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    ¿Qué fue de aquel Alonso?

    Nº 2202 - 1 al 7 de Diciembre de 2022

    En nuestra anterior columna ya anticipamos las dificultades para compatibilizar nuestras entregas semanales con el ininterrumpido desarrollo de las series clasificatorias de este Mundial de Catar. Por lo que analizaremos estos dos partidos de nuestra selección, al igual que en otras circunstancias similares: separadamente y apenas ellos finalizaran.

    En nuestro estreno ante Corea del Sur, el empate nos dejó sabor a poco. El debut en este tipo de torneos siempre implica riesgos (si no, que lo digan Argentina y Alemania), pero hubiéramos deseado, por parte de Diego Alonso, un planteo más ambicioso que el exhibido en esta oportunidad. Como el que empleara al asumir la selección, cuando debía ganar todos los partidos para clasificar. Claro que esta es una instancia distinta (y este punto obtenido puede resultar decisivo para acceder a la próxima fase), pero deberíamos ganar el grupo, para no toparnos en la ronda siguiente con Brasil, que sin duda ganará el suyo. Y es sabido que los últimos resultados cuando los enfrentamos, no nos fueron favorables.

    Contrariamente a lo que podía preverse, el sector más firme del equipo en este debut fue la retaguardia. La pareja central de zagueros fue eficiente, y Godín despejó las dudas sobre su actual estado físico, siendo el líder de siempre para sus compañeros. Además, un cabezazo suyo —que se estrelló en un poste del arco surcoreano— fue la única situación de gol del primer tiempo. En rigor, los problemas surgieron con la sorpresiva ubicación de los volantes elegidos por el técnico. Vecino apareció por delante de Bentancur en varios pasajes del partido, quitándole preponderancia en el armado del juego. Y Valverde entró poco en acción, pese a moverse sobre la derecha, como lo viene haciendo con brillo en el Real Madrid. Se generó muy poco fútbol en esa zona, al punto que las habilitaciones más certeras hacia la ofensiva fueron un par de precisos envíos largos de Giménez. De los atacantes, solo hubo algunas apariciones interesantes de Darwin Núñez, por izquierda, que no culminó adecuadamente. Luis Suárez, bastante estático, se debatió cerca del arco rival, sin que la pelota le llegara bien jugada, y el juvenil Pellistri, en la punta derecha, estuvo más ocupado en obstruir la subida del rival que en hacer lo que mejor sabe, o sea el desborde en velocidad y el pase hacia el área buscando a quien pudiera definir.

    Si ese planteo conservador pudo aceptarse en el primer tiempo, una vez que se le “tomó la temperatura” al rival y pudo comprobarse que no tenía un nivel superlativo, imaginamos un planteo más audaz para el segundo. Incluso con alguna variante que le diera un mayor peso ofensivo. Pero lo único distinto fue cierto repunte de Valverde, corrido más al centro, y una mayor posesión de la pelota en el campo adversario. Vino posteriormente el primer cambio (Cavani por Suárez), dándole más movilidad a la ofensiva. Aunque se imponía también alguna pronta variante en la zona de gestación, el ingreso de De la Cruz se produjo recién en el último cuarto de hora del partido, manteniéndose en cancha a un Pellistri visiblemente agotado. Y cuando este salió poco después, no ingresó un delantero (Canobbio o Facundo Torres) sino dos laterales (Varela por derecha y Viña por izquierda), aparentemente para cerrar el partido con el tanteador igualado. De allí en adelante, solo destacar un tremendo zapatazo de Valverde que sacudió el arco rival, y que casi nos regala una victoria, que estuvo bien a nuestro alcance, de habérsela buscado con mayor convicción. Y que nos hubiera dejado bien posicionados para clasificar a la segunda fase —incluso como primeros en el grupo— evitando cruzarnos casi seguramente con Brasil.

    No quedamos conformes con el debut, pero estamos en carrera. Ante Portugal deberían hacerse cambios en la zona de creación; y también en el esquema táctico utilizado, que fue poco ambicioso. Estamos aún a tiempo de arriesgar algo más y elevar nuestro actual nivel, para poder clasificar.

    Escrito lo anterior (sobre ese primer partido), nuestra selección cayó luego ante Portugal comprometiendo seriamente su chance de pasar a la fase siguiente. Llegaron los cambios, si bien no los que se suponían. Aunque este era un cotejo que había que ganar sí o sí, Alonso ¡sumó otro hombre más (Coates) a la última línea defensiva! Y ya de arranque, le cedió la iniciativa al rival para que se volcara al ataque, generando varias situaciones de peligro para el arco de Rochet. Nos llevó casi media hora salir de ese asedio, y ello por un impulso individual de Bentancur, dejando hábilmente varios rivales por el camino para definir cara a cara con el golero rival, que logró evitar el gol. El empate parcial fue mucho premio para un equipo sin ideas ni ambición, como el nuestro.

    Alonso no hizo ningún cambio para el segundo tiempo, y a los pocos minutos Portugal logró ponerse en ventaja, con un remate combado que se le coló a Rochet, descolocado por el salto de Cristiano, quien no llegó a peinar la pelota. Recién allí aparecieron los cambios (ingresaron Pellistri, De Arrascaeta, y luego Suárez y Maxi Gómez), llegándose más asiduamente a la última zona rival, incluso con un par de situaciones de gol, por Suárez y De Arrascaeta y —la más clara— por un potente remate de Maxi Gómez que devolvió el caño izquierdo del arco lusitano. Y ya en el cierre del partido, por un penal (cobrado a instancias del VAR por una dudosa mano de Giménez) llegó el segundo gol de Portugal.

    Estamos hoy casi con un pie afuera del Mundial. Para seguir debemos ganarle a Ghana (está dos puntos arriba) y que Portugal derrote a Corea del Sur. O sea ¡otra vez con la calculadora en la mano! Y nos preguntamos: ¿qué ha sido de aquel Diego Alonso de las Eliminatorias, cuando, obligado a ganar todos los partidos, supo armar un esquema netamente ofensivo, pasándoles por arriba a los rivales de turno? Es cierto que aquellos eran de menor valía (ni siquiera llegaron al Mundial), pero en estos dos últimos juegos —desde la conformación del equipo hasta el sistema empleado— el técnico ha resignado toda posibilidad de asumir la iniciativa e imponer su propio estilo futbolístico. ¡Y así nos ha ido! Y a ello parece sumarse, tras esta dura derrota, una abierta y no disimulada disconformidad de algunos futbolistas con los planteos de Alonso, en sus declaraciones pospartido. Al caso Cavani, que interrogado por un periodista sobre por qué el equipo celeste no puede encontrarles la vuelta a los partidos, contestó: “Y eso hay que preguntárselo al técnico”; o cuando Josema Giménez, en otro reportaje, criticó la táctica utilizada: “Pasó lo mismo que en el primer partido: no salimos a ganar”.

    Si no hay pues un viraje brusco, clasificar sería casi un milagro. Pero ¡algunas veces ocurren!

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