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Dando razón a lo que se venía anunciando en todos los medios, el Supremo Tribunal Militar dio por cumplida la pena de 14 años de cárcel que le había sido aplicada a la primera figura del Frente Amplio, Líber Seregni, acusado de subversión. Sin embargo le mantuvo por dos años la suspensión del derecho a ejercer cargos públicos, así como el de elegir o ser elegido. Por lo tanto, no podría ser candidato en las proyectadas elecciones de noviembre.
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La liberación del militar fue interpretada como una señal de distensión política del gobierno uruguayo. Más canoso y bastante más delgado Seregni abandonó la Cárcel Central cuando faltaban 20 minutos para las 18 horas del caluroso lunes 24 de marzo de 1984 en el auto de su familia precedido por otro vehículo en el cual iban sus defensores Hugo Batalla y Héctor Clavijo.
Decenas de periodistas y militantes rodearon al auto que no se detuvo hasta llegar a su departamento, en el edificio de Bulevar Artigas casi Bulevar España. Trascendió que previamente habló brevemente con el ministro del Interior general Julio Rapela, quien le habría solicitado “que utilizara su influencia en un sentido positivo y sin pasarse para el otro lado”.
En minutos, una multitud se agolpó frente al edificio y en el espacio libre frente a la Facultad de Arquitectura portando banderas nacionales y del Frente Amplio, coreando estribillos y cantando “No nos moverán”, tema que la izquierda de América había tomado como referencia. A las 17 y 55 Seregni salió al balcón acompañado de su esposa, Lilí Lerena, y el doctor Juan José Crottogini, su compañero de fórmula presidencial en las elecciones de 1971, con quien se estrechó en un gran abrazo. Tras agradecer las expresiones de solidaridad y apoyo, exhortó a los frentistas a sumarse pacíficamente a la reconstrucción de la democracia uruguaya. “Sólo quiero decirles esto”— dijo utilizando un megáfono—“Han pasado diez largos años. Salgo con la conciencia tan tranquila como entré. Salgo más firme, más convencido que nunca y dentro del marco de mis posibilidades dispuesto a poner hasta el último átomo de mis energías al servicio de nuestro pueblo. Todos nuestros esfuerzos deben ser orientados a facilitar la marcha de la democracia y alcanzar la libertad. Por eso compañeros, pedía recién a ustedes: ni una sola consigna negativa. Fuimos, somos y seremos obreros de una fuerza constructora. Obreros de la construcción de la patria del futuro”.
En la noche del mismo día lunes, el Partido Nacional emitió una declaración de complacencia por la liberación de Seregni. “Se trata de un acontecimiento positivo que es visto por encima de banderías como un síntoma de distensión (…) Resta para transitar con éxito dicho camino, la definitiva eliminación del inicuo régimen de proscripciones a ciudadanos y partidos que afecta principalmente al Partido Nacional, en la persona del Sr. Wilson Ferreira Aldunate”. Esta declaración fue aprobada por mayoría. Cuatro directores dijeron compartir su espíritu, pero rechazaron el envío de una delegación para saludar al político liberado, dijeron a Búsqueda fuentes nacionalistas.
Este último hecho dio la pauta de que una salida democrática con todos los partidos políticos unidos estaba todavía lejos. El nudo del problema radicaba en una diferencia de posiciones absolutamente opuestas: el grupo wilsonista Por la Patria exigía por la presión de su caudillo desde el exterior, que hubiera elecciones sin excluidos en tanto los demás partidos pretendían una negociación a cualquier costo. Faltaba la opinión de Líber Seregni, quien había ratificado las tres bases políticas del Frente Amplio: movilización, concertación y negociación. Los blancos temían que el término “negociación”, significara un acuerdo con las FFAA aun con la oposición del wilsonismo.
Congreso de Por la Patria.
El sábado 17 de marzo, había sesionado entre las 9 y 30 y las 22 horas, el congreso nacional de Por la Patria, en el local del Hogar Húngaro situado en Garibaldi y Juan Ramón Gómez. Asistieron 200 delegados del interior, pero no así integrantes de la Corriente Popular Nacionalista (CPN).
En el citado encuentro se aprobaron tres mociones. Por la primera, se estableció que la situación del líder del sector mayoritario del Partido Nacional proscripto y requerido por la Justicia militar, debería ser resuelta ineludiblemente. Por la segunda se hizo un llamado a todos los partidos democráticos uruguayos, los movimientos sindicales y estudiantiles, las organizaciones sociales y al pueblo en general, a intensificar la movilización popular en todo el territorio. Y por la tercera se exhortó a reclamar la vigencia inmediata del Estado de derecho y elecciones libres sin partidos ni personas proscriptas. Con esos fines se encomendó a la Junta Nacional de la agrupación, la organización de una gran jornada de expresión popular por la vigencia de esas consignas. El vicepresidente de la Junta Nacional Miguel A. Galain declaró a Búsqueda “que mantener la proscripción a Wilson Ferreira Aldunate y a determinados partidos políticos sería un error atroz de las FFAA que no les perdonaría ni la historia ni la Nación. (…) Tendría una gravedad mayor que al golpe de Estado de 1973”.
En contraposición, el general Julio César Rapela, en un reportaje concedido a Telemundo 12, ratificó que aunque habían existido conversaciones entre los militares y dirigentes del Partido Nacional, no había habido contacto de ningún tipo con el líder de Por la Patria, ni oficiales ni extraoficiales. “Nuestra posición con respecto a Wilson Ferreira es muy clara —expresó con gesto adusto —“ya que es una persona requerida por la Justicia (...) es la Justicia la que debe tomar cartas en el asunto, en caso que el señor Ferreira se decida venir al Uruguay”.
Días después, una delegación del Partido Nacional integrada por Gonzalo Aguirre, Guillermo García Costa y Carlos Julio Pereyra concurrió a la casa del general Seregni en Parque del Plata con la intención de anunciarle y solicitarle apoyo para un plebiscito que reformara la Constitución y proclamara elecciones libres de proscriptos. Pero éste, probablemente por el compromiso asumido con el general Rapela, no se manifestó dispuesto a ir a un choque frontal con las FFAA, seguro que éstas tenían todavía una enorme parte del poder. Mucho menos radicalizado que Wilson, quien consideraba derrotadas a las FFAA, Seregni respondió que su estrategia iba a ser otra y los delegados nacionalistas se fueron de la reunión convencidos que el Frente Amplio se había acercado claramente a la posición negociadora de Julio María Sanguinetti.