—¿No pensó en pasar al ámbito público?
—No estoy en política. Más allá de que parezca, no es así. Creo que hay etapas para todos, capaz que a los 40 años, algunos años atrás, me seducía la posibilidad de hacer algo ejecutivo en el ámbito público. Y de verdad, por deformación de lo que hago me seducía el tema de (la Intendencia de) Montevideo. Me seducía, de verdad. Pero hace algunos años atrás. Tengo 55 años y debo ser coherente. Habiendo desarrollado toda mi actividad en el plano privado, no creo que tenga que comenzar con una actividad política, que es un plano totalmente distinto. El que no crea que es diferente se equivoca. ¡Es absolutamente diferente! Podrás ser un gran exitoso empresario y en la política no dar pie con bola.
—¿Por qué habla de coherencia?
—Entré en el directorio de Cutcsa con 32 años y soy presidente de forma ininterrumpida desde los 36. Es una empresa fundamentalmente presidencialista por su tradición. Y eso expone mucho al presidente. Cuando entré fui impulsado por un grupo de gente que no quería que el cargo fuese para catapultarse a la política. Entré comprometido con eso y por eso hablo de coherencia. En Cutcsa transportamos 650.000 personas por día, la presencia en Montevideo es muy fuerte en todo sentido, no solo en el tránsito. A veces la propia empresa te da la posibilidad de sentirte que podés hacer otra cosa.
—¿Se planteó trasladar su experiencia en la empresa privada a la gestión municipal?
—Claro. Ahí es que está la fuerza de la juventud, que me hacía pensar —y que me gustaba además— en ocupar un cargo público. Quizás lo que se pueda decir es que en esta instancia con Tabaré Vázquez, he tenido una mayor exposición. Pero siempre aclaré que no era desde el punto de vista político, sino desde el punto de vista absolutamente personal. Tabaré Vázquez para mí —como yo sé que soy para él— es un amigo. Yo lo rotulo dentro de ese grupo, y dentro de ese círculo no hay muchos que se tengan. Por eso, en mi relación con él recorro todos los códigos que se tienen con los que uno piensa que son amigos de verdad. En primer lugar implica no solamente estar cuando la cosa está bien. Los amigos están siempre. Apoyarlo más en el error que cuando está todo bien. Porque en las fáciles están todos. Más que una amistad personal es una amistad familiar. Podemos estar con Tabaré un fin de semana cocinando, pasando como pasa cualquier persona, sin hablar absolutamente nada de temas trascendentes ni de fondo. No es ni más ni menos que eso.
—¿Es un rol de asesor honorario que surge por la confianza de un amigo?
—Fue un reconocimiento, porque yo no hago más que lo que hacía antes. No sé si le puedo llamar asesorar. Dije hace poco que Tabaré no necesita asesores porque su principal asesor es él. Pero eso no lo digo de forma despectiva, es que él tiene otra forma de trabajo. Él escucha. Tabaré escuchó durante toda la campaña. Escuchó unas cosas, escuchó otras y después resolvió. Como debe ser, en definitiva, tomando la decisión final.
—En la resolución se mencionan los temas de logística comercial, comercio exterior y competitividad integral. ¿En que temas profundizan?
—Mi relación o el diálogo con Tabaré no es: “Vamos a hablar de este tema y mirá que vos tenés que hacer esto o lo otro”. ¡No, no! Es agarrar un tema, analizarlo y conversar. Y evidentemente creo que le sirve para que tenga opiniones que no tienen ningún tipo de interés. ¡De ningún tipo! Mucho menos político. No es una opinión viciada de ningún posicionamiento, ni de nada. Y además una visión de alguien que lo ve desde el punto de vista comercial, desde el punto de vista empresarial. Que escucha otras campanas que para él es difícil escucharlas, porque esas campanas que uno escucha, cuando él pasa suenan distintas.
—¿Esa relación de amistad le permite ser más franco?
—Algunos empresarios me comentan cosas en un plano de igualdad, pero a él no le dicen lo mismo. A veces porque no se tiene la oportunidad, pero teniendo la oportunidad tampoco se expresan con total libertad. Todos miden cuándo decirle las cosas. Unos optan por decirlo en el momento que caiga menos mal, si no son buenas las noticias. O cuidan mucho el cómo. Y después están los otros que lisa y llanamente le dicen lo que quiere escuchar. Eso les pasa a todos los presidentes. Mi situación es diferente. Como mi cargo principal es ser amigo suyo, hablo de cualquier tema y le digo lo que me parece. Le doy un punto de vista que a otros capaz les cuesta más, ya sea porque tienen otras dependencias o por lo que sea. Eso a él le sirve y lo aprovecha. Escucha, escucha y después actúa. Y toma las decisiones que tiene que tomar.
—En algunos ámbitos su relación con el presidente la ven con cierto recelo. ¿Le molesta?
—Se da un mito con lo que puede ser mi cargo. No hago ni más ni menos que lo que hacía y lo que hice siempre. Conversar, estar, tratar de acompañar al amigo cuando necesita estar acompañado… En una buena. Y no dejar de decirle si uno ve una cosa o tiene algún punto de vista. Para mí no es presidente. Se lo decís con el respeto que se lo decís a un amigo. Pero no al presidente, se lo digo al amigo. Es una relación de confianza, como otros tienen con otros jerarcas y eso no tiene misterio.
—Después del triunfo de Vázquez, en la interna frenteamplista varios dirigentes sabían que para el presidente electo era el hombre que tenía que candidatearse a la Intendencia de Montevideo. ¿Manejó la posibilidad de correr esa carrera?
—Sí, es así. Pero (Vázquez) me ha respetado muchísimo lo que le he planteado. Hasta lo último lo voy a acompañar, pero no por una cuestión política. Cero de eso, sino por una cuestión de ser su amigo.
—Pero teniendo el aval del presidente electo, ¿pensó más seriamente la posibilidad de postularse?
—Sí. Pero no es mi intención entrar en política. Yo estoy en la siguiente posición. Para mí él es un gran amigo, y yo lo voy a ayudar y voy a estar con él como estaría con cualquier de los que siento que son realmente amigos. Tengo amigos de toda la vida, que nacimos juntos. Soy muy amiguero en ese sentido. Y él sabe que si necesita, voy a estar. Pero lo he tenido que aclarar: que se queden tranquilos que no le voy a ocupar un lugar a nadie. Porque si no, hay quienes empiezan a sacar cuentas. Sé que he sido un fantasma para algunos. Que calculaban adónde iba a ir, o qué lugar iba a ocupar. Muchos estaban preocupados. Pero yo les decía cuando los veía preocupados: “Quédense tranquilos que yo no voy a ocupar un solo lugar de nadie”. Ya tengo trabajo y esa es la realidad. Tabaré sabe que si mañana necesita y me dice: “Juan, preciso que me hagas esto o lo otro”, —que, por supuesto, cualquiera de los favores que me pueda pedir son cosas claras y normales—, sabe que lo voy a ayudar. Pero también va a respetar mi decisión de acompañarlo en esta situación de amistad. Y estamos con eso, acompañándolo de la misma manera que estuvimos desde antes que fuera presidente. Pasando juntos muchísimos fines de semana.
—¿Su relación personal se extiende a la familia también?
—Claro. Es con la familia, con la señora (de Vázquez), María Auxiliadora, y con los hijos. Una relación de confianza que no viene de ahora. Que se afianzó cuando él estaba dejando la Intendencia de Montevideo (1994).
—Mencionó la importancia de los valores en la amistad. Vázquez hizo mucho hincapié en recuperar ciertos valores que se perdieron en la sociedad. ¿A cuál hace referencia usted?
—En política —en todo, en realidad— el valor del respeto de la familia. Pero no solo la familia carnal, también el respeto del barrio. ¡Lo que aprendimos nosotros! En definitiva, con algunos años de diferencia, con Tabaré somos de una generación donde el que te formaba era el barrio. Más allá de las cosas que vos veías en tu casa —que por supuesto veías trabajo—, te formaba el barrio. El club del barrio, el boliche del barrio, era parte de la escuela de uno. A veces recuerdo cosas o dichos de los veteranos del boliche, que te decían cosas importantes que ni siquiera era bueno que te lo dijera tu viejo. ¡Era bueno escucharlo ahí! El respeto por los demás, el valorar cada una de las cosas que uno tiene. Respetar a los compañeros de trabajo, a los compañeros de equipo si estamos en algo en común. Yo creo que al presidente de la República hay que decirle las cosas, de alguna manera hay que hacerle ver si está equivocado. Eso es imprescindible. Ahora, en algunas cosas más allá que el posicionamiento que uno pueda tener hay que adecuarse y hay que acompañar a quien lidera la situación. Y eso no es ser menos. Es tener un valor de equipo. No quiere decir que en la previa exista la conversación, el tratar de cambiar, de discutir. Pero no se puede estar vendiendo lo personal continuamente. Hay un momento que hay que gobernar en equipo.
—¿Cómo ve el inicio de la segunda administración de Vázquez?
—Creo que se esperaba que a esta altura ya estuvieran algunas leyes más encaminadas. La transición, en definitiva, fue compleja. Más compleja de lo esperado. Salido de la Ley de Presupuesto y encaminados los Consejos de Salario, ahí Tabaré va a meter un empujón con las leyes que él quiera llevar adelante. Igual estamos viviendo una particular movilización, pero su capacidad de trabajo está siendo muy buena.
—En un futuro cercano, pensando el próximo gobierno, ¿en qué rol o lugar se ve?
—No me veo siguiendo la cuestión política. La verdad, no. Hoy me parece que lo más cercano que estuve fue en esta oportunidad y fue para acompañar a un amigo. Lo volvería a hacer, y es muy lindo. Estuve cerca. Pero realmente nunca hice nada para estar donde estoy.