Investigadores de la Pontificia Universidad Católica de Chile, cuyo estudio fue publicado por la revista científica “Scielo”, han observado que la mayor frecuencia de este trastorno surge en la infancia media, entre los 7 y 9 años, aunque puede ser antes, incluso durante la etapa preescolar. A pesar de que la manifestación de la ansiedad por separación en esa edad es normal, en los casos patológicos los síntomas superan lo esperado.
Desde la psicología, Silvana Sottolano considera que hay dos aspectos a los que se debe estar atentos antes de determinar la presencia de la patología: la intensidad y la duración de los ataques. Según ella, la angustia de separación puede tener que ver con una crisis momentánea porque hay alguna situación familiar de inseguridad que a veces es hasta imperceptible para los miembros adultos de la familia. Otras veces tiene que ver con baja autoestima; entonces sentimos que no nos vamos a poder arreglar solos si no estamos sostenidos sobre todo por mamá. Y en ocasiones esa angustia está vinculada a estructuras psíquicas más complejas, en las que en la inseguridad lo que se siente es muy desbordante e invasivo y la posibilidad de pensar está anulada.
Los trastornos por ansiedad en la niñez son fuertes predictores de trastornos por ansiedad en la adultez. También son factores de riesgo para el desarrollo de otras psicopatologías como trastorno del humor, consumo de sustancias, depresiones, trastorno del comportamiento. Otra consecuencia es cómo se replica esa dependencia de otra persona en las futuras relaciones de pareja, con un modelo de relacionamiento de un apego intenso y controlador.
Lágrimas. Frente a la posibilidad de separarse o a la separación en sí, el niño tiene síntomas físicos como dolor de cabeza, dolor de barriga, de garganta, náuseas y vómitos. Estas manifestaciones suelen desaparecer rápidamente apenas se resuelve la situación; y por eso, muchas veces, se confunde con mecanismos de manipulación del niño. Pues no. Efectivamente el niño siente esos dolores, cuyo origen es psicosomático. “Hay un eje de estrés que se está disparando y hay un sistema nervioso que se activa para que yo pelee o escape de una situación supuestamente peligrosa, entonces el corazón late rápido, me quedo sin aire, me pongo tensa, respiro mal, se me embota la cabeza, me duele la barriga porque descargo el ácido clorhídrico. Es todo verdad, no es manipulación”, aclara la psiquiatra.Otra manera en la que estos niños manifiestan su intenso miedo es a través del llanto desgarrador, una sensación en el pecho que los aplasta por la angustia, sudoración y taquicardia. Incluso el niño puede tornarse agresivo y hacer berrinches. “Muchas veces estos comportamientos son confundidos con los niños oposicionistas, pero es simplemente la manifestación de desesperación, que en vez de entristecerse y llorar, les viene un ataque de agresión y rabia, ‘porque sos malo y no te das cuenta de lo que me está pasando’. Es el miedo expresado, y cuanto más chiquitos menos verbal y más comportamental”, sostiene Mas, quien agrega que esto también puede pasar anticipándose a una separación que sabe que va a suceder, con solo imaginarse cuándo va a ser la próxima vez. Otros síntomas pueden ser dificultades en el sueño, como pesadillas, preocupación acerca de la pérdida o daño a la persona que lo cuida en primera instancia (generalmente su madre), renuencia a ir a la escuela u otros lugares, resistencia a acostarse sin la presencia cercana del adulto significativo.
Herencia y aprendizaje. Entre los factores que determinan la presencia de este trastorno figura un fuerte componente biológico y otro relacionado con el entorno. La psicóloga Silvana Sottolano parte del apego desde el nacimiento para plantear el escenario en el que se puede dar este trastorno. “El bebé nace e inevitablemente necesita a alguien que lo ayude a sobrevivir. Empieza a haber una especie de comunicación en la que el niño llora cuando tiene hambre, alguien lo asiste, y ese alguien empieza a tener una calidad, no solo una resolución concreta de la necesidad, sino un estilo de resolver esa necesidad. Ese estilo es uno de los factores fundamentales que va a marcar qué tipo de apego se va a ir estableciendo. No es lo mismo una mamá que apenas el bebé hace un gemido lo está asistiendo, que una mamá que demora, o una que logra captar cuándo el bebe la necesita de verdad o puede pensar ‘aunque yo no esté pegada este niño va a sobrevivir’”, explica Sottolano. “Después, la relación va a estar marcada por el temperamento del bebé, por la situación vivencial de la mamá, de la familia, de la pareja en ese momento. Esa impronta deja un registro de un tipo de vínculo, que luego se replica probablemente en los otros vínculos que establecemos a lo largo de la vida”, asegura.
El trastorno por ansiedad no se hereda, lo que se hereda es una mayor susceptibilidad para responder exageradamente hacia un estímulo, según explica la psiquiatra Mas. Y sobre ese factor van a actuar otros factores del entorno, como que alguno de los padres, o los dos, hayan sufrido o sufran trastornos por ansiedad. Esto no solo aporta la vulnerabilidad genética, sino que condiciona las estrategias de la paternidad. “Van a tender a ser papás hipercontroladores, sobreprotectores, muy susceptibles y muy miedosos a lo que al hijo le pueda suceder. Sin querer, en función de protegerlo y calmar sus propios temores, empiezan a coartar y a generar un sistema que no facilita el desarrollo saludable ni que el niño aprenda estrategias de manejo ante situaciones de incertidumbre”, señala la especialista.“Pero es que no se quiere quedar”, dice la madre, y en la mirada se le nota la satisfacción de que su hijo no se quiera quedar. Probablemente ella no sea consciente de ese sentimiento. “Bueno, mi amor, ya está, quedate con mamá, nos quedamos mirando una peli, y la vamos a pasar precioso”. Y la madre queda contenta de que es tan buena madre cuyo hijo no se puede separar de ella, pero de lo que no se da cuenta es de que se está autoboicoteando. Mas explica que generalmente cuando un niño presenta trastorno de separación, también su madre tiene dificultad para separarse de su hijo. Se plantea entonces un binomio que debe resolverse.
Sottolano, por su parte, sostiene que los hijos son el escenario más bendito para poder ver qué es lo que está pasando en la familia o con los padres antes de que ellos sean conscientes de eso.
Otro factor asociado tiene que ver con un rasgo del temperamento del niño, que es el de inhibición del comportamiento; son los niños tímidos, callados, miedosos, vergonzosos, que se esconden atrás de los padres, que tienen perfil muy bajo. Según Mas, este rasgo representa parte de la vulnerabilidad biológica que uno puede heredar.
El trastorno de ansiedad por separación está dentro de un grupo más amplio de otros tipos de esta misma patología: trastorno de ansiedad por pánico, trastorno de ansiedad social (fobia social), las fobias específicas y el trastorno de ansiedad generalizada. Con frecuencia no se presentan solos; hay 60% de los trastornos de ansiedad que vienen de a dos, y 30% que vienen de a tres. Esto modifica el pronóstico, el tratamiento y la clínica en sí.
Los trastornos por ansiedad en general tienen una prevalencia de 10 a 15% de la población de niños, y son la causa más frecuente de consulta. Esto significa que si en Uruguay hay 370 mil escolares, entre 37.000 y 55.000 de ellos tienen un trastorno de este tipo. Y dentro de estos trastornos, el de separación es uno de los más frecuentes, y se calcula entre 2,4 y 4,7% de los niños, lo que se traduce entre 9.000 y 17.000 niños uruguayos.
“Por los trastornos de separación se tarda mucho en consultar. Al principio es el niño mimoso, berrinchoso, quiere estar con mami, y como mami también es ansiosa y le cuesta separarse de él queda todo mezclado, lo que hace que se postergue el diagnóstico”, asegura Mas.
Triunvirato para combatir. Una vez que se diagnostica y se planifica el tratamiento, hay que abordar la situación con una colaboración estrecha entre el terapeuta, la familia y la escuela en forma conjunta. El tratamiento es en base a psicoterapia; los psicofármacos se recetan solo en casos muy específicos. Básicamente consiste en que el niño se exponga a lo que le da miedo y se dé cuenta de que no es peligroso. Los síntomas en el niño pueden provocar escenas intensas, desagradables y dolorosas. Para el adulto ver eso y tener claridad para actuar sin sobreprotegerlo puede ser muy fuerte, por lo que necesitan estar sostenidos por el terapeuta.
“El niño solito no puede hacer nada si el sistema donde él se mueve no se acomoda a sus necesidades de armar el escenario para que él pueda practicar estrategias nuevas de manejo de la ansiedad en entornos seguros”, aclara la psiquiatra. En la escuela hay que buscar a alguien que tenga un buen vínculo con el niño para que lo sostenga, lo calme y ponga en práctica las estrategias trabajadas en psicoterapia.
La psicóloga Sottolano coincide en el abordaje sistémico para el tratamiento del niño, aunque no está a favor de terapias demasiado prolongadas en el tiempo, y pone el foco en la relación con la madre. “Hay que ver cómo esa madre se banca que ese hijo no la necesite todo el tiempo. Porque nos cansamos, y nos rompe lo cotidiano pero a veces, las que no aceptamos caer de ese lugar de imprescindibles somos las madres”, explica la especialista.
En la medida en que va haciendo el tratamiento, el niño va ganando confianza y tranquilidad. Y en vez de ser el miedo que lo domina, él domina al miedo. “Por supuesto que la meta es que desaparezca —asegura Mas—pero cuando hay una vulnerabilidad —así como puedo tener predisposición a que me salgan ronchas cuando como chocolate— puede ser mi punto flojo. El problema no es mi punto flojo, sino que yo lo maneje, cuando venga sepa qué hacer”.
· ALGUNOS CONSEJOS
El estudio de los investigadores de la Pontificia Universidad Católica de Chile acerca de la Ansiedad por Trastorno de Separación anexa este listado de estrategias como una guía para los padres a ser utilizado con sus hijos en situaciones de separación.
• Incluir al nin~o, en la medida de lo posible, en la decisio´n de estar fuera de casa. Tomar parte incrementa la sensacio´n de autocontrol. Contrariamente, si el nin~o es forzado a dejar la casa sin ser parte de la decisio´n, aumenta la intensidad de la ansiedad al separarse.
• Si el nin~o estara´ fuera de casa le podri´a decir: “La mayori´a de las personas extran~an su hogar cuando esta´n lejos. Significa que extran~as y extran~ar es normal. Hay muchas cosas que puedes pensar y hacer que te pueden ayudar cuando te sientas solo o temeroso”.
• Dé instrucciones especi´ficas al nin~o para manejar la ansiedad, esta accio´n puede fomentar su seguridad durante el tiempo de separacio´n:
- Hacer algo entretenido, como jugar con amigos
- Hacer algo para sentirse ma´s cercano al hogar (escribir una carta, mirar una foto, comunicarse).- Hablar con alguien que lo pueda hacer sentir mejor y le de´ seguridad.
- Pensar que el tiempo fuera de casa sera´ corto.
- Pensar en los que quiere e imaginar qué diri´an ellos para ayudarte.
• Conozca junto al nin~o el lugar donde estara´, esto aumenta la familiaridad, reduciendo la angustia.
• Conocer gente en el nuevo ambiente tranquiliza. Tener al menos una cara familiar hace que disminuya significativamente la ansiedad.
• Abstenerse de expresar sentimientos ansiosos o ambivalentes respecto a la estadi´a del nin~o fuera de casa. Padres bien intencionados pueden exacerbar la ansiedad por separacio´n con frases como: “Espero que no me extran~es tanto”, “espero que te encuentres bien y no pase nada malo” o “sé grande, no nos extran~es”.
• Mantener una real perspectiva del tiempo, use un calendario para mostrarle al nin~o concretamente que el tiempo fuera de casa es limitado. Los calendarios son u´tiles para dar a los nin~os una perspectiva de la duracio´n de su estadi´a fuera del hogar.