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    miércoles 05 de junio de 2024

    “Mientras que el dólar subía en el mundo, en Uruguay fuimos a contramano y eso complicó la competitividad”

    El economista Alfonso Capurro indicó que, debido a los efectos de la sequía, se recortó la estimación de crecimiento anual de la economía, de 2,5% a 1%, y propuso pensar en una agenda para cambiar el potencial del país

    La grave sequía que atraviesa Uruguay, que generó grandes pérdidas productivas, llevó a que la consultora CPA Ferrere realizara una “importante corrección a la baja de las proyecciones de crecimiento económico para este año”, confirmó a Agro de Búsqueda el socio de dicha empresa, economista Alfonso Capurro. El profesional recordó que “antes del verano habíamos estimado un crecimiento del orden del 2,5% y ahora lo bajamos al 1%”.

    Capurro admitió que “es un crecimiento bajo para una sociedad que todavía tiene reclamos pendientes”, y planteó que, más allá de las coyunturas, es importante pensar en una agenda para cambiar el crecimiento potencial.

    El consultor también confirmó que “la agricultura de secano fue la que más sufrió este año” y señaló que los efectos de la sequía en la ganadería se reflejarán más adelante, en la producción de terneros y faena.

    Sobre la cotización del dólar, comentó que “mientras subía en el resto del mundo, y muchos de nuestros competidores y vecinos también iban en esa tónica, en Uruguay fuimos a contramano, y eso complicó aún más la situación en términos de competitividad”.

    ¿Cómo analiza el impacto de la sequía a nivel económico en Uruguay?

    Es un tema que lo estamos siguiendo de cerca, con bastante preocupación. Hicimos una importante corrección a la baja de las proyecciones de crecimiento económico para este año. Antes del verano estimamos un crecimiento del orden del 2,5% y ahora lo bajamos al 1%.

    La agricultura de secano fue la que más sufrió este año. Los efectos de la sequía en la ganadería también son preocupantes, pero seguramente se reflejarán a futuro, en la preñez, en la producción de terneros y en la faena de acá a dos años. También hay una menor generación de energía eléctrica, que a su vez tiene sus impactos fiscales.

    Estos son todos efectos transitorios a nivel de actividad, siempre y cuando no produzca un daño permanente en la cadena, que no se pierdan productores o empresas por efectos severos. El año que viene debería de revertirse si las lluvias fueran normales. Así que, por un lado corregimos a la baja el crecimiento de este año, pero también corregimos hacia arriba el del año que viene.

    Por otra parte, la sequía también está teniendo un impacto en los precios de frutas y verduras, y esto hace que la inflación baje un poco más lento de lo esperado. Los precios de frutas y verduras están en los niveles más altos de los últimos 15 o 20 años – en términos reales–. La inflación viene bajando sistemáticamente desde setiembre del año pasado, creemos que seguirá bajando, pero la baja es más lenta de lo que debería, por la presión que ejercen los precios de las frutas y verduras.

    También nos está complicando el escenario de convergencia de la inflación a los niveles de rango meta que el Banco Central del Uruguay (BCU) había fijado. Ese también es un efecto transitorio, pero hasta que no se normalice la oferta los precios seguirán arriba.

    ¿En qué se basa el crecimiento estimado del 1%?

    Hay sectores de actividad que están performando relativamente bien, con buen dinamismo. Y otros que se están recuperando de la pandemia y todavía traen cierta inercia, como el comercio y el turismo. También hay algunas actividades industriales que están en fase de expansión. Por otra parte está el comienzo de la actividad de la segunda planta de UPM.

    Hay algo que está implícito en nuestras proyecciones y también en las de muchos colegas, que más allá del número de este año, Uruguay está registrando tasas promedio de largo plazo bastante más bajas de las que solía tener, y las estimaciones de crecimiento potencial son relativamente modestas.

    El comité de expertos que colabora con el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) en las reglas fiscales estima que el crecimiento potencial es del orden del 2,1%. Es un crecimiento bajo para una sociedad que todavía tiene reclamos pendientes, que necesita recursos para mejorar en educación, reducir los niveles de pobreza, para mejorar el acceso a viviendas. Por eso es importante, más allá de las coyunturas, pensar en una agenda para cambiar el crecimiento potencial.

    ¿Cómo evalúa la relación entre la inflación y el dólar?

    El efecto del dólar se vio casi todo el año pasado. Arrancó a $ 44, en junio bajó a $ 40, en julio subió un escaloncito a $ 41 y desde noviembre estamos entre $ 38 y $ 39. En los últimos 12 meses el dólar ayudó mucho a bajar la inflación, pero hoy el margen no está haciendo que la inflación baje un poco más. Pero tiene una segunda consecuencia: si la inflación baja lento el BCU va a demorar más en bajar las tasas de interés, y esas tasas de interés altas pueden explicar en parte por qué el dólar está trancado. El BCU ya empezó su giro de la política monetaria. En la reunión de abril empezó la fase de recortes de tasas de interés, de forma lenta; y en la reunión de mayo puso una pausa. Probablemente se mantenga la intención de recorte de la tasa de interés, pero en un proceso muy pausado y medido. El BCU también tiene que cuidar que la inflación no se dispare porque por delante está la negociación salarial.

    ¿Y cómo observa el comportamiento del dólar a nivel internacional?

    La tendencia del dólar a nivel internacional tampoco viene ayudando demasiado. En los últimos años el dólar tuvo distintos ciclos, pero podemos marcar un punto de quiebre importante en octubre del año pasado, cuando llegó a los valores máximos en 20 años –en términos reales– a nivel internacional.

    Ese aumento sistemático del dólar a nivel internacional está explicado por el aumento de las tasas de interés en Estados Unidos. Pero lamentablemente Uruguay perdió ese tren. Mientras el dólar subía en el resto del mundo, y muchos de nuestros competidores y vecinos también iban en esa tónica, en Uruguay fuimos a contramano, y eso complicó aún más la situación en términos de competitividad.

    De octubre en adelante Estados Unidos empezó a tener mejores noticias en términos de inflación; el dólar dejó de fortalecerse y tuvo algunos meses en los que se estancó. Y desde el 8 de marzo se ha debilitado, en el orden del 5% o 6%, y eso tiene que ver con la incertidumbre que generó en Estados Unidos las caídas del Silicon Valley Bank y de bancos regionales. Dados los riesgos que hay en el sistema bancario por tener las tasas de interés altas, la Reserva Federal (FED, por su sigla en inglés) va a empezar a bajar rápidamente las tasas antes de fin de año, haciendo que el dólar se debilite.

    Entonces, en los últimos dos años, cuando el dólar subió en el resto del mundo nosotros no nos subimos a ese tren, y ahora, cuando Uruguay empieza a tener calmada su inflación y la política monetaria empieza a aflojar, el dólar ya cambió la tendencia y nos cuesta salir de esta trampa de los $ 39.

    ¿ Cómo está Uruguay en términos de competitividad?

    Hay distintas realidades. Si bien Uruguay está caro en dólares, Estados Unidos también ha tenido mucha inflación y se ha encarecido. Estamos más caros comparados con el promedio histórico, pero no estamos fuera del equilibrio con ese país.

    Hay un rubro que cada vez es más importante en la canasta exportadora de Uruguay, que son los servicios no tradicionales, que le venden principalmente a Estados Unidos (informática, tecnologías de la información, call center, centros de servicios compartidos). Este sector históricamente exportaba US$ 2.000 millones, que no es poca cosa, pero en los últimos dos años sumó unos US$ 1.500 millones. Es prácticamente lo mismo que sumará la segunda planta de UPM a la canasta exportadora de Uruguay.

    Tampoco estamos en una mala posición competitiva con China, porque el yuan se ha venido apreciando en los últimos años. Sí estamos caros comparados con Europa.

    El problema es que muchos de nuestros competidores están desalineados y mucho más baratos que Uruguay en dólares. Brasil está muy competitivo en términos históricos, ha tenido varios desórdenes macroeconómicos, políticos e institucionales en los últimos años, con varios riesgos que han debilitado su moneda y eso lo hizo competitivo internacionalmente. Por otro lado, la situación de Argentina también es clara. En estos casos hay que considerar que una parte importante de nuestra canasta exportadora es el turismo y está en dificultades.

    La competitividad se ha venido deteriorando, el BCU reconoce que el tipo de cambio real está por debajo de los valores de fundamento, pero ese indicador tiene distintas realidades en los diferentes mercados.

    ¿Cómo califica el nivel de inversiones en Uruguay?

    Uruguay ha pasado por distintos ciclos de inversión. El último coincidió con un gran ciclo de los agronegocios: el período 2005-2015. En 2013/14 Uruguay alcanzó la tasa de inversión más alta desde 1948, fue uno de los mejores ciclos de crecimiento, de progreso social y de inversión de nuestra historia.

    Desde 2015 en adelante la situación en términos de inversiones empeoró bastante, tanto extranjera como local. La economía dejó de crecer, la inversión cayó y el empleo se contrajo. Hubo un ciclo negativo entre 2015 y 2019.

    A partir de 2019 la inversión mejoró, en buena medida asociada a la construcción de la segunda planta de UPM. En un reciente almuerzo de ADM la ministra de economía (Azucena Arbeleche) mostró gráficas que mostraban que este año en Uruguay la tasa de inversión llegó a 18,5% del producto. Es una buena cifra en términos históricos, no tan buena como la de 2013/14. Y también mostró la evolución de la tasa de inversión sin el proyecto de UPM y las obras asociadas.

    Desde 2019 a esta parte volvimos a entrar en un ciclo positivo de inversión, que se explica por la construcción de la planta de UPM y otras obras relacionadas, pero también en el régimen de incentivos fiscales y Comap, y el Régimen de Obra de Gran Dimensión Económica (construcción y vivienda), que también está aportando mucho dinamismo a la economía, con muy buenos niveles de empleo.

    Para 2023 esperamos que la inversión tenga una contracción moderada, básicamente porque se terminó de construir la nueva planta de UPM, algo normal y esperable. Por eso es difícil para Uruguay sostener los niveles de inversión del año pasado.

    ¿La seguridad jurídica de Uruguay pesa más que los altos costos en el momento de decidir una inversión?

    No es solo seguridad jurídica, hay muchos otros elementos que influyen positivamente. Muchas veces trabajamos con inversores del exterior y miran la seguridad jurídica, en el sentido de respeto de los contratos, pero también las condiciones político-institucionales de Uruguay.

    Ven que Uruguay es un país que funciona, con partidos políticos de buena calidad, con un sistema democrático que funciona muy bien, el sistema institucional responde cuando hay crisis. También se mira la respuesta de Uruguay ante el Covid, cómo se organizó el Estado. Todo esto hace que Uruguay sea un país confiable y predecible.

    En los últimos años también mejoró mucho la situación fiscal y crediticia, que también hacen que Uruguay sea un país estable y predecible.

    La contracara son los costos, que también tienen efectos distintos según los sectores. Hay algunos muy intensivos en tecnología, maquinaria y equipamiento, por ejemplo, y esos costos se compensan con productividad. Para las empresas que están rezagadas en términos de productividad, o que una buena parte de los costos es mano de obra pura, los costos empiezan a ser una restricción.

    Por otro lado, más allá de los problemas de competitividad que los uruguayos podamos tener a corto plazo o desvío del tipo de cambio real, tenemos que asumir que a lo largo de las últimas décadas Uruguay se transformó en un país mejor del que era.

    Cuando a los países les va bien, en general, los salarios y el costo de vida tienden a subir. Los países que son baratos, hipercompetitivos en precios, que tienen sueldos baratos, es porque tienen problemas y les va mal. En este momento nadie quiere ser competitivo como Argentina, por las razones institucionales, políticas y económicas que hacen que ese sea un país barato.

    Nuestros dos grandes vecinos, Argentina y Brasil, en los últimos años han atravesado unos ciclos de muy mala calidad política, institucional, macroeconómica, que los tienen muy rezagados en términos económicos. Argentina hoy tiene el mismo producto per cápita que en el año 2006; y Brasil tiene el mismo que en 2010. Uruguay le ha sacado mucha distancia a sus vecinos, por la calidad de sus políticas. Eso tiene un componente que es relativamente estructural. Nuestro tipo de cambio real está un poco desalineado, y Argentina está desalineada hacia el otro lado; eso hace que la brecha de precios sea grande.

    Tenemos que tomar decisiones de negocios o asesoramos a empresas que toman esas decisiones, tenemos que empezar a asumir que hay una parte de este Uruguay caro, de costos altos, que va a estar durante un buen tiempo en la economía uruguaya.

    ¿Faltan resultados en las políticas de inserción internacional?

    Sí, lo han reconocido las autoridades. En este tema se ha avanzado más lento de lo que se esperaba; era un escenario posible. Está bien que Uruguay lo intente, que busque alternativas y hay que seguir haciéndolo, pero también tenemos que asumir que los resultados en esta materia son lentos, que las negociaciones son largas y que muchas de ellas no dependen estrictamente de nosotros.

    En Uruguay falta algo más parecido a una política de Estado. En los últimos años hemos tenido vaivenes, por diferencias de opinión política entre los partidos que han gobernado, y eso afecta el ritmo al cual podés avanzar. Estos son esfuerzos de largo plazo y el cambio de ritmo te hace perder intensidad y que la contraparte tampoco avance con tanta claridad. Uruguay necesita mayor consenso en hacia dónde y de qué manera tenemos que ir, para que eso se pueda materializar.

    ¿Es importante que las calificadoras de riesgo mejoren la valoración de Uruguay?

    Sí. Desde octubre del año pasado ya fueron cuatro las calificadoras que mejoraron la nota de Uruguay. Falta Fitch, , que es una de las tres más importantes del mundo y emitirá su evaluación antes de junio. Se vienen evaluando bien varias cosas, como el desempeño económico de Uruguay durante la pandemia, la respuesta de la política fiscal, la reacción institucional.

    El gobierno se había comprometido a reducir el déficit fiscal en el orden de dos puntos del producto y lo logró. Además introdujo una nueva regla fiscal, con metas más transparentes y un Consejo Fiscal Asesor Externo que controla el cumplimiento de esas metas. Se aprobó la reforma de la seguridad social, que es un hito importante, porque despeja la incertidumbre fiscal hacia adelante.

    También es cierto que en los últimos meses los números fiscales han desencuadrado un poco, por la caída de la actividad económica y cierto enfriamiento de la recaudación, pero creemos que estructuralmente vamos por buen camino.

    Agro
    2023-05-24T11:32:00