—La idea del partido es el trabajo en equipo. Es parte de la esencia de nuestro proyecto como organización política, con la rotación de compañeros en las distintas responsabilidades. También hay una apuesta a potenciar al compañero Daniel Olesker en las tareas de conducción del partido y del Frente Amplio. Entramos en dos años muy importantes respecto a la definición de nuestras grandes líneas programáticas para un eventual próximo gobierno y Daniel es el presidente de la Comisión de Asuntos Sociales del Frente Amplio y el secretario de asuntos de gobierno nacional del partido. Hay una apuesta a que concentre sus esfuerzos en esa tarea, y también a que mi experiencia como dirigente del partido y del Frente Amplio se pueda expresar en la actividad parlamentaria, como vocero del partido y del Frente Amplio, dentro de un trabajo que como Parlamento debe estar ligado a la estructura, a la militancia y el trabajo en el territorio.
—Eso dicen las encuestas de opinión pública, y hay una serie de indicadores o de hechos que lo ratifican. En primer lugar, el contraste grande que hay entre una economía que produce más riqueza que la generada en 2019 y una caída de los salarios y las jubilaciones, o problemas que el propio Instituto Nacional de Estadística identificó hace capaz que un mes sobre más de 500.000 personas que habían tenido problemas de alimentación. Tenemos una gran paradoja que es consecuencia de la política de gobierno: mientras el país produce más riqueza, las grandes mayorías, lejos de ver reflejada en su nivel de vida esa mayor riqueza que se genera, están viendo que se deteriora, con problemas para atender necesidades básicas. En cambio, una minoría se beneficia de ese crecimiento. Hay indicadores en ese sentido, como el incremento de los depósitos en el sistema bancario nacional, particularmente concentrado en las cuentas más importantes, de más de US$ 100.000, y el incremento de los depósitos en el exterior. Esas son las minorías privilegiadas. Por un lado, hay una situación económica y social difícil, crítica y grave, pero por otro hay un evidente fracaso en el gran caballito de batalla que tuvo la coalición de gobierno para la elección, que era la seguridad pública y la violencia. El problema no se ha resuelto y hasta se ha agravado. Y luego a esto se le suma esta situación institucional de hechos que la ciudadanía mira con gran preocupación. Me refiero, por ejemplo, a lo del jefe de seguridad del presidente, el llamado “caso Astesiano”, que aun en las hipótesis más benignas no deja de ser sumamente grave. Y otros hechos que ya se han denunciado oportunamente, como el nuevo contrato con Katoen Natie y la reciente decisión del Instituto Nacional de Colonización, lesionan la credibilidad del gobierno.
—¿Y cómo debe manejar el Frente Amplio este tipo de situaciones?
—El principal desafío del Frente Amplio no pasa por un juego de toma y daca del costo político, sino por la construcción de un gran bloque social y político que permita llevar adelante un proyecto de transformaciones. Obviamente que queremos ganar las elecciones, pero el problema es qué queremos hacer y qué soporte político y social tenemos para el programa de transformaciones que queramos implementar. Estos temas que tienen que ver con lo institucional. Hay que seguirlos parlamentariamente y ver los instrumentos para esclarecer hechos y deslindar responsabilidades. Pero la gran tarea política para el Frente Amplio pasa por discutir el modelo de desarrollo que se está aplicando, sobre el programa social y económico, y eventualmente levantar una propuesta alternativa. En última instancia, ¿qué es lo más grave que está pasando hoy? Esa tremenda distribución injusta del crecimiento que agudiza las desigualdades y el proyecto de reforma de la seguridad social, de reforma del sistema previsional.
—Parece evidente que el Partido Socialista y sus aliados van camino a apoyar una precandidatura de Carolina Cosse, anunciada como una de las oradoras principales del acto aniversario del lunes. ¿Cuándo lo oficializarán?
—No hemos discutido aún las eventuales precandidaturas, los nombres que se manejan y por cuál optaríamos. Al partido le resultan muy importantes las definiciones programáticas y eso debe ser el centro de las preocupaciones en este debate que se dará el año que viene en el Frente Amplio. Y en función de cómo se posicionen los distintos precandidatos o precandidatas es que tomaremos una definición. A título personal estoy muy satisfecho sobre cómo se ha desempeñado Carolina Cosse como intendenta de Montevideo. Reconocemos que tiene un respaldo que trasciende la capital. Me sentiría muy tranquilo si Carolina mañana fuera nuestra candidata. Además, es una compañera con la que hemos tenido muchas coincidencias.
—¿Qué evaluación hizo el Partido Socialista de la candidatura de Gonzalo Civila a la presidencia del Frente Amplio?
—La evaluación del partido fue positiva en cuanto a que, más allá de que el nivel de votación fue estrecho, durante la performance a lo largo y ancho de la campaña Gonzalo fue muy bien recibido por toda la estructura frenteamplista. Logramos plantear algunos debates políticos sobre para dónde debe ir el Frente Amplio y cómo pararnos para enfrentar el gobierno de derechas. En ese proceso construimos un espacio de coincidencias y alianzas con otros sectores que es importante para el Frente Amplio, y sin perjuicio de que hay que representar todas las identidades partidarias, es positivo que los sectores converjan en espacios y grandes propuestas. Eso no se puede forzar pero, si se construye, naturalmente creo que es bueno.
—¿Y considera que el Partido Comunista es parte de ese espacio que el Partido Socialista ha conformado junto con otros sectores?
—Nosotros tuvimos y tenemos un excelente diálogo con los compañeros del Partido Comunista. Compartimos además “La Montevideo que queremos” y el respaldo a la compañera Carolina Cosse, pero en su momento, cuando se planteó la elección interna del Frente Amplio, los compañeros tomaron otra opción. En cierta medida se apartaron, para la interna del Frente Amplio, de ese espacio en el cual continuamos nosotros y otros compañeros. Los compañeros no integraron ese espacio, pero tenemos un diálogo político fluido. Y hemos seguido construyendo coincidencias. Pensamos que podemos tener coincidencias muy importantes y las hemos tenido con los compañeros del Partido Comunista, así que es una posibilidad que por supuesto no descarto.

—¿Ustedes están haciendo una suerte de oposición, en buenos términos, a la conducción de Fernando Pereira?
—No hemos tenido ningún roce con Fernando Pereira. Tenemos una excelente relación con él, un diálogo abierto y un tratamiento fraterno y respetuoso. Sí hemos tenido algunas diferencias políticas con algunas posturas que han sido de Fernando, pero también de otros compañeros. Y las hemos planteado y discutido en el último plenario nacional. Pero no nos concebimos como una oposición, sino como parte de la conducción. Hay compañeros del partido que son presidentes de comisiones nacionales: Flavia García en la Comisión Nacional de Finanzas y Olesker, además de Gabriela Iribarren (PVP), que preside la Comisión de Cultura y forma parte de este espacio político. Hemos tenido algunas discrepancias políticas sobre algunas decisiones. En esos casos las planteamos y las discutimos. No me parece que sea del caso listar principales diferencias. Estamos alineados con lo que ha sido el congreso del Frente Amplio y su documento. ¿Y cuál es la estrategia? Para nosotros, la estrategia del Frente Amplio es la construcción de un gran campo popular alternativo o bloque social y político de los cambios. Nosotros no creemos que la mayoría que necesita el Frente Amplio, para ganar la elección y para gobernar, se vaya a construir a partir de acuerdos con partidos o sectores de partidos que hoy integran la coalición. La mayoría la tenemos que conseguir dialogando con la gente y demostrando, recuperando la confianza que perdimos de los electores, y expresando un programa que los represente.
—¿Y qué pasaría si el Frente ganase en 2024 sin mayorías parlamentarias?
—Habrá que considerar en ese momento el escenario y ver cómo logramos llevar adelante las transformaciones y eventualmente, cuando precisemos la mayoría parlamentaria, los votos necesarios. A juzgar por el desempeño actual, y este proceso político durante estos dos años, tenemos diferencias muy importantes con los partidos de la coalición.
—¿Y qué le parece la propuesta de Pereira y el exdiputado Amado de construir un espacio similar al ex Encuentro Progresista o la Nueva Mayoría que trascienda al Frente Amplio?
—Para nosotros el centro de la estrategia no es ese. El centro es la penetración democráticamente del mensaje frenteamplista en la ciudadanía y recuperar la confianza que perdimos de algunos sectores de la población para lograr esas mayorías que supimos tener.
—¿El Partido Socialista piensa incluir la reforma previsional en una propuesta de reforma constitucional en caso de que el proyecto en estudio del Parlamento se apruebe?
—En el Partido Socialista se habló de llevar adelante la reforma constitucional, involucrando varios aspectos. Se ha manejado la posibilidad de que entre esos aspectos se incluyan temas que tengan que ver con la seguridad social. No se ha tomado una decisión al respecto. No descartamos esa posibilidad, por supuesto, pero nuestro objetivo es el que te decía antes: que el proyecto no sea aprobado.
—¿Qué sabor le dejó la renuncia de Daniel Martínez al Partido Socialista?
—La desafiliación de un compañero o compañera siempre es motivo de tristeza. Máxime un compañero que ha tenido una trayectoria muy importante en el Partido Socialista. Más allá de las diferencias que hemos tenido en los últimos años, Daniel jugó un papel muy importante en el partido en tiempos de dictadura y fue un vocero calificado. Eso es un tema que se mira retrospectivamente, y le duele al partido que no pueda seguir construyéndose con todas las compañeras y compañeros, y máxime con compañeros que han tenido una trayectoria tan importante. Pero, por otro lado, también pertenecer a una organización política supone sentirse representado por ella y estar dispuesto a alinearse con las decisiones que toma. Entiendo perfectamente que cuando una persona, compañero o compañera, no se siente representado por la organización o sus voceros y no está dispuesto a alinearse a las decisiones políticas que se toman, e inclusive muchas veces todo lo contrario, tome estas decisiones. Incluso lo veo como un acto de honestidad intelectual.
—¿Cree que, como dijo Fernando Pereira, si el Frente Amplio gana las elecciones debe derogar aquellos artículos de la LUC que restringen libertades?
—Sí. Tras el referéndum los 135 artículos quedaron firmes. Pero estrictamente hablando, la gente no votó a favor de los artículos, sino por la no derogación de los artículos. Se trata de una ley que legítimamente un próximo Parlamento puede considerarla. Si se aprobara una ley que derogara una de las normas y alguien considera que eso no es una opinión que tenga un respaldo ciudadano, puede utilizar un mecanismo de la recolección de firmas y convocar a un nuevo referéndum para derogar esa ley derogatoria y que los artículos se mantengan firme. Comparto.
Cristina Fernández, condenada “sin las debidas garantías”