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    “Los electricistas” y la trampa que hizo caer a un asesino serial

    La Justicia de Colonia indaga a un enfermero y a una doctora por la muerte de dos pacientes

    “A esa enfermera habría que levantarle un monumento”, dijo uno de los participantes en la reunión del Consejo de Ministros el lunes 26 luego de escuchar al ministro del Interior, Eduardo Bonomi, relatar los pormenores de la investigación policial que llevó al procesamiento de dos enfermeros por el asesinato de 15 personas.

    Entre varias autoridades del Poder Ejecutivo quedó la convicción de que si la funcionaria del Hospital Maciel no recurría a la Policía, Marcelo Pereira y Ariel Acevedo seguirían asesinando pacientes hasta el día de hoy aun cuando las “sospechas” habían llegado a oídos de las autoridades del centro asistencial, dijeron a Búsqueda fuentes del gobierno.

    Tras el éxito inicial de la operación “Ángeles”, la Dirección de Crimen Organizado recibe cerca de 20 denuncias por día de personas que creen que un familiar suyo pudo haber sido víctima de los procesados o de algún otro enfermero o doctor que aún este libre.

    Esas sospechas, que son analizadas por la Policía y el Ministerio de Salud Pública, tuvieron su primer resultado favorable ayer miércoles 28 en la ciudad de Colonia. A partir de una denuncia anónima, la Policía detuvo a una enfermera y a una doctora que trabajan en ese departamento por el presunto homicidio de dos pacientes, entre ellos una mujer de 99 años, mediante inyecciones de “cócteles“ de drogas.

    La jueza resolvió anoche dejar en libertad a los indagados y solicitó nuevas pericias a la Policía.

    Autoridades policiales dijeron a Búsqueda que el caso “no está relacionado” con el de Pereira y Acevedo, quienes fueron imputados de homicidios cometidos en el Maciel (cuatro) y en la Asociación Española (11).

    Tirarse a “la piscina”.

    Una de las líneas de trabajo de la Justicia en el caso de los enfermeros procesados es determinar el grado de responsabilidad de las autoridades de los centros asistenciales en los que ocurrieron los homicidios.

    Según los informantes, desde hacía tiempo tres funcionarias sospechaban del enfermero, dos de las cuales habían transmitido esa opinión a jerarcas del centro asistencial a mediados del 2011.

    En noviembre una funcionaria del Maciel que tenía dudas sobre Pereira recurrió al ex director de Medicina Legal del Instituto Técnico Forense Guido Berro para solicitarle asesoramiento sobre un tema poco habitual: quería saber “cómo podía probar” que un enfermero estaba asesinando pacientes.

    Berro le sugirió que llevara adelante “una suerte de auditoría” de las historias clínicas, pero que de ninguna manera “se tirase a la piscina” sin pruebas. Además, le explicó que debía “hacer firmar” todos los planteos que hiciera para que quedara constancia de lo que estaba sucediendo.

    A partir de esas sugerencias, la enfermera presentó una propuesta al director de la Unidad de Cuidados Cardiológicos del Maciel, José Pedro Patritti, quien en diciembre autorizó la creación de una comisión encargada de hacer un análisis de las muertes en esa área, que es de cuidados intermedios.

    “Los electricistas”.

    En enero, como las investigaciones internas no prosperaban, una funcionaria del Maciel decidió recurrir directamente a la Policía. Durante una reunión con personal de Crimen Organizado, la denunciante contó sus sospechas sobre Pereira y añadió que en la “Asociación Española había un núcleo de enfermeros que mataban gente” (Búsqueda Nº 1.655).

    Las pesquisas avanzaron poco hasta que el 12 de marzo Pereira mató a Santa Gladys Lemos, una paciente del Maciel. Ese hecho llevó a la Policía a tomar declaraciones a varios funcionarios del centro asistencial y a pedirle a las autoridades del hospital que “no tomaran ninguna acción administrativa con el trabajador”, pero extremaran “las medidas de vigilancia en forma sigilosa” sobre el sospechoso, según contó el ministro de Salud, Jorge Venegas. A la dirección del centro asistencial se le “dijo textualmente”: “Pongan al mejor jugador de su equipo a vigilar al goleador del equipo contrario”.

    El enfermero fue detenido el viernes 16 por la tarde. El juez y los policías tenían claro en ese momento que la evidencia contra Pereira era insuficiente para procesarlo y que si no lograban avanzar rápido deberían dejarlo en libertad una vez cumplido el plazo legal de 48 horas. “No tenían una prueba terminante”, relató Bonomi al gabinete.

    El interrogatorio avanzaba y Pereira negaba todo. Después de una hora de fracasos, los agentes decidieron cambiar la estrategia y tenderle una trampa.

    “Dejate de mentir que te tenemos filmado”, le dijeron.

    Y Pereira cayó. El enfermero lo creyó casi al instante y de ello culpó a “los electricistas”. Es que días antes de su detención, habían concurrido electricistas al Maciel para hacer unos arreglos, pero el asesino dio por cierto que lo tenían filmado y pensó que esos trabajadores eran en realidad agentes encubiertos.

    A partir de ese momento el enfermero se quebró y comenzó a colaborar con la Policía y a confesar la comisión de los homicidios.

    Los procesados compartieron horario cuando trabajaban en la Española

    Los enfermeros Marcelo Pereira y Ariel Acevedo, procesados por 15 asesinatos, compartieron turnos mientras trabajaron en el Centro Neuroquirúrgico (CN) de la Asociación Española, donde cometieron al menos 11 homicidios.

    Fuentes de la institución privada consultadas por Búsqueda dijeron que durante los años en que trabajaron en la mutualista, los dos asesinos coincidieron en varias oportunidades en los horarios de trabajo y otras veces tenían turnos consecutivos en los que se veían cuando uno comenzaba y el otro salía de trabajar.

    En sus declaraciones ante la Justicia, ambos procesados dijeron que actuaban solos y no sabían que el otro estaba matando pacientes

    Ambos enfermeros cumplían tareas en el Centro Neurológico, uno de los siete CTI que tiene la mutualista, desde hace 20 años.

    El Centro tiene ocho camas con presencia diaria de médicos, enfermería y un limpiador. Es un CTI abierto con un mostrador en el centro y el personal de enfermería nunca estaba solo.

    Según datos de la Policía, Pereira sacaba del Centro Neuroquirúrgico de la Asociación Española medicación que luego utilizaba para matar en el Hospital Maciel. Es que el enfermero también trabajaba en la Unidad Cuidados Cardiológicos (UCC) de ese centro asistencial.

    A diferencia de lo que ocurría en el Maciel, en la Asociación Española tanto Pereira como Acevedo tenían una buena relación con sus compañeros de tareas. Tras conocer su procesamiento, varios funcionarios se mostraron sorprendidos porque desconocían lo que sucedía “ante sus ojos” y por tratarse de compañeros que desde hace décadas trabajaban allí.