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El teléfono no para de sonar. Radios piden entrevistas, un piscicultor denuncia que todos sus peces murieron cuando les cambió el agua y sin saberlo los sometió a nadar en un fluido maloliente, una señora llamada Elsa intenta explicar los problemas que tiene una vecina suya con el agua.
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“He estado todo el día así”, se apura a explicar el vicepresidente de OSE, Daoiz Uriarte, mientras tantea a ciegas el escritorio hasta dar nuevamente con el teléfono. No son buenas noticias pero por lo menos no se trata de algas: una cañería de una “línea grande” acaba de romperse en la calle Aparicio Saravia.
Pese a los insistentes llamados en el celular del vicepresidente en la tarde del martes 12, los reclamos más intensos ya abandonaron las oficinas de OSE. En el correr del día, el call center sólo recibió 29 reclamos, muy lejos de los más de 600 que llegaron el jueves 7, cuando el mal olor se coló por las canillas que abastecen de agua a unos 1,8 millones de uruguayos.
El problema se generó por una concentración de algas Anabaena en la planta de Aguas Corrientes, que trabaja para toda la zona metropolitana. Los reclamos siguen llegando aunque la empresa solo tardó 24 horas en dar con la dosis justa de carbón activado —método que marca el protocolo— para contrarrestar el efecto de los vegetales verdes y azules que invadieron la instalación.
Hasta ahora OSE tuvo casos similares de concentración de algas pero siempre en aguas quietas. “La teoría decía: si el río fluye no hay gran concentración de algas”, explicó Uriarte.
El miércoles 6 OSE había detectado una concentración de algas en el río Santa Lucía, a la altura de Fray Marcos (Florida), pero el organismo confirmó luego que más adelante en el curso el fenómeno desaparecía. Apoyados en el protocolo que aplicaban hasta entonces, los técnicos concluyeron que las algas “se habían desperdigado”.
La aparición de un fenómeno de floración de algas “de golpe” que hasta ahora no existía obedece, según Uriarte, a que sus nutrientes “son el nitrógeno y el fosfato”, presentes en pesticidas y agroquímicos. Ese tipo de productos antes no se usaban en esa zona, que se caracterizaba por una tradición ganadera.
“Siempre se aprende algo nuevo”, valoró Uriarte, y dijo que analizan líneas de acción para evitar que fenómenos como ese vuelvan a ocurrir. Según detalló el jerarca, están sobre la mesa obras de infraestructura, nuevos protocolos, reuniones de coordinación con otros organismos estatales para limitar el uso de agroquímicos y “acelerar” la realización de un foro para discutir sobre una fuente alternativa de abastecimiento.
“Imprescindible”.
Uriarte informó que OSE ya hizo una “reunión técnica”, en la que llegó a la conclusión de que si bien “el problema es inusual y es la primera vez que ocurre, va a volver a suceder”, porque las causas que lo originaron se van a repetir. Por eso consideraron necesario establecer “nuevos protocolos de acción”.
En primer lugar resolvieron “revisar profundamente la cuenca” con el software Google Earth y haciendo recorridas para confirmar que exista “algún otro episodio” que la empresa desconozca, como que un productor rural haya decidido abrir un nuevo tajamar.
En Aguas Corrientes, la empresa estudiará la posibilidad de dos “obras de infraestructura” para atender el problema: una planta de dosificación de carbón activado y la instalación de filtros de carbón activado. En el segundo caso, Uriarte señaló que es necesario “estudiar la viabilidad técnica” por las dimensiones de la planta y que se trata de una obra “sumamente costosa”.
También adelantó que iniciarán “contactos” para crear un ámbito interinstitucional con la Dirección Nacional de Medio Ambiente, Dirección Nacional de Aguas y el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca para estudiar medidas como un “cordón sanitario”, que prohíba “plantar a menos de 200 metros de un curso de agua”, o impedir el uso de agroquímicos en “determinadas zonas”.
En su opinión son medidas a “conversar y madurar”, pero “imprescindibles” en la “perspectiva estratégica del país”.
Fuente alternativa.
Uriarte contó a Búsqueda que en 2010 detectaron en Aguas Corrientes niveles de atrazina —un producto tóxico utilizado en agroquímicos— que llegaban casi al doble de los valores normales. Finalmente el producto se diluyó sin alcanzar los niveles máximos permitidos.
El episodio de las algas hizo reavivar una idea del presidente de OSE, Milton Machado, que anunció a fines de 2011 que impulsaría un foro de “alternativas” para “una segunda fuente de abastecimiento de agua potable” (Búsqueda Nº 1.643).
Uriarte informó que el tema estuvo sobre la mesa en la “reunión técnica”, en la que se habló de “acelerar” el foro. El evento está planteado para este año pero aún no tiene una fecha establecida. Machado, consultado el miércoles por El Espectador, insistió en su idea de analizar una fuente alternativa.
“Hay que pensar en cuál es el diseño más adecuado para una nueva fuente. Ahí se generará una discusión muy interesante; ya se ha hablado de expropiar terrenos para construir una represa, también de desalinizar agua del este”, dijo.
Uriarte contó que OSE toma el agua en Fray Bentos río abajo de la pastera UPM. Cuando en el gobierno de Tabaré Vázquez la empresa se instalaba, no pudo garantizar la seguridad del agua ante posibles choques de los barcos que llegan a sus muelles.
Fue así que, a pedido de OSE y con dinero de la pastera, se construyó una toma de contingencia ocho kilómetros arriba de la planta. La instalación nunca se usó y sólo se enciende una vez al mes para confirmar que funcione bien.