N° 1816 - 21 al 27 de Mayo de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn Uruguay, los almuerzos y los desayunos empresariales son un éxito: se venden los tickets con precios en dólares y las localidades quedan rápidamente agotadas. ¿Para ver a quién? ¿A un connotado empresario que nos ilustre con sus historias de éxito? ¿A un emprendedor innovador? ¿A un pensador, filósofo o gurú de las ciencias del management para ayudarnos a repensar nuestro negocio? No. Si uno revisa la agenda de los conferencistas, verán que el 95% son políticos y gobernantes que la mayoría de las veces no tienen demasiado nuevo que decir.
Mientras tanto, en Uruguay también se organizan congresos y actividades empresariales realmente útiles. Son los casos de Marketers, TED, la Semana Emprendedora de Endeavor o Punta Tech Meetup, por nombrar algunos de ellos. Los empresarios que van a estos eventos no suelen ser los mismos que van a los otros. Es que mantener una buena imagen con las autoridades de turno está en las prioridades de la agenda empresarial, mientras que ir a los congresos para capacitarse queda en segundo plano.
Y tal conducta es lógica en un país estatista como el nuestro, donde el poder del Estado puede salvar o hundir cualquier proyecto. Y si bien hay que ser realista y convivir con esta situación (aunque no nos guste), también hay que poner algunas fichas apostando al largo plazo, para algún día tener un país donde no sea necesario tener tan buenas relaciones con los funcionarios.
En Paraguay, aun siendo un país subdesarrollado, han recibido más visitas de los popes del management que en Uruguay. Un caso llamativo se dio en setiembre del 2013 —coincidiendo con la elección de Horacio Cartes como presidente—, cuando un grupo de empresarios contrataron a Michael Porter para dictar unas conferencias y tener una reunión privada con el presidente electo. Porter es una eminencia en temas estratégicos, profesor en Harvard y autor de varios libros, entre ellos “La ventaja competitiva de las naciones”, y lo vieron como una oportunidad para acercar buenas ideas al gobierno que recién iniciaba. Por su estadía de tres días en Asunción, Porter cobró trescientos mil dólares. En Uruguay, dudo que lo contratemos por tres mil.
Como reza el dicho: “Somos lo que repetidamente hacemos”. Si repetidamente nos sentimos obligados a ir a desayunos o almuerzos para estar cerca de la clase política (y así alimentar su poder), lo más probable es que cada día tengamos que seguirle pidiendo al Estado que nos haga los negocios con Venezuela para vender leche, con Brasil para vender autos o con Rusia para vender carne. Y siendo así, ¿qué sentido tiene mejorar el management?