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    ¿Qué te pasha, Tableté? ¿Tas nerviosho?

    Cómo no recordar al autor de esta expresión… El tuerto Néstor, peleado a muerte con la prensa opositora, la acosaba con toda suerte de maniobras: inspecciones sorpresivas de la Impositiva, confiscación de documentación contable, restricciones a la compra de papel prensa, retiro de la publicidad oficial.

    Y cuando “Clarín” le publicaba unos editoriales como los de Paolillo, que parecen un hachazo en la nuca, el Néstor aprovechaba los reportajes al paso de radios y canales de TV, y en cualquier declaración a la prensa sobre cualquier tema, terminaba diciendo, con su particular shesheo: “¿qué te pasha, ‘Clarín’? ¿tas nerviosho?”.

    A nuestro ilustre ex primer mandatario, hoy devenido en candidato en reiteración real, el doctor Tableté Vázquez, le vienen ocurriendo también cosas incómodas, que lo han sacado de quicio en más de una oportunidad.

    No hablemos ya de los comentarios y declaraciones de su correligionaria Constanza, que como un cuzco foxterrier le muerde los garrones cada vez que puede, sino de algunas anécdotas de sus giras por los barrios montevideanos y los pueblos de campaña, en las que no ha demostrado demasiada paciencia y mucho menos, alguna pizca de sentido del humor.

    Allá por el norte se la agarró con un canario que le pidió que hablara del futuro y no del pasado, entre otras cosas porque en el pasado había dicho que iba a reabrir el Espinillar, y minga. ¡Para qué!

    Le contestó al pobre muchacho con mal genio y grosería, algo así como lo que protagonizó en Treinta y Tres, cuando el asistente de Lacalle Pou le quiso entregar el programa del Partido Nacional y él se lo rechazó, porque no le gusta que lo miren con cara seria (y después lo tuvo que ir a pedir a la mesa donde comían los blancos, porque se dio cuenta de la metida de pata…).

    Pero ahora el que le complicó las cosas fue precisamente Luisito, que lo viene siguiendo tan de cerca que el Tableté ya debe estar sintiendo el aliento en la nuca.

    El atlético Lacalle Pou le hizo la bandera en un poste del alumbrado público en Cardona, y nos hizo ver a todos lo que ya presumíamos: en Biología se saca un doce, y a Tableté le toca un cuatro.

    Ni lentos ni perezosos (mientras los correligionarios del Frente desgranaban improperios y descalificaciones por el gesto deportivo del joven candidato) los asesores de imagen del Dr. Vázquez se pusieron a pergeñar un plan de acción para emular y/o superar la prueba gimnástica del candidato opositor.

    —“Podríamos mandar hacer unas pesas truchas de acrílico pero que parecieran de hierro, y le hacemos levantar 200 quilos, aunque las pesas fueran de dos o tres quilos solamente” —sugirió abriendo el fuego Braulio Elmán Yaoreja, coordinador del grupo de asesores de imagen.

    —“Tas loco” —replicó Antonio Elchú Pamedias, también integrante del grupo —“después con alguna de esas cámaras con filtros especiales capaz que nos dan la captura de que las pesas eran de mentira, y es peor” —concluyó con sensatez.

    Por largo rato siguieron intercambiando ideas, que fueron desde filmarlo escalando el Cerro Arequita pero de lejos, siendo el alpinista un doble del candidato con el pelo blanco y un ojo caído, hasta largarlo en ala delta desde el Pan de Azúcar, filmar solo la largada, y rescatarlo luego en el aire con un helicóptero, para que no se escrachara contra el piso.

    Pero finalmente triunfó otra idea, expresada por Braulio Elmán Yaoreja.

    —“Me vino a la cabeza que Mao Zedong, cuando se llamaba todavía Mao Tsé Tung, atravesaba a nado cada año el río Yang Tsé, y eso lo hizo hasta muy viejito, por ahí podría andar la cosa” —dijo el creativo asesor.

    —“¿Tan viejito como Tabaré?” —inquirió otro de los asistentes.

    “¡Sí, mucho más!” —replicó Elmán Yaoreja. “Lo que tenemos que hacer es entrenarlo, y cuando esté pronto, lo filmamos desde un bote cruzando a nado el río San Juan a la altura de Anchorena, y llegando a la orilla lo mostramos saliendo de las aguas con la casa de la estancia de fondo, y una frase en off dice ‘aquí llegamos otra vez, por aire, tierra o río, éste es el Tabaré que usté siempre ha querío’, y queda así como medio flamenco, superoriginal, va a ser un taponazo este aviso” —remató, frotándose las manos, el asesor de imagen.

    Apoyado por unanimidad, el paso siguiente fue ponerlo a entrenarse al tordo, para lo cual consiguieron la piscina cerrada y templada de la casa del dueño de Fripur, el mismo señor que le prestó al Tableté el auto rojo en que hizo la campaña electoral del 2005, y después le prestó a Mujica el avión para ir a Brasil, y después le regaló la banda presidencial al Pepe, y después tuvo que entregar el auto, el avión y la casa con piscina para tapar agujeros, razón por la cual los entrenamientos en la residencia del ex magnate de los peces duraron lo que un lirio.

    Pero de ahí saltaron al Club Arbolito, pero cuán grande fue la decepción cuando comprobaron que no tenía piscina, ni abierta ni cerrada.

    Entonces surgió el Plan B.

    Antonio Elchú Pamedias propuso inscribirlo a Tableté en una maratón de 43 quilómetros, pero corrida en algún lugar donde se pudiera falsificar la participación, filmando sólo la partida y la llegada, haciéndolo salir después de los primeros 50 metros, y recolocándolo a 10 metros de la llegada.

    Después de mucho buscar, encontraron lo que querían: lo anotaron a Tableté en la Maratongo del Congo, organizada por unos caciques tribales que cobran por dejar correr a los que quieran, la distancia que quieran, y les dan medalla de oro y diploma a todos los participantes.

    Pero el doctor Vázquez finalmente renunció a esta idea de la proeza física, porque le daba una pereza enorme entrenar y moverse más de lo que requiere dar vueltas a la manivela del reel de sus cañas de pesca.

    —“¿Saben qué, muchachos?” —les dijo a sus asesores, cerrando esta etapa de propuestas extrañas —“cada vez me gusta más la idea de que Lacalle Pou me alcance y me pase en las encuestas, ¿saben el bolonqui que va a ser gobernar este país el año que viene? ¡Que gane y que se haga el gusto, yo me voy a pescar a La Paloma!” —concluyó, entrecerrando el ojo bueno, porque el otro lo tiene entrecerrado siempre.

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