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    Soy Morena

    La primera modelo transgénero de Uruguay se llama Morena Ferreira, tiene 21 años, es de Las Piedras y ya desfiló para las principales marcas y diseñadores del país

    Morena Ferreira camina. Está nerviosa. No quiere pensar, entonces cuenta.Uno, dos, uno, dos, uno, dos, uno, dos. Marca el ritmo de sus pasos firmes, ágiles, contundentes. Tiene el mentón apenas elevado, los labios apretados, la mirada en un punto fijo. Lleva puesto un corpiño y unas calzas transparentes. Nada más. Nada menos. No se ven los nervios ni la timidez ni la inseguridad. Lo que sí se ve es cómo Morena Ferreira camina por la pasarela blanca de Moweek 2016 como si nunca nadie hubiese transitado por allí, como si con cada una de sus zancadas poderosas se fuera a comer el mundo. No lo sabe, ni siquiera lo piensa, pero en esos segundos, en ese momento efímero que jamás se repetirá, ella, con solo 20 años, está diciendo: “Soy Morena, la primera modelo trans de Uruguay”.

    Seis años antes, en una casa de dos pisos en el centro de Las Piedras, se paró frente al espejo y se miró un rato largo. Se había pintado los labios con una sombra rosada, delineado los ojos. Se había recogido el pelo; llevaba extensiones. Vestía un buzo turquesa, un par de jeans que remangó y unos championes. Fue la primera vez que se vistió de mujer. Tenía 14.

    Ese día bajó las escaleras de su casa y le dijo a su madre: “Mirá mamá que voy a ser mujer”. A los 13 había dicho: “Mirá mamá que me gustan los hombres”. Fueron dos baldes de agua congelada. El núcleo familiar de los Ferreira está compuesto por sus padres, su hermano mayor Manuel y su melliza Siomara. La comunicación fue sin anestesia. Sin preámbulos. Con toda la sinceridad brutal de la adolescencia.

    Ahora Morena está sentada en el living de su casa ,donde vive con su madre. Sus padres se separaron hace unos años, su hermana se acaba de instalar en Florida y su hermano vive a media cuadra, en lo de su abuelo. Ya no tiene maquillaje. Tampoco extensiones. Está vestida con calzas y un buzo gris con letras rosadas que dicen I have a dream. Lleva puestos tres pares de caravanas pequeñas. Tiene los pómulos filosos, un lunar en su cachete izquierdo. Cuando se ríe el rostro se le ilumina. Habla muy bajo, con serenidad. Su timidez se ve a medida que las mejillas se van tiñendo de rosado.

    —A los 13 me escapaba a algún boliche gay en Montevideo. Ahí conocí a varios amigos y amigas. Tenía un grupito de cuatro o cinco que fuimos cambiando juntas. Todas estábamos en proceso de cambio, no estábamos definidas. No decíamos: “Soy trans”. Tener esas amigas es lo que me dio el empujón para hacerlo. Yo venía sintiéndome muy mal conmigo, no me hallaba. El día que me peiné y me vestí con ropa femenina me di cuenta de que no iba a volver atrás —cuenta con una taza de té sobre la falda.

    Los años de liceo fueron difíciles. Hubo algunos episodios de violencia (tres varones la esperaron a la salida y le pegaron hasta dejarla tirada en el piso), varias situaciones de discriminación por parte de las autoridades con frases del estilo: “No salgás al patio en los recreos”, “no te relaciones con menores”. Morena terminó Ciclo Básico y empezó la UTU, donde se recibió de operadora en Turismo.

    ¿Cuáles son las herramientas que deberían tener los padres y las instituciones educativas para acompañar a las personas transgénero?

    La gente puede entrar a Internet y ver un video, pero eso no te asegura que lo entiendan. Creo que por lo menos en la escuela y en el liceo se debería decir: “Hay hombres, hay mujeres, hay hombres trans, mujeres trans”. No es necesario que se detalle, pero sí que se sepa. Tal vez los padres de los gurises de ahora lo puedan entender mejor, pero eso responde a que las generaciones más jóvenes tienen otra visión. Cuando empecé, no sabía los pasos que dar. Era todo muy instintivo. Después, hablando con otras chicas y preguntando, me aconsejaron tomar hormonas. En ese momento lo que podía hacer era hablar con otras chicas. Muchas me decían que me pusiera a trabajar en prostitución porque no iba a poder hacer nada más con mi vida. La realidad es que al principio yo pensaba lo mismo, porque eso era lo que veía. Pero por suerte mi familia estaba muy atrás mío. Así que entendí que no era real, que no tenía por qué ser prostituta, también sabía que había algunas leyes que estaban por salir, que íbamos a tener más derechos.

    ¿Por qué su historia como mujer transgénero, en cierta medida, es distinta a la de muchas otras?

    Hubo mucho apoyo de mi familia. Incluso con todas las carencias que tenía mi madre, por ejemplo, quiso que me dieran las hormonas bien, que estuviera saludable. No entenderían nada, pero mi familia fue un gran apoyo. Además soy bastante sensible como para ponerme en situaciones complejas que me violenten. A los 15 pensaba que no iba a poder tener un trabajo o vivir en paz, que prostituirme era lo único que iba a poder hacer. Sin embargo, sabía que no era para mí. Cuando salíamos con mis amigas, que son unas bombonas, los chicos nos decían cosas de forma grosera. Y ellas iban y les daban un beso y a mí no se me ocurriría en la vida ir a darle un beso a un tipo que me dijo una barbaridad.

    Rocío —madre de Morena, psicóloga— entra y sale del living. Le baja la computadora a su hija para que muestre las fotos del primer book que se hizo para introducirse en el mundo de la moda. Minutos más tarde sirve galletitas y una tetera con té recién hecho sobre la mesa. Cuenta que Morena siempre fue una niña que se mandaba, que era a la que había que prestarle más atención en los días de playa porque se metía al agua sin temor.—Veo en ella tenacidad, constancia, trabajo, valentía. A ella le gusta algo y va. Se fija un objetivo y lo sigue con mucha constancia —dice Rocío sentada en la mesa del comedor. Está ubicada en la cabecera opuesta a Morena.

    Se suele decir que nadie enseña a ser padres. ¿Cuáles diría que son los elementos fundamentales que no pueden faltar en una familia donde uno de los hijos es trans?

    Toda su transición, todo su cambio, fue un aprendizaje para mí. Hay premisas básicas que no pueden faltar. Están el amor y el cariño, y después la paciencia, porque hay cosas que de primera no vamos a entender. Si hay cariño y comunicación, lo demás puede ser trabajoso, con altibajos, pero al final va a llegar la armonía.

    El 7 de noviembre de 2013, el día de su cumpleaños número 18, Morena tuvo audiencia en el juzgado. Había iniciado el trámite para cambiar de nombre a los 15. La acompañaron su hermana, su prima y una amiga. Ese día dejó de llevar el nombre que le pusieron sus padres cuando nació. Desde ese momento su cédula diría Saina Morena Ferreira. En octubre de 2009 se aprobó en Uruguay la ley número 18.620, la ley de derecho a la identidad de género y el cambio de nombre y sexo en documentos identificatorios.Morena —activista por los derechos de las personas transgénero, integrante de la Unión Trans del Uruguay (UTRU)— cuenta que una de las peleas que están dando es lograr que el cambio de nombre sea un trámite administrativo, pues la instancia frente a un juez tiende a ser incómoda y puede llegar a demorar.

    ¿Cuál es su postura como militante por los derechos de las mujeres transgénero?

    Me siento superinvolucrada e identificada con las mujeres trans. A veces me pasa que hay muchas de ellas que sufrieron tanta violencia que me dicen: “Vos no tenés idea por lo que pasamos”. Yo habré vivido algún incidente a los 14, pero las que son más grandes pasaron de todo. Mi militancia es, más que nada, por las que vienen. Soy una mujer trans que apunto a no insultarme a mí misma, a no hacer chistes conmigo misma. Entiendo que es lindo hacer reír a la gente, pero se malentiende. Entonces me siento un poco sola. A mí me dicen cosas como: “¿Qué te hacés la mina?”. Yo me acepto como soy y soy una mujer trans. Y eso significa que me siento por fuera del molde masculino y femenino, obviamente. Soy diferente. Sé que tengo aspectos masculinos y entiendo que mi cuerpo es diferente, como así también mi voz. Y está bien que así sea. Desde ahí es que me defino.

    No quiero que me acepten ni quiero que me toleren. Lo que quiero es poder expresarme y que se me respete. Hay gente que te dice: “No digas que sos trans”. Y no quiero que se esconda ese hecho. Para mí es importante que se visibilice el cuerpo trans, que no es el mismo que de una mujer que, a su vez, no es el mismo que el de la otra mujer que está más allá. Todos somos diferentes. Antes pensaba que las mujeres, por ejemplo, no tenían pelos.

    ¿De qué manera se insultan o burlan de sí mismas?

    Se dicen como mínimo trava, se llaman con nombres de hombre, o P U T O. Hablamos mucho de que queremos que nos respeten y nos acepten, pero falta mucho de nosotras mismas. Cuando me llaman así en seguida les contesto: “A mí no me digas así”. No me voy a acostumbrar jamás a eso. Tenemos que crecer y no quedarnos en donde nos pusieron y nos pusimos nosotras mismas.

    En mayo se presentó el anteproyecto de la ley integral para personas trans. ¿Está conforme con los avances que Uruguay ha hecho en esa materia?

    Creo que vamos por un muy buen camino. Y las cosas han cambiado muchísimo en estos años. Siento que con la ley de igualdad de género hay un antes y un después. Hay cosas que antes te pasaban que ahora ya no, estábamos totalmente desprotegidas, no había nada que nos respaldara. Pero también creo que tiene que haber un cambio en la educación, en la comunicación. A veces parecemos unas histéricas que lo único que queremos es que nos llamen de la manera correcta. Lo que pasa es que es muy común que vayas a un boliche gay y te encuentres con que al lado tuyo hay una mujer que le pregunta a otro: “Es un macho, ¿no?”. Y yo ahí me pregunto dónde estoy. Entiendo que el comentario no viene desde la maldad, pero no puede ser que no se den cuenta de que no está bueno decir eso. Lo mismo con la clásica pregunta de si me quiero operar o no. O encontrarme con gente que me dice: “Sos linda, pero te faltan caderas”. Es muy desubicado. Tan desubicado como si alguien le dice a otro que es lindo pero que tiene que bajar unos kilos.

    Más allá de su timidez y de su juventud, Morena es contundente, no duda. Repite siempre que es una mujer trans orgullosa. Es estéticamente bella, pero hace tiempo entendió que ya no se lo tiene que demostrar a nadie. Ya no se mira tanto al espejo, no se busca en los reflejos. Dejó de ponerse base dos veces al día, solo usa protector solar para salir a la calle. Se cuida mucho. No de manera obsesiva por miedo a engordar. Lo hace por salud. No toma refrescos ni come carne, mucho menos snacks, prefiere el té frente al café. Es superdeportista. Ahora corre y anda en bicicleta. Dice que era buenísima en gimnasia artística.

    Su proceso de hormonización también fue muy cauteloso.

    —Mi mamá llamó a todos lados y dio con mi endocrinóloga, que es una genia. Son muy pocos los médicos que están especializados en tratar temas hormonales para personas trans. Al principio fuimos al Hospital de Clínicas y lo único que hacían era psicoanalizarme y siempre eran las mismas preguntas. En ese momento lo único que quería era que me hormonizaran porque ya lo estaba haciendo por mi propia cuenta. Tomo una dosis bastante baja de estrógeno y antiandrógeno porque los tratamientos hormonales tienden a ser para cambiar de sexo. Y no es algo que quiera hacer. Además, la dosis tiene que ir bien contigo porque las hormonas son depresivas.

    Morena no considera que su feminidad tenga que ver con las operaciones. De hecho, solo se agregó prótesis mamarias.

    Cuando tenía 19 decidió que quería trabajar como modelo. Alguien le habló del fotógrafo y diseñador Flavio Giusti y lo llamó para decirle que se quería hacer un book para presentar en las agencias de modelos.

    “Me cautivó su presencia. Vi que tenía una personalidad calmada pero con mucha actitud y estaba dispuesta a escuchar y aprender. Tenía muy claro lo que quería y sabía lo que tenía que hacer para lograrlo y eso me hizo ver el futuro que tenía. Yo la amo a Morena”, dice Giusti.

    La diseñadora Valentina de Llano también la conoció en esa instancia. La primera campaña que Morena hizo fue para ella. “Me acuerdo de que cuando la conocimos tenía apliques en el pelo, curtía otra onda. Le dimos muchos consejos porque vimos algo muy especial. Y fue una esponja. Es un amor, superprofesional y dúctil”, dice De Llano.

    Giusti asegura que Morena logró que la moda nacional venciera los prejuicios y pusiera a una modelo trans por primera vez en las pasarelas de varias marcas. “La pasada de Morena para Majo Rey (la edición primavera-verano en Moweek 2016) con ese look con transparencias fue épica”, recuerda Giusti.

    En los últimos dos años, Morena desfiló para varias marcas y diseñadores en Moweek, formó parte del desfile de Rotunda en el marco del Mercedes Benz Fashion Day 2017 y en la 11ª edición de Lúmina (2017). Forma parte de la agencia Montevideo Models y se está preparando para irse a trabajar al exterior. Sus destinos más probables son México, Chile y Brasil.

    —Este tiempo me lo estoy tomando para pulirme, sentirme más segura conmigo. Estoy pensando en tomar clases de actuación, canto y baile, para sacarme un poco de timidez. Tengo que terminar de hacerme la depilación láser. Facu (su agente de Montevideo Models) me dice que me lleva al exterior. El tema es que yo todavía no me siento segura. Muchos piensan que la mujer transgénero hace el cambio, queda divina y es la más feliz del mundo. Y ser trans tiene un peso muy fuerte —explica Morena.

    ¿Qué es lo que más le dolió o le afectó en estos años?

    Puede que algún choque fuerte con alguien de la familia, no de mi núcleo familiar. Había gente que me decía que tenía que irme del país, que era una vergüenza familiar. No importaba lo que yo estaba pasando, importaba qué decían los demás. Con el tiempo mis padres y mis hermanos aprendieron a nombrarme, a tratarme. También los casos de amigas que se fueron a vivir afuera y son explotadas sexualmente. Eso me duele mucho.

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    Hace unos años, madre e hija estaban en su casa. Era un día más en la rutina familiar. Hasta que Rocío se puso a llorar.—Extraño a mi hijo —dijo.Morena rio.—Hola, estoy acá— le contestó su hija.—Ahora me doy cuenta de que sos vos. Sos la misma de siempre —dijo, finalmente, Rocío.

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    Fotos: Leo Barizzoni / Producción: Sofía Miranda / Maquillaje y peinado: Hiela Piérrez (Instagram @hielapierrez)

    Agradecemos a Macoco Café (Pablo de María 1064, Telma (Solano García 2411), Black&Liberty (José Ellauri 495), Homini (Luis de la Torre 835), Santo Mar en Tienda (21 de Setiembre 2784 / Schroeder 6478) por su colaboración en esta producción.

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    2017-07-20T00:00:00

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