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    “Carrasco”

    Sr. Director:

    En el artículo “Carrasco”, publicado en la última edición de Búsqueda (Nº 1.847), Marcos Cantera Carlomagno hace una muy realista descripción de nuestro país, del deterioro aceleradamente creciente de nuestra calidad vida y de la carencia de futuro. Se sorprende por la decadencia en la que hemos caído. Sin embargo, era muy previsible que nos pasara, como es claro que, ahora que se acabaron los ingresos extraordinarios de la pasada década, el deterioro será aceleradamente mayor.

    La decadencia no se dio por generación espontánea sino que es el fruto de un trabajo de décadas por el que se subvirtió la cultura, sus principales valores y hasta el significado de las palabras, para embrutecer a las personas y así mantenerlas en la ignorancia y de esa forma llevarlas y mantenerlas en la pobreza para poderlas dominar y manejar a su antojo. Lo más increíble es que la degradación cultural, con los terribles efectos que muy bien describe el artículo “Carrasco”, se la vende como “progreso” y sus promotores se auto proclaman como “progresistas”.

    Se destruyeron los valores sobre los que se basa el desarrollo y la convivencia que comienzan con el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad así como en la obligación de vivir asumiendo responsablemente las obligaciones. La vida cada vez vale menos como lo muestra el incremento de los asesinatos, rapiñas y otros delitos violentos. La libertad se va reduciendo con controles totalitarios como la bancarización obligatoria, el control de las armas o la “ley de medios” y la inseguridad. La propiedad es sistemáticamente denigrada y se la hace culpable de la pobreza de casi todos los males que hay en la sociedad.

    Impusieron la “cultura de los derechos”. Ahora los “proletarios”, los “trabajadores”, los de “abajo”, etc., no tienen lo que necesitan o quieren porque la sociedad es injusta pero tienen derecho a tenerlo. Por ello los que tienen más tienen que pagar lo que los que no tienen necesitan: vivienda, comida, atención de la salud y hasta vacaciones. Ni se puede mencionar que para satisfacer sus necesidades las personas y familias tienen que romperse el lomo trabajando, estudiando y llevando una vida ordenada. Aquello de que “ganarás el pan con el sudor de tu frente” pasó a “obtené lo que quieras exigiéndolo”, incluso violentamente.

    En todos los países en los que se aplicó o aplica esta retrógrada teoría de los “derechos” la pobreza aumenta y cae estrepitosamente la calidad de vida. Por si alguna persona tiene dudas, transcribo una frase del padre Pedro Opeka, una de las personas más exitosas en lograr reducir la pobreza ya que con su trabajo en Madagascar sacó de ella a unos 500.000 individuos: “Los planes sociales son lo peor que se le puede hacer a un pobre. El asistencialismo debe existir siempre con trabajo. El que no trabaja que no coma”. Destaco enfáticamente el contraste entre la infra cultura de “los derechos”, que ha llevado a millones a la pobreza, incluidos a los venezolanos a pesar de la abundancia de petróleo con la que cuentan, y la cultura del padre Pablo que la sintetiza así: “Junto con el amor, el respeto y la oración, mi propuesta tiene tres pilares que son la educación, el trabajo y la disciplina”.

    Impusieron también como forma de resolución de conflictos la fuerza. En lugar de la negociación racional y de buena fe, lo adecuado es la imposición de los que demandan. Para ello todo vale, desde la descalificación de la otra parte al uso de la violencia como lo sufrimos todo el tiempo con los paros y movilizaciones que los gremios, como los de docentes, transporte, taxi o municipales, no dudan un instante en realizar sabiendo que sus medidas afectan a los vecinos que no son los que pueden satisfacer sus demandas, así como vemos agresiones a quienes no se adhieren.

    La destrucción de la cultura tuvo un gran impulso hace ya mucho tiempo cuando los sistemas de educación públicos, en todos sus niveles, fueron colonizados por la “izquierda” y se incrementó notablemente con la “ley de educación” aprobada durante la primera Presidencia del Dr. Vázquez. A esto hay que agregar el copamiento de la “cultura” que los mismos sectores han llevado adelante; parece que no hay intelectuales si no son “progresistas”. Por último hay que mencionar que los medios de información llaman “progresistas” a las organizaciones, a los dirigentes y a las opiniones de los que se autoproclaman como tales, expandiendo el engaño y por ello se han transformado en un mecanismo de subversión de la cultura.

    Los uruguayos podemos retornar a las raíces de la cultura que lleva al progreso y por ello a una mejora continua de la calidad de vida aunque parece que la mayoría, entre la civilización y la barbarie progresista, se ha abrazado a la segunda.

    Arq. Juan Andrés Sienra

    CI 998.166-3

    Punta del Este (Maldonado)

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