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    ¡Esta vez sí se puede!

    N° 1973 - 14 al 20 de Junio de 2018

    ¡El Mundial ya llegó, para quedarse! Cuando esta edición de Búsqueda llegue a sus lectores, la televisión estará mostrando las imágenes de la ceremonia inaugural en el estadio de Moscú, y luego el primer partido, entre el dueño de casa y Arabia Saudita. A la misma hora, muy lejos de allí —en la localidad de Bor, a orillas del río Volga—, el Maestro Óscar Washington Tabárez y sus dirigidos estarán también observando, atentamente, ese choque entre esos dos próximos rivales, en la tensa espera de su debut ante Egipto, el día siguiente.

    No es aventurado pronosticar que se trata de un evento que va a “paralizar” al país, y la tensa expectativa previa de lo que puede pasar con la Selección dará paso a lo que suceda en los fastuosos estadios, dispersos en la inmensidad del territorio ruso. Y aunque no va a cesar esa marea celeste, que todo lo invade (no se salvó ni el David de la Intendencia), aparecerá, por fin, en la pantalla, el verde de la gramilla, y el rutilante despliegue de los mejores jugadores del mundo.

    Desde que tengo uso de razón, en cada una de las participaciones de nuestra selección en la fase final de un campeonato del mundo, la esperanza de que puedan revivirse las hazañas de 1930 y 1950 ha estado presente en buena parte de nuestros aficionados; ya desde el mismo Mundial de Suiza, en 1954, donde nuestra selección —con la base del equipo campeón de Maracaná, pero reforzado con jugadores de la talla de Santamaría, Abbadie, Hohberg, Ambrois y Borges— solo pudo alcanzar el 4º puesto (luego repetido en México 1970 y en Sudáfrica 2010), hasta el más reciente, en Brasil, en donde una serie de infortunios nos hizo pegar la vuelta mucho antes de lo esperado. Sin embargo, la fe del hincha se renueva cada cuatro años. Aunque —debo confesarlo— nunca como ahora, con una convicción tan firme y generalizada de que ahora sí puede darse lo que tantas otras veces se frustró.

    AFP, Pablo Porciúncula

    ¿Es lógico o razonable que ello ocurra? ¿O solo se trata de una vana ilusión, carente de todo fundamento? Puesto ante este dilema, debo decir que es esta, sin dudas, la mejor selección de estas últimas décadas, por lo que existen razones valederas para ubicarla —cuando menos— entre aquellos equipos que, a priori, tienen reales posibilidades de quedarse con el título en disputa.

    Es que el actual plantel es el decantado fruto de un inédito proceso de muchos años, regido, además, ininterrumpidamente, por un mismo e inteligente técnico, como lo es el Maestro Tabárez. Obsérvese que algunos futbolistas van por su tercer Mundial, y varios otros por el segundo, y que los demás han participado en torneos juveniles de relevancia continental, o mundial. Hay, además, un patrón de juego ya consolidado, al que es más fácil hacerle los ajustes que se requieren, para darle una mayor versatilidad; más aún, cuando es muy exiguo el plazo que tienen los técnicos de todas las selecciones para la preparación previa a la competencia. No es casual, entonces, que ya se tenga —y desde hace un buen tiempo— una formación titular prácticamente definida, mientras otros técnicos trabajan contra reloj para encontrar el equipo más apto para el debut en el torneo.

    A la firmeza tradicional de la última zona defensiva (con dos zagueros que, como Giménez y Godín, juegan juntos, en un mismo equipo, todo el año, y un Muslera, en el arco, con el que ambos se entienden casi de memoria), se suma la esperada renovación del mediocampo, con varios futbolistas promisorios, cuyo buen manejo (¡atención con De Arrascaeta!) puede superar un déficit, casi crónico, de las formaciones anteriores, en la fundamental tarea de asistir prolijamente a Suárez y Cavani, dos delanteros respetados por todos.

    Es claro, asimismo, que los rivales que conforman la serie de Uruguay tienen un nivel inferior al que, en circunstancias normales, puede mostrar el equipo celeste. Ese favoritismo no quiere decir que ya esté asegurado su pasaje a la siguiente fase del torneo (en el Mundial pasado se perdió el partido inicial ante Costa Rica —que era menos que Inglaterra e Italia—, lo que obligó a ganarles a estos para no quedar prematuramente eliminados). Y si, como es de presumir, Uruguay se clasifica en su serie, los probables rivales en octavos de final (que podrían ser España o Portugal) están también a su alcance, sin perjuicio de reconocerles su real valía.

    Es, pues, lógico pensar en la probabilidad de acceder a cuartos de final, porque existe material suficiente para ello. Habrá, luego, que toparse con los mejores equipos hasta ese momento, y ver cómo se llega a cada partido (las lesiones, el desgaste de la competición, las bajas por suspensión, o el acierto en una eventual definición por penales, son fundamentales); pero —aun respetando a los grandes equipos que pueden cruzarse en esa instancia— no hay por qué suponer que no se les pueda derrotar, y así acceder a las semifinales del torneo. Es lo que ya pasó en Sudáfrica 2010, tras la agónica clasificación ante Ghana; y aunque se perdió frente a dos potencias europeas (primero Holanda y luego Alemania), estos dos partidos resultaron ser los mejores que le he visto a una selección uruguaya en muchos años, al punto que solo nos faltó una pizca de suerte para terminar más arriba. ¿Por qué, entonces, no pensar, al menos, en repetir algo semejante, cuando —como ya se ha dicho— el actual potencial de la Selección es sensiblemente superior al de entonces?

    En suma: se cuenta con un plantel amplio y bien conformado, con jugadores experientes y de altísimo momento actual en sus respectivos clubes, a los que se han ido agregando, en los últimos tiempos, otros más jóvenes o con menos rodaje, pero suficientemente aptos para participar en una contienda de máxima exigencia. Existe en este grupo un clima de amistad y respeto mutuo, así como un fuerte compromiso para entregar, dentro de la cancha, todo lo que se tiene, en pos de la victoria. Y, a su frente, aparece un técnico que, cuestionado en muchos pasajes, ha sabido capearlos con firmeza, ganándose la confianza y el respeto de sus dirigidos, y también de buena parte de la prensa y la afición. Por otra parte, veterano ya de cuatro Copas del Mundo, posee una experiencia inigualable para la mejor búsqueda y obtención del objetivo fijado.

    Por supuesto que nadie puede asegurar que se llegue al título máximo (el propio Maestro ha dicho que en los Mundiales “siempre hay sorpresas”), pues hay varios equipos —Alemania, Brasil, Francia, Inglaterra y la propia Argentina— con credenciales suficientes para ello; pero sí que, en esta oportunidad existe una chance mayor de llegar más lejos que en las anteriores.