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    Ayer, hoy... ¿y mañana?

    Nº 2073 - Nº 2073 - 28 de Mayo al 3 de Junio de 2020

    Los cinéfilos —que debe haberlos entre nuestros consecuentes lectores— quizás recuerden una vieja comedia italiana, dirigida por Vittorio De Sica y con Sofía Loren y Marcello Mastroianni como protagonistas. El nombre original (Ieri, oggi e domani) nos pareció adecuado para titular esta columna, pues vincula a tres situaciones (una ya pasada, otra actualmente en curso y la tercera en un futuro improbable) relacionadas con la gloriosa historia del fútbol celeste.

    “Ayer”: el punto de partida es la obtención por la selección uruguaya del Campeonato del Mundo de Fútbol, celebrado en nuestro país, en el mes de julio de 1930. Aunque este logro inolvidable ha merecido numerosos y muy valiosos trabajos periodísticos, igual reseñaremos algunos detalles al respecto.

    Inventado el fútbol por los ingleses en el siglo XIX, e irradiado desde allí a casi todo el mundo, no fue una tarea fácil organizar un torneo ecuménico para elegir, periódicamente, al máximo cultor de ese deporte. Así, debió esperarse hasta que en los Juegos Olímpicos de Londres, de 1908, se incluyera al fútbol entre los deportes que venían compitiendo con anterioridad (y fue precisamente Inglaterra la que obtuvo la primera medalla de oro). Aunque creada ya en 1904, la FIFA no fue capaz de organizar un torneo similar entre sus asociados de todo el mundo. Por lo tanto —en el Congreso del año 2014 en la ciudad de Oslo—, se decidió que mientras ello no aconteciera las selecciones de fútbol que triunfaran en los siguientes Juegos Olímpicos serían consideradas campeonas del mundo.

    Mientras tanto, en estas latitudes (especialmente en el Río de la Plata) al influjo de numerosos ciudadanos británicos, llegados por razones de trabajo, la afición por el fútbol creció pronta y grandemente. Tanto a escala de clubes como de selecciones, Uruguay y Argentina comenzaron a medir sus fuerzas en partidos amistosos u oficiales. Y, cuando empezaron los torneos continentales, la supremacía de ambos sobre los demás países fue muy marcada. Así las cosas, ya en la tercera década del siglo XX, esa incipiente rivalidad entre los vecinos del Plata se trasladó al “viejo continente”, en ocasión de los Juegos Olímpicos de Colombes (1924) y de Ámsterdam (1928), ambos ganados de manera brillante por nuestra selección.

    En ocasión de esta última cita olímpica, fructificó finalmente la idea de llevar a cabo el primer Campeonato del Mundo en el año 1930, aunque sin definirse la sede. Varios países se postularon entonces para organizarlo, entre ellos Uruguay. Y en mayo de 1929, en el Congreso de FIFA en Barcelona, nuestros delegados (Enrique Buero y Héctor Rivadavia Gómez) lograron que Uruguay fuera el elegido, por sobre Holanda, Suecia, Hungría e Italia; en cuya decisión debieron pesar los dos recientes títulos olímpicos que había obtenido.

    Así, en un mundo por entonces convulsionado, nuestro país asumió la enorme responsabilidad de organizar el primer torneo auspiciado por la FIFA, sin contar con un estadio apropiado para un evento de tamaña magnitud y con muy poco tiempo por delante para construirlo. Primero fue creada CAFO, y esta encargó al arquitecto Juan Scasso el diseño y la dirección de las obras correspondientes. Así, trabajando ahincadamente día y noche, la obra se completó en apenas un año (la piedra fundamental se colocó el 21 de julio de 1929 y la inauguración oficial fue el 18 de julio de 1930, aunque las dos primeras fechas del certamen debieron jugarse en el Parque Central y en el Parque de los Pocitos).

    Europa le dio la espalda al torneo. Solo vinieron Bélgica, Francia, Rumania y Yugoslavia. Los otros nueve participantes fueron americanos: Estados Unidos, México, Chile, Bolivia, Perú, Paraguay, Argentina, Brasil y por supuesto Uruguay. Y, tal como ocurriera dos años antes en Ámsterdam, Uruguay y Argentina llegaron invictos a disputar la final. Y otra vez la victoria fue para el elenco celeste por 4 goles a 2, ganando así el primer Campeonato del Mundo con el auspicio de FIFA, bien que el tercero en su palmarés, por la ya mentada decisión de dicho organismo.

    “Hoy”: al cumplirse en julio del 2030 100 años del Mundial de 1930, a comienzos del año 2005 el entonces presidente Tabaré Vásquez le planteó al titular de la FIFA Joseph Blatter —de visita en nuestro país— su deseo de que, por haber organizado aquel primer mundial patrocinado por esa entidad, Uruguay pudiera ser la sede del previsto para esa fecha. Aunque Blatter tomó “con simpatía” ese pedido, no se pronunció a ese respecto. Un par de años después, Vázquez le propuso a su par de Argentina Mauricio Macri sumarse al proyecto, lo que incluso mereció el respaldo de la Conmebol, propuesta que se oficializó recién en 2010, en una reunión con Blatter en Johannesburgo, el día previo al comienzo del mundial jugado en ese país.

    En 2015, al iniciarse la segunda presidencia de Vázquez, las gestiones cobraron nuevos bríos. Al año siguiente, Macri convocó a una reunión en la Casa Rosada, a la que asistió Tabaré Vázquez, pero también el presidente de Paraguay, Horacio Cartes, quien, con el fuerte apoyo de la Conmebol, había logrado sumarse al inicial proyecto binacional (también estuvo invitado el actual presidente de FIFA, Gianni Infantino). El último paso fue la incorporación de Chile en el año 2019, a instancias de su presidente Sebastián Piñera, y el proyecto pasó a llamarse Copa del Mundo Conosur 2030. Sin embargo, un cúmulo de circunstancias (los cambios de gobierno en Argentina y Uruguay, los estallidos sociales en Chile y por último el inesperado brote epidémico imperante en todo el mundo) han paralizado transitoriamente los preparativos trabajosamente iniciados tantos años antes.

    “¿Mañana?”: se plantea como una interrogante, pues —con las especialísimas circunstancias que hoy atraviesa el mundo entero— es absolutamente imposible cualquier vaticinio.

    En lo personal, siempre entendí que esta aspiración era absolutamente inviable, sea en solitario o en forma conjunta con uno o más países del área. Claro que sería grato, y hasta lógico, que el Centenario de aquel primer Campeonato del Mundo organizado por la FIFA se celebrara en el mismo país y también en el mismo homónimo escenario en que aquel se disputara. Más aún cuando fue Uruguay el que inscribió su nombre por vez primera en la tradicional copa que premia a los campeones.

    Y casi ni nos atrevemos a sugerir una alternativa bastante más modesta: la de repetir, medio siglo después, la experiencia de la Copa de Oro del año 1980, evocativa del cincuentenario del mundial de 1930 y que —aunque ha sido injustamente menospreciada— tiene la particularidad de que, su hasta ahora única edición, fue ganada por Uruguay. Aunque, tal como están las cosas, nos tememos que a fines del próximo mes de julio la celebración del 90º aniversario de aquella gesta imperecedera, tenga al legendario Estadio Centenario como mudo y solitario testigo.