• Cotizaciones
    viernes 21 de agosto de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Maracaná con otros ojos

    Nº 2081 - 23 al 29 de Julio de 2020

    Ya habíamos anticipado en una reciente columna (“Los años terminados en cero”) que este año 2020 era especialmente propicio para la nostalgia, por la especialísima circunstancia de que en 1930 y también en 1950 ocurrieron dos gestas incorporadas a la mejor historia de nuestro fútbol. Lo que ha quedado de manifiesto por la abrumadora cobertura periodística, al cumplirse la pasada semana 70 años de la gloriosa epopeya de Maracaná.

    Lógicamente ese tema estuvo instalado en todos los ámbitos en estos últimos días, habiendo producido la prensa deportiva algunas notas estupendas (al caso la de Leonel García en la última edición de galería). Lo llamativo fue que varias de esas crónicas hicieran mención a un libro Anatomía de una derrota, del escritor brasileño Paulo Perdigão, que repasa minuciosamente todo lo ocurrido antes, durante y después de aquella final, incluso detallando minuto a minuto las incidencias del partido. Por ello no pudimos resistirnos al deseo de participar a nuestros lectores de su contenido, en cuanto refleja una visión original (contada “del otro lado del mostrador”) de lo ocurrido en aquel lejano 16 de julio de 1950.

    Curiosamente el autor aclara, ya de entrada, que el fútbol en sí no le interesa. Y que él fue apenas una de las 200.000 personas que esa tarde estuvieron en Maracaná; con apenas 11 años cumplidos y llevado por su padre. Dice que por mucho tiempo creyó que esa Copa de 1950 “había sido solo una aventura pasajera de su infancia”, aunque pasados algunos años, y ya iniciado en el periodismo, produjo varios artículos periodísticos e incluso alguna película al respecto. Es que vio en aquella definición “el fatalismo de una tragedia griega contra la cual nada se puede hacer”. Aunque quizás sí pudiera hacerse algo —aunque desde “lo esotérico e imaginario”— para evitar lo que había acontecido. Fue así que en diciembre de 1975 publicó en la revista Ele-Ela un cuento originalísimo: O dia em que Brasil perdeu a Copa, que reproduce íntegro en la introducción del libro ya mentado, y que nos permitimos reseñar someramente.

    El primer párrafo ya cuenta de qué se trata: de sentirse un poco Dios, para “modificar el mundo con mis hilos invisibles. La única duda era saber modificar qué cosa”. Su neurosis, dice, nació el día en que “dejé el dulce confort de la infancia para encarar la realidad. El mundo que me parecía fiel y sumiso a mis designios, se reveló de súbito contingente y absurdo aquel 16 de julio de 1950. Y un aterrador e indefinible sentimiento de culpabilidad y desprotección pasó a acompañarme por la vida, como un centinela implacable”. ¡Todo por un partido de fútbol! Y reflexiona: “Si yo corrigiese ese absurdo, todo sería diferente”. Entonces puso en marcha su idea.

    Narra así que en una tienda de California encontró “la máquina adecuada”: una silla de cuero y bronce, al estilo de aquella con la que el personaje de un célebre cuento de H.G Wells, había viajado al pasado. Claro que, al igual que en esa novela, el retorno podía tener un único motivo (que bien se guarda de revelar). En ese viaje al pasado llevaría consigo algunas pruebas de su existencia en una época posterior, y elige una cajilla de Marlboro —que aún no se producía en 1950— algunos billetes en circulación y una moderna radio a transistores. Además de vestirse con ropa de aquella época, para no llamar la atención. Así pertrechado, cierto día “accioné el mecanismo del aparato para el momento preciso del desembarque: mediodía del 16 de julio de 1950”. Y así inicia su viaje al pasado (que no lo describe), pero que termina en un lugar de Rio de Janeiro, no muy lejos del estadio. Toma entonces un taxi y llega a la puerta de Maracaná a las 14:15 h, enfilando a la puerta de entrada para la prensa. Pero ocurre lo imprevisto: su carnet de periodista de Manchete fue rechazado por el portero (esa revista aún no había sido fundada) y no pudo entrar ¿Qué hacer entonces?

    Sabiendo que el primer tiempo terminaría 0 a 0 y que exactamente al 1 m 21 s del segundo Friaça marcaría el gol de Brasil, aprovecharía ese momento de loca algarabía para burlar la vigilancia del portero. Efectivamente, cuando llegó ese gol “el portero largó todo y fue a abrazarse con otros funcionarios”, y entonces él ingresó al estadio, bajó hacia los vestuarios y se introdujo en la cancha. Entonces “esperé que Schiaffino hiciese el primer gol uruguayo, a los 20 m13 s. Hasta allí bastaba dejar correr a la realidad”. Unos minutos después se ubicó detrás del arco de Barbosa, donde estaban decenas de reporteros y fotógrafos. Se acercó a un par de ellos y les susurró: “Yo sé lo que va a pasar ahora; vean mi Marlboro y mi radio”; pero no le prestaron atención. “¡Ciegos, estúpidos! Estaban todos allí esperando que pasara lo irremediable”, pensó para sus adentros.

    Son las 18:38 h. ¡El momento ha llegado!: “Olhei para o centro do campo. Julio Pérez entrega a bola a Míguez, que devolve a Julio Pérez. Este manda para Ghiggia, na ponta direita. Ghiggia devolve a Julio Pérez, que chuta em profundidade para Ghiggia, correndo por fora. É Agora! Ghiggia avança em minha direção. Chegou a minha vez! (Mi plan estaba en ejecución: yo iba a entrar en el juego, iba a tirar la pelota a la tribuna y asestar un puñetazo a aquel puntero uruguayo)”. ¡¡¡Aquí viene Ghiggia y aquí voy…!!!

    Entonces alguien lo tomó por los brazos y otro gritó: “¡Es un loco!” Y no pudo entrar a la cancha. Y entonces gritó: “Parem tudo!”. Pero solamente Barbosa lo oyó y se dio vuelta, mientras la pelota impulsada por Ghiggia llegaba al fondo de la red. Barbosa quedó de rodillas y Ghiggia corría a los saltos festejando su gol. Que aconteceu?? El grito distrajo a Barbosa apenas un instante, pero fue suficiente para que Ghiggia metiera la pelota en el arco entre el golero y el poste izquierdo. Después todos se acusaron mutuamente: “Barbosa culpou Bigode, que culpou Juvenal, que culpou Barbosa”. Sin embargo, “descubrí por qué el día 16 de julio de 1950 comencé a morir en vida. Y tendré que cargar con esa verdad por el resto de mis días. Uruguay não derrotou o Brasil na Copa del 50: ¡Eu derrotei o Brasil! ¡Eu, somente eu, fui o responsável pelo gol de Ghiggia!”.

    El prólogo del libro fue escrito nada menos que por Flavio Costa, el técnico de Brasil en ese torneo, y termina con esta frase profética: “El día 16 de julio de 1950 quedó marcado en el calendario brasileño como ‘O día da Derrota’. Pero el tiempo se encargó de mostrar que ese día Brasil nació para el mundo como expresión del fútbol mundial”.