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    “Puede y debe rendir más”

    Nº 2128 - 24 al 30 de Junio de 2021

    Casi con seguridad, la del título debe ser una frase bien conocida por muchos de quienes siguen estas columnas. Es que ella solía aparecer en el boletín de calificaciones de nuestro desempeño escolar en cada mes para el debido conocimiento de nuestros padres. Con esa escueta frase, la maestra de turno (en mi época eran una abrumadora mayoría) pretendía señalar que el alumno en cuestión tenía las condiciones suficientes para tener una nota mayor a la asignada, pero que debía redoblar su esfuerzo para poder lograrla. Y se nos ocurre que ello puede ser perfectamente aplicable al rendimiento que ha tenido nuestra selección en estas dos primeras fechas de la Copa América.

    En la columna del pasado jueves, pese a su flojo comienzo en la reanudación de las eliminatorias mundialistas, manejamos cierta expectativa de una mejoría en este torneo continental, fundamentalmente porque —por haber tenido libre en la fecha inicial— el Maestro Tabárez dispondría de cierto tiempo para mejorar el rendimiento del equipo. Sin embargo, lo mostrado en su debut ante Argentina fue la penosa confirmación de que ello estuvo muy lejos de concretarse.

    Aun con algunos cambios en la integración, lo de ese partido fue más de lo mismo de lo que se viera en los partidos anteriores, en los que apenas pudimos obtener dos de los seis puntos disputados en esa doble fecha. Cierto es que el rival era de una mayor jerarquía y que contaba en sus filas con un futbolista excepcional como Leonel Messi, pero este equipo dirigido por Scaloni parece distante del poderío de otras selecciones albicelestes. El elenco celeste sorprendió generando en el arranque del partido un par de situaciones de riesgo, bien conjuradas por la defensa adversaria. Pero cuando iban apenas 12 minutos, en una jugada en la que fallaron tres defensores celestes (Muslera quedó insólitamente encerrado en el fondo del arco), Guido Rodríguez conectó de cabeza un preciso envío de Messi, poniendo a su equipo arriba en el tanteador. Y lo que el técnico celeste pudo haber planificado antes del partido debió mudarse sobre la marcha. Obligado por el tanteador adverso, nuestra selección adelantó todas sus líneas, pero quedó nuevamente de manifiesto su alarmante falta de generación de fútbol desde el medio campo, lo que resulta llamativo, pues cuenta en esa zona con jugadores de probada capacidad. Ni Valverde ni Bentancur (luego sustituido por Nández) fueron capaces de colocar algún pase filtrado hacia Suárez o Cavani, perdiéndose en un fútbol anodino de pases cortos y laterales. Hubo pues una mayor posesión del balón, pero absolutamente improductiva, al punto que dio la sensación de que el rival optó por tolerar pasivamente el inocuo despliegue de esa zona, refugiándose en las cercanías de su área y lanzando algún aislado contragolpe. A ello cabe agregar que no hubo tampoco, en ese primer tiempo, desbordes por las puntas para abastecer desde allí a nuestros dos reconocidos hombres de avanzada.

    Algo mejoró el equipo en el segundo tiempo con los ingresos de Nández primero y luego Vecino, así como los juveniles Ocampo y Torres, pero no hubo tampoco alguna habilitación certera a la dupla ofensiva, no existiendo siquiera un remate al arco adversario. Y se estiró a cuatro el número de partidos consecutivos sin que un equipo celeste anote un gol (lo que no ocurría desde el año 1976).

    Esta derrota ante un rival que no fue muy superior, y las subsiguientes críticas, hicieron que el Maestro Tabárez reviera sus planes originales, de cara al cotejo siguiente ante Chile. Y así, extrañamente, reconoció en una rueda de prensa que al equipo le costaba enormemente elaborar el fútbol ofensivo (“en la zona Suárez y Cavani tenemos que generar más situaciones”, señaló) y armó el equipo para enfrentar a Chile con una figura táctica bien distinta, dándole ingreso a Vecino y a De Arrascaeta (a este con libertad para moverse por todo el frente de ataque), al tiempo que mantuvo también como enlace a Nicolás de la Cruz. Los primeros minutos nos dieron una versión auspiciosa y se creó algún peligro para el arco rival, como un buen disparo de De Arrascaeta, muy activo en ese lapso. Incluso Cavani retrocedió bastante para iniciar desde allí la progresión ofensiva. Sin embargo, promediando esa primera mitad, cuando nuestro equipo tenía la iniciativa, tras una jugada que sorprendió mal parado al sector izquierdo de nuestra defensa, Vargas fulminó con tremendo disparo a Muslera, poniendo en ventaja al equipo trasandino. Uruguay sintió el impacto. De Arrascaeta ya no mostró la solvencia inicial (volvía después de un período de inactividad), De la Cruz se fue apagando y la pelota siguió sin llegar bien jugada a los dos hombres de área. Para el segundo tiempo el técnico cambió de hombres y de sistema y arriesgó conformando una línea de tres en el fondo, incluyendo a Cáceres por el sector izquierdo. Fue otra vez importante el ingreso de Nández, generando por la derecha, y cierto repunte de Valverde en el traslado de la pelota con mayor profundidad. Sin embargo, el revulsivo volvió a serlo el ingreso del juvenil Facundo Torres, unos minutos después. Pidió la pelota, trató de conectarse en profundidad con Suárez y Cavani y fue suyo un fuerte disparo que el experiente arquero Bravo echó al córner. También lo fue su buena ejecución del consecuente tiro de esquina, con un envío que cayó justo en el centro del área, que Vecino logró cabecear hacia el arco y que, en supremo esfuerzo, cargando con todo sobre la propia raya del arco, Suárez se encargó de convertir en gol, empatando el tanteador. De allí al final el equipo celeste mandó en la cancha ante un rival que se fue cayendo físicamente, tanto que debió apelar a varios cambios sucesivos, incluso uno que no pudo concretar, por lo que los últimos minutos y el tiempo de descuentos los jugó con un hombre de menos. Pero el empate (que bien pudo ser victoria celeste) se mantuvo hasta el final.

    Ahora, con solo un punto ganado de seis disputados, deberá ganarle sí o sí a Bolivia para clasificar a la siguiente fase; y también a Paraguay en el cierre si no quiere vérselas con Brasil, amplio dominador de la otra serie. Se mejoró, sí, pero todavía no en el grado necesario para poder pelear por el título. Vimos sí a Tabárez comprometido al máximo, aceptando las críticas y probando distintas fórmulas en busca de soluciones, que deberán llegar cuanto antes. Y hasta se arrimó al borde de la cancha para dar instrucciones a sus dirigidos. Sabe bien que cuenta con el material suficiente para lograr que su equipo juegue mejor de cómo viene haciéndolo. Y como maestro —que lo fue en su momento— sabe también que debe conseguirlo cuanto antes.

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