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“La política fiscal debería centrarse en mantener la economía a flote durante la pandemia y apoyar un fuerte repunte posterior”
Mantener una buena calificación crediticia “es muy importante” porque favorecería la “consolidación fiscal” una vez superada la crisis sanitaria, afirma el director del Centro de Administración y Política Tributaria de la OCDE
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Ante una emergencia como la actual por la crisis del Covid-19, los gobiernos en general están tomando medidas “apropiadas” de estímulo fiscal y tributario, centrándose en apuntalar los ingresos de los hogares y facilitarle el acceso a fondos —liquidez— a las empresas. Luego, cuando el problema sanitario sea contenido, el foco tendrá que ponerse en “apoyar un fuerte repunte posterior”, aunque no todos los países estarán en igual posición para hacerlo.
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Con ese enfoque, Pascal Saint-Amans, director del Centro de Administración y Política Tributaria de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) piensa que, en Uruguay, el instrumento del subsidio de “seguro de paro” está “ayudando a amortiguar los impactos en el mercado laboral”. Para él, mantener una buena calificación crediticia “es muy importante, y esto debería influir en el momento y el peso de la consolidación fiscal posterior”.
Sobre estas cuestiones, abordadas en el informe La política tributaria y fiscal en respuesta a la crisis del coronavirus, solicitado a la OCDE por la presidencia saudita del Grupo de los 20 (G-20) y presentado hace pocos días a sus autoridades económicas, Saint-Amans dialogó con Búsqueda.
—Casi todos los países están desplegando políticas fiscales expansivas para mitigar el impacto del Covid-19. Con el tiempo transcurrido, ¿es posible afirmar qué tipo de medidas están siendo más eficaces que otras?
—Es demasiado pronto para realizar evaluaciones definitivas. Pero en una emergencia la preocupación inmediata es garantizar que se brinde ayuda donde se necesita, incluso si esto a veces significa que las políticas no son tan específicas como podrían serlo en principio. En ese sentido, las respuestas de la política fiscal y tributaria de muchos países han sido apropiadas, centrándose en el apoyo a los ingresos de los hogares, manteniendo a los trabajadores en el mercado laboral y apuntalando la liquidez de las empresas. Las respuestas rápidas y específicas tienden a ser más fáciles cuando los estabilizadores automáticos son fuertes. Uruguay puede confiar en que los fuertes estabilizadores automáticos, y las medidas para extender la duración de los subsidios de “seguro de paro”, así como permitir un desempleo parcial de manera más amplia, están ayudando a amortiguar los impactos en el mercado laboral.
—El “poder de fuego” fiscal es limitado en economías como las latinoamericanas. ¿Qué es lo más recomendable en cuanto al manejo de los ingresos tributarios y del gasto público en esta fase de la crisis?
—La política fiscal debería centrarse en mantener la economía a flote durante la pandemia y apoyar un fuerte repunte posterior. Cuando el espacio fiscal es limitado, la necesidad de una transición rápida de las respuestas de emergencia al apoyo específico es fuerte. Donde existan opciones claras para aumentar la recaudación sin que impliquen un riesgo de retrasar la recuperación o afectar negativamente a los hogares menos ricos, esto podría hacerse. Existe la necesidad de un incremento transitorio del gasto público, y siempre que el estímulo sea lo suficientemente fuerte como para garantizar una rapidez en la recuperación, el efecto estructural en las finanzas públicas debería ser soportable si las capacidades de aumento de ingresos se fortalecen una vez que la economía se haya recuperado. Dicho esto, el caso de un esfuerzo relativamente más fuerte por parte de los países donde el espacio fiscal es mayor tendrá efectos beneficiosos a escala mundial: aquellos con la capacidad de actuar deberían hacerlo, con fuerza, para garantizar un rápido y fuerte repunte de la economía global.
—Más allá de las flexibilizaciones que se dan a los contribuyentes durante la pandemia, ¿es necesario modificar otros aspectos de los sistemas tributarios?
—La política fiscal debe adaptarse a la naturaleza cambiante del riesgo durante la pandemia y después. En la fase inicial, lo principal es proporcionar liquidez. A medida que las medidas para enfrentar el problema sanitario se prolongan, algunos sectores económicos pueden enfrentar un riesgo de solvencia, y la política tributaria debería adaptarse, por ejemplo, al dirigir el alivio fiscal hacia las empresas con pérdidas. Una vez que la economía prospere nuevamente, la política tributaria puede centrarse en la cuestión de cómo restaurar las finanzas públicas. La discusión relacionada con la distribución de la carga ocupará un lugar central: el estrés fiscal podría amplificar los esfuerzos para asegurar que los impuestos sobre la renta de los hogares y las empresas se graven progresivamente, dados los fuertes esfuerzos comunes realizados para apoyar a la economía durante la crisis.
—Los déficits presupuestales y los ratios de deuda/Producto Bruto Interno se están deteriorando en todo el mundo. ¿Por cuánto tiempo serían sostenible estos desequilibrios? ¿El problema será más serio para economías como la uruguaya, que ya venían con importantes desajustes fiscales? ¿Qué valor tiene contar con el investment grade?
—Cuando los países demuestren que sus políticas fiscales son adecuadas para mantener el potencial económico durante la pandemia —para facilitar un repunte rápido y aumentar los ingresos de forma de poder abatir la deuda una vez que la economía vuelva a estar fuerte—, el impacto negativo de la crisis podría amortiguarse. En ese caso, la reputación se mantendrá intacta o se fortalecerá al mostrar capacidades de gestión de la crisis. Mantener una buena calificación crediticia es muy importante, y esto debería influir en el momento y el peso de la consolidación fiscal posterior.
—¿Hay margen como para instrumentar acciones globales coordinadas, del estilo de un Plan Marshall? ¿Habrá voluntad política para hacer algo de esto?
—El argumento a favor de una acción coordinada es fuerte, y la conciencia de la necesaria solidaridad por un bien entendido propio interés, también es alta. La OCDE y otros foros están trabajando para aprovechar este impulso. En un artículo de opinión, nuestro secretario general dijo: “En nuestro mundo global, muchas cuestiones ya no pueden abordarse dentro de las fronteras nacionales, ya sea un virus, el comercio, la migración, los daños ambientales o el terrorismo. La acción multilateral crea efectos secundarios positivos que serán más efectivos para cada país que si actuaran solos. Necesitamos un nivel de ambición similar al del Plan Marshall, que creó la OCDE, y una visión similar a la del New Deal, pero ahora a nivel mundial”. Las políticas coordinadas para amortiguar los impactos y acelerar la recuperación económica ofrecerán mejores resultados y ayudarán a restaurar la confianza, lo cual es clave para que las economías prosperen.
—En la crisis financiera mundial de 2008-2009, los países desarrollados promovieron una agenda a favor de la transparencia fiscal. ¿Podría haber una nueva ola en esa dirección ahora?
—Desde entonces la cooperación fiscal internacional y la lucha contra la evasión por parte de las empresas multinacionales ha avanzado significativamente, por ejemplo, a través del Estándar sobre Intercambio Automático de Información y el trabajo del Marco Inclusivo sobre BEPS, que ahora aborda los desafíos fiscales de la digitalización de la economía. En un entorno posterior a la crisis, con un mayor uso de servicios digitales y fuertes necesidades de ingresos, es probable que sea de mayor importancia abordar los desafíos fiscales de la digitalización y garantizar que las empresas multinacionales paguen un nivel mínimo de impuestos. Los formuladores de políticas podrían trabajar para evitar los riesgos de acciones unilaterales y la disrupción en la agenda tributaria y comercial internacional que podría resultar de no alcanzar un resultado basado en el consenso.
En general, la cooperación fiscal será aún más esencial para que las disputas en esta área no se conviertan en guerras comerciales que perjudiquen las posibilidades de recuperación económica. Esto también significa que habrá que avanzar en el aumento de la certeza fiscal, en particular mejorando la resolución de disputas y los mecanismos de prevención. A medida que se tense el margen fiscal, la tolerancia en los países en desarrollo a la evasión internacional disminuirá. Las herramientas desarrolladas para luchar contra la evasión deberían ser plenamente efectivas para todos los países.