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    “El aborto, un derecho”

    Sr. Director:

    En el Nº 1.995 de Búsqueda se publicó una entrevista al biólogo molecular argentino Alberto Kornblihtt sobre El aborto, un derecho. El periodista le inquiere sobre si el bebé en el vientre de la madre es casi como si fuera un órgano para la mujer. Y qué pasaría después de las 28 semanas, ya que, a esa altura, un feto es viable, ya sea que nazca prematuro o sea extraído por cesárea.

    El Dr. Kornblihtt contesta: “Sí, es como si fuera un órgano; (…) el nacimiento para mí es el hito fundamental que produce el cambio fisiológico y conceptual de lo que es un bebé, (….) implica que el bebé respira, ventila por los pulmones, no se alimenta por el cordón umbilical, que la placenta ya no es más su contacto con la madre…”.

    Es de destacar que el embrión en desarrollo es un individuo genéticamente distinto a los padres, por lo cual no cabe decir que es como un órgano de la madre. La carga genética de los órganos de la madre es distinta a la del embrión. Pero, además, el genotipo del embrión es distinto al de cualquier otro individuo humano debido a un proceso que se realiza en las gónadas de los padres (ovario y testículos) por el cual se constituyen los gametos. Este proceso de recombinación genética se llama meiosis y es el que garantiza la sana variabilidad (inter)individual.

    La reflexión que me merece la contestación del Dr. Kornblihtt, es que parece seguir viviendo en el siglo XIX, cuando el comienzo de la vida, de acuerdo con los conocimientos de la época, se producía cuando la comadrona hacía llorar al bebé y efectivamente se lo veía respirar y alimentarse. Hoy, en la era de los diagnósticos metabólicos y genéticos prenatales o, incluso, de las operaciones fetales intraútero, realmente asombra oír a un biólogo molecular atenerse a tales criterios para definir el momento en que comienza la vida humana.

    Por otra parte, las ciencias biomédicas admiten en forma unánime que la vida humana comienza en el momento de la fertilización, es decir con la unión del espermatozoide y el óvulo. Hoy sabemos, además, que no es necesario que el ADN del espermatozoide penetre en el óvulo y se produzca la primera duplicación del cigoto. Apenas las membranas de los dos gametos se ponen en contacto, comienza un proceso de “desarrollo continuo” e “interdependiente” de un individuo genéticamente nuevo.

    Se habla de “desarrollo continuo” porque se gatillan una serie de eventos suave y continuamente concatenados (Befruchtungskaskade, Beier, 1992), cuyo orden no se puede variar, a no ser que haya intervención externa o una enfermedad intercurrente de la madre, ya que están predeterminadas genéticamente. Además, este desarrollo es “interdependiente” porque en cada etapa se “prenden y/o se apagan” distintos genes que determinan el inicio y fin de cada ciclo. Es decir, en lo genético existe una interrelación entre cada etapa que impide que el proceso sea discontinuo.

    El Dr. Kornblihtt le confiere relevancia, como criterio de comienzo de la vida, al hecho de que el feto no se alimente más por el cordón umbilical y que la placenta ya no sea más su contacto con la madre. Se debe recordar aquí que el feto tiene su propia sangre, que nunca se mezcla con la sangre de la madre. En la placenta los vasos sanguíneos de ambos se acercan, pero siempre están separados por tejido placentario. De manera que el feto toma el alimento de su ambiente, como cualquier individuo.

    Existen casos en los cuales algunos seres humanos, por distintas enfermedades o a causa de accidentes, quedan dependientes de un respirador mecánico y/o deben ser alimentados por vía parenteral o enteral por un lapso o incluso de por vida. Pueden quedar con distintos niveles de conciencia, algunos en coma pero otros con un estado de conciencia normal. Estos seres son dependientes de otros para su supervivencia (pérdida de autonomía). ¿A alguien se le ocurre que por este hándicap se los puede eliminar? De manera que también este argumento es discutible como criterio para negarle al embrión el derecho a la vida.

    El gran filósofo español Xavier Zubiri, que fue discípulo de Ortega y Gasset y nada menos que del más grande filósofo del siglo XX, Martin Heidegger, expresa así el concepto ontológico de la vida: “El hombre es siempre ‘el’ mismo aunque nunca sea ‘lo’ mismo”. En un lenguaje heideggeriano, lo primero enuncia el ser (lo ontológico) y lo segundo el estar (lo óntico). De manera que si bien la morfología (lo óntico) cambia, el ser humano (lo ontológico) se mantiene incambiado, desde la concepción hasta la muerte. Es a partir de este continuum vital que Zubiri sostiene que el embrión goza de dignidad desde que es cigoto, al igual que cualesquiera de nosotros (Cuadernos de Bioética, Madrid, 2000/1º).

    Volviendo al biólogo molecular Kronblihtt, cuando se le plantea que no es lo mismo abortar a las 37 que a las 3 semanas, dice: “Sí, por supuesto, pero yo no baso mi planteo en eso; (…) creo que es un derecho y que una vez que esté reglamentado en Argentina, dependerá de la decisión de la mujer”. Bueno, como se ve ahora el biólogo da un giro de 180 grados y ahora parece que lo que le importa es el derecho de la mujer. Comenta que la sociedad no puede prohibirlo, porque entonces un sector de la sociedad le impone a otro una “supuesta verdad”.

    Respeto la opinión del Dr. Kronblihtt, pero no la comparto. Definitivamente, la discusión es sobre cuál es la verdad sobre el comienzo de la vida y el derecho del nonato. De lo analizado surge que: A) Hoy día la evidencia científica a favor de que la vida comienza al momento de la fecundación (incluso antes) es tan avasallante que no es serio sostener lo contrario. B) La evidencia de que esa vida es humana (en el sentido de especie) tampoco puede refutarse. C) De acuerdo con la fundamentación bioética hecha más arriba, tengo la convicción de que esa vida humana prenatal tiene la dignidad para ser depositaria del derecho a la vida.

    Para concluir quiero apuntar que ya hace casi 50 años del Pacto de San José de Costa Rica (1969). Este se anticipó a los tiempos y enunció que “Toda persona tiene derecho a que se respete su vida (…) desde el momento de la concepción”. Como vimos, hoy día el conocimiento científico ha avalado el enunciado específico de esta convención. Sin embargo, y paradojalmente, aquí en Uruguay los grupos activistas proaborto han impuesto sus postulados a la izquierda y a sectores liberales. Por lo cual el Parlamento ha legislado en sentido contrario al mandato del pacto y a la evidencia científica actual.

    En suma, mi opinión es que el derecho del nonato a la vida colide con el derecho de la madre a abortar. Esta debe respetar la vida que lleva en su seno, a no ser casos obvios de riesgo de vida de la madre y otros ya recogidos en la jurisprudencia. Sé que este planteamiento hoy, en este país donde la “agenda de derechos” es lo único que parece entusiasmar a los legisladores, suena a políticamente incorrecto y no faltará quien lo tilde de reaccionario. Bueno, ya tengo mis años y posiblemente no lo vea, pero tengo la firme convicción de que mis hijos o nietos verán cómo esta verdad, que hoy está sojuzgada por una campaña oscurantista internacional, emergerá y sustentará el derecho inalienable del nonato a la vida.

    Dr. Francisco E. Estévez Carrizo

    Médico Internista/Farmacólogo Clínico