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    Martina Casás: “Sería justo” que el Frente Amplio revise su definición tras el fallo de la Justicia que consideró probado el acoso

    “El trato hacia mí como denunciante fue 100 veces mejor en la fiscalía y en el juicio laboral que en el tribunal” del FA, dice la exdiputada suplente, quien denunció por acoso al fallecido diputado Gustavo Olmos

    El caso fue un parteaguas en la interna del Frente Amplio (FA). Aunque la fuerza política terminó laudando a favor de Olmos, el tratamiento de la denuncia por parte de un partido que se define como antipatriarcal no dejó satisfecha a ninguna de las partes y profundizó el recelo entre las nuevas y las viejas generaciones de militantes.

    Pero el Plenario del Frente Amplio, cuando resolvió respaldar la conclusión del Tribunal de Conducta Política —que consideró no comprobado que hubiera existido acoso sexual—, dejó abierta la posibilidad de rever la resolución cuando fallara la Justicia. Por eso, tras el fallo favorable, Casás cree que lo “justo” sería que la fuerza política revise su decisión. No obstante, esperará a que termine el proceso judicial para evaluar si puede “dar la pelea”.

    La jueza Stefania Barosio condenó al sector a pagar a Casás una indemnización de $ 700.000, más multas e intereses. La magistrada consideró que quedó acreditado “el comportamiento inadecuado con connotaciones sexuales practicado hacia la Sra. Martina Casás por parte de su jerarca inmediato Sr. Gustavo Olmos, no deseado por ella, y que, no sólo le creó un ambiente de trabajo hostil o humillante, sino que amenazó con producirle un perjuicio en su situación laboral”. El sector anunció que apelará la sentencia.

    En entrevista con Búsqueda, Casás dice que, pese a las consecuencias que enfrentó por denunciar, lo volvería a hacer. Asegura que nunca imaginó la violencia que iban a sufrir las colegas y amigas que la apoyaron, y dice que en la Justicia la trataron 100 veces mejor que en el Tribunal de Conducta Política del Frente Amplio.

    —¿Qué significa este fallo para usted?

    —Cuando denuncié sabía que iba a ser un proceso difícil. Pero, aunque te lo dicen, te cuesta asimilarlo. Denuncié en diciembre de 2023 y estamos en julio de 2026, fue mucho tiempo. A veces solo quería que se terminara, no me importaba cuál era el fallo. En el juicio laboral tuve que asistir a todas las audiencias, escuchar a todas las partes. Era extenuante. Y escuchar los testimonios de personas que yo conocía y tenía confianza, testificar a favor de Olmos y de Marea, era difícil. Cuando archivaron la denuncia penal, fue un golpe. La fiscalía no llegó a citar a ningún testigo. Pero tuve la oportunidad de hacer el juicio laboral y pude obtener el resarcimiento de, por lo menos, una parte de la Justicia.

    —En este tipo de denuncias suele ponerse en duda el testimonio de la víctima. Más allá de la indemnización económica, ¿siente que el fallo le dio validez a su relato?

    —Para mí, sí. Lo que pasa es que, con el juicio laboral, la gente se centra mucho en el resarcimiento económico, como que lo hice por plata. En su momento, decían que la denuncia la hacía para quedarme con la banca. Yo la hacía para que una situación de acoso se terminara, para que hubiese justicia, para que no le pase a otra persona. Me da tranquilidad haber ganado un juicio, pero, por otra parte, está esa lectura, creo que desde el desconocimiento, de lo que implica hacer un juicio de acoso sexual en el trabajo. Aparte, el resarcimiento es el equivalente a 12 meses de trabajo. Y yo perdí mucho más que eso.

    —¿Cómo impactó en su vida hacer la denuncia?

    —Tuve que entrar en un tratamiento psiquiátrico, perdí el trabajo. Ahora estoy viviendo en Colonia porque no podía sostener la vida en Montevideo. He perdido posibilidades laborales y también me ha costado sentirme cómoda para presentarme a algunos trabajos. Si googlean de Recursos Humanos, lo primero que encuentran es que sos una persona que hace denuncias de acoso. Ha sido bastante difícil.

    —¿Y cómo impactó en su estado de ánimo?

    —Me ha costado mucho recuperar la motivación para hacer cosas. Y la militancia se trata de motivación. Incluso, más allá del Frente Amplio, podría hacer activismo ambiental y no lo hago porque no tengo la motivación que tenía hace unos años. Busco estudiar más que militar o hacer política. Son cosas tontas, pero yo era una persona que escuchaba música todo el día. Ya no lo hago. Ya no milito con alegría. Son cosas que uno va recomponiendo porque es joven, porque va a terapia, porque tiene un grupo de amigos. Pero, más allá de lo económico, el impacto emocional ha sido importante. Y eso es algo que no se ve. Me impactó mucho darme cuenta de que ya no soy la misma persona.

    Gustavo Olmos, durante la celebración del Día del Comité de Base, el 25 de agosto de 2022

    Gustavo Olmos, durante la celebración del Día del Comité de Base, el 25 de agosto de 2022

    —¿Cómo lleva el hecho de que su nombre se vincule a la denuncia? ¿Es algo que la condiciona al momento de pensar en volver a la política?

    —Yo me sigo viendo a mí misma como una persona que trabaja en temas ambientales. Estudié ecología política, sigo trabajando en los temas de ambiente, ahora desde la perspectiva académica, y estoy pensando en hacer un doctorado. Estoy tratando de reconstruirme desde ese lugar. Y sí, por mucho tiempo me van a seguir viendo así. Para algunos, voy a ser una feminazi, para otros, voy a ser... no sé. He tratado de reconstruirme para volver a hacer cosas parecidas, no exactamente iguales. Porque me parece muy difícil reconstruir ese camino; para mí, ya está perdido. No voy a poder volver a ser diputada.

    —¿Por qué no?

    —Me cuesta imaginarme eso.

    —La defensa en el juicio no se enfocó en negar los hechos —Olmos reconoció que hubo abrazos y besos—, sino en alegar que fueron consentidos.

    —Sí, decían que los hechos eran consentidos. Es muy difícil dar la discusión del consentimiento. Uno lo puede explicar legalmente: el consentimiento es revocable en todo momento, es informado. Pero a las personas que nunca les pasó esto, no tienen ni idea. Yo consideraba que la relación que teníamos era fraternal. No era el caso de parte de él. Entonces, si yo consentía un abrazo o un beso, no lo estaba haciendo en el mismo sentido que lo hacía él.

    —La defensa también planteó que se trataba de una relación horizontal, pero la jueza recogió tu planteo de que él era tu jerarca y el que te pagaba tu salario.

    —El centro de la tesis (de la defensa) es que era un vínculo horizontal y que todo fue consentido. Y que yo había tomado la decisión de denunciarlo para tener algún tipo de ventaja. En cierto sentido, siento como un privilegio que nunca me dijeron directamente que era mentirosa. Los hechos que yo relataba, todos estaban de acuerdo que habían pasado. Los testimonios que fueron al juicio a favor de Marea y de Olmos decían que ellos no sabían que yo tenía una relación de dependencia con Marea y que se enteraron cuando denuncié. Y que ellos siempre consideraron que yo tenía la misma jerarquía, cuando en realidad nunca siguieron una instrucción mía. Es algo que nunca vas a esperar de un suplente de diputado. No sos un par. Y, por otra parte, yo tenía la doble condición. A mí me pagaban por asesorar en la banca. Tenía que seguir todo el trabajo de Olmos, ser lo que le llaman su “sombra”. Y eso llevó a que Marea me empezara a rentar, pero mi salario se pagaba con las partidas de secretaría del diputado. Todas las transferencias bancarias se hacían desde la cuenta de Olmos. Entonces, había también una jerarquía financiera. Y eso también queda explícito en el fallo. Cuando fui a denunciar me preocupaba qué iba a pasar con eso. Es mi trabajo, es mi jerarca inmediato, es quien se encarga de mis salarios. ¿Quién se va a hacer cargo de esto?

    —¿Consideró que se iba a enfrentar a una figura de peso político y que a mucha gente le iba a costar ponerse de su lado?

    —Él era de la generación 83, las personas de esa generación lo apreciaban mucho. Todo eso te podrás imaginar que lo tuve en cuenta, porque en los casos de violencia de género es difícil que los demás acepten una imagen que no tienen de esa persona. Si es una persona que tiene puesta en un lugar de aprecio y de cierto afecto, es muy difícil que se lo imaginen de otra manera. Y no solo tenía muchos amigos y prestigio en el sector, también en otras esferas. Es un sector construido desde el afecto, y es muy difícil cambiar el afecto por la razón. Estoy segura de que Olmos era un buen padre, que era un excelente amigo, que debió ser un gran jefe para muchas personas. Pero conmigo no lo fue.

    —Conociendo a lo que se iba a enfrentar y las consecuencias que podía tener sobre su futuro, ¿por qué decidió denunciar igual?

    —Sentía que era lo correcto. Era como una cuestión ética conmigo misma. No la podés dejar pasar. No podría vivir conmigo si hubiese seguido ahí o si me hubiese ido sin denunciar. Y no quería que le pasara a otra persona, quería que se visibilizara que esto pasa. Para mí, era innegociable. Hay gente que me ha escrito para preguntarme: ¿vos denunciarías esta situación? Y siempre les pregunto: ¿tenés una red de contención? ¿Tenés a dónde ir a parar si te quedás sin trabajo? ¿Estás dispuesta a escuchar cosas que no te van a gustar? Muchas de las noticias feas las leía con mis amigas y, con un poco de tragicomedia, la llevás. Tenía con quién pasar esas cosas. No todo el mundo tiene con quién. Y no todo el mundo puede conseguir un abogado en el que puedas confiar, que tiene experiencia en temas de violencia de género, que pueda salir en la prensa y vos estés tranquila. Son un montón de factores que agradezco, porque tuve cierto privilegio.

    Martina Casás
    Martina Casás

    —¿Fue peor de lo que esperaba?

    —Mi abogado me iba aprontando para las etapas que iba a enfrentar. Me decía que iba a escuchar cosas que no me iban a gustar. Pero algo que no me esperaba fue la violencia que recibieron mis amigas, Dayana (Pérez, diputada suplente), Micaela (Melgar, exdiputada y actual directora del Instituto Nacional de Alimentación)…, las personas que me escucharon primero. La violencia contra ellas la verdad que no me la esperaba. Tampoco me esperaba lo violento del proceso judicial, la parte demandada era violenta a la hora de interrogar a las personas. A la profesional que me hizo la pericia psicológica la trataron horrible. Me pareció brutal. Una persona que no tenía ninguna relación conmigo. Capaz que es el modus operandi de las defensas, pero la violencia política que sufrimos en conjunto... Yo estaba dispuesta a vivir esa violencia, pero no había medido el nivel de violencia que podía sufrir la gente que me rodeaba.

    —Hoy, pasando raya, ¿volvería a denunciar?

    —Sí. Todas las veces. No todo el mundo está en condiciones de denunciar. Yo sí estaba en condiciones. Sabía que era horrible y que, así perdiera o ganara, de cualquier forma iba a aprender y a salir de mejor manera que quedándome dentro de la pose. Entonces, sí, volvería a denunciar. Pero entiendo que depende mucho del contexto. Y de saber qué podés tolerar. Yo soy joven. Eso también lo repensé: soy joven. No sé si una persona más grande, o con hijos, se anima a denunciar. Si tenés vínculos en común (con el denunciado), trabajos en común, te lo vas a cruzar en un congreso, en la calle, en el supermercado, lo vas a ver triunfar en la vida. Vas a ver a la persona que denunciaste asumiendo un cargo, moviéndose por ahí sin ningún problema. Por eso creo que las personas, a veces, se dicen: ¿de qué me sirve denunciar?

    —¿Qué vínculo tiene hoy con el Frente Amplio?

    —No estoy en ningún sector, es algo que me costaría volver a hacer. Colaboro con la unidad temática de ambiente, donde comparto la coordinación de la unidad con dos compañeros más.

    —¿Sigue militando?

    —Sí… O sea, hay cosas que me cuesta todavía hacer porque hay cosas que no están sanadas. El fallo del Tribunal de Conducta Política me parece injusto. Se apuraron a llevarlo (al Plenario) porque venían las elecciones. Yo ni siquiera estaba en el país, no podía hacer nada. Con todo lo que tiene que ver con violencia de género, tengo un apartamiento enorme. Que le permitieran volver a la banca a Olmos hasta que la Justicia impartiera un fallo, para mí, fue brutal.

    —Cuando el Plenario avala la resolución del tribunal, deja abierta la posibilidad de revisarla ante novedades de la Justicia. ¿El FA debería ahora reconsiderar su resolución?

    —Para mí, sería justo y le haría bien al partido. Pero lo importante en política son los calendarios políticos. A veces te van a decir que no es un buen momento y a veces te van a decir que puede pasar y capaz sale todo bien.

    —¿Va a plantear que se revise la decisión o espera que lo haga el partido por iniciativa propia?

    —Nadie va a tomar la iniciativa a menos que alguien lo diga. Voy a esperar a que termine la apelación y ahí voy a ver si me siento con ganas de dar la pelea.

    —Su denuncia generó un gran debate interno, no solo sobre los hechos, sino sobre cómo la fuerza política procesó el caso. Hoy está en discusión un nuevo protocolo sobre violencia de género, que plantea, entre otras cosas, que las denuncias sean analizadas por un equipo especializado. ¿Cree que esos cambios van en la dirección correcta?

    —Creo que sí. En mi caso pasaron varias cosas. Lo primero es que entraron dos denuncias, la que presentó Fuerza Renovadora sin mi consentimiento y la que presenté yo cuando me enteré de que iban a presentar una. Cuando vas a la Justicia una parte denuncia y la otra contesta. Yo hice un descargo sobre el informe del tribunal y las personas que están en el plenario nunca lo leyeron, no fue considerado a la hora de tomar una decisión. El tribunal llegó a su conclusión sin ser expertos, determinando algo muy complejo, que hasta para la Justicia es difícil. Está bueno que se aggiorne el protocolo y también que hagan una autocrítica de si tienen los mismos criterios para todos los casos.

    —A partir de su experiencia, ¿qué es lo central que debe mejorarse?

    —El trato. El trato hacia mí como denunciante fue 100 veces mejor en la fiscalía y en el juicio laboral que en el tribunal. Una locura.

    Banderas del Frente Amplio, en la previa del balotaje de 2024.

    Banderas del Frente Amplio, en la previa del balotaje de 2024.

    —En este tipo de situaciones se ha debatido mucho sobre qué hacer con los agresores, si es posible un abordaje más pedagógico que no los cancele, sino que les permita entender y corregir sus acciones. ¿Qué hubiera sido reparador para usted?

    —Una de las cosas que hice cuando recién había denunciado fue hablar con amistades de Olmos y decirles “acompáñenlo y hagan pedagogía”. No dejar sola a la persona. También está el tema de las segundas oportunidades, de que la persona siga en política. Para mí, tiene que seguir en política, pero no debería tener acceso a cargos de poder. Una persona que con un poco de poder puede acosar a una persona por debajo de su jerarquía, es una persona que no maneja bien el poder. Porque si las mujeres nos tenemos que ir de la política porque no podemos estar en el mismo espacio que nuestro acosador, que nuestro acosador tenga que aprender que no es una derrota y que puede seguir contribuyendo, pero no desde un espacio de poder.

    —El nuevo protocolo propone hacer énfasis en la reparación, en el pedir perdón. ¿Lo ve importante?

    —Sí, eso me hubiese encantado. No tuve la oportunidad ahora de que haya una reparación, obviamente, por la muerte de Olmos. El sector todavía está a tiempo, pero creo que se han abroquelado más en su defensa que en hacer una reflexión.

    —Este proceso, que dejó heridas y enojo en ambas partes, ¿dejó también aprendizajes en la fuerza política?

    —Hay mujeres grandes dentro de la fuerza política que decían que a ellas les había pasado y no habían denunciado, que no les parecía tan grave. Entonces, cuando una persona denuncia, se ven interpeladas, y de ahí surge el malestar. Creo que para que haya un aprendizaje tendría que haber cierta voluntad por parte de la fuerza política de aprender. Tiene que haber voluntad de escucha, de aggiornarse, cosas que no las veo explícitamente. Los cambios en el protocolo pueden haber sido un aprendizaje, no basado solo en mi caso, sino en varios. Y también, como dije, hay una cuestión de calendario. Puede haber voluntad ahora, que estamos en 2026, 2027, de hacer autocrítica. Pero ya después, cuando empiezan a acercarse las elecciones, estos temas, lamentablemente, pasan a segundo plano. Capaz que me dan una sorpresa bárbara, pero algo que aprendí en todo este proceso es a medir mis expectativas. El Frente Amplio no deja de ser una fuerza que tiene 53 años.

    —En Uruguay hay pocas mujeres en cargos políticos. ¿Lo que experimentó es una de las razones por las que las mujeres se alejan de la política?

    —Lo que yo viví es la expresión más violenta de las pequeñas violencias que hay. Hay violencia de género dentro de la política, un montón. Creo que tiene que llegar el día del gran paro de las mujeres, decir que no podemos sostener los espacios así. Porque las mujeres sostienen muchísimos espacios, pero nunca están en los altos lugares de la política. Y cuanto más cerca del poder, más violento se pone todo. No podemos construir política y luchar por el poder desde la violencia, y menos en una fuerza política de izquierda.