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    ¿Dónde están?

    N° 1974 - 21 al 27 de Junio de 2018

    El título me atrapó: Cómo ganar cuando se juega a la escondida. Son consejos destinados a aumentar la eficacia del juego infantil. Entre otras cosas, su autor recomienda esconderse sin hacer ruido en el lugar menos imaginable para evitar ser descubierto. Una obviedad, claro, pero está destinado a niños pequeños. Sin embargo, al terminar de leer advertí que ese mismo consejo se utiliza en la vida política.

    Organizaciones sociales, sindicales y partidos buscan réditos ante cada circunstancia que consideran propicia. Lanzan encendidos, demagógicos o lacrimógenos discursos. Exigen que quienes piensan diferente rectifiquen su rumbo, advierten que de no hacerlo padecerán poco menos que todas las plagas de Egipto y desprecian a quien piense diferente. Dueños de verdades militantes e ignorantes de realidades.

    Esos grupos, mayoritariamente afines a los partidos de izquierda y al gobierno, no consideran admitir sus propios errores, no toman distancia de las tóxicas liendres locales o internacionales ni procuran el beneficio de todos sin distinción de ideologías ni partidos. Se mantienen agazapados y ocultos.

    Para sus campañas se apoyan en etiquetas, conscientes de la debilidad de los receptores, como lo señaló el editorial El poder de los símbolos (Búsqueda Nº 1.931).

    La izquierda no tiene el patrimonio exclusivo —hay inmorales en diferentes tiendas—, pero sobran razones para atribuirle casi toda la responsabilidad. Durante décadas sus sermones han pretendido marcar el camino que consideran adecuado, especialmente a quienes hoy están en la oposición. Entonces no se escondían.

    En consecuencia, lo menos que se les puede exigir es fidelidad a su prédica, que desprecien y expulsen a los corruptos, denuncien a quienes violan los derechos humanos (todos los derechos humanos) y repudien a todo el que expolie al ciudadano. Estos conceptos, sin pretensión de verdades absolutas, son el resultado de una realidad basada en situaciones emblemáticas que permiten ubicar a esos predicadores de feria como encubridores y cómplices de delincuentes locales y gobernantes regionales.

    ¿Dónde están las exigencias públicas para que el Frente Amplio excomulgue al corrupto ex vicepresidente Raúl Sendic? No están.

    Dice Oscar Botinelli en El Obervador, en una nota titulada Un procesamiento y tres golpes, que lo jurídico sería esperar una sentencia definitiva. Pero señala —verdad incuestionable— que desde el punto de vista ético y político ningún partido puede considerar aceptables los delitos de abuso de funciones y peculado por los que el mediocre hijo de papá fue procesado. Esperan su muerte por inanición para evitar asumir responsabilidades.

    Al apelar su procesamiento, sus abogados Gumer Pérez e Ignacio Durán sostienen que sufrió un juicio paralelo de la prensa que asumió el rol de juez y fiscal. “No se puede dejar de lado que cada vez más estos juicios paralelos inciden en la valoración social sobre el ciudadano indagado y sobre los operadores (juez y fiscal) penales intervinientes”, sostienen. En buen romance la culpa de que Sendic sea procesado es de la libertad de prensa y de la debilidad de los magistrados, porque los medios “inciden” sobre ellos.

    ¿Dónde están las manifestaciones públicas para exigirle al gobierno mayor represión y enérgicas medidas de lucha para combatir a rapiñeros, violadores, homicidas y narcotraficantes en lugar de atribuirles siempre a otros la responsabilidad? No están.

    Ese silencio les deja el campo libre a organizaciones de vecinos que buscan proteger sus barrios porque, como dijo el intendente de Canelones, Yamandú Orsi, “son ellos o nosotros”.

    ¿Dónde están las campañas para alertar sobre el peligro del consumo de marihuana que, según advierte la Junta Nacional de Drogas, los jóvenes observan como algo poco riesgoso? No están.

    ¿Dónde están los reproches de los defensores del medio ambiente a Adeom por su irresponsabilidad al haber ocupado la Usina Felipe Cardoso por reclamos salariales, lo que aumentó el riesgo sanitario mientras la ciudad es un basurero? No están.

    ¿Dónde están los quejosos sobre la eficiencia judicial que presionen al Poder Legislativo para que otorgue más recursos y permita que el Poder Judicial cumpla cabalmente sus cometidos? No están.

    ¿Dónde están las manifestaciones públicas para que en la Rendición de Cuentas se voten rubros suficientes para aumentar el número de fiscales para el nuevo proceso penal? No están.

    ¿Dónde están los defensores del patrimonio que nada hacen (ni han hecho) para preservar la casa donde nació Artigas en Cerrito y Colón que se alquila o se vende? No están.

    La lista es interminable y cada lector de Búsqueda podrá sumar ejemplos sobre esa indiferencia basada en que lo partidario está por encima de todo.

    Lo interno es solo parte. También apoyan a los corruptos, a los homicidas y a quienes en el exterior violan los derechos humanos.

    ¿Dónde están los mea culpa de las organizaciones, de los sindicatos y del gobierno por haber defendido durante varios años a la “compañera” expresidenta argentina Cristina Fernández, hoy procesada? No están.

    Fue una depredadora. Lo demuestran las imputaciones judiciales por corrupción y lavado de dinero y un reciente fallo que dice que el fallecido fiscal Alberto Nissman no se suicidó, sino que fue asesinado y Fernández lo encubrió para tapar responsabilidades sobre el atentado a la AMIA.

    ¿Dónde están las rectificaciones de las encendidas defensas al corrupto expresidente de Brasil Lula de Silva luego de que su condena fuera confirmada en forma contundente y lo metieran entre rejas desde donde comenta el Mundial? No están.

    ¿Dónde están las organizaciones defensoras de los derechos humanos ante el padecimiento del pueblo venezolano sojuzgado por el presidente Nicolás Maduro mediante delitos de lesa humanidad que analizará la Corte Penal Internacional? No están.

    En la reciente Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) donde se impulsó la expulsión de Venezuela el gobierno uruguayo jugó a las escondidas: se abstuvo, lo que significa apoyar a Maduro. El ministro de Relaciones Exteriores, Rodolfo Nin Nova, y el subsecretario Ariel Bergamino le hicieron poner la cara ante la OEA al director para Asuntos Políticos, el embajador Raúl Pollak.

    ¿Dónde están quienes deberían repudiar la violencia cometida por paramilitares a las órdenes del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, que embistieron contra organizaciones sociales con un saldo de más de 85 muertos y decenas de heridos? No están.

    Podrán seguir al pie de la letra los consejos para esconderse mientras aprovechan la pasividad de la oposición. Pero no hay vuelta que darle, más tarde o más temprano los ciudadanos se hartarán y no les quedarán lugares para esconderse. Entonces deberán rendir cuentas.