“Uruguay es un país chico abierto al mundo. Hoy tiene que ser un laboratorio de innovación”, dijo a Búsqueda Carlos Mazal, director de la Oficina Regional para América Latina de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI), un organismo especializado de Naciones Unidas.
Innovar es poder agregarles valor a las cadenas ya existentes, como la de carne, arroz o forestal. Esto se hace a través de la innovación tecnológica, como el desarrollo de nuevos sistemas, y no tecnológica, como por ejemplo un trabajo de marketing. Pero todas estas innovaciones deben ser protegidas con propiedad intelectual para poder sacar provecho de los beneficios de contar con una creación única.
La propiedad intelectual permite proteger las innovaciones o la creación de productos, como fármacos, mediante el registro de patentes, que generalmente duran 20 años. La propiedad intelectual también abarca el registro de marcas de empresas y de productos. Además incluye el derecho de autor, que permite proteger por ejemplo las creaciones musicales originales de los artistas. El derecho de autor tiene un margen de protección más extendido que las patentes, porque abarca toda la vida del artista y 50 años luego de su muerte.
Todos estos mecanismos de protección de la propiedad intelectual permiten que sus creadores puedan beneficiarse del registro y ganar dinero con él, ya sea a través del usufructo de la patente con fines comerciales o de la venta de esa patente.
“En Uruguay el derecho de autor se usa, pero en patentes no somos fuertes. Tenemos patentes extranjeras y no muchas nacionales”, señaló Mazal, que es uruguayo y vive en Ginebra. El especialista viajó este mes a América Latina para reunirse con los ministros responsables de la propiedad intelectual, con los jefes de las oficinas de propiedad industrial y con el sector privado.
En los países desarrollados la propiedad intelectual está incorporada a la cadena productiva. En cambio en América Latina aún resta afianzar estos mecanismos. Estados Unidos basa su sistema sobre la innovación y por eso el 40% de las exportaciones dependen de algún tipo de propiedad intelectual. Por otra parte Mazal comentó que se prevé que China —que hace algunas décadas renegaba de la protección en propiedad intelectual— pase a ocupar el segundo puesto debajo de Estados Unidos como el país que más patenta en el mundo.
Según el especialista, crear mecanismos de protección de la propiedad intelectual en Uruguay “es mucho más fácil (que en otros países en desarrollo), porque es un país homogéneo y afín a la innovación”.
Investigación.
El Ministerio de Industria identificó tres sectores de actividad en los cuales ya ha comenzado a realizar un estudio en profundidad junto con la OMPI para analizar el uso que hacen de la propiedad intelectual. Se trata de la primera investigación en el país para conocer cuánto impacta en términos económicos el uso de propiedad intelectual, anunció Mazal.
Los economistas de la OMPI que viajaron a Uruguay ya están trabajando en el caso y han comenzado con la etapa de entrevistas a empresarios y referentes de los sectores forestal, farmacéutico y audiovisual.
“La idea es hacer estudios económicos serios de impacto económico, de cómo la propiedad intelectual empezando por estos sectores se puede aprovechar para mejorar nuestras exportaciones, para proteger nuestras cosas y ver cómo la propiedad intelectual puede beneficiar al país”, explicó Mazal.
“Queremos saber si la biología genética se desarrolla acá o en el exterior. Eso hace un abismo. Es importante dónde se crea y protege el conocimiento y cómo se paga ese conocimiento generado. Este trabajo va a ayudar a visualizarlo porque no se había hecho un estudio desde ese ángulo en Uruguay”, dijo a Búsqueda Alberto Gestal, director nacional de la Propiedad Industrial.
Gestal informó que este trabajo que coordina en Uruguay la Dirección Nacional de Propiedad Intelectual (DNPI) del Ministerio de Industria se va a realizar durante todo el 2012.
En el sector forestal la innovación y el posterior registro de patentes apunta al desarrollo de nuevas tecnologías para siembra, recolección y procesamiento de madera. En cambio en el sector farmacéutico está vinculado al desarrollo de nuevos fármacos, informó Gestal. Estas áreas están a cargo del Ministerio de Industria. El director de la DNPI explicó que estos dos casos refieren al uso de propiedad industrial y que el tercer sector, el audiovisual, refiere al derecho de autor.
“Hay muchas pequeñas áreas de comunicaciones y audiovisual involucradas que se dedican a generar contenidos de distinta naturaleza que exportan”, explicó Gestal. En el trabajo del sector audiovisual participa el Ministerio de Educación y Cultura.
Este estudio también se ha comenzado a realizar con el apoyo de la OMPI en otros países de la región.
Por otra parte, se está terminando de realizar una primera auditoría sobre la propiedad intelectual a cargo de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) en Uruguay, pero al mismo tiempo ya se comenzó con la investigación de la OMPI.
Las primeras etapas son de diagnóstico. “Pensamos llegar después a otra etapa de generar estrategias y herramientas puntuales —de propiedad intelectual— en áreas de interés para el país”, dijo Gestal.
Nuevo subsidio.
Hoy jueves 26 de abril se celebra el Día Mundial de la Propiedad Intelectual y se desarrollará un evento en Facultad de Ingeniería organizado por la Red de Propiedad Intelectual —con el apoyo de Fundación Ricaldoni y la DNPI— que servirá de marco para realizar el anuncio de la investigación, adelantó el ministro de Industria, Energía y Minería, Roberto Kreimerman.
El Ministerio asignará un primer monto de medio millón de dólares para lo que resta de 2012 con el objetivo de subsidiar empresas que deseen patentar sus innovaciones, anunció a Búsqueda.
“Vamos a apoyar con los costos de patentar en Uruguay y en el exterior para que las empresas innovadoras puedan tener acceso a la propiedad industrial”, explicó Kreimerman.
Ya hay empresas nacionales en el área de las biotecnologías y las Tecnologías de la Información (TIC) que necesitan ser protegidas para ser difundidas internacionalmente, comentó el ministro.
“Este es un tema de estrategia industrial porque apuesta a incrementar el desarrollo de media y alta tecnología. En los últimos años han venido creciendo los de media tecnología. Incrementar el desarrollo del patentamiento es una vía para darles valor a los nuevos emprendimientos”, señaló Kreimerman.
“Si Uruguay quiere ascender en la escala tecnológica acompañando el ascenso que está teniendo su crecimiento económico debe lograr una estructura productiva, más diversificada y más sostenible a lo largo del tiempo”, opinó Kreimerman.
Con respecto al estudio de propiedad intelectual que realiza el Ministerio de Industria con la OMPI, Kreimerman opinó que sus resultados sobre qué herramientas de propiedad industrial se pueden utilizar en las ramas estratégicas —farmacéutica, forestal y audiovisual— servirán para que potencien el valor agregado nacional, la posibilidad de exportaciones y las innovaciones nacionales.
“Crear incentivos”.
Antes de lograr patentar, es necesario investigar para poder innovar.
“América Latina tiene una tradición de investigación pública, investigamos para publicar. Las patentes nunca fueron vistas como una posibilidad de generar ingresos, pero ahora sí. Por ejemplo, al Instituto Pasteur en Uruguay —que es de origen francés— le interesa patentar y lo hace a través de su casa matriz en Francia. Es fundamental que haya un beneficio para Uruguay. Está generando patentes y transferencia de tecnologías que genera ingresos”, dijo Mazal.
“La Universidad tiene que participar, el sector privado arriesgar y el Estado crear incentivos. Una inversión —en Uruguay— del 0,6% del PBI en investigación no alcanza”, dijo Mazal.
Aclaró que las patentes son como un contrato con el creador de un producto. En el sector farmacéutico por ejemplo, la patente de un medicamento le permite al creador beneficiarse de las ganancias durante 20 años como contraparte por haber invertido cientos de millones de dólares en investigación para desarrollarla.
También es posible innovar sobre lo que ya existe y volver a patentarlo. “Para mucha gente parece injusto pero es el modelo que existe, es un contrato”, señaló Mazal.