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El microscopio de fuerza atómica incorporado en 2008 al Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE) continúa siendo único en la región. El más próximo de similares prestaciones se encuentra en Río de Janeiro. Al IIBCE llegan investigadores de diversa índole para utilizarlo, de Facultad de Ingeniería, del Instituto Pasteur Montevideo e incluso científicos de Buenos Aires. Pero el microscopio tiene una limitante y es humana. La persona encargada y capacitada para operarlo tiene un cargo de 20 horas semanales que se paga con el presupuesto del IIBCE.
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“La capacidad de horas de trabajo está limitada al personal humano. Es un equipo único, hay que aprovecharlo. Si se incrementara la disponibilidad del operador, la producción del equipo aumentaría”, dijo Juan Claudio Benech, investigador del IIBCE. Indicó que actualmente la limitante son los “fondos”.
El IIBCE analiza opciones para poder financiar más horas de trabajo de la persona que opera el microscopio, algo para lo que aún no hay dinero. Además, el objetivo es a fines de 2014 comenzar a vender el servicio.
El trabajo no es sencillo. Para funcionar, el microscopio opera con una finísima punta que analiza la superficie del objeto a estudiar y en función de esta información genera una imagen. Un paquete de 10 puntas tiene un costo de 500 dólares y no todas sirven para los mismos usos. No es lo mismo estudiar un material de ingeniería que una célula. El IIBCE cuenta con puntas versátiles para varios usos pero el trabajo de la persona encargada de operarlo incluye un análisis para ver si estas sirven para los casos a estudiar y, en caso de que no sirvan, cuál sería la que se debe adquirir para poder realizar el estudio, entre otras evaluaciones previas.