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    ¿Maradona o Messi? Los valores de un ídolo

    Nº 2207 - 5 al 11 de Enero de 2023

    En su libro El mundo ha vivido equivocado y otros cuentos, el “Negro” Roberto Fontanarrosa narra la historia de Pedro, un correcto futbolista que jamás dio una patada con malas intenciones, nunca un insulto, cero expulsiones y siempre hizo declaraciones mesuradas hacia los rivales y los jueces. “Una niña. Un Duque, el Pedro”. La hinchada lo apreciaba, lo quería. Pero no era ídolo.

    En un momento la prensa le inventó un noviazgo con una mina del ambiente y se le armó un lío bárbaro con Isabelita, su novia de toda la vida. Cuando jugaron al domingo siguiente, su marcador empezó a hablarle y calentarle la cabeza: “Que vos no podés andar con esa mina”, “Que si sos macho entrá al área y te parto en cuatro”… hasta que Pedro le pegó un trompazo y le arruinó la cara. Lo expulsaron y le dieron varias fechas.

    Cuando regresó a las canchas jugaban de locatarios y al pisar el campo de juego… “¡se venía abajo la tribuna, mi viejo! La gente gritaba: ‘¡Y coja, y coja, y coja Pedro, coja’, cantaban los negros. Era una locura. ‘Y pegue, y pegue, y pegue Pedro, pegue!’ Ahí empezó a ser ídolo. Es que no podés ser ídolo si sos demasiado perfecto, viejo. Si no tenés ninguna fulería, si no te han cazado en ningún renuncio… ¿Cómo mierda la gente se va a sentir identificada con vos? ¿Qué tenés en común con los monos de la tribuna?”.

    Este cuento viene como anillo al dedo para comparar los estilos de liderazgo (y de idolatría) de Maradona con Messi. Ambos son unos genios dentro de la cancha. Las opiniones de especialistas y público en general se dividen por mitades para afirmar quién es el mejor del mundo. Pero fuera de la cancha… la cosa es muy diferente.

    Maradona representa la viveza criolla, la picardía del potrero, el ganar haciendo trampa (la mano de Dios), la juerga, la noche, las festicholas con las mejores modelos, el escaparse de las concentraciones para ir al cabarute, la farra, hijos no reconocidos por doquier, la Ferrari negra y la merca, mucha merca. Además, le gustaba (o lo usaban) para acercase al poder político, siempre del lado equivocado: los Kirchner, Fidel Castro, Nicolás Maduro y hasta se tatuó al nefasto Che Guevara en su brazo. Un desastre. Pero divertido, polémico y con mil anécdotas. Sin dudas que era un ídolo. Un ídolo argentino.

    En cambio Messi es como Pernía: aburrido (Mario Sapag dixit). Está casado con su noviecita de la infancia, una hermosísima mujer de familia de muy buen pasar, que bien podría ser una “botinera” más, pero eligió ser una esposa fiel y madre de sus tres hijos. Messi representa la meritocracia, el esfuerzo personal, la disciplina y el profesionalismo. Nunca se quiso mezclar con la política y los políticos, al punto tal que se negó a compartir el balcón de la Casa Rosada con el “ocupa” del Alberto Fernández y sus secuaces.

    Messi, hasta hace pocos días, podía ser reconocido como el mejor del mundo, pero no era ídolo. Y para muchos, ni siquiera lo fue cuando le hizo ganar a Argentina la tercera copa mundial. Pero sí se colocó la cucarda de ídolo cuando le dijo al jugador neerlandés Weghorst (el autor de los dos goles de Países Bajos): “¿Qué mirás, bobo? Andá p’allá, bobo, andá p’allá”.

    Este “exabrupto”, no solo fue celebrado “por los monos de la tribuna”, sino por la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien en su cuenta de Twitter publicó: “Gracias infinitas, capitán… a usted, al equipo y al cuerpo técnico, por la enorme alegría que le han regalado al pueblo argentino. Y un saludo especial después de su maradoniano ‘andá pa’allá bobo’, con el que se ganó definitivamente el corazón de los y las argentinas”.

    Estas son las dos argentinas que están en juego: la del populismo berreta, la ordinariez, la trampa y la corrupción por un lado y la Argentina de los Alberdi, los Borges, los Favaloro y los Messi, que quieren ganar el partido con reglas claras, en base al mérito, al esfuerzo y la honradez.

    ¿Cuál de los dos ídolos triunfará?

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