N° 1812 - 23 al 29 de Abril de 2015
N° 1812 - 23 al 29 de Abril de 2015
Accedé a artículos gratuitos y newsletters de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáUno de los focos en que han centrado sus baterías algunos candidatos a la Intendencia Municipal de Montevideo ha sido el precio del boleto urbano.
Es cierto que para un grupo de consumidores el precio es un factor determinante a la hora de decidir la compra de un producto o servicio, pero lo cierto es que el precio incide en un porcentaje no mayor al 20% en la decisión de compra. Las investigaciones muestras que tanto las empresas, como las familias, abandonan más a sus proveedores por haber recibido un mal servicio, que por un mal precio.
Tomemos como ejemplo la baja del boleto de $ 24 a $ 18, es decir, $ 6 más barato. Si la inmensa mayoría de la gente toma un ómnibus para ir y otro para volver de su trabajo, se ahorraría $ 12 por día, $ 60 por semana y $ 240 por mes. Es el equivalente a un “combo” por mes en cualquier cadena de comida rápida. ¿Tanto poder tiene una hamburguesa por mes como para cambiar la decisión de un consumidor (en este caso un consumidor de candidato a intendente)?
Lo que la gente más se queja del transporte urbano no es de su precio, sino de la calidad del servicio: ómnibus incómodos, sin aire acondicionado (lo que los transforma en un sauna en verano), lentos, acompañados por una estridente cumbia villera como música de fondo y con una atención por parte de conductores y guardas que en no pocas ocasiones deja mucho que desear.
Hagamos números (que ayudan a aplacar la emoción y a aflorar la razón). Se venden 290 millones de boletos por año. Si en vez de bajar su precio se destinaran esos $ 6 para mejorar las unidades y la agilidad en los traslados, tendríamos 1.740 millones de pesos (290 x 6), o unos 64 millones de dólares por año. Como hay boletos de estudiantes, de jubilados, otros que viajan gratis, etc., vamos a bajar esta cifra a la mitad: 32 millones de dólares.
Si instalar un equipo de aire costara U$S 10.000 por unidad, esto da para comprar 3.200 equipos por año. Cutcsa tiene unas 1.100 unidades, con lo cual en menos de cinco meses todas tendrían aire. Y si cada bus cuesta U$S 200.000, con U$S 32 millones se compran 160 buses nuevos por año.
Buses más nuevos, menos contaminantes y más ágiles, podrían ahorrar mucho tiempo en traslados diarios a cada trabajador. Supongamos que solo ahorraran 10 minutos por tramo o 20 minutos por día. Son 6 horas y 40 minutos por mes. Si el valor hora de un trabajador lo ponemos en $ 60 ($ 1 el minuto), cada trabajador se ahorraría $ 400 por mes, mucho mejor que los $ 240 por la baja del boleto, y además puede dormir unos sagrados minutos más y llegar más temprano a su hogar.
En casi todos los rubros, la calidad por el servicio tiene prioridad sobre los precios bajos. Además apunta a un consumidor más informado y más exigente, que presiona sanamente a las empresas a mejorar, entrando en un círculo virtuoso por la calidad y no en un círculo vicioso del precio bajo, el servicio bajo y la calidad de vida baja.
Es el nivel de formación y exigencia de los consumidores lo que determina, en gran parte, la calidad de los productos, de los servicios y de los empresarios que los producen. Es también el nivel de formación y exigencia de los votantes lo que determina, en gran parte, la calidad de los gobernantes que nos damos. Unos y otros deberían elevar sus miras.