Uruguay se ha encarecido y la entrada de dólares debilitó el valor del dólar y ha permitido reducir la inflación. Ya nos ha pasado otras veces, donde por algún motivo externo o porque nos encarecimos, los flujos para la inversión o el carry trade dejan de ingresar al país porque pierde atractivo. Por eso, si la situación permanece en el tiempo y se sigue profundizando vamos a tener un sobresalto como en 1982 y 2002, eso es claro.
¿Si se sigue así podemos terminar como en 2002 o 1982?
Ojalá que no volvamos a tener crisis como las que tuvimos, pero si seguimos así algo va a pasar, porque esto no es sostenible en el tiempo. No podemos quedarnos con las manos cruzadas frente a esta pérdida de competitividad del sector exportador. Si la entrada de dólares termina generando problemas fenomenales en la competitividad, el país y los economistas tienen que encontrar los mecanismos para que algo positivo, como la entrada de capitales, no genere esos inconvenientes.
La preocupación aumenta día a día porque mucha gente está viendo que su negocio se complica por los resultados de la política macroeconómica. Hoy vemos que los argentinos, por los cambios que están teniendo en su país, están encontrando muy barato al mundo, pero Uruguay no aparece en esa lista.
¿Porque en Uruguay los temas competitividad son recurrentes? ¿Cuál es la lección que no se aprende?
Hay una cosa que es muy importante, y es el déficit fiscal. El gasto público está detrás de todo esto. No hay ninguna duda. Uruguay se ha endeudado mucho más en el último período de gobierno y sigue la lógica de los gobiernos anteriores. Tenemos un déficit permanente e importante, y ese es el padre de muchos de los problemas cambiarios. Inevitablemente el próximo gobierno tendrá que tomar las riendas en este asunto y hacer alguna modificación. Por otro lado, a Uruguay le entra plata porque es más serio que los vecinos, de eso no hay duda. Tampoco es un mérito fenomenal ser más serio que Argentina. Entonces, se desvía plata del mundo que podría llegar a Argentina hacia Uruguay, y a la vez, llega plata y de una forma monumental de Argentina a Uruguay. También ha influido la alta tasa de interés en pesos que ha tenido Uruguay, algo muy atractivo para el carry trade, que no solo lo hacen los extranjeros, lo hacen también los uruguayos, y es lógico que lo hagan.
¿Ve al sistema político con decisión y firmeza para atacar el déficit fiscal?
A algunos sectores los veo con más ganas que a otros. El déficit siempre es una gran tentación, pero no se puede seguir gastando más de lo que entra durante toda la vida. Los estados se financian con deuda o con inflación, ahora nos estamos endeudando y si eso permanece sabemos que genera problemas. No pretendo ponerme en el fondo económico del tema, sí digo que la lógica marca que esto no es sostenible en el tiempo. El dólar tiene que empezar a mejorar al ritmo de la inflación, sino el panorama es muy complejo.
Estamos en un año electoral, ¿qué balance hace del gobierno y sus lineamientos hacia el campo?
Cuando nos vamos de las políticas macroeconómicas, que son las que más van a influir sobre el futuro, y llegamos a las sectoriales, me sorprende que este gobierno no haya hecho ninguna transformación. Hay tres áreas para ver. Una son las regulaciones, y debemos tener claro que en cada una de ellas está el interés de un empresario o de una corporación. Se observa en el azúcar, donde los uruguayos pagamos el doble de lo que vale en mundo. Eso de que la industria trabaja porque no ingresan productos libres, son impuestos a las importaciones que también terminan siendo impuestos a las exportaciones. Hay decenas de regulaciones para analizar y sacar, cada una tiene el nombre y apellido del interesado en que esa regulación exista. Hay en las oleaginosas, donde algunas expresamente están para ayudar a Cousa, otras para ayudar a Alur. Y hay que decirlo, Alur es una de las vergüenzas más grandes que tiene este país. Me llama la atención que el gobierno no haya hecho nada. Por un lado queremos tener combustibles más baratos y por otro los encarecemos al obligar a mezclar con biocombustibles de Alur, con altos costos de producción. Si importáramos el etanol sería mucho más barato. Tampoco estoy convencido sobre si el nivel de mezclas que tenemos actualmente en Uruguay nos permite estar en una situación destacada desde el punto de vista ambiental. Acá nadie mide nada.
Mencionaba tres áreas para revisar, una son las regulaciones ¿cuáles con las otras?
Otra son las instituciones del sector agropecuario, este gobierno en vez de mejorarlas las ha empeorado. La LUC (Ley de Urgente Consideración) para el agro no hizo nada bueno, se crearon dos instituciones que todavía no sé para qué sirven, como el Instituto Nacional de la Granja y el de Bienestar Animal. En la granja hay una gran oportunidad que el país debería aprovechar. El mundo y los uruguayos estamos consumiendo más frutas y hortalizas, y las importaciones son cada vez más grandes.
¿Que está fallando para no poder capitalizar esa oportunidad?
Está faltando una mirada desde cero. Para que Chile se transformara en un gran exportador de algunas frutas, se mandó a personas a estudiar al exterior, formaron especialistas sabiendo que había mercados en el mundo donde ellos podían competir, empezaron de cero. Nosotros tendríamos que empezar por algo parecido.
¿En que institutos del sector hay que barajar y dar de nuevo?
A toda la institucionalidad la tenemos que revisar bien y analizar si las instituciones mantienen vigente los cometidos que le fueron asignados. Una buena cosa es preguntarse: ¿si este instituto no existiera que pasaría? Si la respuesta es no pasa mucho empecemos a preocuparnos y a hacer cosas. Hay muchos institutos que los debemos revisar a fondo para ver si justifican su existencia.
¿Cuales?
Hay ejemplos claros, los que se crearon en esta administración y el Instituto de Colonización, que se ha transformado en una fuente de clientelismo político, que reparte campos a los amigos de la política, algo totalmente absurdo. Y si pregunto para qué sirve Colonización, nadie tiene una respuesta clara.
Tuve mucho que ver con la creación del INIA y que fuera un organismo autónomo como lo es. Siempre decimos que la ciencia y la tecnología deben tener más recursos, al INIA nunca le faltaron y hoy es justo que nos preguntemos qué performance ha tenido y qué evolución ha mostrado.
Usted fue presidente del Inac, ¿qué opina sobre el trabajo de ese instituto?
Uno abre la web de Inac y parece que es un instituto que se dedica a las carnicerías más que al mercado internacional. Uruguay hoy en día tiene un precio promedio de exportación de la carne vacuna levemente por encima de los US$ 4.000 por tonelada, que no está muy lejos de lo que teníamos hace 11 años. Tuvimos una gran suba en 2021 y 2022, y después caímos de vuelta. Hace 10 años que estamos estancados. Mientras que otros países que vendían a precios parecidos, como Australia, hoy exporta a US$ 5.000 por tonelada, Estados Unidos está vendiendo a US$ 6.000 por tonelada. Naturalmente que Brasil, Argentina y Paraguay exportan con valores menores, pero algunos de esos países exportan volúmenes más grandes. Si Uruguay multiplicara por tres el volumen exportado, los precios serían similares a los de Brasil.
¿Por qué se estiró la diferencia de precios con Australia y EEUU?
Porque se hacen trabajos en el sector privado y en la parte institucional que Uruguay no realiza. Estuvimos en torno de 10 años solos en Estados Unidos, sin competencia de Brasil ni de Argentina, ahora están todos. No hicimos nada para posicionarnos. En lugar de preocuparnos por habilitar carnicerías en el interior, Inac debería invertir dinero en posicionar la carne uruguaya en los mercados estratégicos.
¿Faltó inversión para eso?
Sin dudas. Existieron y existen los recursos para tener otro posicionamiento en mercados importantes. En esos países Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda tienen oficinas e invierten en promociones con muy buena rentabilidad de acuerdo a los estudios que publican. Ese es el camino que se tendría que hacer, y prefiero eso antes que ver un Inac preocupándose por las carnicerías; no entiendo cuál es el objetivo. Además, Inac tiene que reducir su presupuesto y darle a los productores e industria un poquito de los impuestos que están pagando y, en definitiva, también a los consumidores uruguayos, porque hoy le sobra dinero a la institución.
¿En esa diferencia de precio con Australia y Estados Unidos tiene que ver la calidad de la carne?
No creo que vaya por ahí. Y si hubiera un tema de calidad, habría que transmitir la información que surge de los mercados para mejorar el posicionamiento. Eso es lo que tiene que hacer Inac. Y los aranceles que se pagan en distintos mercados es otro tema que tuvo mucho discurso pero muy pocos resultados prácticos. En muchos de estas cosas que vengo comentando el Frente Amplio nos dejó una situación lamentable, porque tuvo 15 años y no hizo demasiado para mejorar al campo ni para proyectar un futuro mejor del sector.
Y este gobierno, del que esperábamos un cambio radical, porque es mucho más cercano al sector agropecuario, lo comprende y lo entiende mejor, no vemos que lo haya hecho. Australia y Estados Unidos venden mejor y utilizan hormonas, acá están prohibidas, debería hacerse un trabajo a fondo sobre eso.
¿Mejorar la inserción internacional es un debe?
El posible tratado de libre comercio (TLC) con China no solo ha sido un fracaso, porque no se hizo, sino que nos posiciona mal para tener un TLC con Estados Unidos, que es un socio tanto o más importante que China. En carne vacuna tenemos un arancel de 26,3% por fuera de cuota, esa es la diferencia que tenemos con Australia, por eso insisto en que valía la pena el esfuerzo de ir a Estados Unidos. No sé por qué hubo un empecinamiento de ir solamente a China. Hoy estamos con la misma parálisis de apertura de mercados en materia arancelaria que teníamos en 2020. Lamentablemente no hemos progresado ni un centímetro.
De las tres áreas para avanzar en las transformaciones del sector mencionó a las regulaciones y la institucionalidad, ¿cuál es la otra?
Lo que hablábamos al principio, la política macroeconómica no puede condenar al agro y que le genere una situación como la actual, cuando se atraviesan serias dificultades para competir. También hay un área relacionada con la inversión, porque en un país que tiene un déficit importante se está invirtiendo mucho. Creo que la inversión tiene una pata muy buena, pero hay que medir qué retorno económico tiene cada una de esas inversiones.
No podemos olvidar que esas inversiones son hechas con recursos a partir de deuda tomada por el Estado, por endeudamiento directo o vía participación publico-privada, porque si alguien hace una carretera la pagará el Estado, exigiéndole a sus contribuyentes.
Es muy importante analizar la rentabilidad y el impacto que generan. Si quiero hacer un camino de cinco vías de Montevideo a la isla de Flores, eso aumenta la inversión y el empleo mientras se hace la construcción, pero ¿cuál es el retorno de esa inversión? ¿Qué podemos esperar? Nada. No digo que lo realizado hasta ahora no genere nada, pero tenemos que medir.
¿Todo lo que involucró a la inversión en infraestructura para UPM II puede contemplarse dentro esa situación?
La inversión de UPM es un caso muy particular. Primero no me parece razonable que el gobierno esté negociando con empresas privadas tan grandes, contrato por contrato y concesión por concesión. No sé por qué tenía que tener una zona franca. El contrato de venta de energía al Estado, el ferrocarril y todas las cosas de las que se ha hecho cargo Uruguay parecen un caso típico de una empresa que ha conseguido beneficios muy especiales que le han hecho evitar los costos que tenemos que pagar todos los uruguayos.
¿Qué rol juega la sostenibilidad en el agro uruguayo?
Hay un mundo que estaría dispuesto a pagar más por productos sostenibles, que surgen a partir de sistemas de producción cuyo balance entre emisión y secuestro de carbono sea positivo. A eso hay que medirlo muy bien y no sé si en Uruguay tenemos la capacidad de medir a fondo. Eso es esencial, porque hay países como Australia o Nueva Zelanda que hace 10 años que están trabajando y fijaron metas anuales para tener y mostrar progresos al mundo.
Lo más importante no es sacar grandes títulos que digan que tenemos una carne carbono cero, eso no sirve, como tampoco el Uruguay natural. Hay que tener una hoja de ruta que nos diga: hoy estamos parados acá, somos capaces de medir nuestra situación y este es el camino que tenemos para mejorar. Eso es lo que el mundo nos va a creer, no otra cosa. Hay que medir muy bien la sostenibilidad de las distintas producciones porque será cada vez más relevante.
¿Es una oportunidad para el país?
Sí. Uruguay tiene un sistema muy amigable con el ambiente. En la medida que el cambio climático tome más fuerza a nivel del consumidor, hay que presentar seriedad y ganarse la confianza, para que el consumidor busque nuestros productos por el sistema de producción que tienen.