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    ¿Tiene sentido fusionar UTE y ANCAP?

    Nº 2226 - 25 al 31 de Mayo de 2023

    Una pregunta frecuente en conferencias globales de energía en 2021 era si las grandes empresas de petróleo y gas debían dividirse para enfrentar mejor la transición energética. La cuestión surgió en respuesta a una propuesta de un gran inversor de Shell, Third Point, que en 2021 sugirió que –para valer más– Shell debía dividirse en dos: una compañía “verde” (que manejara los activos renovables, gas, comercialización) y otra de activos “tradicionales” (exploración de petróleo y gas, refinerías, etc.). Third Point decía que esto permitiría una mejor valuación, estableciendo que Shell había intentado, y fallado, en complacer a inversores con expectativas contrapuestas (unos que exigían foco en el negocio tradicional versus otros que esperaban que Shell se enfocara más tecnologías limpias), afectando negativamente el valor de sus acciones.

    Hace unos días una nota de El País mencionaba que jerarcas de UTE y ANCAP afirmaban que es “lógica” una fusión entre ambas empresas, una posibilidad que “está más vigente que nunca”. Sin embargo, no lo veo muy evidente. Tal vez hasta sea una mala idea. A nivel financiero, por ejemplo, no veo cómo una unión con ANCAP pueda ayudar a UTE (compañía que debería tener más relevancia en un mundo en transición). La experiencia de ANCAP en proyectos de gran envergadura podría sumarle a UTE, pero lo menos atractivo de la propuesta es el potencial riesgo de consolidación de mercado que podría tener una fusión de tal escala, lo que podría ir en detrimento de los consumidores.

    La transición energética –en Uruguay y en el mundo– implica en gran medida sustituir el consumo de combustibles fósiles por energía eléctrica limpia (incluido el transporte, calefacción e industria, con algunas sustituciones más fáciles que otras). En ese escenario las refinerías deberían volverse negocios menos rentables eventualmente, por la menor demanda y la incertidumbre. Y aquí mi primera duda: ¿tendría sentido para UTE asociarse con una empresa enfocada en combustibles fósiles? Una fusión podría afectar el costo de financiamiento de UTE, precisamente por el riesgo asociado a los activos tradicionales de ANCAP –algo análogo a la lógica que planteaba Third Point respecto a Shell. En Uruguay el mercado de capitales está poco desarrollado, y por lo tanto las compañías uruguayas, incluidos los entes públicos, no dependen tanto de éste para su financiación, pero es un punto a considerar.

    La transición también requiere mayor consumo e inversión en combustibles limpios, además de electricidad limpia, como el hidrógeno verde, proyecto que en el caso uruguayo liderará ANCAP (por asignación del Poder Ejecutivo). A nivel global son las grandes compañías de petróleo y gas (sector “upstream”) quienes se han puesto a la cabeza de este tipo de inversiones. Pero una razón de ello es que estas entidades tienen caja para hacerlo, ganancias que en gran medida provienen del negocio de exploración y producción de gas y crudo. Este no es el caso de ANCAP.

    La propuesta de dividir a Shell en dos no funcionó por varios motivos, pero uno es precisamente porque los negocios de petróleo y gas (generalmente más riesgosos, pero de mayor retorno esperado) son los que podrían permitir financiar proyectos de energía limpia, incluyendo grandes proyectos y en tecnologías de vanguardia. Con ganancias récord en el sector “upstream” en 2022 la lógica de la propuesta de Third Point se volvió menos evidente aún. Pero el Grupo ANCAP no genera grandes ganancias, algunos de sus negocios son muy deficitarios, y sus retornos están muy ligados a decisiones políticas. Si bien el negocio del hidrógeno verde, que se producirá en base a energía eléctrica renovable, tiene sinergia con las operaciones de UTE, en el resto la complementariedad entre una refinería de crudo (el mayor negocio del Grupo ANCAP) y una empresa eléctrica verticalmente integrada es menos clara. Tampoco conozco ejemplos evidentes en el mundo de un caso similar.

    Una contribución de ANCAP a tal unión podría ser su experiencia en grandes proyectos de energía –aspecto importante en el caso que Uruguay logre consolidarse como exportador de hidrógeno verde u otros combustibles de bajas emisiones. Su plantilla de ingenieros y técnicos con expertise en la licitación, construcción y operación de proyectos complejos.

    Sin embargo, otro riesgo –posiblemente el más importante– es el de cómo asegurar cierto nivel de competencia. La fusión de dos entes monopólicos como ANCAP y UTE implicaría la creación de una compañía de enorme escala, e importancia en el bienestar de los uruguayos, que podría ir en perjuicio de los consumidores. ¿Por qué? Para garantizar el éxito (que debería ser medido como un mejor servicio y menor costo para los ciudadanos) la regulación debería estar al centro, y ser de calidad, independiente y transparente. En 2018 escribía una nota donde decía que “en Uruguay las tarifas de los entes públicos siempre han sido secreto de Estado. En todos los gobiernos. ¿Dónde están los números? ¿Cómo se forman los precios?” En algunos casos hoy sabemos un poquito más cómo se forman los precios, pero en la práctica poco ha cambiado desde entonces –la discrecionalidad del Poder Ejecutivo sigue siendo alta– y no veo ninguna razón por la cual esto podría mejorar en un escenario donde ANCAP y UTE fueran una sola entidad. En todo caso podría incluso empeorar, por el mayor peso que tendría la empresa.

    Otro problema podría ser un potencial conflicto de interés entre las partes. Puede ser que al juntar los entes se enlentezca la transición, en la medida que ANCAP pudiera poner un ancla a una estrategia de mayor electrificación de la demanda energética.

    No sé lo que estarán pensando los legisladores y los políticos, ni si la propuesta de fusión tendrá vuelo, pero parece una mala idea.