Respecto al aumento del precio de la carne en momentos de pandemia, ese directivo advirtió: “El mercado se regula y en eso no podemos participar, ni el gobierno debería hacerlo”.
—¿Cuál es la situación del agro local y las perspectivas del negocio en un contexto de pandemia por Covid-19?
—Uruguay es un país agroexportador por naturaleza como lo muestra la propia historia.
Con la llegada de la pandemia el agro fue el sector relativamente menos afectado por su forma de trabajar a la interperie, aunque en algún momento sintió el impacto por problemas en la logística, con algunos puertos trancados y en la demanda internacional también.
Hoy en día los astros se vienen alineando y da la sensación de que estamos en un momento de buenos precios de los productos, que están firmes y que van a durar un buen tiempo.
Estamos saliendo de una seca con muchas dificultades, y el clima en la pasada primavera y en el verano van a afectar lo que será la próxima preñez y la parición de terneros. Eso a su vez limita el volumen de producción de carne.
Los cultivos agrícolas fueron afectados y el rendimiento productivo de esta cosecha de soja no será el que se tiene normalmente.
Pero en definitiva el agro tiene la responsabilidad y el gran desafío de ser el motor de la economía para aportarle al país lo que necesite y salir adelante en una pandemia que significó mucho gasto.
El sector agropecuario colaboró en lo que ha podido en determinadas situaciones, como fue el aporte al Fondo Coronavirus y otras colaboraciones de productores anónimos y empresas.
En la ARU se hizo un esfuerzo grande con los socios que hicieron un aporte voluntario para poder alojar a personas en situación de vulnerabilidad en el predio del Prado. Eso se mantiene y al día de hoy tenemos gente alojada en las instalaciones de la Rural. La cantidad de personas alojadas varió de 30 hasta 100, según maneja el Ministerio de Desarrollo Social.
Somos conscientes de que el agro va a ser el puntal fundamental para que el país salga adelante de esta crisis.
—El gobierno parece haberle puesto una ficha al agro y el propio presidente dijo en la anterior Expo Prado: “Estoy con el campo”. Eso puede interpretarse como que los ruralistas son más afines al sector político que ahora gobierna.
—No estamos mirando a qué partido político representa el gobierno. En esta situación lo que hizo la ARU en el apoyo se hubiera hecho igual, no nos ata para nada quién sea el gobierno.
La ayuda y la predisposición no varía según el gobierno. En estas situaciones no hay partido político.
La ARU es una gremial apartidaria.
—Algunos sectores de la sociedad pensarán que la ARU tiene esa posición porque se trata de un gobierno integrado por blancos y colorados. Y que si fuera un gobierno frenteamplista sería distinto el accionar. ¿Qué opina?
—A pedido de la bancada parlamentaria del Frente Amplio, estamos coordinando una reunión presencial con la directiva de la Asociación Rural.
La reunión es sin agenda, pedida por ellos, por temas coyunturales, pero evidentemente se está generando un acercamiento importante.
Cuando el Partido Nacional y otros partidos de la coalición son gobierno también tenemos un acercamiento con la oposición.
Es muy bueno que sea a instancia de ellos, que pidieron que sea presencial por la importancia del mano a mano.
La actitud, y no solo de la ARU, sino de los productores rurales en general, es exactamente la misma en cuanto a la solidaridad con la población tanto rural como urbana.
—Para apoyar a sectores afectados por la pandemia es preferible que se colabore con alimentos que produce el sector, como puede ser en las ollas populares, en lugar del cobro de un impuesto.
—Son dos temas distintos.
En cuanto a las ollas populares se organiza la logística dentro del predio en el Prado.
Además, la ARU envió una nota a la Intendencia de Montevideo para tener su autorización con el objetivo de instalar un vacunatorio en los galpones de las instalaciones de la Rural.
A veces los resultados son distintos. El sector agropecuario con sus aportes al Fondo Coronavirus generó US$ 100 millones a partir de la renuncia al crédito fiscal correspondiente a la venta de ganado y recursos vinculados al Inac y al Inia.
En el caso del 1% del impuesto a los semovientes, lamentablemente los que sabemos cómo funciona somos los productores rurales. Ese impuesto tiene sus características y su burocracia, que los productores pagamos en la ventanilla de las intendencias y que el BPS lo devuelve vía certificado. En definitiva, es un impuesto neutro que lo único que hace es generar burocracia.
Lo que hicimos para el aporte fue renunciar a ese certificado, que en conjunto representa unos US$ 40 millones al año.
La herramienta por la cual se hizo el aporte fue un impuesto.
—Usted es tataranieto de Joaquín Requena, autor del Código Rural, y al igual que él es abogado. ¿Qué cambios en la legislación rural de los últimos años le parecen positivos y cuáles negativos?
—Hubo un proceso impositivo muy importante desde 2007 con la reforma tributaria impulsada por Danilo Astori, exministro de Economía, que está basada en la renta, que era muy correcta y que con el correr de los años se fue alterando con distintos impuestos, a los cuales la ARU denominó impuestos ciegos, que resultan en una mayor presión fiscal en el agro, que traducen todo esto a una pérdida de competitividad.
Eso sumado a otros factores como puede ser el costo del Estado, de los combustibles y de la energía eléctrica, lo que hace a Uruguay un país caro.
En un régimen fiscal donde se intentó que se basara en un impuesto a la renta, que es mejor y que de cierta forma apoyamos, después se fue tiñendo de otros aspectos que fueron atenuando esa intención de Astori.
En la medida que el agro pierde competitividad, el país en sí pierde competitividad, no solo el productor rural y el sector agropecuario.
Esas son las cosas que hasta el día de hoy nos complican. Uruguay con este cambio de gobierno todavía no lo ha abordado. Si bien sabemos que se han tomado medidas a pesar de la pandemia en cuanto a ahorros importantes, todavía sigue siendo un país caro.
Estamos con un gobierno que tenía una propuesta muy interesante en el plano de ahorro y de reducción del costo del Estado, pero que al asumir le cae la pandemia. Esa situación pasó a ser absoluta prioridad, lo que es entendido por todos. Fue un año en el que no pudo avanzar en lo que tenía pensado, pero que de todas formas ha dado órdenes muy claras a los distintos organismos para que busquen la forma de bajar los costos.
Venimos de una época muy buena de precios desde hace seis años, en la que el país tuvo recaudaciones históricamente buenas y el costo se disparó a la par o aun más de lo que fueron esos ingresos.
—En el contexto de pandemia y de suba en el valor del ganado, ¿el sector cárnico y ganadero podría elaborar una canasta o algún corte de carne a precios más accesibles para la población?
—Antes que nada, apoyamos en un 100% la libertad de oferta y demanda del mercado.
Tenemos una realidad en la que China está traccionando mucho, en volumen y en precio. Uruguay es un proveedor importante para ese mercado. El mercado se regula y en eso no podemos participar, ni el gobierno debería hacerlo.
De hecho, lo que termina pasando es que muchas veces terminamos en Uruguay comiendo carne importada.
—¿Es posible desarrollar nuevos estímulos para el productor ganadero a través de alguna medida desde Inac?
—Estímulos se pueden generar y muchos. Una de las medidas importantes es tener liberada la exportación de ganado en pie. Otra es la baja de los aranceles aduaneros para la mejora de la inserción internacional de los productos.
Esas señales provocan un impacto en las industrias exportadoras y después terminan repercutiendo en el precio del ganado.
Si al productor le abrís una perspectiva de venta y de seguridad de los mercados, porque no solo es cuestión de precios, sino de estabilidad en la demanda, entonces invierte y produce más.
Salvo algunos momentos excepcionales, hay una relación entre el precio de exportación y el del ganado.
Lo importante es la motivación que se le da al productor ganadero para producir más volumen. Tiene dos opciones: las vacas vacías las envía a faena al frigorífico o las preña y hace terneros.
—¿Qué opina del manejo que tuvo el Ministerio de Ganadería en el caso del “error” en los etiquetados de la carne exportada a China y la decisión de cesar a dos jerarcas?
—Con el Ministerio de Ganadería tenemos dos temas fuertes en los que estamos trabajando.
Uno es el plan de combate de la mosca de la bichera (enfermedad parasitaria que ataca al ganado). Ahí tenemos nuestras diferencias, como es el punto de la creación de un nuevo instituto. Apoyamos el proyecto en lo técnico, pero la ARU tiene diferencias con la postura del MGAP y de otras gremiales rurales en el cómo hacerlo. Un nuevo instituto, más funcionarios, más burocracia.
La ARU viene insistiendo en un análisis de la institucionalidad agropecuaria para saber si estamos bien, más o menos o estamos mal.
En cuanto al tema de China, no tenemos los detalles todavía como para saber qué pasó. Sabemos que se tomó la medida de remover a los responsables. Como en una cadena de mando cuando uno es director de determinado sector se hace responsable.
Más allá de que entendemos que los técnicos relevados de sus cargos son buenos profesionales y estábamos conformes con ellos, es una señal que había que dar. Y apoyamos la medida porque estos errores no se pueden cometer, porque le va la vida al Uruguay.