N° 2068 - 23 al 29 de Abril de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáTodas las campañas electorales permanecen en la memoria colectiva durante años por algún concepto o episodio que las representa. Sin ir demasiado lejos, en 2009 fue la “motosierra” para recortar el gasto público o la “covacha” a la que hizo referencia Luis Alberto Lacalle al catalogar el hogar de su competidor, José Mujica; en el 2014 “la bandera” que realizó en un pueblo del interior Luis Lacalle Pou y las “pompas de jabón” a las que recurrió Tabaré Vázquez para descalificarlo, y en el 2019 la frase: “Se acabó el recreo”.
Lo curioso es que ese leitmotiv del último año, que hasta hoy se repite como un himno, cuenta con un plagio en su origen. No es del actual senador y ex comandante en jefe del Ejército, Guido Manini Ríos, como todo el mundo cree. El primero que pronunció la frase fue el presidente Lacalle Pou, más de un año antes que Manini la hiciera famosa.
Así las cosas, el compromiso original de eliminar la supuesta tolerancia con los que cometen delitos o no respetan las normas o a la autoridad legítima, fue de Lacalle Pou. Manini apareció mucho después en el escenario electoral y adoptó la frase como una de sus principales propuestas, sumando votos y más votos, hasta alcanzar más del 10% del electorado en menos de un año.
Un acierto del general retirado. Será un concepto populista, autoritario, o todo lo contrario, pero lo cierto es que una porción importante de la población uruguaya quiere que se termine el recreo, asociado al aumento de la inseguridad en las calles, aunque con un valor conceptual mucho más amplio. El recreo también es un tiempo en el que se flexibilizan las reglas y en el que la autoridad no se ejerce de forma plena. Es como una especie de descanso del deber ser.
Una vez en el poder, es el presidente de la República quien tiene la responsabilidad de finalizar con ese recreo que entendía que existía hasta su llegada. Parecía bastante obvio que, para lograrlo, uno de sus principales aliados sería el propio Manini. Pero no. Por más que algunos delitos cayeron como consecuencia de la pandemia de coronavirus, hay otros aspectos en los que el recreo parece seguir funcionando, y con la complicidad de Cabildo Abierto.
El más importante de ellos es lo poco probable que sigue siendo que algún jerarca del gobierno sea destituido de su cargo o sancionado, por más que haya realizado algo que implique una desautorización a la autoridad ejercida por el presidente y sus ministros o que directamente haya participado en alguna irregularidad o eventual delito.
Uruguay se ha transformado en un país en el que los principales cargos del gobierno son casi intocables. En eso tiene mucho mérito el Frente Amplio y sus 15 años en el poder. Especialmente los últimos cinco años a cargo de Tabaré Vázquez, en los que la inmensa mayoría de los ministros y jerarcas de distintas reparticiones estatales permanecieron en sus lugares hasta el último día, por más que en algunos casos no se entendían los motivos.
Esto no fue lo que pasó con el exvicepresidente Raúl Sendic, dirán algunos. Cierto, pero su caso es muy distinto. Fue Sendic el que renunció luego de varios meses de denuncias periodísticas y de informes políticos que dejaban en evidencia su mal desempeño como administrador de los recursos del Estado. Antes le retiraron el apoyo, pero fue él quien finalmente dio el paso.
Muchos otros, con denuncias parecidas o peores a las de Sendic, se aferraron a sus cargos y nadie los tocó. Esto también fue parte del recreo. Desde Búsqueda se publicaron varias investigaciones, además de la de Sendic, algunas de ellas con pruebas incuestionables que fueron heridas de muerte por la indiferencia del poder. El presidente Vázquez prefirió la mayoría de las veces no dar importancia a lo que decía la prensa.
En el gobierno actual no parece haber demasiados cambios al respecto. Es cierto que recién empieza, pero ya hubo varias denuncias, algunas también desde Búsqueda, que ameritaban una mayor profundidad en su tratamiento. Para dejarlo más claro, basta con recurrir a dos ejemplos ocurridos durante los últimos días. Antes hubo otros como el que involucra al padre de la ministra de Vivienda, Irene Moreira —esposa de Manini—, que negó ser colono estatal cuando lo es, y el de una jerarca importante del Ministerio de Salud Pública, encabezado por Cabildo Abierto, embargada por no realizar los aportes correspondientes al Estado, que parecen haber quedado en nada. La falta de respuestas podía parecer una simple coincidencia, pero los dos nuevos casos en los últimos días llegaron como una confirmación.
El primero es el denunciado por Búsqueda la semana pasada, en referencia a una orden impartida por mail desde ASSE para contabilizar las deudas de los hospitales públicos solo con el Círculo Católico, mutualista de la que proviene el presidente y el gerente general de ese organismo del Estado. El tema parece haberse resuelto con algunas destituciones de mandos medios, aunque autoridades insisten en que esas medidas no tienen relación directa con la orden impartida por mail, que aseguran fue por error. Es un tema muy delicado y no alcanza solo con esa explicación. Si fue un error, una conspiración interna o algo peor, es necesario ir hasta el fondo del asunto, caiga quien caiga, para no mantener esa sensación de recreo que tanto generó ese organismo en el pasado.
El segundo ejemplo refiere a dos tuits de la cuenta del subsecreatario de Defensa, Rivera Elgue, perteneciente a Cabildo Abierto, en los que criticó a los ministros de Relaciones Exteriores, Ernesto Talvi, y de Trabajo, Pablo Mieres. Primero dijo que había sido víctima de un hacker y luego que alguien de su confianza había escrito los cuestionamientos y pidió disculpas. El presidente Lacalle Pou lo catalogó como un episodio “ínfimamente menor” y el asunto se cerró sin consecuencias visibles.
Puede que lo fuera. Puede que ambos temas no sean tan importantes. Pero el problema es la acumulación de esos asuntos “menores”, muchas veces denunciados por la prensa independiente cuando cumple su función, sin una resolución ejemplarizante. Así es como se puede desarrollar la sensación de que perdura el recreo. Por cuánto tiempo, depende del presidente.