Nº 2076 - 18 al 24 de Junio de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHubo una época, ya lejana en el tiempo, en que nuestros dos equipos grandes (los que, tradicionalmente, hacen pesar su influencia al momento de armar la programación del fútbol local) lograron instaurar un receso en la actividad, a mitad del año, para poder armar las valijas y trasladarse al viejo continente, con la primaria finalidad de reforzar sus siempre alicaídas arcas y, si ello les era posible, lograr alguna copa que enriqueciera sus ya bien nutridas vitrinas. Es que en el verano europeo —principalmente en España— se disputaban algunos torneos de mucha tradición y bien ganado prestigio, en los que, además de los anfitriones, participaban otros reconocidos equipos de la liga local, así como de otros países del ancho universo del fútbol; siempre con rigurosa invitación.
Aun a los aficionados menos avisados —en especial los más veteranos— les suenan familiares las copas Ramón de Carranza y Teresa Herrera, que se disputan anualmente en las ciudades de Cádiz y La Coruña, respectivamente. Y ello por cuanto en varias oportunidades, a lo largo de distintas décadas, entre los selectos invitados han estado los dos equipos grandes de nuestro país. El primero de esos torneos tiene una larga tradición, lo mismo que la participación en ellos de Peñarol y Nacional, los que, sin embargo, no han logrado inscribir su nombre entre los vencedores. El equipo aurinegro lo ha disputado en cinco oportunidades: en los años 1960, 1967, 1971, 1983 y 1988. Sus mejores actuaciones fueron en su primera presentación, cuando llegó a la final cayendo frente al Barcelona, aunque dejando atrás a River argentino y a Atlético de Madrid. Algo que se repitió en 1971, esta vez siendo superado por Benfica en el partido por el título, pero delante del Valencia y del Atlético de Madrid. Quedó luego en tercer lugar en las ediciones de 1967 y 1983 y cuarto en la del año 1988, en su última participación. En cuanto a los tricolores, participaron solo en tres oportunidades: en 1976 saliendo cuarto, en 1987 cuando se ubicó en tercer lugar (por detrás del campeón Vasco da Gama y el local Cádiz) y por último en 1989, siendo derrotado en la final del certamen, por el mismo equipo brasileño.
El Estadio de Riazor, donde se juega la Copa Teresa Herrera, ha resultado, en cambio, bastante más propicio para nuestros principales equipos, al punto de que ambos han logrado inscribir su nombre entre los ganadores del torneo. Peñarol obtuvo el título en dos años consecutivos: en 1974 venciendo en la final al Borussia Mönchengladbach (detrás habían quedado los dos principales equipos madrileños, el Real y el Atlético), y en la siguiente edición derrotando al Cruzeiro de Belho Horizonte. Y en 1983 fue vicecampeón, perdiendo la final ante el Athletic Club. En lo que respecta a Nacional, en su primera presencia, en el año 1958, logró el título de campeón derrotando en la final al Flamengo de Brasil, en tanto que en otras dos oportunidades (1965 y 2005), aunque llegó a definir el certamen, debió conformarse con el segundo puesto, cayendo en ambas ocasiones ante el locatario Deportivo La Coruña.
Vale recordar que, por este mismo torneo, el Estadio de Riazor fue testigo de un acontecimiento histórico, pues en la edición del año 2005 fue el escenario del primer clásico del fútbol uruguayo disputado en Europa (siendo el segundo que se jugó fuera del país, pues varios años antes, en febrero de 1960, Nacional había goleado 4 a 0 a Peñarol, en la ciudad de La Plata, en Argentina). Este nuevo choque entre los eternos rivales se produjo con Nacional en gira por España y Peñarol que viajó expresamente para este torneo, que tuvo esa vez solo tres participantes, sumándosele el dueño de casa (que fue a la postre el campeón). Como era de esperar el partido concitó la expectativa de un buen número de uruguayos, que se acercaron hasta La Coruña desde varias zonas de España, y terminó con victoria tricolor por 3 goles a 1. En el ganador estaban figuras como Bava, Victorino, Ojota Morales, Vanzini y un —por ese entonces— prometedor Luis Suárez, que jugó apenas 11 minutos. En tanto que en Peñarol estuvieron, entre otros, Flores, Césaro, Gabriel Cedrés y Marcelo Tejera. Los técnicos fueron Martín Lasarte y Fernando Morena.
A estos dos tradicionales torneos bien puede sumarse el Costa del Sol, en la década del 70, que se disputaba en la ciudad de Málaga y que fue ganado en dos oportunidades por los grandes de nuestro fútbol: Nacional en 1972 y Peñarol en 1975.
A la inversa, a lo largo de tantos años, fueron muchos los equipos del viejo continente que llegaron a nuestro país para disputar partidos amistosos o de carácter oficial. Basta con mencionar a las selecciones que participaron del Mundial de 1930 o del Mundialito de 1980, así como los clubes que enfrentaron a Peñarol o a Nacional en las ediciones de la Copa Intercontinental de 1960, 1961, 1966 y 1971. Sin olvidar a varios equipos europeos que tomaron parte de las siempre recordadas copas Montevideo en la década del 50. Sin embargo, el título de esta columna apunta a un hecho que muy pocos recuerdan y que resulta ser de una singularidad sorprendente: en el año 1954 el Deportivo La Coruña de España ¡participó en un torneo oficial de nuestro país!
No hace mucho tiempo, nuestro muy apreciado colega Luis Prats evocaba ese acontecimiento en las páginas del suplemento deportivo de El País. Con la selección celeste preparándose para defender en el Mundial de 1954 el título logrado en Maracaná cuatro años antes, la dirigencia de esa época entendió conveniente, para darle un mejor tono a la paralela actividad local, invitar a algún equipo europeo a tomar parte del así denominado Torneo Especial. Los elegidos fueron el Deportivo La Coruña y el Atalanta de Bérgamo, pensando en el previsible respaldo de las colectividades española e italiana a dicha iniciativa, aunque solo el primero respondió afirmativamente. La actividad comenzó en el mes de julio, casi en paralelo con el Mundial de Suiza, el que lógicamente concitaba una expectativa muy superior. La actuación del equipo hispano resultó bastante magra: fue goleado por Nacional, casi le empató a Peñarol, igualó con Rampla Jr. y perdió su último partido ante River Plate. Por lo que se volvió a su país con más pena que gloria (en definitiva, el campeonato fue ganado por Peñarol).
Curiosamente, lo único que quedó indemne en el recuerdo de ese evento tan particular resultó ser la emotiva despedida (en el penúltimo partido ante River Plate) de Juan Alberto Schiaffino, quien saludaba, con un brazo en alto, a las cuatro tribunas del Estadio Centenario colmadas de hinchas carboneros, antes de marcharse al Milan, donde por varios años seguiría exhibiendo la impronta de su fútbol inigualable.