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    “El pecado original”

    Leyendo el libro “El pecado original - La izquierda y el golpe militar de febrero 1973”, se me han venido muchas cosas a la cabeza. En particular, recuerdos de las acusaciones que hemos recibido los colorados y batllistas de pertenecer a un partido golpista y “miliquero”.

    Pero primero, como corresponde, el reconocimiento a la investigación rigurosa y documentada de Alfonso Lessa. Un gran trabajo que se transformará en un muy importante documento que, de verdad, echa luz a un proceso histórico muy controversial.

    Segundo, mi sugerencia, a todos los frenteamplistas que han señalado a otros partidos de golpistas y ”milqueros”, que lean el libro referido.

    Tercero, mi decisión de no entrar en el juego de la izquierda de echarle la culpa de todos los males del país al Partido Colorado y analizar estos hechos lo más desapasionadamente posible. Porque reconocer errores es un buen camino para en el futuro no volver a vivir tiempos tan dolorosos. Y porque analizar la historia sin mala intención, es un valor republicano.

    Hubo ciudadanos que traicionaron la histórica identidad republicana y democrática del Partido Colorado; Juan María Bordaberry, al disolver las Cámaras en 1973, fue uno de ellos.

    Pero hay una tradición que construyó el país desde del fondo de la historia, que siempre estuvo del lado de las instituciones y que los que la seguimos, tenemos el derecho a reivindicar: el Batllismo.

    Batlle y Ordóñez, desde el diario “La Razón”, combatió la tiranía de Santos. Baltasar Brum no se inmoló en vano. Marcó a fuego y sangre el compromiso por la libertad del Batllismo.

    Ese sentimiento de libertad que envolvió el dolor ciudadano cuando la muerte de Julio César Grauert, mártir de la lucha por la democracia.

    El mismo sentimiento de libertad que retumbó, por los tiempos que analiza Lessa, con las corajudas denuncias que realizó en 1972 Jorge Batlle sobre las violaciones a la constitucionalidad que estaba realizando el Ejército que, a la postre, le generara ser el primer preso político de la época.

    Que prosiguió el 1° de febrero de 1973, en aquella memorable audición de radio Carve, a través de don Amíicar Vasconcellos, quien denunció que “nadie, salvo por cobardía, por comodidad o por ceguera histórica, tiene el derecho de ignorar que hay en marcha en este nuestro Uruguay —más allá de las declaraciones que se hayan hecho y que se puedan hacer— un movimiento que busca desplazar a las instituciones legales para sustituirlas por la omnímoda voluntad de los que pasarían a ser integrantes de la internacional de las espadas”.

    Que mostró la hidalguía del contralmirante Zorrilla —que al retorno a la democracia fue senador del Batllismo— que al mando de la Armada enfrentó los intentos golpistas de los comandantes de las demás fuerzas en febrero de 1973.

    Y que tuvo en la escena de su más noble defensa, con su presencia y oratoria parlamentaria, a los Sapelli, Hierro Gambardella, Paz Aguirre, Julio Grauert, entre otros.

    Paralelamente, sucedía lo que es conocido aunque no tan difundido sobre el posicionamiento de la izquierda ante los comunicados 4 y 7 de las FFAA de febrero de 1973. “El Popular”, diario comunista, predominante junto al PDC en el novel FA, como refiere Lessa, editorializaba marcando claramente su posición política. “Nosotros hemos dicho que el dilema no es entre poder civil y poder militar, que la división es entre oligarquía y pueblo, y que dentro de éste caben indudablemente todos los militares patriotas que estén con la causa del pueblo”.

    A su vez, en un acto en la Unión el 9 de febrero, el propio Seregni marca la posición del FA, alentando la visión de la supuesta línea “peruanista” del Ejército en el entendido que se pudiera conformar un gobierno con su participación.

    Carlos Quijano con “Marcha” quedó muy solo en aquellos tiempos de la izquierda.

    Lo que no era tan conocido y ahora pone al alcance de la opinión pública Lessa con su investigación, es que los contactos entre dirigentes de la izquierda, sindicalistas y militares golpistas fueron fluidos hacia junio de 1973 e incluyeron la coordinación de acciones, desde cómo llevar adelante las huelgas hasta el respaldo y la financiación de publicaciones militares en apoyo a Gregorio Álvarez. Son imperdibles, como la gran mayoría, los testimonios de Víctor Semproni y Ruben Villaverde en este sentido.

    Es un libro para leer, releer y preguntarse: ¿quiénes eran golpistas y “miliqueros”?

    Hubo tiempos oscuros en la historia de nuestro país. Y buena cosa sería aprender de ellos. Los batllistas lo haremos con la convicción que siempre defendimos a las instituciones democráticas. Y con la certeza de que en los tiempos de tiranía, junto a otros actores políticos, la acción del Batllismo fue vital en la búsqueda de los caminos que llevaron a reencontrar la libertad. Supongo que a nadie se le ocurriría hoy negar que Tarigo fue la voz y el rostro de los republicanos y demócratas en el plebiscito de 1980.

    En fin. Seguirán existiendo ciudadanos que nieguen los acontecimientos, miradas hemipléjicas de la realidad o intentos de tergiversar la historia.

    Pero los hechos son los hechos.

    Luis Hierro Freigedo

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