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    Sol entre viñas y el río

    Carmelo reúne posadas, bodegas, hoteles y actividades deportivas en un circuito preparado para el turista que en verano busca alternativas a la playa y prioriza la tranquilidad

    Carmelo sigue manteniendo ese ingrediente que la ha caracterizado, con su clásica fisonomía de ciudad del interior, su puente colorado sobre el Arroyo de las Vacas, su bello paseo junto a la orilla, y la estampa de los barcos que rodean el puerto. Pero desde hace unos años, las afueras de Carmelo han ido cambiando. En sus campos históricamente ocupados por viñedos surgieron nuevas bodegas, o viejas bodegas con nuevos impulsos, cuyo objetivo común es atraer público, uruguayo y extranjero, aficionado al vino; algunas tienen posadas, otras no.

    Aunque es un destino que trabaja todo el año, el verano es el momento fuerte que mantiene las ocupaciones casi agotadas. En la recorrida por estos lugares es común cruzarse con turistas serbios, canadienses, franceses, estadounidenses, brasileños y, por supuesto, argentinos, que hace tiempo tienen a Carmelo como un secreto bien guardado. Allí se puede descansar en la tranquilidad y belleza del entorno, visitar bodegas y hacer degustaciones, conocer gente de otros países, conversar con los dueños de los lugares que están siempre contentos de recibir visitas, y disfrutar del agua con paseos en barco por el río, practicar deportes náuticos como windsurf, kayak, stand up paddle o kitesurf, y pescar. Todo lo que permite el verano pero lejos del ruido de los típicos balnearios en temporada alta.

    Uvas y sol. Apenas saliendo de Carmelo, siguiendo por la Ruta 97, está la Bodega Boutique El Legado. Bernardo Marzuca, su esposa María Martha y sus tres hijos Santiago, Federico y Juan, dan la bienvenida con la calidez de quien recibe en su casa. No hay manera de sentirse a disgusto. Instalados en el living al fresco del aire acondicionado estaban Camila y Mauricio, una pareja de brasileños, ella, actriz y diseñadora de modas; él, abogado, disfrutando de los vinos y quesos que Bernardo les servía. Hacía rato que estaban allí, encantados con esta recomendación que les había hecho una amiga. Habían ido especialmente desde Montevideo por la tarde, y en un par de días se iban a conocer Punta del Este.

    El proyecto de El Legado comenzó en 1968, cuando el padre de Bernardo, dueño de estas tierras, había plantado viñas. Era comerciante y en 1982 quebró con la “tablita”, y años después falleció. Su viuda vendió 25 hectáreas a la bodega local Irurtia y arrendó otro tanto. En 2007, Bernardo decidió retomar aquel sueño de su padre, reconstruyó la casa de 140 años y edificó la bodega. Trajo plantas de vid de Francia, de la variedad tannat y syrah, y también plantó marcelán. Hoy la bodega produce unas 5.000 botellas al año, que se venden en restaurantes de Carmelo, Colonia y Punta del Este y en tiendas especializadas de Montevideo. El almuerzo con reserva previa en El Legado cuesta 50 dólares y la degustación con picada 25 dólares.

    A unas cuadras de allí, frente a la capilla San Roque, en una típica esquina con construcciones de otros tiempos, está el Almacén de la Capilla. Este antiguo almacén de campo vende productos de la región como mermeladas, dulces y conservas, y sus propios vinos elaborados por la bodega de la familia Cordano, propietaria del lugar por cinco generaciones. Hoy, Ana Paula Cordano y su esposo Diego Vecchio llevan adelante este rincón turístico en medio del campo y los viñedos. El almacén guarda casi el mismo aspecto de cuando fue fundado. En el sótano, al que se accede por una tapa en el piso de madera, se guardan los vinos separados por cepas, y también se puede visitar.

    En el fondo del almacén, bajo la parra, dos parejas de extranjeros disfrutaban del entorno y el calor de la tarde mientras picaban quesos y uvas acompañados de vinos. Unos eran dos amigos serbios, trotamundos, que recorren el país en auto por casi un mes. Los otros eran brasileños, que disfrutaban unos días en Carmelo para luego seguir a Montevideo. Una apreciación común de todos los lugareños que trabajan con el turista es que en el último año y medio han tenido una invasión de brasileños. Dicen que el mercado del vino en ese país creció mucho, que los brasileños empezaron a consumir más y a hacerse aficionados, y que llegaron a la zona a hacer turismo vitivinícola.

    Almacén de la Capilla tiene una hermosa cabaña con vista a los viñedos que alquila por 180 dólares la noche con desayuno (en una canasta que dejan en el porche cada mañana) y dos bicicletas para recorrer las bodegas. Esta joyita es muy requerida durante la vendimia (del 15 de febrero al 15 de marzo), aunque también en los meses de poda o siempre que haya una actividad pintoresca en el viñedo. También se organizan cabalgatas a la luz de la Luna llena y picnics en el viñedo.

    A 100 metros por el Camino de los Peregrinos está CampoTinto, con su bodega turística, su posada de cuatro habitaciones con vista al campo y a la piscina, y su restaurante, donde al mediodía y de noche se sirven algunos platos de cocina mediterránea como cordero, pastas y bruschettas. Dos jueves al mes se organizan noches especiales de parrilla con cena de tres pasos. Durante la vendimia reciben mucho público que se suma a las actividades especiales.

    Paz, y un poco de deporte. Por la Ruta 21 hacia Nueva Palmira, se ubica Carmelo Golf & Polo Club. La cancha que antes pertenecía al Hotel Four Seasons pasó a manos de desarrolladores privados argentinos, que convirtieron el club en una especie de country. Además de tener “la mejor cancha de golf de 18 hoyos de Uruguay”, según la revista internacional “Golf Digest”, cuentan con una cancha de polo (donde se juegan partidos dos veces por semana), cancha de tenis de césped, y otra de futgolf, y un parador de playa donde se enseñan deportes náuticos. También se pueden pescar dorados en el arroyo que bordea el predio. Dicen que es común ver pesca con mosca, una técnica algo distinta pero divertida.

    En las 270 hectáreas de terreno que ocupa el club hay 220 lotes de 3.200 m2 en promedio y 12 chacras. Hasta ahora solo hay ocho casas terminadas y otros cuatro proyectos aprobados, dos de los cuales ya están en obra. Sus dueños son uruguayos que viven todo el año y argentinos que vienen los fines de semana. Pero el club está abierto al público en todos sus sectores. Cuentan con 15 casas que balconean la cancha de polo y la piscina, que se alquilan por noche a un valor de entre 170 y 190 dólares. Junto a ellas hay un gimnasio, parrillero y salón de uso común. Además, el edificio central del club tiene un restaurante.

    Entre el bosque y el río. Al frente, cruzando la ruta, se encuentra la entrada al Carmelo Resort & Spa, que pertenece a la línea Unbound Collection de la cadena hotelera Hyatt. Este establecimiento, operado por Four Seasons Hotels & Resorts hasta junio de 2015, ahora es propiedad del empresario argentino Eduardo Cantón, quien también posee la Bodega Narbona y el club de campo El Faro, junto al hotel. Con una arquitectura de un gran bungalow, el edificio se divide en una estructura central donde funcionan la recepción, el restaurante Pura y el bar. La inmensa piscina exterior es la reina del verano. En temporada alta este hotel es visitado por familias y parejas que llegan buscando tranquilidad en un entorno entre la playa y el bosque de pinos y eucaliptos. También es destino para la luna de miel e incluso se organizan casamientos (para el año ya hay reservadas cinco bodas de brasileños) y pedidos de mano. Los huéspedes son 50% argentinos, 17% brasileños, y ahora también 17% de uruguayos. También reciben público norteamericano y europeo. Gran parte de la actividad del hotel, además, gira en torno a grupos corporativos que lo eligen de locación para eventos empresariales.

    En este hotel las habitaciones son bungalows y suites, de entre 90 y 150 m2, separadas del cuerpo del hotel, a las que se llega por senderos de madera a través del bosque. Los enormes ventanales con vista a la playa, a los viñedos —que se plantaron en la arena— contribuyen a la placidez que allí se puede encontrar.

    El complejo del hotel se completa con un espacio para clases de yoga cerca de la playa y un spa con piscina interior, gimnasio, salas de masajes y bicicletas (en préstamo para salir a recorrer el predio); todo decorado con aires orientales.

    Siguiendo la línea costera, lindero con el hotel está el barrio privado El Faro, donde mayoría de argentinos tienen sus casas de descanso. Este club de campo tiene un sector junto al río llamado La Toscanita, donde se disponen casas con viñedos. Algunos de ellos envían sus cosechas a bodegas locales para que elaboren sus vinos. Es el caso de un estadounidense que vive seis meses en Portland y seis meses en El Faro, y El Legado fabrica su vino.

    En el Faro está Puerto Camacho, a donde llegan los propietarios con sus barcos, y donde también se realizan actividades náuticas y paseos por el río. Allí funciona Basta Pedro, un exclusivo restaurante de pizzas, pastas, carnes y pescados al que solo pueden acceder huéspedes del Hyatt y de Narbona, y propietarios de El Faro. Junto al puerto se ubica una pequeña y muy pintoresca capilla de piedra elegida muchas veces para celebrar casamientos en un entorno muy romántico (allí se casó el futbolista argentino Carlos Tévez).  

    Narbona Wine Lodge, a 5 km de allí, es otro punto en el circuito que atrapa al visitante. Esta bodega recibe visitas con degustación de sus vinos y quesos, turistas extranjeros que se alojan en sus cuatro habitaciones y comensales que llegan a su restaurante. En algunos casos, la degustación y recorrida por la bodega las realiza su joven enóloga Valeria Chiola, quien relata la historia de este mágico lugar. Narbona es junto con La Bourgogne de Punta del Este los únicos establecimientos Relais & Chateaux del Uruguay, sello internacional que marca estándares de lujo.

    Carmelo guarda espacios que adquieren todo su esplendor durante los días de verano, y ofrece rincones llenos de encanto para disfrutar de la paz y las delicias de la vida todo el año. Y en febrero empieza la vendimia, época de su mayor esplendor.

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