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    ¿Estamos todos locos?

    De arranque nomás les ratifico que me encanta nuestro país (no “este” país, sino nuestro país). Me gusta vivir en él, y compartir mi vida con nuestra gente, y este diálogo con ustedes, semana a semana.

    “Como el Uruguay no hay” —dijo alguien hace como un siglo, y, aunque no sabemos quién fue el autor, estamos lejos de desmentirlo.

     No solo tenemos un clima agradable, que nos permite disfrutar de nuestra penillanura levemente ondulada libre de volcanes, de terremotos, de tsunamis, de inundaciones y otras catástrofes naturales, sino que hay que ver el alivio que significa sentirse lejos del sangriento Ejército Islámico, de la barra cruel y asesina de Al Qaeda, de los energúmenos de Boko Haram, de los desgraciados yihadistas yemenitas, y otras pestes que asuelan y/o asolan (se puede decir de las dos maneras) a este sufrido planeta.

    Claro, no todo son rosas y suaves perfumes, y cuando cruzamos la calle porque vienen de frente unos muchachos, que no sabemos si van a jugar un picadito al baldío de la esquina, o van en procura de limpiar a un semejante en un ajuste de cuentas por un quítame allá esta boca de pasta base, percibimos que el miedo se ha instalado en nuestros tuétanos.

    Tampoco nos gusta el olor y el desparramo de la basura junto a los contenedores destripados por los hurgadores, ni los paros de los maestros, de los omnibuseros o de los tacheros, o de los chochamu del Sunca cuando hay un accidente que los toca de cerca, esas te las llevo, o de los distribuidores de refrescos, de lácteos, de los profesores, de los médicos o de los músicos de la Filarmónica.

    Pero hay veces en las que tengo la sensación de que estamos todos locos. Bueno, no todos, pero grandes cantidades de personas, que uno supondría lúcidas o medianamente inteligentes, y que se lanzan a las calles en apoyo, protesta o manifestación por causas difíciles de entender.

    Esta semana hubo unos cuantos connacionales (acompañados de algunos hermanos latinoamericanos) que salieron a la calle a apoyar el régimen de Nicolás Maduro, y a protestar por la “injusticia” internacional de acusar al gobierno “democrático” venezolano por las violaciones a los derechos humanos y las persecuciones a los líderes de la oposición, las masacres a los manifestantes que piden libertad de expresión, las clausuras a los medios de comunicación que no le bailan la cumbia al gobierno bolivariano de la revolución socialista del siglo XXI, y tienen al pueblo haciendo interminables colas para conseguir una bolsa de arroz, un litro de leche o un rollo de papel higiénico.

    Admitamos que no eran muchos, pero uno creía que no habría quórum para un aquelarre como el que presenciamos por nuestra principal avenida, y sin embargo salieron, caminaron, vociferaron y agitaron con una libertad que sin duda no habrían encontrado, si hubieran manifestado protestando contra cualquier cosa por la Avenida Principal de Lomas del Chuao, en el centro de Caracas.

    Human Rights Watch y Amnesty International se escriben en inglés, pero publican en español sus comentarios sobre Maduro y su régimen. ¿Los habrán leído?. Felipe González es una indiscutible personalidad socialista de prestigio internacional, aunque ahora para los manifestantes es un súcubo de la oligarquía neoliberal que acepta por un puñado de dólares la defensa de Leopoldo López y de Antonio Ledezma, y hablando de internacional y de socialista, los manifestantes deberían también tener en cuenta lo que la Internacional Socialista opina sobre lo que está aconteciendo en Venezuela.

    Al frente de los manifestantes ¿quién iba?...el “cobarde” de Raúl Sendic, a quien Maduro insultó y de quien se burló, acusándolo de querer “ganar indulgencias con los gringos”.

    Los periodistas le preguntaron qué hacía allí, y nuestro vicepresidente les respondió que “las diferencias personales no debían afectar el apoyo” al gobierno del presidente que dialoga con “pajaricos” y ve la mancha con la imagen del rostro del comandante extinto en una pared del metro de Caracas, “que después desapareció”.

    En la “multitud” que acompañaba a los manifestantes también se vio al Pepe Mujica y a doña Lucía, faltaba más, y al embajador venezolano, que todavía no debe poder creer que se juntara gente para una iniciativa semejante. Decí que la Julissa ya no está más, si no, aunque la marcha fuera también para criticar al orate de Obama, que declaró a Venezuela “riesgo para la seguridad de los Estados Unidos”, (en un centro que ni comparación con los que Suárez le levanta a Messi), también hubiera asistido, para terminar después en un asadito con fiesta en el Quincho de Varela.

    Se comenta que en los etcéteras también había otra gente que inexplicablemente acompañaba la marcha.

    Dicen que –sabiendo que Sendic desfilaba, y que ya había adelantado que no importaba si los blancos y los colorados no votaban la venia de Calloia, porque los puestitos que les había ofrecido el gobierno igual estaban seguros- varios dirigentes de la oposición participaron de la marcha, agitando banderas venezolanas y profiriendo cánticos y consignas que se entremezclaban con las de la columna que iba al frente. Hasta hay quien dice que, en medio de la vocinglería, se escuchaba a estos connotados dirigentes de los partidos tradicionales coreando “¡Maduro y Raulito, y vivan los carguitos!”, o también “¡Sendic y Maduro, que los cargos están seguros!”.

    El Pepe formuló declaraciones paralelas, como nos tiene acostumbrados, y en  medio de la marcha les dijo a los periodistas que no importaba que Nin Novoa hubiera dicho que no se iban a traer más presos de Guantánamo, ya que los que habían venido traídos por él se iban a poner a trabajar pronto, demostrando el acierto de haberlos incorporado al acervo nacional. Se estima que, sacando al que va a empezar una huelga de hambre frente a la embajada americana hasta que lo reciba el canciller, le den un sueldo de 4.000 dólares por mes y le importen a los 26 miembros de su familia que quieren venir a vivir con él, los otros cuatro dejarán pronto en Uruguay, para instalarse en Washington como asesores del  nuevo Secretario General de la OEA.

    —“Almagro shabe que shon bueno muchacho, y le vananshé muy útileshayá” —declaró el Pepe.

    Es cierto, no estamos todos locos. Pero hay una pila que hacen méritos.