N° 1896 - 08 al 14 de Diciembre de 2016
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLos datos de inflación del mes de noviembre publicados esta semana por el Instituto Nacional de Estadística (INE) mostraron una nueva moderación —la sexta consecutiva— en el ritmo de crecimiento de los precios al consumo, con el IPC acumulando una suba de 8,1% entre el penúltimo mes de este año y del 2015, en lo que de hecho constituyó el menor nivel de inflación en períodos de doce meses desde marzo de 2015.
Desde que la inflación interanual alcanzara un máximo de 11% en el mes de mayo, ese guarismo no ha parado de caer, con una baja de casi 3 puntos porcentuales en seis meses. Si bien la desaceleración mayor a la esperada de la inflación en noviembre se vio explicada principalmente por la reducción de los precios de los alimentos no elaborados (particularmente de las frutas y las verduras, que en meses anteriores habían tenido subas significativas por factores climáticos), pocas dudas caben respecto a que la moderación en el ritmo de inflación en los últimos seis meses tiene su origen en la evolución que ha mostrado el tipo de cambio.
En efecto, luego de mostrar una suba de 8,13% en el primer trimestre de este año tomando los valores promedio mensual, el dólar en Uruguay mostró siete caídas consecutivas entre abril y octubre, que llevaron a que en el acumulado a octubre pasara a mostrar una caída de 5,44%. En términos interanuales, mientras que en el año cerrado en marzo el peso uruguayo se había devaluado un 27,18% respecto al mismo mes de 2015, en los doce meses cerrados en octubre la moneda local pasó a mostrar una apreciación de 4,08% respecto a los niveles del mismo mes del año pasado, siempre tomando los promedios mensuales.
El abrupto cambio de tendencia en la evolución del dólar provocó una fortísima caída de los precios de los bienes y servicios “transables” internacionalmente, lo que a su vez fue el factor básico de la moderación inflacionaria global, aunque debe reconocerse que el menor dinamismo de la demanda interna también ayudó a moderar la inflación en los precios y servicios “no transables”.
Si bien los últimos datos de inflación resultan alentadores, estamos lejos de un escenario en el cual se pueda señalar que está bajo control, o que en relativamente poco tiempo se podrá ubicar dentro del rango meta definido por las autoridades, que como se sabe apunta a una inflación de entre 3% y 7%. Ello es así por varios motivos.
En primer lugar, las diversas estimaciones de “inflación subyacente” apuntan a que se ubica en el entorno del 9% a 10%, manteniéndose bastante por encima de la inflación global y sobre todo de la meta oficial. La indexación total en la práctica de los salarios nominales a la inflación, así como las necesidades fiscales que implican que se deban hacer ajustes de las tarifas públicas mayores a los que serían necesarios de acuerdo con la evolución de los costos de producción de los bienes y servicios suministrados por las empresas públicas son la explicación básica de por qué la inflación subyacente se mantiene tan alta. En este sentido, la suba que han tenido los precios del petróleo como consecuencia del acuerdo de reducción de producción alcanzado por la OPEP el 30 de noviembre, si es que se mantiene, será un factor que complicará la fijación de tarifas para el inicio del año que viene.
En segundo lugar, el efecto beneficioso sobre la inflación de la evolución del dólar muy probablemente cambie de signo en el año 2017, en función de lo que se anticipa será la evolución del billete verde en el mundo como consecuencia de la combinación de políticas económicas que muy probablemente aplicará el próximo gobierno encabezado por Donald Trump en EEUU. Esto es, una política fiscal más expansiva y una política monetaria algo más restrictiva. Durante el mes de noviembre ya ha comenzado a sentirse este impacto no solo en nuestro país sino en toda la región (en la plaza local el dólar subió un 2% en promedio, cortando una secuencia de siete bajas mensuales consecutivas), y sin lugar a dudas un dólar apreciándose en el mundo implicará presiones hacia una mayor devaluación del peso uruguayo, así como del peso argentino y del real.
En tercer lugar, el muy bajo nivel de competitividad que tiene en la actualidad la economía uruguaya hace que sea imposible pensar en repetir en los próximos meses el deterioro de precios relativos en contra de los sectores transables que se ha vuelto a generar a partir del mes de abril de este año. Ciertamente que el encarecimiento en dólares de los países vecinos ha dado oxígeno a muchos sectores, y es lo que permite anticipar una muy buena temporada turística para los meses iniciales del año que viene, pero el cambio en las condiciones financieras internacionales generado por la victoria de Trump en las elecciones de EEUU, dificultará mucho que tanto Brasil como sobre todo Argentina puedan sostener los actuales niveles de precios en dólares durante mucho tiempo más.
En definitiva, si bien parece claro que se logró evitar que la inflación alcanzara los dos dígitos en este año 2016, existen muchos factores que conspirarán para que se pueda alcanzar la meta oficial de entre 3% y 7% el año que viene. Aunque es probable que la inflación siga moderándose hasta el mes de marzo, pudiendo incluso ubicarse en algún momento del primer trimestre del año que viene por debajo del 8% en períodos de doce meses (debido a que el período enero-marzo de 2015 registró una muy alta inflación de 5,16%, lo cual llevará a que hasta ese momento la comparación resulte “fácil”). Pero será difícil que ello se sostenga en el resto del año.