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    “Lo insuficiente es ahora más insuficiente”

    Cineastas, actores y técnicos se concentraron frente a la Torre Ejecutiva para reclamar por un Fondo Audiovisual sin reajuste desde 2008

    El 4 de setiembre de 2014, en la Torre Ejecutiva de Presidencia, se firmó un documento de cerca de 170 páginas llamado Compromiso Audiovisual que plasmó la voluntad de las autoridades nacionales —a través de los ministerios de Educación y Cultura, Economía y Finanzas, Industria, Energía y Minería y Relaciones Exteriores— para impulsar un mayor crecimiento de la producción audiovisual en el quinquenio 2015-2020.

    El lunes 14, un año después de la firma de aquel compromiso, la Asociación de Productores y Realizadores de Cine del Uruguay (Asoprod), la Sociedad Uruguaya de Actores (SUA) y Gremiocine (sindicato de técnicos) convocaron a una concentración en la Plaza Independencia para protestar por el “estado de emergencia del cine nacional” y para “apagar todos juntos” sus últimas luces. Tres grandes focos apuntaban hacia la Torre Ejecutiva y dejaban bien iluminada, como un acusado bajo interrogatorio, la palabra “Presidencia”.

    “En este tiempo el Poder Ejecutivo no cumplió ni siquiera con el más importante punto de la lista, el que sustenta la producción cinematográfica nacional: la actualización por IPC del Fondo Nacional de Fomento Audiovisual. Nos sentimos engañados en nuestra buena voluntad”, dijeron los organizadores a través de una proclama leída por Juan Álvarez Neme y Guillermo Rocamora, directivos de Asoprod.

    En la proclama se quejaron del retiro del apoyo que daba el BROU para el lanzamiento de películas, y de la negativa de Antel de crear una plataforma streaming para filmes nacionales que “costaba casi lo mismo que el recital de Elton John”, que la empresa apoyó.

    Los gremios también denuncian la alianza de Antel con “un tanque extranjero como Netflix”, al que aloja gratis en sus servidores. “Al día de hoy Netflix tiene solo tres producciones nacionales en su catálogo. Esta es la política que hoy tiene nuestra mayor empresa estatal. ¿Por qué no le exigimos a Netflix que compre 8 o 10 películas nacionales por año si quiere vender sus servicios en Uruguay?”.

    En 2008, con el primer gobierno de izquierda, se votó la Ley de Cine que creaba el Instituto de Cine y Audiovisual de Uruguay (ICAU), dependiente del MEC, y se destinaron 25 millones de pesos anuales al Fondo de Fomento Audiovisual. A partir de entonces, la producción de películas dio un salto: a comienzos de 2000 se producían dos al año; en 2012 fueron 14.

    “Lo que parecía un sueño en la década de los 90 se estaba volviendo realidad: existía un cine uruguayo. Pero esta ley estuvo mal redactada por legisladores y autoridades a cargo y el Fondo nunca se actualizó por inflación. Lo que eran 100 pesos uruguayos en 2008, pasaron a valer 60 al día de hoy. Imagínense ustedes que se les haya congelado el sueldo al valor de hace siete años”, continuaron los oradores y anticiparon que en el 2020 la pérdida real será de un 70 %.

    Los gremios del sector insisten en que no piden más dinero, sino que se reajuste el Fondo de Fomento retroactivo a 2008, y que se continúe actualizando por IPC.

    “Es una industria que mueve un sector importante. Somos más de 700 técnicos que trabajamos en el sector y comemos de esto. No estamos hablando de fortunas ni de millones de dólares, sino de millones de pesos para mantener este fondo”, dijo Aníbal Fernández en representación de Gremiocine. Por su parte, Lila García, en representación del SUA, dijo que no se está pidiendo nada extra, sino lo que corresponde por ley: “Lo insuficiente es ahora más insuficiente”, agregó.

    Luz, cámara y… extras.

    Algunas cifras pueden resultar significativas, como saber que hay 4.000 estudiantes que cursan carreras audiovisuales en Uruguay, o que en 2014 se vendieron 70.000 entradas de películas nacionales, y que fue uno de los peores años en cuanto a la taquilla. “Se vendieron esas entradas en desigualdad de condiciones, en tiempos de plataformas y descargas por Internet, en tiempos en que casi hay que pagar por exhibir una película uruguaya en una sala”, dijo Christian Font, en representación de los críticos de cine.

    “Amodio nos robó un poco de cámara”, dijo por el micrófono uno de los organizadores antes de que comenzaran los oradores, porque esa tarde el foco de atención no estaba en el cine sino en el procesamiento con prisión del ex tupamaro.

    Detrás de una pancarta, un grupo de extras llamó la atención de varios fotógrafos. Estaban allí para apoyar las reivindicaciones del sector, aunque no pertenecen a ninguna de las agremiaciones. “El SUA dice que no somos de ese sindicato, así que no sabemos de quién somos. Entonces hacemos lo que podemos, y hacen con nosotros lo que quieren”, dijo a Búsqueda Alberto Raimundi. “No somos actores, somos talentos”, agregó.

    El “talento” es el protagonista de un comercial. A veces tiene un rol coprotagónico, con uso de voz o sin uso de voz. Es un puesto que ambicionan los extras porque, además de tener destaque, está arancelado y tiene un precio para el mercado local y otro para el exterior.

    Sin embargo, cuando no son “talentos” sino simples extras, no tienen ninguna seguridad en cuanto a lo que ganan. “Nos ponen una cifra y nos dicen ¿te gusta? y nosotros decimos sí o no. Existen unos valores de plaza y de mercado y la cosa fluctúa en un piso de 600 pesos para arriba por 12 horas mínimo, si la filmación dura más, hay un plus que casi siempre se cumple”, explicó Raimundi.

    En general los extras participan en comerciales, como Marisol Almeida, una joven que hace un año que trabaja en el rubro y ha hecho publicidades de dos marcas de cervezas, pero también fue extra en la película italiana Onda per onda, que se terminó de filmar en Montevideo.

    Raimundi hace ocho años que es talento y extra. Fue protagonista de comerciales de AFAP Banco República, de Movistar para el Día de la Madre y de unas 45 publicidades más. También trabajó con un papel destacado en la película uruguaya Mr. Kaplan, de Álvaro Brechner, y en Zanahoria, de Enrique Buchichio. “En Zanahoria fui el coronel Ferreira, el único que usaba uniforme“, explica.

    Hay agencias que se dedican exclusivamente a trabajar con extras y proveen a las productoras, pero ahora la crisis también les llegó a ellos. “Este año hubo un gran parate que generalmente se produce cuando hay vacaciones en el hemisferio norte, pero ahora duró como un mes más. Veremos qué pasa”.

    Juan Ignacio Fernández, director del documental Las flores de mi familia, apeló en su intervención al poder simbólico del cine. Recordó que siendo un niño se emocionó con la epopeya de Viven, de Frank Marshall, y que le preguntó a su madre por qué si era una historia uruguaya los personajes hablaban en inglés. “Tuvieron que pasar 35 años para que un uruguayo pudiera contar esa historia con los propios protagonistas de un modo íntimo en La sociedad de la nieve”, explicó al recordar la película dirigida por Gonzalo Arijón.

    También se refirió al poco tiempo que se mantienen en cartel las películas nacionales. “El hombre nuevo, de Aldo Garay, estuvo una semana en cartel en los cines comerciales. Es un documental sobre los derechos de género, algo que está en la agenda de este gobierno y que estuvo en la del anterior. Ahí es cuando el gobierno se olvida de que la cultura no se puede medir solo en términos de plata. Si quieren medirla así, pues bien, esta película salió 50 veces menos de lo que pueden salir tres comerciales del Mides que intentan transmitir ese mismo mensaje de aceptación y no discriminación”, dijo entre aplausos.

    Una de las imágenes de Fernández fue la del cine como el álbum de familia de un país. Y allí se proyectaba en una pantalla gigante parte de ese álbum: con los muchachos desganados de 25 watts, con la cara redonda y despeinada de Anina, con el ferrocarril de Corazón de fuego, con el rostro esperanzado de César Troncoso en El baño del Papa o con el derechazo potente de Horacio Camandule en Gigante, y así seguían una tras otras las imágenes de la historia del cine uruguayo.

    Cuando los focos que iluminaban la Torre Ejecutiva se apagaron simbólicamente el lunes 14, también se apagaron esas escenas, y aunque quisieron sacarle dramatismo, una sensación de desánimo invadió la plaza.

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