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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLeo en la sección Cartas de los Lectores del diario El País del sábado 9 de marzo la carta de un lector recordando el tercer aniversario del homicidio de un comerciante de origen judío en la ciudad de Paysandú, homicidio que califica como “crimen de odio”.
Siempre es difícil opinar sobre un hecho penal sin ver los correspondientes autos, por tanto lo que voy a decir es solamente una aproximación sobre los datos dados por la prensa. Según creo que se informó en su momento, el homicida fue un docente sin trabajo y con problemas mentales, que habría intercambiado vía Internet algunos mensajes raciales, pero al punto tal que se lo declaró inimputable. Ignoro si un incapaz puede sentir odio o realizar un acto de odio, si puede distinguir el odio de la venganza o de la rabia o de algún otro sentimiento maligno, pero sí parece claro que esa persona es lo que vulgarmente se llama y se ha llamado siempre “un loco suelto”. Tener sentimientos contrarios a una raza, etnia, religión, casta, etc. no lleva normalmente a las personas a atacar a los integrantes de esos colectivos con puñales o armas de fuego (salvo los yihadistas). O sea: ¿ hubo premeditación en este caso por ser la víctima de origen judío? ¿ Hubo odio racial? No lo sé. No soy especialista.
También se menciona en dicha misiva que algún tiempo después habría aparecido un grupo de personas en la misma Paysandú desplegando un cartel exigiendo que los judíos se fueran de la ciudad, hecho que yo desconocía totalmente. Y por lo que se afirma, ninguna autoridad tomó en su momento ninguna medida. No dudo de que lo que se dice sea cierto, pero para mí es más importante otra cosa. Es importante determinar el porqué de ese tipo de demostraciones, que parece que están proliferando también por Francia y Alemania. ¿Por qué? Ese es el punto. Porque no son, ni de lejos, los únicos ni los primeros en la historia, ni es dable pensar que quienes participan de esos actos sean todos seguidores del conde de Gobineau o de Alfred Rosemberg.
Entonces, ¿por qué? Tiene que haber una respuesta. Hay que ponerse a pensar.
César
CI 1.060.462-0