investidura impone. En el siglo XIX los presidentes permanecían en sus casas; cuando la democracia se democratizó, alquilaban. Baldomir en Rivera y Bulevar, Amézaga en lo que hoy es la Corte de Justicia, por ejemplo. Cuando llega Luis Batlle, que no tenía entonces una casa adecuada, decide disponer una casa del Estado para residencia permanente, que era entonces el Servicio Hidrográfico de la Armada, en la avenida Suárez.

    En el caso de que llegue a la presidencia, ¿su pareja seguirá trabajando en su actividad actual?

    Marta ya fue dos veces “señora de presidente” (no primera dama, porque ella decía que nadie la votaba). Cumplió su rol institucional de acompañar, ayudó sin publicidad alguna en lo social —cubriendo imperfecciones de los sistemas públicos— y se mantuvo en ese espacio. Naturalmente, solo hacía declaraciones sobre sus temas de historia y se negaba a incursionar en cualquier otro político.

    ¿Qué le dolería resignar de su vida privada si llegara a ser presidente?

    Ya he resignado el periodismo internacional y las conferencias, que es la mejor profesión que he tenido.... a uno lo tratan bien, lo llevan al mejor hotel y todavía le pagan...

    ¿Cómo cree que va a impactar en la vida de sus hijos?

    Mis hijos son adultos, tienen su vida profesional, pero ser hijo de presidente es una carga complicada. Ahora, por añadidura, están los nietos.

     

    Durante su matrimonio con Ana María Vidal Elhordoy, Jorge Larrañaga tuvo tres hijos. Jorge Washington tiene 30 años, Aparicio 27 y Juan Francisco 19. Actualmente está en pareja con María Liliana Echenique, con quien tuvo a José Faustino, de 10 años.

     

    Jorge Larrañaga

    “Con Faustino, mi hijo más chico, he intentado corregir algunos errores que los más grandes han tenido que perdonarme”

     

    Apodado el Guapo, Jorge Larrañaga, 62 años, tiene una larga carrera política. Fue intendente de Paysandú entre 1990 y 1999, y senador desde el 2000. Conduce el sector Alianza Nacional y fue candidato único a la presidencia por el Partido Nacional en las elecciones de 2004. También fue presidente del Directorio del partido y acompañó a Luis Alberto Lacalle como candidato a la vicepresidencia en las elecciones de 2009. También apareció como vicepresidente en la fórmula de Luis Lacalle Pou, hace cinco años. 

    ¿Qué tan duros son los términos en los que se juega esta campaña?

    Lamentablemente, los términos en los que se juega esta campaña han cambiado. No para nosotros, que entendemos esto con responsabilidad, honestidad ética y moral, y ante todo con un enorme compromiso con el país y la gente. Nosotros creemos en decir la verdad mirando a los ojos. Vemos con tristeza que se han colado en nuestro país formas de campaña sucia que entendemos afectan a la política, a la sociedad y a la democracia. Repudio esto.

    ¿Cómo está influyendo en la dinámica familiar?

    La campaña siempre influye en la familia. Yo he admitido lo que supone la vida que elegí. Jorge, Aparicio y Juan sufrieron ausencias y esto es lo que a uno le queda. La responsabilidad asumida muchas veces no nos permite hacer lo que uno quiere. Con Faustino, mi hijo más chico, he intentado corregir algunos errores que los más grandes han tenido que perdonarme. Lo acompaño a las prácticas de rugby junto a Liliana, e intento no perderme de nada de sus actividades. Compartir tiempo, cenas, juegos. Con mis hijos mayores tengo una hermosa relación, la cual agradezco también a su madre, que supo suplirme y acercarme a ellos. A Liliana, mi señora, le agradezco cada día el esfuerzo de acompañarme en este camino, soportar mis tiempos, y cuidar a nuestro hijo como nadie.

    En el caso de que llegue a la presidencia, ¿se mudaría a la residencia de Suárez?

    Razonablemente, no. Se verá familiarmente.

    En el caso de que llegue a la presidencia, ¿su pareja seguirá trabajando en su actividad actual?

    María Liliana ayuda y acompaña mucho a sus padres en la actividad ganadera en la localidad de Cerro Chato. Viaja constantemente y se ocupa de apoyarlos.

    ¿Qué le dolería resignar de su vida privada si llegara a ser presidente?

    Entiendo que uno es igual a cualquier otro, solo que cumple una función que le da más visibilidad y responsabilidad en temas del país. Voy a un comercio, a un cine, a buscar a mi hijo al colegio. Soy padre, hermano, esposo, tío. Yo no soy más que otro. Me manejo mano a mano con todos en cualquier rincón del país, no tengo guardias ni seguridad en ningún punto ni barrio. Entiendo que los protocolos son necesarios, pero intentaré que lo resignado sea lo menos posible. La esencia no puede cambiar por el lugar que ocupemos. Yo me dedico 100% a lo que hago, y creo que el cambio será en cuestiones de protocolo.

    ¿Cómo cree que va a impactar en la vida de sus hijos?

    Yo aspiro a ser el primer servidor público. Esperaría que impacte lo menos posible en ellos. A veces, los hijos sufren las consecuencias de los cargos que ocupan sus padres.

     

     

    Guido Manini Ríos

    “En caso de llegar a la presidencia, mi señora se abocará a lo social y, en especial, a ayudar a adictos a las drogas”

     

    Con 60 años, el general retirado es precandidato por el partido Cabildo Abierto. Entre 2015 y 2019, Manini Ríos ejerció como comandante en jefe del Ejército nacional, pero fue cesado en sus funciones por el presidente Tabaré Vázquez. 

    ¿Qué tan duros son los términos en los que se juega esta campaña?

    Creo que es claro que esta campaña comenzó con una virulenciainusitada. Desde el mismo día que comenzamos esta carrera, no se nos han ahorrado agravios, falsedades sobre lo actuado en mi anterior cargo, acusaciones de encubrimiento a criminales, ataques a mi familia (abuelo, padre, hermano) por lo actuado en el pasado, calificaciones de fascista, de ser útil al Frente dividiendo a la oposición. Es claro que Cabildo Abierto preocupa a muchos, que se ponen nerviosos y no ahorran ataques, usando a escribas inescrupulosos que no dudan en fabricar historias para debilitarnos. Creo que es un claro síntoma del nerviosismo que tienen.

    ¿Cómo está influyendo en la dinámica familiar?

    Desde marzo se ha distorsionado la vida familiar. No hay día libre ni mucho espacio para conversar. Ya en mi cargo anterior teníamos una vida familiar bastante especial, pero estos meses, en ese sentido, la distorsión es mayor.

    En el caso de que llegue a la presidencia, ¿se mudaría a la residencia de Suárez?

    Sí. El apartamento en el que hoy vivo no es apropiado para alojar al presidente, sobre todo en lo referente a la seguridad mínima que se debe mantener en esos casos.

    En el caso de que llegue a la presidencia, ¿su pareja seguirá trabajando en su actividad actual?

    En caso de llegar a la presidencia, mi señora tendrá un papel importante como primera dama, dirigiendo actividades de neto sentido social y, en especial, una organización para ayudar en la recuperación de adictos a las drogas.

    ¿Qué le dolería resignar de su vida privada si llegara a ser presidente?

    Perder la libertad que da el anonimato, en el cual uno puede caminar en la rambla o pasear en un sho-pping o ir al Estadio.También la falta de tiempo para reunirme con amigos.

    ¿Cómo cree que impactaría en la vida de sus hijos?

    Ya son grandes y creo que continuarían con sus vidas con bastante normalidad.

     

    Carolina Cosse tiene dos hijos. Rodrigo, de 37 años, es arquitecto y Ángeles, de 36, es fonoaudióloga.

     

    Carolina Cosse

    “Mi familia me apoya mucho”?

     

    Precandidata frenteamplista de 57 años. Fue presidenta de Antel, entre mayo de 2010 y febrero de 2015, y se desempeñó como ministra de Industria, Energía y Minería durante la segunda administración de Tabaré Vázquez. 

    ¿Qué tan duros son los términos en los que se juega esta campaña?

    Esta es una campaña muy importante porque Uruguay está en un cruce de caminos y creo que sería muy malo para nuestro país que se optara hacia la derecha. Más que términos duros, esta campaña es muy importante para los frenteamplistas. 

    ¿Cómo está influyendo en la dinámica familiar?

    Mi familia me apoya mucho. Y lo que hemos hecho es cambiar algunos horarios o ser más flexibles con los de encuentro. Hemos movido reuniones de lugar pero nos las arreglamos bien y me siento muy apoyada.

    En el caso de que llegue a la presidencia, ¿se mudaría a la residencia de  Suárez?

    Ni me lo planteé. Estoy pensando en proyectos para transformar el país.

    En el caso de que llegue a la presidencia, ¿su pareja seguirá trabajando en su actividad actual?

    No tengo pareja.

    ¿Qué le dolería resignar de su vida privada si llegara a ser presidenta?

    Nadar en el Club Biguá (risas).

    ¿Cómo cree que va a impactar en la vida de sus hijos?

    Mis hijos son muy inteligentes, muy buenas personas y yo creo que juntos nos la vamos a arreglar. Lo más importante en esta relación, como en todas pero en particular en esta, es el amor que nos tenemos. Y eso nada lo va a amenazar.

     

     

     

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    2019-06-27T00:00:00