Nº 2201 - 24 al 30 de Noviembre de 2022
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáTengo varios a mis espaldas, aunque lamentablemente ya se están quedando lejos en el tiempo. Mis primeros recuerdos (tributo a los 80 años que acabo de cumplir) tienen que ver con la gloriosa gesta de Maracaná de 1950. Aunque era apenas un niño de siete años, conocía bien los nombres de nuestros jugadores, y también los de los rivales, por los álbumes de figuritas (que ya existían… ¡aunque había que pegarlas con goma!). Y tengo presente haber escuchado, junto con mi familia, el emocionado relato de la final ante Brasil del legendario Carlos Solé (sin que ni en sueños pudiera imaginar que, dos décadas más tarde ¡tendría el inmenso honor de trabajar con él, y ser su comentarista en un único partido!).
Del Mundial siguiente, en 1954 (y en sexto de escuela) el recuerdo es mucho más nítido; especialmente el de aquel épico partido ante Hungría, cuando la Celeste se quedó sin el invicto que traía desde 1930 y afuera del torneo, pero con la frente bien en alto. Pasaron los años y en 1966, cuando el Mundial de Inglaterra, ya tuve mi primer contacto como periodista en Radio Sarandí (en la cobertura desde Montevideo). El primero al que asistí, ya como comentarista, fue el de Argentina en 1978, aunque nuestra Selección no había clasificado. Con Alberto Kesman como relator, cubrimos varios partidos, entre ellos —desde el Estadio de Núñez— la final que el local le ganó a Holanda quedándose con el título. Luego repetimos en el Mundial de España en 1982. Y posteriormente —aunque con Carlos Muñoz como relator— me tocó cubrir los de México 1986 e Italia 1990. Desde entonces hasta acá he sido solamente un atento seguidor de los mundiales sucesivos, como un simple aficionado; hasta que este de Catar me encuentra ocupado felizmente en estas columnas semanales, que se han ido extendiendo en el tiempo más de lo que imaginara.
Lejos nuevamente del lugar de los hechos, me topo con una realidad que no es nueva, pero que esta vez es muy particular: compatibilizar el ritmo frenético en que se suceden los partidos de las varias series clasificatorias, con la frecuencia semanal de mis columnas. Lo que hace, por ejemplo, que en la presente deba ocuparme de un partido (obviamente el debut de nuestra Selección ante Corea del Sur) cuyo resultado no conozco, aunque sí nuestros lectores, cuando tomen contacto con la próxima edición de Búsqueda. Lo que nos hace ir “corriendo de atrás”, respecto de algunos cotejos por jugarse, o bien comentando otros que ya se disputaron unos cuantos días antes. Pero así es la cosa y ¡no nos arredra el desafío!
De lo que ya se ha jugado, nos ha impresionado muy favorablemente Ecuador en su debut frente al anfitrión Catar, aunque se nos antoja que debió procurar un tanteador mayor, para asentar su chance de pasar a la serie siguiente. Lo que también dejó en claro ese primer partido es que el dueño de casa parece tener una corta vida en el torneo. De los siguientes cotejos merece destaque la lujosa y muy efectiva labor de Inglaterra, que despachó a Irán con una contundente goleada, perfilándose como un serio candidato a llegar lejos en el torneo. Y la contundente victoria del vigente campeón Francia ante Australia, con la magia de Mbappé.
Pero, indudablemente, la gran sorpresa ha sido la inesperada caída de la Selección argentina (con su invicto en 36 partidos internacionales) ante Arabia Saudita, el martes 22. Más aún cuando, apenas iniciado el cotejo, se había puesto arriba en el tanteador con un penal que el VAR detectó, por uno de esos mutuos agarrones que se dan frecuentemente dentro del área y que suelen pasarse por alto. El VAR (con su novedad del “offside semiautomático”) detectó luego, en el curso de ese primer período, tres milimétricos fuera de juego, que invalidaron el festejo del mismo número de goles argentinos (frutos también del “achique” masivo y bien aceitado de la última línea defensiva del rival, que ya aplicaba Menottti hace varias décadas). Pero la sorpresa llegó al reiniciarse el partido, pues en apenas un cuarto de hora los hábiles delanteros del equipo asiático sacaron partido de la debilidad defensiva del hasta entonces cómodo dueño del partido, y lo dieron vuelta con dos goles consecutivos (el segundo del Nº 10 Al Shehri, el de mayor factura visto hasta el momento). Y, de allí en más, el lógico desánimo y la imprecisión de Argentina, intentando dar vuelta el partido, y la seguridad de la retaguardia rival, dejaron el tanteador inmodificado y a la Argentina toda viendo con preocupación cómo el sueño de la tan promocionada “Scaloneta” empezaba a complicarse (vale sí recordar que en Italia 90 había caído ante Camerún en el debut e igual llegó a la final).
De cara al debut del equipo celeste en el certamen, mucho se ha especulado en cuanto a la integración por la que optará Diego Alonso; la que, como ha sido su estilo invariablemente hermético, recién habrá de dar a conocer poco antes del partido. Aun así, cabe dar por descontado que varios futbolistas estarán sí o sí en el 11 titular. Son los casos de Rochet en el arco; de Giménez y Olivera en la línea de zagueros; de Valverde y Bentancur en la zona media; igual que Suárez y Darwin Núñez en la ofensiva (siete futbolistas en total). Debe suponerse que finalmente opte por Varela y por la experiencia y don de mando del capitán Godín, para completar la defensa, y que sume a Vecino en el medio campo (con lo que llegamos a 10). Quedaría pues solo la duda de Nicolás de la Cruz o de Arrascaeta como enlaces, con ventaja para el primero o que sorprenda nuevamente con la titularidad al chico Pellistri, pese a su inaudita inactividad.
Si bien compartimos la mayoría de esos supuestos titulares, en lo personal optaríamos por otorgarle una chance al experimentado y siempre rendidor Martín Cáceres como lateral derecho. Y asimismo —aunque modificando el sistema utilizado hasta ahora— preferiríamos a Valverde ubicado sobre el sector derecho de la cancha (con la misma función que despliega hoy en el Real Madrid) e incluso con una mayor proyección ofensiva, que le permita no solo asistir de la mejor manera a Suárez y Darwin Núñez, sino utilizar en mayor proporción su potentísimo y temible remate desde afuera del área. Quizás fuera también aconsejable manejar la posibilidad de que Cavani alterne con Suárez (quizás un tiempo cada uno) en la asistencia cercana a Darwin Núñez, sin perjuicio del mejor aprovechamiento por parte de cualquiera de ellos, de alguna situación propicia para llegar al gol.
Confiamos pues —y esto sería imperioso— en poder arrancar ganando. Algo que usted, estimado lector, ya lo sabrá al leer esta columna.