—Con los años uno se da cuenta de lo que es conveniente para la voz, y evidentemente hablar demasiado es nocivo. Por lo tanto, yo intento hablar sin forzar la voz y, tanto el día antes como el día de la función, hablo lo menos posible. Tampoco esto debe crearte un trauma que haga que le mandes notitas escritas a todo el mundo. Pero la disciplina es importante. Reitero: con el tiempo, uno aprende lo que le conviene.
—¿En qué medida la tarea de selección de repertorio para cada concierto obedece, por un lado, a su gusto personal y, por otro, a las limitaciones vocales que naturalmente todo artista debe enfrentar con el paso del tiempo?
—Obedece a las dos cosas. Mi gusto personal influye y también influye, por qué no decirlo, el tipo de repertorio que uno cree que puede agradar al público o que el público espera, aunque en cierta medida, lógicamente. Además, como usted muy bien dice, uno tiene que darse cuenta de sus limitaciones e ir adaptando el repertorio al paso de los años.
—La última vez que habló con Búsqueda, dijo que no se siente invadido por una fama agobiante, sino querido de una manera agradable, pues la clase de popularidad que tienen los cantantes líricos “no es molesta”.
—Exactamente. Yo imagino que un deportista de elite o un actor de Hollywood debe convivir con un tipo de popularidad más difícil. Pero la mía se lleva con agrado.
—También decía entonces que se veía como un ciudadano común preocupado por los mismos asuntos que preocupan a la mayoría de la población. Aunque, cabe agregar, las cosas han cambiado mucho en España desde que aquella entrevista fue publicada, el 28 de abril de 2011. ¿Qué es lo que le perturba más de la situación política, cultural, económica y social de su país?
—Yo creo que la crisis económica es el motor de todos los problemas que existen en este momento en España. Confiemos en que los dirigentes sepan implantar medidas que de alguna manera ayuden a esta situación, lo cual evidentemente no es fácil. Pero si solucionamos la crisis, lo segundo que debemos solucionar son los problemas sociales para que España vuelva al Estado de bienestar que era hasta hace muy poco. No lo critico, pero lo comento: cuando veo que se recorta dinero en áreas como la Educación, la Sanidad y la Investigación, bueno, me preocupo mucho, porque estos son los grandes asuntos sociales en el mundo de hoy. En este momento hemos llegado desgraciadamente a tener más de 5 millones y medio de parados. España siempre ha tenido una magnífica seguridad social. Pero no hay país ni economía que pueda resistir esta situación. Confiemos en que poco a poco se vayan arreglando las cosas. La verdad es que no envidio a los dirigentes políticos, no solamente en España sino en Europa.
—Por lo que afirma, no parecen gustarle demasiado las medidas de ajuste que ha tomado con firmeza el señor Mariano Rajoy.
—Digamos que aquí hay varias opiniones, porque hay quien opina que las medidas de ajuste a la larga son negativas y que, por el contrario, se deben bajar los impuestos e intentar activar la economía y el consumo para así conseguir una mejora en las tasas de crecimiento y de empleo. Pero también hay quien cree, como debe ser el caso del señor Rajoy y de su gobierno, que son las grandes medidas de ajuste y de recorte las que solucionarán la situación. Desgraciadamente, aquí nadie tiene la varita mágica. Pero esperemos que en poco tiempo sepamos si éstas han sido las medidas adecuadas o no.
—Cambiemos de tema. Hoy no es raro ver en un reality show a un jovencito estadounidense que nunca escuchó ópera intentando conseguir el favor del jurado con una pieza como “Nessun Dorma”, algo impensable si no hubiera existido un fenómeno tan masivo y exitoso como el de Los Tres Tenores. Entonces, ¿hay algo negativo en las consecuencias que provocó esa difusión que usted, junto a Plácido Domingo y Luciano Pavarotti, hizo globalmente de la ópera?
—Bueno, este chico debe haber pensado en cantar algo muy conocido con lo cual pudiera impresionar al jurado. Y debo decir que yo admiro a todos los chicos o señoritas que participan de estos reality shows por esa ilusión y ese entusiasmo que tienen al intentar conseguir situarse en el mundo de la música y del show business. Además, me parece magnífico que lo hagan. Pero sobre el jurado o las productoras de este tipo de programas, ya tengo otra opinión.
—En definitiva, ¿hay algo negativo en Los Tres Tenores? Porque ustedes lograron que gente que nunca había escuchado ópera se acercara al género pero de un modo liviano.
—Esto no puede ser negativo. Además, como en todos los ámbitos de la vida, hay que realizar una selección en cada caso. Pero negativo, evidentemente no.
—¿Cuál de estas voces actuales le atrae particularmente y por qué: Roberto Alagna, Jonas Kaufmann, Rolando Villazón o Marcelo Álvarez?
—Yo conozco a todos estos tenores que usted acaba de mencionar y tengo amistad y admiración por ellos. Pero hoy, en abril de 2012, creo que Kaufmann está arriba.
—¿Qué le cautiva de él?
—Su extraordinaria facilidad, su voz, su versatilidad, su excepcional seguridad y el hecho de que, siendo alemán, cante en italiano con tanta naturalidad. No es un cantante wagneriano o mozartiano que canta ópera italiana: no, tiene mucha naturalidad. Debo decir que me gusta mucho, mucho, pero también me gusta Alagna, me gusta Álvarez y me gusta Rolando. Pero hoy en día, y lo digo con todo el respeto y la admiración que siento hacia estos colegas, Kaufmann está un eslabón o, al menos, medio eslabón por encima.
—Usted tiene fama de ser una persona muy educada, con un ánimo estable y tranquilo. Pero en las últimas horas, ¿la renuncia de Josep Guardiola lo ha afectado?
—Bueno, ahora empezamos a hablar en serio (risas). Creo que Guardiola ha hecho una gestión magnífica y que ha logrado algo que nunca antes alguien había conseguido en el Barcelona. Así que desde aquí envío todo mi respeto y mi admiración para él. Pero tengamos en cuenta una cosa: los entrenadores no juegan. O sea: Guardiola sin Messi, Xavi, Iniesta, Piqué, Valdés y Pujol, deja el Barcelona por su propia voluntad —y tendrá sus motivos más que respetables—, seguramente continúe siendo un muy buen gestor de grupos, pero tampoco nos rasguemos las vestiduras, porque con este equipo algún otro entrenador quizá saque un gran provecho, aunque no sea el mismo provecho que sacó Guardiola, por quien siento un gran respeto y quien es, como yo, un catalán convencido. Entonces, no se acaba el mundo, pues el Barcelona tiene un gran potencial futbolístico y una gran fuerza social, con 180.000 socios y todo un país que está por detrás, puesto que el club ha sido una manera de conservar la identidad. Sobre todo esto fue así durante la dictadura franquista. En ese momento, aquel era el único pavo del que agarrarse.
—¿Y cómo se hace para ser un “catalán convencido” en el siglo XXI sintiéndose español pero sin estar resentido con el resto de los españoles que, siempre según los catalanes, no han tratado demasiado bien a los habitantes de Cataluña a lo largo de la historia?
—Bueno, esto es historia, la historia es clara y yo tengo también las ideas muy claras. Pero creo que en estos momentos de tanta dificultad debemos remar en la misma dirección. Con lo que voy a decir no critico ni muchísimo menos al gobierno central, aunque hay un expolio fiscal evidente. Lo que parte de los catalanes queremos es ser dueños de la gestión fiscal y poder autogestionar nuestros fondos como ocurre con otras comunidades, como la vasca. Así que somos perjudicados.
—Lo que no quiere decir que usted no quiera ser español.
—No, ni muchísimo menos. Yo entiendo que haya territorios más ricos y más desarrollados y que tenga que haber un sentido de solidaridad con el resto de las regiones. Pero como decía, creo que era Rockefeller, la economía comienza con uno mismo, ¿no? (risas).
—Usted ha afirmado que se necesitaría mucho tiempo para tratar un tema tan profundo como su relación con la divinidad, la cual se profundizó durante su leucemia. Pero, ¿qué significa Dios para usted hoy y de qué sirve la caridad si es ejercida no como lo hace la Fundación Josep Carreras contra la Leucemia sino como lo hacen tantos ciudadanos que la utilizan, como dice George Michael en la canción “Praying for Time”, como “un abrigo que usamos dos veces al año”?
—(Hace una pausa) Nuestra fundación no hace caridad, sino que intenta apoyar todo lo que sean acciones para mejorar el tratamiento de los enfermos, para mejorar las terapias y para investigar sobre lo que esperemos que un día sea la erradicación de la enfermedad. Además, dotamos a los centros hospitalarios de mejores condiciones para lo que es el tratamiento, las terapias, el trasplante de médula ósea para los pacientes que lo necesitan y, aparte, para gestionar un registro de médula ósea en el territorio español que está interconectado con el resto de los registros del mundo. De ese modo tenemos acceso a más de 15 millones de potenciales donantes cuando se precisa un trasplante para no emparentados. También colaboramos con los laboratorios, aportamos instrumentos técnico-científicos para los doctores y ponemos pisos a disposición de los enfermos y de los familiares cuando deben ser tratados fuera de su ciudad. El nuestro es un modo de ayudar a los enfermos y de contribuir a su calidad de vida durante los tratamientos pero pensando siempre en el objetivo final, que es la erradicación de la enfermedad. Nosotros no ayudamos a este enfermo y a este otro no, sino que tenemos una fundación que intenta ayudar a los enfermos de leucemia considerándolos a todos iguales. En estos casos, hacer de Salomón es lo peor que hay. Y respecto a la primera parte de la pregunta, debo decir que somos muchas las personas que tenemos el dilema este: “¿Creo en Dios o no creo en Dios? ¿Creo en algo o no creo en nada?”. Yo lo que seguro que no soy es agnóstico. Sin dudas, creo que hay algo superior a nosotros y percibo esa entidad. Pero pienso que esa fuerza superior no tiene barba blanca y no dicta los destinos del mundo, que si no, no estaría como está.
—Volviendo al arte, ¿usted considera, como Yo-Yo Ma, que la música popular que perdura durante décadas y que tiene una gran calidad, puede ser, como en el caso de los Beatles, considerada música clásica?
—Creo que se convierten en clásicos dentro de su ámbito, sin dudas. Pero querer comparar a los Beatles, con la admiración enorme que les tengo, con Mozart y con Beethoven, me parece exagerado (sonríe).
—¿Por qué nunca se ha cansado de escuchar a Gardel?
—Porque las emociones que me produce Gardel con su voz, con su música y con el modo en que declama el texto y en que cuenta las historias, son únicas y extraordinarias. Volver a escucharlo es siempre un placer, y cada vez descubres una nueva inflexión o un color distinto. Considero que Carlos Gardel era un fenómeno extraordinario.
—¿Quiénes fueron los directores de orquesta más brillantes y más neuróticos con los que usted trabajó?
—(Lanza una carcajada corta, aparentemente maligna pero simpática, dice “ah”, hace una pausa y suspira) Neuróticos, la verdad, bueno, hasta lo soportable. Un poco neurótico era Leonard Bernstein (risas). Brillante, el más brillante de todos, fue Karajan. También han sido brillantes Riccardo Muti, Zubin Mehta o Lorin Maazel.
—¿Herbert von Karajan no era neurótico e hiperexigente?
—No, era riguroso, pero ser riguroso no significa ser neurótico. Él sabía lo que quería y así lo explicaba, lo decía e intentaba transmitirlo. Karajan era eso: extraordinariamente riguroso. No sé si la última vez que hablamos se lo dije, pero era el primero en llegar y el último en marcharse. Entonces, su rigor era extraordinario. Pero cuando un artista, fuera un miembro de la orquesta o un cantante, le entregaba lo que él quería, era el hombre más fácil del mundo. Y entonces era generoso y extraordinariamente participativo y solidario.
—Las emociones que usted transmite al público seguramente hayan cambiado. Pero, por supuesto, siguen siendo intensas. ¿Siempre canta con el corazón en la mano o se ha habituado a una especie de rutina que no se puede evadir?
—Afortunadamente, rutina no, porque esa sería la muerte del artista. Junto a la fortuna de subir al escenario, que permite transmitir las emociones que el artista tiene, yo he tenido una gran suerte en el aspecto interpretativo: mi interpretación habrá sido la justa, la correcta, mediocre o extraordinaria, no lo sé, pero siempre ha sido convencida y siempre he sabido que quería hacerla así. Luego, el público, o quien deba juzgarlo, dirá lo que quiera, pero yo siempre he estado seguro de que debía ser de esa manera. Hay otros artistas que tienen una gran seguridad en el aspecto técnico, en el aspecto vocal o en el aspecto de la emisión, pero no tienen esta seguridad interpretativa. Quizá tienen dudas en lo musical, pero he contado con esta gran fortuna: nunca he tenido dudas de cómo debía interpretar una canción, un aria o un personaje.
—Hace pocos días, el diario “El País” de Madrid publicó una entrevista al escritor estadounidense Chuck Palahniuk. Allí, él dijo: “La gente proyecta sobre mí muchas cosas suyas o que quieren tener o sienten, y eso es muy dulce. A mí no me me importa que lo hagan. Todos somos un personaje en la vida de otros”. ¿En la ficción de quién a usted le hubiera gustado ser un personaje?
—¿Solo uno?
—Disculpe, he sido amarrete.
—(Ríe) Bueno, me hubiera gustado ser desde Fleming hasta cualquier científico, artista y, por qué no, político, aunque menos, que hubiera tenido un peso importante en la historia. Pero, sobre todo, me gustaría haber sido un personaje cercano, porque considero que los grandes estadistas, los artistas extraordinarios y los deportistas maravillosos, lo son doblemente si son cercanos.
—¿Porque la gente los siente como propios?
—Exactamente.
—Maestro, muchas gracias por su amabilidad.
—Al contrario, ha sido un placer, como siempre. Hasta muy pronto.