Todólogo, adivino, apocalíptico, vendedor de humo o gurú son algunos de los calificativos que va recogiendo el historiador israelí Yuval Noah Harari (1976) a medida que su trabajo interpela a la humanidad y su estado de situación actual. En su último libro 21 lecciones para el siglo XXI (Debate), este pensador seguido por Barack Obama, Mark Zuckerberg y Bill Gates entrelaza ideas de disciplinas que van desde la historia antigua hasta la neurociencia o la filosofía y reflexiona sobre un mundo acechado por amenazas como la inteligencia artificial, el terrorismo, los cataclismos ecológicos, la falta de valores, la posverdad o la nueva era Trump-Putin-Brexit.
¿El homo sapiens es capaz de dar sentido al mundo que ha creado? ¿Todavía existe una frontera clara que separe la realidad de la ficción?, se pregunta el autor, lo que lleva a la inevitable asociación con una obra que cumple 200 años en este mismo 2018 que elige para su libro: Frankenstein, de Mary Shelley. Los dos hablan de hackear al ser humano para crear “monstruos”, y de cómo ignorar los límites de la ambición humana nos puede llevar a la estupidez más absoluta. En todo caso, lo que hace es plantear un debate sobre una cuestión central entre las preocupaciones de la humanidad: el futuro de la especie.
Luego de declarar la muerte de la historia liberal y de poner en duda si se debería seguir hablando del homo sapiens como una sola especie, Harari se pregunta si todavía somos capaces de entender el mundo que hemos creado. La respuesta no parece muy alentadora, dado que plantea que la humanidad enfrenta tres catástrofes inminentes: la destrucción ecológica, la disrupción tecnológica y la divergencia biológica de nuestra propia especie. Tampoco parece alentadora la perspectiva de poder atacar estos problemas sin una política global, ya que ninguna nación por sí sola puede evitar la guerra nuclear, detener el calentamiento global o regular la inteligencia artificial.
Si el lector se ciñe a la línea planteada a lo largo del libro, no nos espera un mundo muy feliz. Parte de la visión del autor es aterradora: una “clase global inútil” hija del veloz avance de la inteligencia artificial que podrá ser manipulada por sentimientos introducidos por algoritmos informáticos; un mundo Matrix creado autónomamente por las propias máquinas o por programadores, tecnología disruptiva que puede ser buena, pero que a la vez es capaz de destruir el planeta; gestiones bancarias o comerciales online, clases online, compras online, tiendas sin cajeros ni personal de atención al público, oficinas bancarias con dos empleados que antes ocupaban a 15. De todas formas, aunque no hay duda de que la tecnología ya está haciendo al humano innecesario en muchos campos, pareciera que las máquinas pensantes todavía son un insumo de futuro en la imaginación de escritores y cineastas.
En los pasajes más poderosos del libro, Harari discute acerca de la creciente automatización de nuestras vidas y sobre la economía de datos, que señala como el posible tema político más importante de esta era. Planteando un escenario en el que los robots obligarán a las personas a reinventarse cada 10 años, cabe preguntarse si realmente estamos a un paso de una dictadura del big data peor que el Gran Hermano de Orwell. Una vez más, la rebelión de las máquinas —ese escenario apocalíptico tantas veces abordado por la ciencia ficción— parece ocupar un lugar importante en el inconsciente colectivo. Aquel miedo definido por Isaac Asimov como Complejo de Frankestein, tiene un escenario ideal en un siglo XXI en el que los datos eclipsarán a la Tierra y la maquinaria como el activo más importante, y la política será una lucha para controlar el flujo de datos.
Ningún trabajo escapa a las críticas, y en el caso de Harari, estas apuntan a que solo se dedica a sembrar dudas y preguntas, sin dar ninguna respuesta que aclare el panorama. “Obviamente, esto es solo especulación”, señala el autor, como para dejar claro que no es el dueño de la verdad y de paso, aconsejar que no nos dejemos llevar por el pánico. Si Sapiens cuestionó el pasado de la humanidad y Homo Deus imaginó el futuro, 21 lecciones sobre el siglo XXI es un libro sobre el presente, que no hace más que insistir en que la forma de pensar y actuar en los temas de actualidad es un reflejo de las percepciones que tenemos sobre el pasado y el futuro. Los retos contemporáneos son expuestos de una forma clara y accesible, poniendo sobre la mesa cuestiones políticas, tecnológicas, sociales y existenciales que tienen lugar en un mundo lleno de ruido e incertidumbre.
Si se habla de certezas, probablemente la única que tengamos sobre el siglo XXI es que no las hay. La humanidad debate sobre calentamiento global, precarización laboral, tensiones geopolíticas, inteligencia artificial, populismo, crisis de los modelos políticos, automatización, concentración de la riqueza, inmigración y fake news; sin poner el foco en el papel del ser humano en todas esas cuestiones. Básicamente, tememos que se nos vuelvan en contra nuestras propias creaciones y no estamos haciendo mucho para evitarlo. El planteo del autor es claro: somos una civilización con gran poder destructor, por lo que será clave entender que no podemos permitirnos más modelos fallidos, guerras mundiales ni revoluciones sangrientas. Para ser más gráfico y con el aval de su condición de historiador, aclara: “La historia nos enseña que nunca debemos subestimar la estupidez humana”.
Harari en frases
· Los humanos siempre han sido mucho más duchos en inventar herramientas que en usarlas sabiamente.
· Después del momento de Francisco Fernando, del de Hitler y el del Che Guevara, ahora estamos en el momento de Trump. Sin embargo, esta vez el relato liberal no se enfrenta a un oponente ideológico coherente como el imperialismo, el fascismo o el comunismo. El momento Trump es mucho más nihilista.
· Quizá la revolución tecnológica eche pronto del mercado a miles de millones de humanos y cree una nueva y enorme clase inútil, que lleve a revueltas sociales y políticas que ninguna ideología existente sabrá cómo manejar.
· Para entrar en el mercado del arte y desplazar a muchos compositores y músicos humanos, los algoritmos no tendrán que empezar superando directamente a Chaikovski: bastará con que lo hagan mejor que Britney Spears.
· Cuando la revolución de la biotecnología se fusione con la revolución de la infotecnología, producirá algoritmos de macrodatos que supervisarán y comprenderán mis sentimientos mucho mejor que yo, y entonces la autoridad pasará probablemente de los humanos a los ordenadores.
· La palabra “televisor” procede del griego tele, que significa “lejos”, y del latín visio, “visión”. Originalmente se concibió como un artilugio que nos permite ver desde lejos. Pero pronto nos permitirá que seamos vistos desde lejos. Tal como George Orwell imaginó en 1984, la televisión nos estará observando mientras la vemos.
· Mientras la desigualdad global y las tensiones sociales aumentan en todo el mundo, quizá Mark Zuckerberg podría recurrir a sus 2.000 millones de amigos para que sumaran fuerzas e hicieran algo juntos.
· De forma individual, los humanos saben vergonzosamente poco acerca del mundo, y a medida que la historia avanza, cada vez saben menos.
· Pero si esta es la era de la posverdad, ¿cuándo exactamente tuvo lugar la era dorada de la verdad? ¿En la década de 1980? ¿En la de 1950? ¿En la de 1930? ¿Y qué desencandenó nuestra transición a la posverdad? ¿Internet? ¿Las redes sociales? ¿El advenimiento de Putin y Trump?
· Soy consciente de que a mucha gente le molestará que equipare la religión con las noticias falsas, pero este es exactamente el objetivo. Cuando mil personas creen durante un mes algún cuento inventado, esto es una noticia falsa. Cuando mil millones de personas lo creen durante mil años, es una religión, y se nos advierte que no lo llamemos “noticia falsa” para no herir los sentimientos de los fieles (o provocar su ira).
· Quizá el peor pecado de la ciencia ficción actual es que tiende a confundir inteligencia con conciencia. Como resultado, se preocupa en demasía por una guerra entre robots y humanos, cuando en realidad lo que hay que temer es un conflicto entre una pequeña elite de superhumanos empoderada por algoritmos y una enorme subclase de homo sapiens despoderados. Cuando se piensa en el futuro de la IA, Karl Marx sigue siendo mejor guía que Steven Spielberg.
· Quizá todos vivamos dentro de una gran simulación informática, al estilo de Matrix. Esto contradiría nuestros relatos nacionales, religiosos e ideológicos.
· El problema no es que la mente no podrá matar al robot. El problema, para empezar, es que la mente que imaginó al robot ya era el producto de manipulaciones muy anteriores. De ahí que matar al robot no nos liberará.
· Quizá hayas oído que vivimos en la época de hackear ordenadores, pero es apenas una parte de la verdad. En realidad, vivimos en la época de hackear humanos.
· Durante unos cuantos años o décadas más, aún tendremos la posibilidad de elegir. Si hacemos el esfuerzo, todavía podemos investigar quiénes somos en realidad. Pero si queremos aprovechar de verdad esta oportunidad, será mejor que lo hagamos ahora.